El blog de Gustavo de Arístegui

ANIVERSARIO DE LA INFAMIA

30.10.11 | 13:41. Archivado en Afganistán

ANIVERSARIO DE LA INFAMIA

Hace 110 años Theodore Roosevelt pronunciaba su primer discurso como presidente de los EEUU delante del ataúd de su predecesor el presidente McInley, el de la Guerra de Cuba, asesinado por un terrorista anarquista. El contenido del discurso, si se omiten las referencias temporales y personales, habría podido ser el de cualquier jefe de Estado del siglo XXI tras un atentado terrorista. Casi exactamente un siglo después el 11 de septiembre de 2001, Osama Bin Laden inaugura una terrible era del mega-terrorismo global. El terrorismo es una realidad mutante en sanguinaria espiral ascendente y debemos ser conscientes de que, ni es nuevo ni va a desaparecer en las próximas décadas. El terrorismo es una lacra profundamente enquistada en las sociedades humanas, cuyos zarpazos han jalonado la historia del último siglo. Sin embargo fue el shock indescriptible de ver las dos torres gemelas de World Trade Center, desplomarse ante nuestros ojos, el que ha dejado una cicatriz horrenda y eterna en el corazón de la humanidad. En efecto, el sol se puso en un mundo radicalmente distinto aquel infausto día.

La violencia extrema, la crueldad infinita del terrorismo se instala en la subasta permanente de la barbarie para superar el hecho de que la opinión pública acaba habituándose a la violencia y sus víctimas, siempre y cuando no le toque de cerca. Son noticias en la televisión, cosas que les pasan a otros. El terror tiene que ser cada vez más bestial y brutal, con más muertos, mostrarse cada vez más sádico para obtener el efecto de amedrentar a aterrorizar a millones con el asesinato de algunos. Pero incluso no pocos analistas, periodistas o políticos, han acabado acomodados en la creencia de que el terrorismo no es un enemigo tan peligroso ni tan eficaz como algunos decíamos. Al fin y al cabo, dicen algunos, no ha logrado reconquistar Afganistán –ya veremos que ocurre cuando las fuerzas internacionales se retiren- hacerse con Iraq, sacudir Oriente Medio o hacer caer gobiernos de países importantes. Se equivocan gravemente. El terrorismo es de los fenómenos con mayor capacidad desestabilizadora del mundo, y el terrorismo pretende el poder absoluto, el hecho de que no vaya a lograr sus objetivos no quiere decir que haya renunciado a ellos. La muerte de Bin Laden ha contribuido a este irresponsable exceso de optimismo.
La violencia y el fanatismo que están en la base del terrorismo, deben ser abordados como problemas estratégicos y no tácticos, las organizaciones, sus células y criminales son las manifestaciones tácticas de un problema estructural que tiene alcance y consecuencias geopolíticas. Los servicios de inteligencia y los cuerpos de seguridad del mundo han aprendido mucho en estos años, han ganado en eficacia y en conocimiento profundo de las redes y de sus protagonistas. A pesar de los esfuerzos y de los inmensos medios puestos a disposición de esta lucha no hemos avanzado en el terreno estratégico, aunque sí en el táctico. Se ha capturado a un número muy importante de terroristas, se ha conseguido debilitar ciertas redes y organizaciones, que no derrotarlas, y hasta se ha conseguido evitar atentados de posibles consecuencias devastadoras. Sin embargo debo insistir en que el problema es de alcance y por lo tanto corresponde a los gobiernos y sus máximos dirigentes diseñar una lucha multidimensional y de dimensión geoestratégica para poder atisbar resultados serios, por lo menos a medio plazo.
Una de las claves de la lucha de dimensión estratégica es la lucha contra el fanatismo y las ideologías que lo alimentan e impulsan. El yihadismo es el peor enemigo del Islam, no solo de Occidente, la primera víctima del terrorismo yihadista es el Islam y los musulmanes. Ésta no es sólo una frase efectista, si se hace una mínima investigación se podrá comprobar que la gran mayoría de las víctimas de terrorismo yihadista son musulmanes, conviene no olvidarlo. Derrotar la ideología es fundamental, atacar la credibilidad y la apariencia de legitimidad que tienen el yihadismo alimentado por el islamismo radical, debería ser una de las prioridades fundamentales de la comunidad internacional. Es una tarea difícil y que requiere del trabajo conjunto de los Estados afectados y las democracias más avanzadas del mundo. Es una cooperación internacional que va más allá del imprescindible aspecto policial y de seguridad, se trata de derrotar la ideología para que no pueda alumbrar nuevas semillas del mal.
La estabilización de las regiones en las que opera el terrorismo, la reconstrucción nacional y fortalecimiento institucional de Estados fallidos, la promoción de la democracia o la defensa de los derechos humanos, son elementos esenciales de la lucha, que socavará de manera irremediable, la eficacia y arraigo del yihadismo en ciertas sociedades. La consolidación de la democracia en los países que se encuentran en procesos de transición, será una gran victoria contra el terror.
No conviene olvidar los aspectos de seguridad estratégicos en esta lucha, los aspectos militares y de seguridad global. Se decía que no se podía combatir el terrorismo con carros de combate, helicópteros artillados o aviones de caza. En ciertos casos habría que decir que no se puede combatir el terrorismo sólo con esos medios, pero tampoco se lo puede combatir sin esos medios. La OTAN y las Fuerzas Armadas de países como el nuestro han tenido, y seguirán teniendo, un ejemplar papel en la lucha contra el terror tanto en su dimensión militar y estratégica como en la de la reconstrucción de los estados infectados por el terrorismo. Por último es una deuda de honor rendir homenaje de respeto, gratitud y admiración a los hombres y mujeres que defienden nuestra democracia en conflictos, que aunque lejanos, tienen consecuencias directas e inmediatas para nuestra seguridad y nuestro futuro en libertad.


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Comentarios
  • Comentario por Paula Candeira Cuiñas 01.12.11 | 19:52

    Totalmente de acuerdo Sr. De Arìstegui.(Admiro su generosidad prolìfica en palabras y pensamientos).Pero como usted dice ,si los gobernates (como en su dìa en el caso de las torres gemelas) no hacen caso de los informes de los cuerpos especiales de seguridad que apremiaban para establecer un plan estratégico para prevenir estos atentados de los que estaban al tanto que podrìan ocurrir...¿què podemos esperar del mundo?.Sòlo pedir que Dios nos coja confesados??.O estar informados al màximo con personas como usted y poner cada uno de nosotros nuestro pequeñito granito de arena y concienciarnos a nivel general,ya desde pequeñitos para parar esta lacra?.¡Saludos cordiales!!

    Paula Candeira

  • Comentario por Carlos de Oleza 30.10.11 | 22:31

    Sr. Aristegui:
    Analiza con acierto este gran problema que sufre el mundo y estoy completamente de acuerdo en erradicarlo y desacreditarlo desde sus raíces, mediante un plan educacional. Saldría más barato que la guerra, sobre todo en lo que a vidas humanas se refiere.
    Le animo a iniciar esa táctica.
    Cordiales saludos.

Lunes, 26 de junio

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