La grave crisis de las caricaturas ha preocupado profundamente a la opinión pública mundial, sin embargo, tras los atentados del 11-S los estudios sobre el terrorismo yihadista se multiplicaron, pero no así sobre la ideología que lo alimenta. Este no es un fenómeno nuevo, pues hunde sus raíces en la historia del islam. De hecho, algunos pensadores -y parte del pensamiento de otros- han servido de base doctrinal al extremismo y al radicalismo, entre ellos Ibn Taimiyyah (XIII-XIV), reverenciado incluso por algunos moderados.
Los brutales atentados de Ammán nos recuerdan de manera dramática que no se puede bajar la guardia frente al terrorismo. El director del Centro de Violencia Internacional y Terrorismo de Singapur, Rohan Gunaratna, seguramente el mayor experto mundial en terrorismo yihadista, cree que podemos desarticular a las células, incluso derrotar a las organizaciones, pero la ideología islamista radical va a perdurar, será difícil de erradicar.
Hay ideólogos del terror que están perfectamente identificados, primero Omar bin Bakri, uno de los principales heraldos del terrorismo, portavoz de Bin Laden en Europa, a quien incitó e invitó a que atacase a la «Europa infiel». Es el responsable de las más violentas prédicas del odio y del terror en el llamado Londonistán. Dijo:
«Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».
EL terrorismo yihadista y la ideología que lo alimenta, el islamismo radical, le declararon la Guerra Santa a todo aquel que no pensara como ellos, o que no se sometiese a sus opresivos planes. Occidente y en especial Estados Unidos y Europa, desde luego algunos países de Europa más que otros, están, estamos, a la cabeza de su lista de objetivos prioritarios. La intensidad del odio sólo es comparable con el de sus ansias de poder, aunque no sea con carácter inmediato, sino para cuando tenga que ser, para sus nietos, sus biznietos o para generaciones venideras. No tienen prisa, y en eso nos llevan una inmensa ventaja.
El problema al que nos enfrentamos no es tan sólo el terrorismo y sus atentados. Es, sobre todo, la ideología que le sirve de motor, justificación y combustible: el islamismo radical. El islamismo radical no es Islam; de hecho, es la máxima perversión del Islam y no nos cansamos de repetir que el Islam y los musulmanes son las primeras víctimas del islamismo. El carácter expansivo, violento y despiadado del islamismo radical lo convierte en uno de los enemigos más preocupantes a los que se han enfrentado la democracia y la libertad en toda su existencia.
Muchas especulaciones de las horas que siguieron a los terribles atentados de Londres, han puesto de manifiesto que en Occidente sigue habiendo profundas discrepancias en torno a la realidad del terrorismo y sus consecuencias. Estamos ante la declaración de una guerra santa total y global, por parte del terrorismo yihadista, alimentado por la ideología islamista radical, lucha que debemos plantear en términos multidimensionales, sin perder de vista la defensa fundamental de nuestros principios y valores.
A partir del 11 de Septiembre se produjo un triste y terrible fenómeno que es el de la proliferación de los estudios y seudoestudios sobre una tragedia, muchos de ellos buscando el éxito inmediato al calor de la preocupación y desesperación de la opinión pública. Europa y España tampoco son ajenas a este fenómeno. Proliferan los estudios y los expertos de salón con análisis que, en el mejor de los casos, son superficiales, muchas veces aventurados y casi siempre imprudentes y contraproducentes.
Domingo, 22 de noviembre
Gustavo de Arístegui
Paco Sande
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz