El blog de Gustavo de Arístegui

LA PROPAGANDA Y EL LÍDER DE LA REVOLUCIÓN LIBIA

02.05.11 | 11:30. Archivado en Oriente Medio

Cuando estuve destinado en Libia durante casi tres años, la propaganda era la única fuente de información de los libios. Información es mucho decir, claro. La televisión oficial libia, la única del país, no sólo cantaba las alabanzas de líder y de su ocurrencias, glosaba el disparatado “Libro verde” o enumeraba los “colosales logros” de la revolución, amenazaba de manera cristalina a cualquiera que pudiese siquiera pensar en desafiar al líder y a lo que ya dejaba de ser un régimen político para pasar a se un clan de explotadores y torturadores sin escrúpulos. Es eso en lo que se ha convertido Gaddafi, su familia y sus fieles.
Los mitos y las mentiras mitificadas forman parte indivisible del poder omnímodo, errático, caprichoso, cruel, corrupto y extravagante del líder. La muerte de su hija adoptiva en un bombardeo de los EEUU de una de sus residencias, que por cierto se convirtió en lugar de visita obligada de diplomáticos extranjeros y delegaciones oficiales, fue uno de esos golpes de efecto. De ése y otros se ha nutrido la propaganda del Gadafi.
La muerte en un bombardeo de la OTAN de su hijo Saif Al Arab, al parecer comprobada, podría convertirse en otro de esos jalones de la propaganda gadafiana. Su sola muerte no parecía combustible suficiente para incendiar los ánimos de los fieles que le quedan. Por eso podrían haber difundido el rumor no confirmado de la muerte de los hijos de éste, nietos del líder, que de confirmarse, no podríamos por menos que deplorar de corazón. Sin embargo la causa del coronel necesita de mártires, sean muertos reales o ficticios. Si no han muerto los hijos de Saif Al Islam, poco les importaría. Éste es el momento en que, para ellos, sólo cuenta la supervivencia del clan. Todo lo demás es secundario, incluida la verdad y hasta los propios nietos de Gadafi, vivos o muertos muy lamentablemente, serán utilizados sin el más mínimo escrúpulo para el beneficio de su abuelo y de sus sanguinarios y corrompidos cómplices.


SÍNDROME POSTRAUMÁTICO EN MARRAKESH

30.04.11 | 14:14. Archivado en Al Qaeda, Oriente Medio

Han pasado casi 30 horas desde el terrorífico y cobarde atentado en el restaurante Argana. Todo el mundo aquí en Marraquesh sigue bajo el shock, sin dejar de comportarse con esa ejemplar serenidad que ya hemos descrito. He almorzado en un restaurante conocido de la ciudad con puerta de calle y medidas de seguridad incrementadas pero discretas. Había de todo, locales, familias, matrimonios mixtos, extranjeros residentes –hay 15.000 franceses que viven aquí- y una nutrida delegación de autoridades del gobierno como el ministro de turismo, de la región y la alcaldesa en un almuerzo de trabajo, seguramente y con acierto, para mostrarse en público en un momento de duda y de dolor intensos.

Hay tristeza y desolación, que está dando paso a la profunda preocupación por el impacto que este atentado puede tener en la economía de la ciudad y del país en su conjunto. Conviene subrayar que quienes más pueden sufrir por un eventual parón económico consecuencia del atentado, son las pequeñas y medianas empresas, los pequeños comerciantes y artesanos, así como los empleados más modestos. Todo el mundo está preocupado, autoridades, empresarios, trabajadores y ciudadanos de a pie. No hay un solo sector económico que no crea verse potencialmente afectado. Ya hay anulaciones de reservas de hotel, algunos temen que el mercado inmobiliario -que esta ciudad había logrado preservar- las inversiones extranjeras y obviamente la imagen de país relativamente estable y seguro. Si se produce una crisis de confianza, si la economía se ve seriamente afectada, supondrá un serio revés para Marruecos y una victoria para los terroristas.

Empiezan a conocerse algunos detalles del atentado, parece que el explosivo fue dejado en el interior del café y detonado a distancia, según reconocen fuentes del Ministerio del Interior marroquí. De confirmarse todos estos extremos, podríamos concluir que se podría tratar de una célula bien organizada y de un atentado planificado meticulosamente. Habrá que esperar a que se produzca una reivindicación o al resultado de la investigación en la que participan, que se sepa, al menos diez funcionarios policiales franceses desplazados hasta aquí.
Algunos analistas se precipitado al afirmar que este atentado tendría como consecuencia una paralización de las reformas constitucionales, o por lo menos una ralentización. No parece que vaya a ser el caso. Todo el mundo se expresado en sentido contrario, autoridades, analistas, personalidades entrevistadas. Los marroquíes quieren un camino claro e irreversible hacia una democracia plena. Los terroristas saben demasiado bien que en una democracia el terror puede ser igual de mortífero, pero está más aislado y es más débil. Hay quienes piensan que en estos momentos de incertidumbre los Estados son más frágiles y más vulnerables a los ataques del terror. Es evidente que las organizaciones terroristas lo comparten, pues creen que en estos momentos de transición y de incipientes procesos de transición, su afán desestabilizador puede ser infinitamente más eficaz, y por ello van a intentarlo en otros lugares que han iniciado su camino hacia la democracia. Justamente por eso es indispensable reforzar la cooperación internacional entre ambas orillas del Mediterráneo, pero también entre países de la región. Muchos medios internacionales, especialmente los franceses, abundan en la tesis de los dos objetivos, el económico, de profundas repercusiones sociopolíticos, y el político, de intentar desestabilizar el país, o por lo menos a sus reformas. El éxito del primer objetivo no depende nada más que del grado de impacto que el atentado haya generado en los mercados y en la opinión pública, así como de los potenciales visitantes. El éxito del segundo va a depender de la madurez política con la que se conduzcan estas autoridades, de la voluntad inquebrantable de democracia y libertad del pueblo marroquí y del apoyo y cooperación de Europa y especialmente los países ribereños del Mediterráneo. Es preciso reforzar con carácter urgente esta política, tanto en el plano bilateral entre España y sus vecinos, como en el europeo, y convencer a la comunidad internacional, y a nuestras opiniones públicas, que la inestabilidad en esta parte del mundo es un potencial desastre global, en el momento que muchos países empezaban a ver la luz al final del largo y duro túnel de la crisis económica.

Podemos concluir diciendo que la democratización es más urgente que nunca, que es, sin duda una de las más eficaces armas contra el fanatismo. Que hay que intensificar los esfuerzos en la lucha contra el terror, mejorar las medidas de seguridad para proteger a turistas, residentes extranjeros y a nacionales, para dar cumplida respuesta al legítimo miedo que puedan sentir. Y todo ello sin caer en la tentación de crear un Estado policial, con la excusa de la lucha contra el terror. Es importante subrayar que al terror se le puede derrotar por medios escrupulosamente respetuosos de los derechos fundamentales. Una democracia, a diferencia de los que dice la extrema derecha, no es débil con el terror, es respetuosa con los principios democráticos y los derechos humanos, lo que dota a su lucha de una fuerza y legitimidad que las dictaduras no tienen.


El terrorismo no es ciego

29.04.11 | 21:39. Archivado en Al Qaeda, Oriente Medio

"El terrorismo ciego". Demasiadas veces hemos escuchado esa expresión tan ignorante como vacía . Pero el terror y los monstruos que lo practican saben muy bien lo que ha- cen, saben del daño que sus cobardes críme- nes provocan. El terrorismo saca inmenso partido a cada crimen, a cada asesinato. Sabe extender la coacción del terror a la sociedad en su conjunto plantando en el ánimo de los ciudadanos que cualquiera puede ser víctima. Pero víctima y objetivo son cosas distintas. El terrorista busca el poder absoluto desde sus posiciones fanáticas y minoritarias, sabe que nunca serán mayoritarias sus tesis sanguinarias. El terrorismo es, en consecuencia, un doble delito: comete horribles crímenes y amedrenta a toda una sociedad.

