En la rueda de prensa conjunta de los jefes de Gobierno de España y Marruecos, una periodista hizo una incómoda pregunta al primer ministro de Marruecos, y el presidente del Gobierno de España guardó un imprudente silencio. Perdió una excelente ocasión para reafirmar lo que la inmensa mayoría de los españoles querían oír: que Ceuta y Melilla son españolas, como lo son las Islas Canarias, como reza en la Constitución y en sus respectivos Estatutos de Autonomía.
El del Sahara es uno de esos conflictos que importan mucho a los afectados y que siguen teniendo impacto en la opinión pública española. Sin embargo, tras décadas sin lograr una solución, en otros ámbitos internacionales se está produciendo una fatiga que puede provocar un cierto y creciente grado de desidia en los actores principales encargados de la búsqueda de soluciones viables y aceptables para todas las partes. Se corre el riesgo de que pase al apartado de problemas crónicos, sin solución, pero que no afectan realmente a la estabilidad mundial. Ambas cosas son falsas, y debemos hacer lo posible par que no caiga en el olvido la necesidad de resolverlo.
Domingo, 22 de noviembre
Gustavo de Arístegui
Paco Sande
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz