El blog de Gustavo de Arístegui

ENCRUCIJADAS ÁRABES

03.09.11 | 01:36. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

​ENCRUCIJADAS ÁRABES
 
 
Pase lo que pase con Gadafi, su esperpéntico régimen es ya historia. Lo que ocurra ahora en Libia es una nueva página ante la que debemos estar vigilantes. La primaveras árabes, que son más una inmensa encrucijada que otra cosa, son tan heterogéneas como incierto su futuro y resultados. El exceso de optimismo y el análisis superficial en la distancia, ha caracterizado no pocas posiciones que hemos podido escuchar y leer.
La desaparición de una cruel dictadura de 42 años, es indudablemente, una buena noticia, pero en este momento sólo podemos esperar y desear que se instale una democracia real en el país. Hay ciertas dudas que deben aclararse respecto del Consejo Nacional de Transición, gobierno provisional que se estableció en Bengasi y que ya se ha trasladado a Trípoli. En primer lugar la inmensa diversidad ideológica y de origen de sus miembros,  así como el hecho de que algunos hayan sido muy destacados miembros del régimen gadafista, como el caso del propio presidente del mismo Mustafa Abdel Jalil que fue ministro de Justicia de Gadafi, por no mencionar otros muchos casos. La mayoría de los miembros del CNT son desconocidos, y/o mantienen en secreto sus identidades, y tampoco se sabe muy bien qué piensan. Además, salvo algunas excepciones, no tienen experiencia democrática, y esperemos que además del lógico deseo de una Libia sin Gadafi, les una la voluntad de construir una democracia sólida. Esa es la impresión que los más destacados miembros de CNT transmiten, pero resulta preocupante que en sus filas se cuente con algunos elementos de quienes se sospecha que han sido miembros de Al-Qaeda. En definitiva, las incertidumbres son inconmensurables, y el exceso de optimismo a este lado del Mediterráneo puede ser un pésimo consejero. Quizás convenga una reflexión de conjunto que me atrevo a esbozar.
Aun a riesgo de equivocarnos tenemos que empezar seriamente a estudiar los distintos escenarios de las encrucijadas árabes, hacer un catálogo de problemas, y tratar de anticiparnos, aunque sea un poco, a la jugada. No podemos seguir sorprendiéndonos con todo lo que ocurre, que nos ha pillado a los europeos con el paso cambiado. Lo mínimo que debemos aspirar es por lo menos comprender las tendencias, aunque no acertemos siempre o del todo. En momentos de crisis, especialmente de grave recesión económica, una tendencia a la introspección es comprensible, pero no lógica. Las demandas de libertad que se suceden en nuestra vecindad son esperanzadoras pero no surgen de la nada, y tampoco podemos olvidar otros desafíos que llevan enquistados o intensificándose décadas, sin que hayamos hecho gran cosa, por lo menos en lo que a resultados se refiere. Los esfuerzos hechos en el pasado son loables, especialmente la política euro mediterránea de la UE y la fundación de la Unión para el Mediterráneo. ¿Pero qué pasa con los resultados, están los instrumentos y sus dirigentes a la altura de los desafíos? Todo parece indicar que buena parte de ellos están superados por los acontecimientos y que además muy pocos han podido salir de su estado de perplejidad paralizante. Los europeos tenemos una tendencia exasperante a ponerle estructuras a todo, y acabamos necesitando expertos en la maraña institucional, y acabamos desentendiéndonos o por no comprender los problemas de fondo. Esto es exactamente lo mismo que ocurrió con que el proceso de paz de Oriente Medio surgido en Madrid en 1991, que se transformó en una intrincada madeja de comités, subcomités, la mayoría no deliberantes, en fin un caos que al final fracasó.
Debemos profundizar más en nuestro conocimiento de nuestros vecinos, y no despacharnos con lo habituales tópicos, que resultan tan cómodos para tantos, por simplistas y reconfortantes. Tenemos que entender que además de injustos, nublan nuestro entender y distorsionan irremediablemente nuestra eficacia. El esfuerzo debe estar alejado del paternalismo neocolonial y también, y créanme que éste es el mal más frecuente, en el complejo bobalicón y buenista del occidental post-colonial pseudos-progre, que ignora profundamente las realidades de las sociedades en las que pretende influir.
El primero y principal de los problemas socio-políticos de algunos países, especialmente Libia y Yemen, es el de la inexistente institucionalidad, que obliga a la construcción, en esos casos, desde cero, de la estructuras mínimas sobre las que construir un sistema de libertades. El concepto mismo de Estado de Derecho, fundamentado en la separación de poderes, el imperio de la ley, el principio de igualdad de todos ante la ley, y el respeto y protección estrictos de los derechos y libertades individuales, es una pura entelequia en casi todos los Estados. Tenemos que entender que Instituciones que puedan llegar a transformarse en democráticas y estructuras de poder tiránico, son cosas bien distintas. Pero incluso donde hay atisbos esperanzadores de una naciente democracia –algunos países tienen partidos políticos legales desde hace décadas-  se encuentran aun lejos del necesario desarrollo pleno de una democracia digna de tal nombre. No quiere decir que algunos no lleguen a ellas, pero el camino es aun largo e intrincado.