El brutal y cobarde atentado –muy probablemente yihadista– de unas alimañas que no son héroes sino escoria humana, tenía un objetivo muy claro: reventar unos de los principales pulmones económicos de Marruecos, la industria del turismo. La Plaza de Jemaa el Fna es el símbolo más representativo de su ciudad más emblemática e internacionalmen- te conocida. El medio de vida de centenares de miles de familias está en juego. De hecho, los empleados de hoteles y restaurantes –ya de por sí serviciales y amables– se han afana- do en serlo aún más con los turistas que se han quedado desafiando al terror.

Ayer, al aterrizar en el aeropuerto de Marraquech proveniente de Madrid, me enteré por un sms de mi mujer, de la tragedia. Estuve en la plaza de Jemaa el Fna, verdadero corazón de esta urbe histórica y hermosa. Allí se congregaron de manera espontánea centenares de personas que coreaban consignas contra el terrorismo. Saben muy bien que, además del bárbaro crimen, la otra víctima es la economía.
Muchos analistas apuntan a una autoría salafista del atentado. Algunos presos de este movimiento integrista fueron liberados el 14 de abril, y por eso algunos medios sospechan que algunos de éstos hayan podido volver ya a las andadas. En algunas manifestaciones ocurridas en semanas pasadas en Marruecos, especialmente la del 20 de febrero en Rabat, había muchos salafistas y familiares de presos por terrorismo que se manifestaban mostrando fotos de miembros de organizaciones y células terroristas. La liberación de esos presos era una de las principales reivindicaciones del llamado Movimiento del 20 de febrero. Conviene recordar, para que nadie se llame a engaño, que estos sujetos no son campeones de las democracias. Son exactamente lo contrario, sus peores enemigos.

De hecho, cargarse el proceso de democratización es el segundo de sus objetivos, para descarrilar un proceso que está dibujado pero cuya principal expresión, las reformas constitucionales anunciadas por el rey Mohamed VI, no ha visto aún la luz.
Los salafistas quieren cargarse el inevitable proceso de reformas anunciado por el rey. Creo que se equivocan quienes dicen que los atentados servirán de excusa para poner en pausa indefinida a las reformas democráticas, pues el proceso que se ha iniciado es irreversible porque así lo desea la inmensa mayoría de los marroquíes.

Hace años que llevamos advirtiendo del peligro que se cierne sobre el Magreb por la instalación de redes terroristas en el Sahel, que irradian inestabilidad y violencia hacia el norte y hacia el sur. Las tensiones entre los dos principales países del Magreb, Argelia y Marruecos, sólo favorecen a los terroristas, en la medida en que ambos países no cooperan con la intensidad necesaria. Ambos han sido víctimas de la barbarie yihadista, y éste atentado debería servir de acicate para poner de lado sus diferencias y juntar esfuerzos en la lucha contra las alimañas terroristas.

Se trata de células que están extraordinariamente bien organizadas, que compensan sus escasos medios con tenacidad, falta de es- crúpulos y una densa red de adoctrinadores, de campamentos de entrenamiento y de suministradores de armas y explosivos. Pero el enemigo verdadero y más peligroso es el islamismo radical. A las organizaciones se la puede desmantelar, pero la ideología salafista contamina mentes todos los días.
Reconforta ver el coraje de los habitantes de Marraquech, que ya han vuelto a sus trabajos. Han reaccionado con dignidad y serenidad, y ésa es una clara derrota del terror.

Gustavo de Arístegui es diplomático, diputado por Zamora y portavoz de Asuntos Exteriores del Grupo Popular en el Congreso.


Barbarie en Marraquech

29.04.11 | 21:21. Archivado en Al Qaeda, Oriente Medio

Acabo de volver de ver el lugar de un crimen tan cobarde como repugnante y con una intencionalidad muy clara: perturbar la paz, la serenidad y sobre todo la economía de una ciudad que vive por y para el turismo. Marraquech, uno de los símbolos más importantes de Marruecos. No tiene playa y la montaña, el Atlas, aunque cercana, no es parte esencial de sus atractivos. Son sus edificios ocres,su medina –ciudad vieja– sus mercados y plazas, de las que Je- maa Fnaa es la más emblemática. Su mercado es punto de encuen- tro de locales, lugar de visita privilegiado de turistas extranjeros y marroquíes. En sus puestos de comida, restaurantes informales, se reúnen turistas y familias, los cuentacuentos, encantadores de serpientes, los vendedores ambulantes, los monos adiestrados . Tan exótica y hermosa que fue declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en el año 2001, con todo merecimiento.

Allí, dominando los puestos de comida, se encuentra el café restaurante Argana, su planta baja da a la plaza y tiene dos pisos más. En el primero y más grande se produjo la tragedia. Allí se podía ver a los miembros de la policía científica marroquí con sus monos blancos, recogiendo pruebas para investigar el terrible atentado. El edificio ha quedado reventado, se atisba el horror que ha debido reinar allí. El terrorismo no es ciego, sabe muy bien a quién golpea, cómo, cuándo y dónde. Su maquiavelismo repugnante y cobarde ha tratado de reventar el corazón y símbolo del turismo marroquí. Hace unos minutos el pueblo llano se congregó de manera espontánea para condenar la barbarie de los cobardes terroristas. Son cobardes bestias que asesinan a inocentes, y con sus crímenes pretenden amedrentar al mundo.

Allí, en la plaza delante de las ruinas del restaurante Argana, se congregaron centenares de personas a corear cánticos contra el terror, primero con pancartas improvisadas, más tarde con algunas hechas con impresoras, seguramente de los comercios y locales. La gente humilde se comportó con dignidad y coraje, siguió haciendo su vida. Me resisto a decir vida «normal» porque nada puede ser normal tras casi quince asesinatos. La gente, turistas incluidos, han salido y se han sentado en los cafés y en las terrazas. Otros han cerrado sus comercios para ir a la plaza. Hoy hay que renovar el compromiso contra el terror, llorar a los muertos, consolar a sus familias, y aplaudir a las valientes, amables, pacífica y tolerantes gentes de esta hermosa ciudad histórica, llena de vida a la que el zarpazo de la muerte no ha conseguido doblegar.


Un chantaje que no se tiene en pie

24.04.11 | 15:45. Archivado en Islam, Oriente Medio

GUSTAVO DE ARÍSTEGUI
Siria es quizás la más eficaz de todas las dictaduras árabes, Estado policial de eficacia casi mítica, estructura de servicios de represión implaca- bles, red de delatores e informadores digna casi de la Stasi. No obstante todas estas siniestras realidades, el hartazgo de su pueblo aplastado y oprimido puede estar muy próximo a ponerlo de rodillas, a derrocarlo, o por lo menos a forzar cambios inimaginables hace apenas un año. Ésa es la fuerza imparable de este grito unánime de ¡basta ya! de los pueblos árabes. Pero todo dista mucho de ser de color rosa en el que tantos medios y analistas occidentales parecían pintar es- te panorama sombrío e incierto.

Es difícil entender Siria sin poner en la ecuación su diversidad religiosa (por lo menos 10 comunidades distintas, contando las diversas confesiones y ritos cristianos), su situación estratégica y su papel cen- tral en la conformación de la identidad árabe. El régimen lleva atormentando a su pueblo 48 años, y la familia Asad 31. Conviene subrayar que esta dinastía pertenece a la confesión alauí –una herejía chií– y que buena parte de los puestos más importantes del Estado están en manos de esta minoría. Pero desde hace algunos años los sectores más aperturistas de los alauíes están mostrando un creciente desapego y hasta algunas de las más importantes familias de esta minoría se muestran claramente contrarias al régimen.

Según un veterano científico sirio, las revoluciones ocurren cuando deben. Es como una reacción química, que se desencadena a una temperatura determinada, ni a menos ni a más. Los sirios –que en una parte no desdeñable no tienen mala opinión de su presidente– no aguantan más ni al régimen ni a la brutal y, hasta ahora, sorda represión que han sufrido. El aplastamiento de la revuelta de Hama, en 1982 (según la mayoría de las fuentes hubo 30.000 víctimas), sirvió a dos propósitos. Primero, desactivar por el terror cualquier otro intento de contestación por pacífico que fuese. Segundo, enviar un mensaje muy claro: la única alternativa al régimen es la dictadura islamista.

De hecho, muchos de los comportamientos que más preocupan a Occidente de los sirios –su apoyo a Hamas y Hizbulá, su alianza estratégica con Irán y su régimen totalitario y desafiante ante la comunidad internacional– no irritan a una parte importante de los ciudadanos del país árabe. Pero sí la falta de libertad y la represión, así como la percepción de que el país es una especie de feudo no ya de la familia, el clan o la parte de la minoría alauí que les permanece leal, sino de los brutales e implacables Servicios de Inteligencia, los verdaderos amos del país.

Muchos sirios pensaban que el joven presidente podría acabar gestionando las demandas de libertad y apertura. De hecho, anunció reformas hace cinco años que nunca se materializaron. La mayoría de las fuentes que he consultado me señalan que los sirios creen que el Mujabarat (Servicios de Inteligencia) y todos los demás aparatos de seguridad y represión bloquearon las reformas enfrentándose al presidente, que –no nos engañemos– es la cabeza activa y visible de la dictadura. Hace unas semanas, al inicio de las primeras revueltas de Deraa y las primeras decenas de muertos, Asad acudió a su Parlamento para anunciar reformas que carecían de credibilidad por haberse hecho bajo la presión interna e internacional. La represión ha sido la respuesta más clara por parte del régimen a la multiplicación de las protestas por todo el país.

Sin embargo, no hay una sola voz siria dentro o fuera del país que no diga que la población ya no se siente intimidada por la brutalidad implacable de la opresión. Los sirios han dicho ¡basta ya! y la marea no la van a parar las balas asesinas en manifestaciones o entierros.
Lo cierto es que no ha habido reformas. Muchos piensan que el presidente ni quiere, ni puede, o quizás ni le dejen los servicios de seguridad y su entorno más próximo. Hay una evidente lucha de poder en el seno del régimen que se está desarrollando intensamente entre los bastidores de palacio. De hecho, las únicas concesiones que parecen haber sido confirmadas favorecen más las demandas de los islamistas radicales que las de los demócratas sirios. De ahí que hayan hecho cesiones sobre el velo islámico y otras reivindicaciones históricas de los islamistas.

Los radicales no han sido, hasta ahora, los protagonistas de las revueltas y revoluciones árabes, pero están esperando su oportunidad, jugando sus cartas con habilidad y, en algunos casos, con maestría. Simulan moderación, cambios ideológicos, cesiones sobre cuestiones de fondo que nadie creía que aceptarían. Pero son movimientos puramente cosméticos, tácticos y oportunistas. El riesgo de un crecimiento de la influencia islamista en Siria y otros países del mundo árabe es cierto, evidente y visible. La mayoría de los analistas más reputados de la región aseguran que sería muy irresponsable ignorarlo.

Siria ha sido siempre un país determinante, cuna del fundador del partido Baaz, el cristiano ortodoxo Michel Aflaq. Tiene una importante frontera con la OTAN, con Turquía. Y otra con Irak, teatro de un conflicto en el que Damasco ha sido un factor de perturbación. Otra frontera separa Siria del Líbano, país en el que tradicionalmente ha ejercido un poder omnímodo y muchas veces letal. Así que Siria es un país esencial, central y pivotal. Su futuro es determinante para la región y para el mundo. Pero su inmovilismo y su chantaje, idéntico al de otras dictaduras árabes, es decir, el dilema de dictadura o islamismo radical, ya no se tiene en pie.
Los cambios serán complejos y hasta violentos. Los islamistas harán lo imposible para llenar el vacío del caos, pero lo importante es lo que quieren los sirios: libertad y democracia. No desean cambiar la dictadura laica de una minoría herética por la de una minoría fanática aunque pertenezca a la mayoría suní. Debe haber, y sin duda la encontrarán los sirios, alternativa a la sartén o al fuego y se llama democracia.


Convulsión en Siria: una violencia que ya no intimida

27.03.11 | 01:50. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

La represión eficaz no es suficiente para mantener la estabilidad del régimen sirio

Ninguna certeza en el mundo árabe parece ya cierta, nada está escrito en piedra y tampoco la solidez granítica de los regímenes. Muchos surgen en plena Guerra Fría, y a medida que se ha ido diluyendo su influencia, muchos se han visto seriamente sacudidos o derrocados.
Siria ha sido gobernada desde 1963 por el partido del Renacimiento Socialista Árabe, más conocido como Baaz, y la familia Asad desde 1970, tras un golpe de Estado intra- partido de Hafez Asad, apodado el León de Damasco, perteneciente a la minoría religiosa alauí, menos del 8% de la población, (a no confundir con la dinastía marroquí), una escisión del chiísmo que considera que el verdadero Profeta era Alí, primo de Mahoma.

En Siria la mayor parte de los puestos relevantes están ocupados por esta minoría y muy especialmente por el entorno del presiden- te Bashar Asad. Durante años hablar de alauíes en Siria ha sido tabú, pues es tanto como reconocer que la mayoría suní, en torno al 70% de la población, está marginada, o resucitar el fantasma de la matanza de suníes en Hama de 1982, en el fragor de la persecución de movi- mientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes. El crisol sirio incluye una importante minoría cristiana de entorno al 10 %, así como chiíes y drusos. El régimen sirio de partido único, se declara aconfesional, reconociendo al islam como religión mayoritaria, caso excepcional en el mundo arabo-musulmán.

El control sobre el país ha sido férreo, potentísimos servicios de Inteligencia y seguridad, un extensa red de informantes, hacían del régimen omnipresente y opresivo, un colosal Estado policial. Su historia no es gloriosa, ha estado en las listas de Estados patrocinadores del terrorismo, el tráfico de drogas, y algunas de sus personalidades más relevantes han sido investigadas internacionalmente por corrupción o su implicación en la terrible ola de asesinatos políticos en el Líbano iniciada con el brutal atentado que costó la vida al ex primer ministro del Líbano Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005. El más destacado, Assef Chawkat, cuñado del presidente y hombre fuerte de los servicios de Seguridad, a quien la comisión internacional encargada de la investigación del asesinato de Hariri quería interrogar por su posible implicación en el mismo.

El general Hafez Majlouf, primo del presidente y alto cargo en el Mujabarat (Inteligencia), que propugna recuperar el control sirio sobre el Líbano. Otro primo, hermano del anterior, Rami Majlouf, hombre de negocios en banca y telecomunicaciones, petróleo y gas, a quien el Departamento del Tesoro de EEUU considera uno de los principales ejes de corrupción en Siria. Otro elemento del clan del presidente es su hermano Maher Asad, jefe de la Guardia Presidencial.