El desarrollo político y social es muy escaso, y las clases medias no existen en muchos países, en otros son pequeñas y débiles y en otros casos se han empobrecido de tal manera que muchos han acabado convirtiéndose en proletariado misérrimo. Por otra parte en algunos países hay sociedades más complejas y una elite bien preparada, parte de la cual y en ocasiones, se convirtió en aliada de las dictaduras, lo que sin duda contribuyó a su perpetuación.
Las “primaveras” han desbordado el optimismo de algunos, que llegaron a decir que eran la tumba del islamismo radical. Es verdad que los extremistas no fueron los protagonistas de las revueltas y les cogió tan a contrapié como a las tiranías contestadas, pero en muchos países tienen un fuerte implantación en muchos casos por haberse convertido en la forma de algunos de unirse a la contestación a las dictaduras. Pero el riesgo sigue muy vivo, y los islamistas, especialmente los salafistas están agazapados esperando su momento. Además el terrorismo yihadista sigue dando zarpazos, con ellos no va la revolución, no persiguen la democracia sino la desestabilización de tantos países como puedan, y su fuerte implantación en la inmensa banda saheliana, no augura nada bueno. El crimen organizado dedicado a todos los tráficos ilícitos imaginables, (drogas, armas y personas) a los que también se dedican los terroristas, sigue siendo un muy temible enemigo de la democracia y la libertad. Todo esto se ha visto notablemente agravado por el hecho de que Gadafi hiciese varias entregas de armas a sus otrora archienemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico. En los peores momentos de la guerra de liberación, algunos socios de la OTAN decidieron armar a los rebeldes para evitar su derrota frente a los mercenarios profesionales del régimen gadafiano. En los próximos meses el paulatino desarme de quienes no se integren en las futuras Fuerzas Armadas de la nueva Libia, va a ser un reto especialmente delicado para las nuevas autoridades. Por otra parte el descontrol en estos seis meses de guerra en Libia ha propiciado la exportación ilegal de armas de ese conflicto al mercado negro internacional, especialmente en Oriente Medio, por lo que acabarán, sin duda, en manos de organizaciones terroristas.
Es innegable que las dictaduras, la pobreza, el paro y la desesperación por la falta de perspectivas, alimentan la inmigración irregular que es una realidad que no se puede ignorar. A la ya de por sí dura realidad de la región hay que añadir que la incertidumbre e inestabilidad intensifica los deseos de emigrar que de por sí manifestaba, hasta ahora, la mayoría de los jóvenes de la región.
Hay que adaptar nuestras políticas europeas y bilaterales a estas nuevas realidades, tenemos que comprometernos sin complejos con la democracia y ayudar sin pausa a estabilizar y desarrollar la región, que debe ser una prioridad esencial en nuestra Política Exterior. Entendiendo que en estos momento de crisis la actividad económica internacional es esencial para Europa hay que denunciar el poco decoro que han tenido algunos que se lanzaron indisimuladamente a la búsqueda de negocio en Libia, cuando incluso cuando Trípoli no había sido aun controlada y había aun cadáveres en las calles. Lo más increíble es que en algún caso se trató de gobiernos reticentes o incluso contrarios a la intervención contra la dictadura de Gadafi.
El final del mes de Ramadán va a abrir una nueva etapa en las revueltas árabes, la contestación se va a intensificar en no pocos países y todo esto va a coincidir con las elecciones en Túnez y Egipto, con mejores perspectivas en el primero que en el segundo.  En Marruecos las elecciones legislativas previstas para el 25 de noviembre elegirán el primer presidente del gobierno de su historia tras la reforma constitucional. Queda por comprobar el alcance y profundidad de las reformas por los resultados concretos y las primeras medidas del nuevo gobierno. En Jordania queda pendiente la puesta en práctica de las reformas prometidas por el rey. En Argelia están pendientes reformas más profundas, siendo aun preocupante el activismo terrorista. Por otra parte la creciente tensión entre las nuevas autoridades libias y Argelia es una pésima noticia para la estabilidad de la región y su solución debería convertirse, sin duda, en una asignatura prioritaria para Europa.
En Yemen podría acabar generalizándose el conflicto si el presidente Saleh sigue rechazando cualquier salida negociada del poder. Por último la brutal y sádica represión en Siria va a encontrar una respuesta mucho más contundente por parte de la Comunidad internacional y también del Mundo Árabe, una vez derrotada la tiranía de Gadafi. Justamente inspirados por esta derrota, se acaba de anunciar la creación de un Consejo Nacional similar al CNT libio, presidido por Burhane Ghalioun, un profesor sirio exiliado en Francia.
Los desafíos son inmensos, el análisis convencional, en el que tantos han creído a pies juntillas durante tantos años, esta superado, es anacrónico y revisado hoy resulta preocupante que haya dictado durante tanto tiempo nuestra acción política.
 