Desde 1976 hasta 2006 –año en que, oficialmente, se retiró el Mujabarat como antes lo hiciera el Ejército–, Siria ocupó el Líbano ejer- ciendo un poder omnímodo en su pequeño y atormentado vecino, y la presencia de la tropas sirias, pero sobre todo de su implacable Mujabarat aterrorizaba a propios y ajenos. En el Líbano no se movía nadie sin autorización de Siria y de sus virreyes, primero el sanguinario Ghazi Kanaan, muy probablemente el responsable del asesinato de mi padre, entonces embajador de España en el Líbano, ocurrido el 16 de abril de 1989. Kanaan, que llegaría a ser ministro del Interior de Siria, apareció muerto, según la versión oficial por suicidio. Su familia asegura que había recibido dos tiros en la cabeza, lo que obviamente descartaba el suicidio. Le sustituyó como máxima autoridad siria en el Líbano, Rustum Ghazale, que no ahorraba amenazas a quien desafiase su autoridad, incluido Rafic Hariri, días antes de su asesinato en su despacho de la ciudad de Anjar, como recogió una parte de la prensa internacional.

En el ámbito regional, tras un enfrentamiento con Irán por el control del Líbano, acabó forjando una alianza en la que el eje central es Hizbulá, elemento central de la presencia e influencia geopolítica iraní en Oriente Próximo. Irán se ha convertido en el verdadero amo y señor de una parte del país, por medio de su dinero y de su implacable subordinado, Hizbulá.

Las graves revueltas que se están saldando con un importante número de muertos demuestran que la eficaz represión no es suficiente para mantener la estabilidad en esta década, que las reformas hubiesen debido ponerse en marcha mucho antes, y que se intuyen toda clase de enfrentamientos en el seno del régimen en torno a las reformas anunciadas, hasta el punto que el semanario Al Watan, perteneciente a un primo del presidente, Rami Majlouf, amenazaba a los manifestantes, haciendo un llamamiento abierto a una contrarrevolución.

La prueba palpable de que en el seno del régimen no todo el mundo respira igual, es que el semanario fue secuestrado por el ministerio de Información, si bien su versión electrónica no fue bloqueada. Parece que algunos sectores muy importantes del régimen querían enviar un mensaje más conciliador tras el anuncio de tímidas reformas.

El mensaje de los manifestantes no puede ser más claro, quieren reformas democratizadoras, desean libertades plenas homologables a cualquier democracia y han demostrado que la violencia no les intimida en lo más mínimo. Se ha quebrado la espiral del miedo en el mundo árabe, la amenaza de tortura o muerte no amedrenta ya a los ansiosos de democracia y libertad.

En el caso de Siria a todo esto hay que superponer el deseo de la mayoría suní de recuperar el peso que les corresponde en su país. Es- peremos que pase lo que pase se respete también a las minorías religiosas, especialmente a la cristiana, a la vista de su persecución en otros países de la región.


Convulsión en Siria: una violencia que ya no intimida

27.03.11 | 01:49. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

La represión eficaz no es suficiente para mantener la estabilidad del régimen sirio

Ninguna certeza en el mundo árabe parece ya cierta, nada está escrito en piedra y tampoco la solidez granítica de los regímenes. Muchos surgen en plena Guerra Fría, y a medida que se ha ido diluyendo su influencia, muchos se han visto seriamente sacudidos o derrocados.
Siria ha sido gobernada desde 1963 por el partido del Renacimiento Socialista Árabe, más conocido como Baaz, y la familia Asad desde 1970, tras un golpe de Estado intra- partido de Hafez Asad, apodado el León de Damasco, perteneciente a la minoría religiosa alauí, menos del 8% de la población, (a no confundir con la dinastía marroquí), una escisión del chiísmo que considera que el verdadero Profeta era Alí, primo de Mahoma.

En Siria la mayor parte de los puestos relevantes están ocupados por esta minoría y muy especialmente por el entorno del presiden- te Bashar Asad. Durante años hablar de alauíes en Siria ha sido tabú, pues es tanto como reconocer que la mayoría suní, en torno al 70% de la población, está marginada, o resucitar el fantasma de la matanza de suníes en Hama de 1982, en el fragor de la persecución de movi- mientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes. El crisol sirio incluye una importante minoría cristiana de entorno al 10 %, así como chiíes y drusos. El régimen sirio de partido único, se declara aconfesional, reconociendo al islam como religión mayoritaria, caso excepcional en el mundo arabo-musulmán.

El control sobre el país ha sido férreo, potentísimos servicios de Inteligencia y seguridad, un extensa red de informantes, hacían del régimen omnipresente y opresivo, un colosal Estado policial. Su historia no es gloriosa, ha estado en las listas de Estados patrocinadores del terrorismo, el tráfico de drogas, y algunas de sus personalidades más relevantes han sido investigadas internacionalmente por corrupción o su implicación en la terrible ola de asesinatos políticos en el Líbano iniciada con el brutal atentado que costó la vida al ex primer ministro del Líbano Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005. El más destacado, Assef Chawkat, cuñado del presidente y hombre fuerte de los servicios de Seguridad, a quien la comisión internacional encargada de la investigación del asesinato de Hariri quería interrogar por su posible implicación en el mismo.

El general Hafez Majlouf, primo del presidente y alto cargo en el Mujabarat (Inteligencia), que propugna recuperar el control sirio sobre el Líbano. Otro primo, hermano del anterior, Rami Majlouf, hombre de negocios en banca y telecomunicaciones, petróleo y gas, a quien el Departamento del Tesoro de EEUU considera uno de los principales ejes de corrupción en Siria. Otro elemento del clan del presidente es su hermano Maher Asad, jefe de la Guardia Presidencial.

Desde 1976 hasta 2006 –año en que, oficialmente, se retiró el Mujabarat como antes lo hiciera el Ejército–, Siria ocupó el Líbano ejer- ciendo un poder omnímodo en su pequeño y atormentado vecino, y la presencia de la tropas sirias, pero sobre todo de su implacable Mujabarat aterrorizaba a propios y ajenos. En el Líbano no se movía nadie sin autorización de Siria y de sus virreyes, primero el sanguinario Ghazi Kanaan, muy probablemente el responsable del asesinato de mi padre, entonces embajador de España en el Líbano, ocurrido el 16 de abril de 1989. Kanaan, que llegaría a ser ministro del Intrerior de Siria, apareció muerto, según la versión oficial por suicidio. Su familia asegura que había recibido dos tiros en la cabeza, lo que obviamente descartaba el suicidio. Le sustituyó como máxima autoridad siria en el Líbano, Rustum Ghazale, que no ahorraba amenazas a quien desafiase su autoridad, incluido Rafic Hariri, días antes de su asesinato en su despacho de la ciudad de Anjar, como recogió una parte de la prensa internacional.

En el ámbito regional, tras un enfrentamiento con Irán por el control del Líbano, acabó forjando una alianza en la que el eje central es Hizbulá, elemento central de la presencia e influencia geopolítica iraní en Oriente Próximo. Irán se ha convertido en el verdadero amo y señor de una parte del país, por medio de su dinero y de su implacable subordinado, Hizbulá.

Las graves revueltas que se están saldando con un importante número de muertos demuestran que la eficaz represión no es suficiente para mantener la estabilidad en esta década, que las reformas hubiesen debido ponerse en marcha mucho antes, y que se intuyen toda clase de enfrentamientos en el seno del régimen en torno a las reformas anunciadas, hasta el punto que el semanario Al Watan, perteneciente a un primo del presidente, Rami Majlouf, amenazaba a los manifestantes, haciendo un llamamiento abierto a una contrarrevolución.

La prueba palpable de que en el seno del régimen no todo el mundo respira igual, es que el semanario fue secuestrado por el ministerio de Información, si bien su versión electrónica no fue bloqueada. Parece que algunos sectores muy importantes del régimen querían enviar un mensaje más conciliador tras el anuncio de tímidas reformas.

El mensaje de los manifestantes no puede ser más claro, quieren reformas democratizadoras, desean libertades plenas homologables a cualquier democracia y han demostrado que la violencia no les intimida en lo más mínimo. Se ha quebrado la espiral del miedo en el mundo árabe, la amenaza de tortura o muerte no amedrenta ya a los ansiosos de democracia y libertad.

En el caso de Siria a todo esto hay que superponer el deseo de la mayoría suní de recuperar el peso que les corresponde en su país. Es- peremos que pase lo que pase se respete también a las minorías religiosas, especialmente a la cristiana, a la vista de su persecución en otros países de la región.


UN PELIGROSO HISTRIÓN LLAMADO GADDAFI

20.03.11 | 11:16. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

El capitán de transmisiones Muammar Al-Gaddafi llegó al poder por un golpe de Estado de jóvenes oficiales cuya cúpula formó el Consejo del Mando de la Revolución, que le eligió líder de la revolución por no pertenecer a ninguna de la mayores tribus del país lo que habría provocado el rechazo de las demás. Durante años su número dos fue Abdelsalam Jaloud miembro de la tribu más importante del país, los Magarha, lo que le inhabilitaba para ser el número uno. Rápidamente el coronel Gaddafi, ascendió en el acto, eliminó la resistencia en el seno del nuevo régimen, creando un aparato represor de varios servicios de seguridad e inteligencia, en competencia por demostrar ser los más bestias.
Poco a poco fue dando protagonismo a sus hijos, que rápidamente sustituyeron a los hombres más próximos y sólo los que aceptaron la nueva situación mantuvieron sus posiciones en el régimen, que se había convertido en una especie de finca hereditaria de 1.750.000 km2 y 6 millones y medio de habitantes. Al aparato represor se unió una eficaz estructura de recaudación para llenar las arcas de la familia y engrasar las lealtades de amigos y aliados.
Estuve en varias ocasiones con el líder de la revolución del primero de septiembre, su título oficial, pues no es Jefe de Estado, en actos oficiales del Cuerpo Diplomático acreditado en Libia, y a la impresión que el mundo entero tiene sobre el personaje, su histrionismo, exhibicionismo e histerismo, pudimos comprobar, personalmente quienes estuvimos en su presencia, que se trata de un personaje sanguíneo, iracundo, teatral, exagerado, irascible, vengativo, cambiante, inestable, narcisista, egocéntrico, megalómano y violento. Un orate de mirada perdida.
Así se entienden un poco mejor sus amistades peligrosas y sus alianzas con lo peor de cada casa, terroristas y regímenes sanguinarios. Financió, apoyó y adiestró al IRA, las FARC, a ETA, fue protector y aliado de monstruos como Abu Nidal, Georges Hawatmeh, o su relación atormentada de enfrentamientos y apoyos al terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos o el Chacal, y muy especialmente del Ahmed Jibril, cuya red terrorista fue esencial para el atentado de Lockerbie en el que que asesinó a 277 personas. Este es sólo un caso, e responsable o cómplice de incontables atentados, muchos hoy por hoy judicialmente irresueltos.
Gaddafi ha sido varias veces un paria internacional, un apestado, aislado y castigado. Si consiguiese reconquistar el terreno perdido, y permanecer en el poder, podemos estar seguros de que cumplirá sus amenazas. Es capaz de forjar una alianza con Al Qaeda y su rama magrebí Al Qaeda en el Magreb Islámico, facilitarles apoyo logístico, cobertura estatal, armas y paso libre hacia sus vecinos, o incluso Europa. Machacará sin el más mínimo escrúpulo, a los rebeldes y disidentes. Gaddafi se convertirá en una pesadilla para su pueblo, sus vecinos y para Europa. En fin que Al Qaeda tendría un aliado mucho más importante que el Afganistán de los talibán. Sin contar con la desestabilización de sus vecinos, o tratar de inundar Europa con inmigrantes irregulares.
La resolución 1973 no parece que permita operaciones terrestres, pero sí intensificar la intervención desde el aire, si fuese necesario. En estos momentos intervienen ya los aviones de caza Rafale de la Fuerza Aérea francesa. Éstas operaciones son la última esperanza para los rebeldes libios que luchan por su libertad, y por qué no decirlo, también para sus vecinos e incluso para Europa, pues un Gaddafi enloquecido, furibundo y con la rebelión aplastada, sería una fuente constante de terror e inestabilidad para todos.


El esperpento de la 'Yamahiria' libia.

28.02.11 | 10:35. Archivado en Oriente Medio

EL primero de septiembre de 1969 unos jóvenes y ambiciosos oficiales nacionalistas árabes dieron un golpe de Estado contra el decadente rey Idriss Senoussi. El país inmenso, despoblado, profundamente tribal y sin instituciones dignas de tal nombre iniciaba una andadura dictatorial y revolucionaria que duraría 42 años. El Consejo del Mando de la Revolución decide poner al frente del Estado a un joven capitán de transmisiones Muamar Gadafi. La razón muy simple: los miembros de las principales tribus del país se oponían a que otra de las grandes tuviese el poder. Gadafi se hace con el poder por la teoría de Claudio revolucionaria y tribal.
En 1977 Gadafi decide crear el «Estado de las Masas» -un delirio más de los muchos-, así nace La Gran Yamahiria Árabe Libia Popular y Socialista. Pasa por varias fases: el nacionalismo árabe socialista antioccidental; el apoyo y financiación del terrorismo; la práctica del terrorismo de Estado (los atentados terribles contra los aviones de la UTA y de la Pan Am, son la terrible muestra de ello). Libia no tiene constitución y la ley es papel mojado, la justicia es un órgano más de represión del Estado, y las fuerzas armadas han sido reducidas a la mínima expresión, la fuerza, la coacción, el capricho, el latrocinio, el haber convertido Libia en un cortijo cuyos habitantes eran esclavos y títeres en manos de los delirios gadafianos.
Pasé casi tres años en ese país como segundo jefe de la Embajada de España en Trípoli, donde pude comprobar la brutalidad del régimen, su carácter implacable, la persecución de la más mínima discrepancia, el asesinato político impune de propios y extraños. El asesinato en el extranjero de disidentes por parte de la siniestra Mathaba Internacional que dirigió el sanguinario Mussa Kussa, hoy ministro de Asuntos Exteriores del dictador revolucionario.
Gadafi es un personaje colérico, irascible, sanguíneo, iracundo, bipolar, impredecible y ridículo. Sus disfraces, uniformes y actitudes caprichosas, incluidas las famosas jaimas en las que no dormía, le hacían la perfecta caricatura del dictador estrafalario y disparatado. Sería cómico si no fuese por la brutalidad de un régimen que durante algunos años empezaba y terminaba los telediarios de la televisión oficial, y única, con las ejecuciones de los condenados a muerte.
El régimen tiene varios servicios de seguridad e inteligencia a cual más bestial, todos en competencia entre ellos para demostrar su barbarie al orate de su patrón supremo, el líder de la revolución del primero de septiembre, es decir que no es formalmente el jefe de Estado. El problema es que Libia no es un Estado y lo que puede quedar después de la previsible caída del dictador, no será gran cosa. Libia era un aparato represor y de recaudación al servicio de un clan que no conocía la moral, los límites a la avaricia y la voracidad, que carecía del más mínimo sentido de la humanidad o de la compasión. La Libia de Gadafi era de los lugares más siniestros del mundo de los dictadores, que ya es decir.
El país es en realidad la suma de tres regiones extremadamente heterogéneas, la Tripolitania en el Occidente del país, que es claramente magrebí; la Cirenaica, antigua colonia de la Grecia clásica, en el Oriente del país cuya capital es Bengasi, que es más próxima a Egipto; y el sur, el Fezzan, la inmensa zona desértica más cercana en todos los sentidos, al Sahel vecino. Pero además Libia es uno de los países más tribales del mundo árabe, mundo en el que las rivalidades entre las tribus más importantes, pueden ser potencialmente devastadoras. A todo esto hay que añadir la brutal represión de lo que queda del régimen con sus mercenarios a la cabeza -se calcula que pueden ser más de 30.000- pues algunas fuentes destacan que en torno al 90% de las fuerzas armadas libias han desertado y se han unido a las filas de manifestantes y de disidentes.
Sin embargo, Gadafi no se rinde, sus mercenarios atacan a los manifestantes de manera implacable, con aviones, helicópteros y armas pesadas. No se puede calcular el número de víctimas, lo que sí podemos asegurar, conociendo al personaje, es que va a morir matando, que no le importa la imagen internacional, y que se dispara indiscriminadamente sobre las manifestaciones e incluso los funerales y los entierros. Gadafi y sus secuaces han declarado, en discursos de tono histérico, que los manifestantes arrestados serán ejecutados. Este sanguinario es el que se declaraba amigo de los pobres y desheredados del mundo, y ya le van quedando pocos amigos, el más conocido, Hugo Chávez Frías, que en las últimas fechas ha estado más callado.
Por ello es especialmente importante que las nuevas autoridades establezcan instituciones creíbles, estables, garanticen las libertades fundamentales, y puedan establecerdar cierto orden, para conjurar el posible deterioro a tres capas: régimen contra manifestantes, regiones entre ellas, o los posibles enfrentamientos tribales.
Europa y Occidente tenemos que hacer una seria reflexión. Todas estas revoluciones nos han cogido con el paso cambiado, Europa ha practicado una silenciosa y cómplice realpolitik que ha creído al pie de la letra que estos regímenes eran los únicos garantes de la paz y de la estabilidad en la región, los únicos capaces de controlar al islamismo radical, y que la alternativa era el caos, la violencia, el terrorismo o regímenes antioccidentales de corte islamista radical.
Es evidente que nos hemos equivocado, es evidente que caímos en la trampa de pensar que la democracia llevaría a los radicales al poder, que la democracia y el mundo árabe eran incompatibles. Occidente y Europa hemos actuado desde el miedo muchas veces paralizante, hemos sido un juguete en manos de regímenes que nos vendieron una mercancía averiada y caducada, estabilidad a cambio de apoyo. En el diálogo con dictadores y regímenes totalitarios hay que hablar siempre de derechos humanos y no hacerlo de manera selectiva. Obviamente cada país es un mundo y el tono y energía del mensaje debe modularse, pero de lo que no puede caber duda es de que la promoción de la democracia debe ser el principal motor de nuestra política exterior, la española y la europea.
La diplomacia europea, nuestras nuevas instituciones han brillado por su ausencia, la señora Ashton ha reaccionado tarde y de forma tibia, las Naciones Unidas y su trasnochada estructura surgida de la Segunda Guerra Mundial y consagrada por la Guerra Fría, ha tardado 10 días en dar una respuesta mínimamente razonable a la barbarie gadafiana. Las sanciones de la ONU son lo mínimo, las escenas un tanto patéticas de las palmadas en la espalda al embajador libio en la ONU tras anunciar su disidencia respecto del régimen libio, nos demuestran lo perdidos que estamos. Todo esto son primeros pasos tímidos, a todas luces insuficientes. El mundo debe dar serios pasos hacia la reforma de sus Organizaciones Internacionales, el multilateralismo ha sido todo menos eficaz, y los europeos hemos rozado el ridículo.
No podemos tampoco llamarnos a engaño, los riesgos de una grave explosión en las regiones del Magreb, Oriente Próximo y el Golfo sigue siendo muy alto. Las transiciones son inciertas, las fuerzas políticas moderadas débiles, poco arraigadas o desconectadas con el pueblo llano de cada uno de los países afectados. La falta de experiencia de la clase política en la gestión política acorde con los principios democráticos y escrupulosamente respetuosa con los derechos y libertades fundamentales, es clamorosa, y potencialmente desestabilizadora, pues los nuevos gobiernos provisionales pueden caer fácilmente en el descrédito, lo que puede reiniciar un interminable círculo vicioso de revueltas contra cualquier Gobierno que surja de estos procesos revolucionarios y que no gusten a algún sector de los manifestantes. El caos y la inestabilidad podrían instalarse durante un tiempo indeterminado, hay que empezar a hacer seriamente los deberes y prepararse para cualquier escenario, algunos muy preocupantes.
El desafío para Europa y nuestros vecinos es monumental. La única salida viable es la rápida, sólida y creíble institucionalización democrática de esos países, para evitar que el vacío de poder y la incertidumbre den alas a los islamistas radicales, que no han sido protagonistas de estas revueltas, pero que esperan agazapados a la primera oportunidad que se les brinde. Si eso ocurre los árabes habrán cambiado dictaduras implacables del siglo XX, por dictaduras sanguinarias medievales, las del islamismo radical y el yihadismo.


Marruecos: cambio sí, revolución no.

21.02.11 | 02:50. Archivado en Oriente Medio

CAMBIO SI, REVOLUCIÓN NO.
 
Muchos en Europa se esperaban un cataclismo de la misma naturaleza que los que hemos visto en otros países de la Región, en Marruecos no pocos eran escépticos sobre la capacidad de convocatoria de los organizadores de una marcha poco espontánea y convocada desde hace semanas. Todo fue muy pacífico en la manifestación más concurrida, la de Rabat, 2000 personas según las Fuerzas de Seguridad, de 10.000 según algún experimentado periodista, 24.000 según los organizadores. De lo que no puede caber duda es que habrá un antes y un después de esta pacífica marcha. Pero antes algunos detalles importantes.
1. Buena parte de los problemas que denuncian los convocantes son ciertos, y no puede negarse o esconderse. La pobreza, las desigualdades, los casos de nepotismo, la corrupción que irrita a la aplastante mayoría de los marroquíes, corrupción que inhabilita incluso a la Justicia, pues su problema es más ese que la subordinación al poder.  El desempleo, la falta de viviendas dignas para los menos favorecidos, la falta de perspectivas, el subempleo, los salarios bajos o de miseria en algunos casos.
2. La protesta pacífica fue organizada por los partidos de extrema izquierda PADS y Renacimiento Democrático, marxista-leninistas y que fueron durante la Guerra Fría pro-soviéticos, y los islamistas ilegales pero tolerados del movimiento Justicia y Caridad, con la participación individual de diputados, otros militantes destacados y las juventudes del PJD, los islamistas que están en las Instituciones. La curiosidad es la participación de dos riquísimos empresarios, según algún observador, participaban desde un cierto oportunismo. Según los testigos más de tres cuartas partes de los manifestantes eran islamistas, y entre los más vociferantes y activos estaban los familiares de los presos de terroristas salafistas, los yihadistas más duros e implacables. Éstos sí que corearon consignas contra la monarquía, pero no reflejaban la opinión de la mayoría que quiere cambios pero ni la revolución y mucho menos el caos.
3. Pero que nadie se llame a engaño, aunque los protagonistas hayan sido los radicales de la extrema izquierda y del islamismo radical –es decir la más extrema de las derechas- los motivos que provocaron la protesta son compartidos por muchos que no participaron, porque no querían que la minoría que la organizaba se apropiaran de las ansias claras de cambio que tienen los marroquíes. Se podría decir que no hay un marroquí sensato con el que yo haya hablado en estras últimas semanas que no diga que las cosas no pueden seguir como hasta ahora, que hay que hacer cambios. Las iras de quienes estaban y de quienes no estaban, se centraban contra una parte del Gobierno, algunos de los partidos más arraigados, el Primer Ministro, el ministro de Exteriores y la familia Fasi, algún consejero del Rey y el PAM, el partido político de Fuad Ali el Hima, un hombre muy influyente en Marruecos.
 
 
La conclusión es clara, la gente quiere cambios, dentro de la tranquilidad, no ponen en cuestión la monarquía, sí al gobierno. Los marroquíes quieren que cambien los estilos, las estrategias, las normas, quieren verdadera democracia, igualdad, justicia y dignidad. El deseo de la mayoría es que todo se corone con reformas constitucionales e institucionales, para garantizar la continuidad y la estabilidad de sus reivindicaciones y que se recupere el espíritu la transición, que tantas esperanzas despertó al principio del reinado de Mohamed VI, y que hace unos años se estancó muy claramente. Pero la noticia de hoy y de la semana está en Libia, donde sin el más mínimo escrúpulo la Yamahiria, el “Régimen de las Masas” lleva asesinadas a cerca de 300 personas.


EGIPTO

20.02.11 | 21:38. Archivado en Oriente Medio

LA TRANSICIÓN EGIPCIA

Egipto no es cualquier país árabe, uno de cada cuatro árabes es egipcio, en Egipto nacieron el nacionalismo árabe, pues más allá del ideólogo sirio, Michel Aflaq, fundador del partido Baaz, la figura del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, fue el símbolo del nacionalismo árabe contemporáneo. Egipto es también la cuna del islamismo radical moderno, pues el egipcio Hassan Al-Banah fundó allí la organización de los Hermanos Musulmanes en 1928. La ideología salfista tiene su primer antecedente en las ideas y en los escritos del muy radical intelectual Sayid Quttub, verdadero inspirador de islamismo radical y del yihadismo modernos.
Por otra parte el Estado Egipcio, con sus debilidades e ineficiencia, es muy grande y tiene presencia en todas partes del país, ejerce un poder real sobre el país, y las Fuerzas Armadas del país representan más de la cuarta parte del Estado, es decir que tiene un peso relativo en la sociedad egipcio infinitamente mayor que sus homólogos tunecinos, a los que el ex presidente Ben Alí mantenía deliberadamente debilitados.
Sin embargo el régimen político que pretendía perpetuarse en el país había perdido contacto con su sociedad, habían terminado por divorciarse de su propio país, ignorando las crecientes, si bien tímidas, muestras de descontento que venían sucediéndose en diferentes ámbitos de la sociedad. Parece claro que a la falta de libertades y a la pobreza y el desempleo, se le vino a unir el latrocinio corrupto de ciertos responsables políticos. Muchos coinciden en señalar que lo que acabó por agotar la paciencia de unos y otros fue la indisimulada pretensión del presidente de convertir a la República Árabe de Egipto en un feudo privado hereditario, en la persona de su hijo Gamal Moubarak, a pesar de la oposición frontal de las Fuerzas Armadas, y el rechazo explícito de la opinión pública e incluso de muy amplios sectores del régimen y del propio partido de Moubarak el PND. Por otra parte conviene tener en cuenta que en torno a 64% de los egipcios es menor de 30 años, y que por lo tanto nacieron en la era de poder de Moubarak, y que en consecuencia, la aplastante mayoría de los egipcios no conocen nada distinto desde que tienen uso de razón.
Mucho hablan expertos y enterados del elemento islamista, lo que los ignorantes llaman el elemento islámico, no conviene olvidar las constantes declaraciones de los Hermanos Musulmanes y otras organizaciones islamistas menos importantes, sobre la necesidad de elecciones inmediatas en el país. La urgencia para los islamistas es evidente, cuanto más pronto se celebren las elecciones más posibilidades tienen de llenar el vacío de poder o de conquistarlo por las urnas y una vez controlen el Estado, no los sacaría nadie de allí. De hecho otros líderes islamistas como el argelino Abassi Madani lo decía sin sonrojo tras la primera vuelta de las elecciones argelinas de 1990, que una vez en el poder no haría falta convocar elecciones nunca más. Puede creer el lector que los islamistas egipcios no son distintos. Si los Hermanos Musulmanes llegan al poder, su agenda es conocida, establecer un régimen opresivo y medieval, convirtiendo al país más importante del Mundo Árabe en una bomba de relojería y en una amenaza en la región más delicada del planeta. Espero de verdad que la miopía irresponsable de algunos líderes mundiales a este respecto se corrija cuanto antes. No hay un proyecto islamista radical que no tenga estos objetivos, otra cosa bien distinta son los partidos políticos moderados de inspiración islámica, lo que e ha dado en llamar el “Islam político”.
Los ritmos y los plazos de la transición son determinantes, si las elecciones se celebran en un plazo muy corto, serán los islamistas radicales los que se harían con el poder. No olvidemos que la Constitución egipcia establece que si el presidente muere o dimite, es reemplazado por el presidente del Parlamento y que se tienen que convocar elecciones en el plazo de dos meses. Éste es el escenario que los islamistas radicales están intentando provocar, y que dejaría a la incipiente y desorganizada oposición no islamista, desarbolada y sin la más mínima posibilidad de éxito. Lo cierto es que figuras como Mohamed El Baradei, el premio Nóbel de la Paz, ex Director General de la AIEA no tienen arraigo popular. Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe, se presenta también como alternativa, y se declara favorable a la inmediata dimisión del presidente, lo que no deja de resultar sorprendente viniendo de quien le debe toda su carrera a Moubarak, de quien fue ministro de Asuntos Exteriores, y quien le propuso como secretario general.
Es esencial en estos momentos que la transición, sus plazos, equipos, mensajes, transparencia y credibilidad, sean impecables, pues de lo contrario la inestabilidad, el caos y la violencia, podrían extenderse al resto de la región. Estados Unidos está siendo un factor determinante en este momento tan delicado en el Mundo Árabe, la Unión Europea francamente desaparecida, y los análisis de muchos medios internacionales, preocupantemente elementales. Éste es un punto de inflexión mundial, esta por ver que estemos la altura de sus retos.


TÚNEZ

20.02.11 | 21:34. Archivado en Oriente Medio

¿LA SORPRESA TUNECINA?
En 1987 un joven y dinámico primer ministro que había sido militar de carrera (alumno de la prestigiosa Academia Militar de Saint Cyr de Francia), agregado militar en Rabat y Madrid, embajador en Polonia y ministro del Interior, aparta del poder al presidente Habib Bourguiba, fundador del Túnez independiente, en una maniobra de palacio, más que un verdadero golpe de Estado. Es curioso que cuando era aun coronel agregado militar, su ambición era dejar el Ejército y montar una compañía electrónica, puesto que Ben Alí es también ingeniero electrónico, y ya ven, llegó a presidente. El legado de “Papá” Bourguiba, como le llamaban algunos tunecinos, era ciertamente notable, un país estable, con una creciente clase media, buena educación, sanidad pública razonablemente buena, espectacular para los estándares de los países en vías de desarrollo, y un código de familia y un catálogo de derechos de la mujer sin parangón en cualquier otra parte del mundo Islámico. El nuevo presidente inauguró lo que dieron en llamar el “espíritu del 7 de noviembre” fecha del golpe de palacio, que fue en realidad el comienzo del montaje de su Estado policial.
Túnez era un país apacible, tranquilo, casi aburrido, con dosis justas de exotismo, buenas playas y bellos paisajes, todo en pequeñito, manejable, sin sobresaltos, previsible…o eso creían algunos. Menudo fracaso de los analistas. Cuando era segundo jefe de la embajada de España en Tripoli, Libia, recorrí Tunez en coche de norte a sur y alguna vez de este a oeste, no podía uno evitar notar que buena parte de esa tranquilidad y aburrimiento se debía a que el país se había convertido ya en un eficaz Estado policial. El presidente, ex ministro del Interior, conocía a la perfección el “oficio”, y sabía controlar a sus Fuerzas de Seguridad, cuatro veces más numerosas que sus Fuerzas Armadas (120.000 frente a 35.000).
Mis amigos tunecinos, profesores de universidad, funcionarios de la ONU, algún político, diplomáticos, directores de cine, artistas, activistas de derechos humanos, me decían todos más o menos lo mismo, queremos paz y tranquilidad pero no a costa de los derechos y libertades fundamentales. Temían el peligro que representan los islamistas radicales, pero el presidente no podía pretender un cheque en blanco. Todos reconocían que era su país el que en mejores condiciones estaba para instalar una sólida y moderna democracia, en la que los extremismos fuesen marginales, pero buena parte de ellos reconocían también, que la represión sólo alimentaba las filas de los extremistas.
Todo parecía perfectamente bajo control, un pueblo tranquilo y apacible como el tunecino se acabó indignando. La gota que colmó el vaso no fue, a mi juicio, el suicidio a lo bonzo -para entender la trascendencia del acto hay que tener en cuenta que el suicidio tiene un terrible estigma social y religioso en el mundo Islámico- del licenciado en Derecho desempleado y vendedor ambulante a la fuerza, Mohamed Bouazizi. Son de hecho un flujo continuo de abusos de poder del clan del presidente y sobre todo de su segunda mujer Leila Trabelsi y de su codiciosa familia, a la que todos conocían como la peluquera en referencia a su oficio antes de convertirse en primera dama. El hartazgo más se parece al clamor popular en Nicaragua contra el latrocinio sin límites de los Somoza, que provocó el levantamiento popular a cuyo frente se puso el Frente Sandinista, pues quien echó a Tacho Somoza fue el pueblo nicaragüense y no el FSLN. Túnez se había convertido en una disparatada cleptocracia, sin Estado de Derecho ni seguridad jurídica, en la que todo giraba en torno a la voracidad desenfrenada de la primera dama y de su clan, que extendían sus tentáculos a cuanto podían, el latrocinio y el capricho abusivo había llegado a límites insospechados.
Hay un punto de inflexión fundamental de esta crisis, el enfrentamiento entre el ex presidente Ben Alí y el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra el general Rachid Amar, a quien el presidente le ordenó disparar sobre los manifestantes en las ciudades de Kasserine, Thala y Sidi Bouzid. El general se negó rotunda y airadamente, y Ben Alí lo destituyó fulminantemente. El Ejército tunecino tiene una bien merecida reputación de no mezclarse en cuestiones políticas, otra herencia de Bourguiba. El temor que despertaba en el presidente sus compañeros de armas era evidente, y siempre se ha sabido que el presidente Ben Alí practicaba una irresponsable e injusta política de mantener a sus Fuerzas Armadas infradotadas de medios humanos y materiales. La sospecha se extiende, además, a la muerte en un extraño e inexplicado accidente de helicóptero de la totalidad de los trece principales mandos de las Fuerzas Armadas en abril de 2002, entre ellos del prestigioso y respetado general Abdelaziz Rachid Skik. Es evidente que las FAS tunecinas no apoyaron la delirante huida hacia delante de Ben Alí.
Hay varias lecciones que pueden sacarse de este y otros incidentes parecidos pero no idénticos, el primero es que el vacío de poder tras la huida de un Jefe de Estado es extraordinariamente peligroso, y la historia nos demuestra que el vacío lo ocupan los mejor organizados y fuertemente ideologizados, como fue el caso del imam Jomeini y de los ayatolás radicales, tras la caída y huida del Shah de Irán en 1979. Ese riesgo existe hoy caramente en Túnez. Los islamistas radicales dentro del país están escondidos, agazapados, esperando su momento. Los que están en el exilio, como el muy radical Rachid Ghannoushi –que a nadie engañe sus declaraciones aterciopeladas, que estudien su historial de incitación al odio y a la violencia- han anunciado su vuelta, y su intención de “desmontar” el régimen, más habría que leer en sus declaraciones montar un régimen islamista radical, que es exactamente lo contrario que las clases medias y los manifestantes tunecinos quieren. Los islamistas radicales no van a dejar escapar esta ocasión, y van a maniobrar y hacer todo lo que esté en su mano para hacerse con el poder, y si no lo logran tratar de aprovecharse de las aguas revueltas ya que las protestas e inestabilidad continúan en el país. Tampoco conviene descartar que el terrorismo aproveche el momento para asestar un golpe de efecto.
Mucho se ha hablado en estas horas siguientes a la caída de Ben Alí del efecto contagio. No se puede descartar en absoluto el efecto mimético, por diferentes que sean las circunstancias de cada país. Sin embargo los vecinos no tienen la estructura social de Túnez, sus clases medias son pequeñas en relación a la población total, su influencia es aun limitada. Sin embargo se ha visto el devastador efecto que tiene sobre la opinión pública la corrupción y el latrocinio cósmico desde los clanes del poder. Además hemos visto como se han producido tres inmolaciones en Argelia, que siguieron a graves disturbios en las grandes ciudades del país, con varios muertos y numerosos heridos. Como consecuencia de los mismos, el gobierno ha anunciado ya que no va a subir los precios de los productos de primera necesidad, que es una verdadera espoleta de revueltas sociales en los países en vías de desarrollo.
Marruecos tampoco está inmunizado del efecto contagio, la pobreza y la falta de libertades son un caldo de cultivo de descontento y la transición tantas veces anunciada ha sufrido un serio parón, como reconocen en privado numerosos políticos marroquíes. El poder económico y el poder político muchas veces se encuentran en las mismas manos, lo que puede ser una muy importante fuente de irritación social y potencial desencadenante de seria inestabilidad política y social.
Por otra parte están as sucesiones pendientes en algunas repúblicas árabes que se anuncian ya, como Siria, hereditarias. No estamos en el año 2000 cuando Bashar Al Assad sucedió a su padre Hafed Al Assad, habrá que ver como se toman los egipcios la designación de Gamal, hijo del presidente Hosni Moubarak (ya se conoce el rechazo de las Fuerzas Armadas), pues lo que parecía bien atado hace unos meses, es incierto hoy.
La revolución de jazmín sigue viva, esperemos que siga siendo de jazmín, y ha puesto de manifiesto que la influencia en la región de Europa, y especialmente de Francia, ha mermado en beneficio de otros actores. Este es el momento de trabajar más intensamente en fortalecer seriamente el papel geoestratégico de la UE, especialmente con sus vecinos más próximos.
No es sólo el Mundo Árabe el que tiene que sacar sus conclusiones sobre lo ocurrido en Túnez, nos toca a todos los demócratas del mundo. Se ha producido un punto de inflexión histórico en Túnez que puede acabar siendo un brillante ejemplo para los países en transición a la democracia, o degenerar gravemente hacia el desorden, la violencia y el caos. Ha llegado el momento de defender las libertades con decisión y coraje más allá del pragmatismo cínico de la realpolitik.


Viernes, 21 de julio

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  • Gustavo de Arístegui Gustavo de Arístegui

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