Gustavo de Arístegui
Diputado y portavoz de AAEE del PP en el Congreso
Autor del libro de próxima aparición de igual título que el artículo.
 
 
 


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Comentarios
  • Comentario por WAS FARES 23.11.11 | 20:37

    Simplemente grandioso, el libro, lo recomiendo generalmente, y particularmente a los miembros del PP, se trata de una analisi contundente y va mas alla de lo que vemos, un análisis y un aviso a la EU ,no solo para ESPAÑA.comparto 100 por 100 el contenido, yo misma antes de lo sucedido en Egipto ,lo mencione, a partir de unos sucesos de poca importancia en marruecos, pero si eran de gran importancia en el mundo árabe. Si habrá cambios y varias primaveras árabes, por llas que países arabo-musulmanes, tendrá que pasar, pero estas son las primeras, y las mas importantes, ya que no sabemos con exactitud que tipo de miembros son los que formaran los tan ansiados gobiernos demócratas en estos países, Europa tiene y debe de meter mano en estos asuntos, ya que esta es su oportunidad primera y única de poder protegerse de una alianza terrorista que podría llegar a formarse entre los que gobiernen estos países, prometiendo les una democracia y un cambio constitucional , probablemente inexiste

  • Comentario por manuel dominguez 04.11.11 | 17:44

    Hola, cuando seas ministro de exteriores te rogaria intercedieras por .-www.mariajosecrrascosa.com, es un caso de clara justicia 5 años de carcel y la hijita sola en valencia, no te olvides saudos

  • Comentario por PL (y II) 11.10.11 | 11:31

    Porque, quién nos dice que nuestro modelo de Estado social, democrático y de Derecho tenga encaje en sociedades que se separaron de las nuestras hace unos 1.500 años, si es que alguna vez compartieron mucho. Sinceramente, el peso religioso en el mundo musulmán, el tipo de clientelismo, las precarias libertades individuales y el peculiar lento discurrir (por no llamarlo desarrollo) económico, no me dejan muchas esperanzas. Además, no sé realmente si Europa puede hacer mucho en esta área o si verdaderamente ésta tiene los días contados, sobre todo cuando, tras esos montes y desiertos, vemos amanecer a una nación imparable desde el extremo oriental de Asia.

    Un saludo. (2/2)

  • Comentario por PL 11.10.11 | 11:28

    Excelente análisis, Sr. De Arístegui. Me gustaría añadir que, si el futuro es incierto en este mundo occidental tras 2.500 años de civilización, acontecimientos como los disturbios supuestamente religiosos acaecidos estos días en Egipto, no son sino otro síntoma más de que al mundo árabe le quedan muchas más primaveras que vivir. Pero primaveras que vivir, ¿para qué?, se preguntarán ellos, porque si nuestra imaginaria meta propuesta para ellos son unas democracias como las nuestras, quizás sigamos siendo tan (ridículamente) no sé si etno pero sí eurocentristas; quizás el Egeo y sus otros hermanos y su padre Mediterráneo sean una gran frontera impermeable hacia Asia y África, (y quizás permeable de allí acá, por cierto). (1/2)

  • Comentario por Luis Fernández Bragado 05.10.11 | 13:17

    El cambio de actitud en nuestro punto de vista, o color del cristal con se mira, al mundo árabe, vecino y lejano, es necesario y fundamental para el acercamiento y la convivencia, ya sea esta convivencia íntima y/o globalizada. ¿Qué punto de vista o color elegir? Es un gran dilema, especialmente cuando hay que vencer la inercia y costumbre a las que estamos acostumbrados. A veces me resuena lo que los profesores de matemáticas ante un problema a resolver nos decían: “mirar (estudiar) el enunciado, primero”, es decir, posiciónate ante el problema.

    Si el símil es aplicable hoy y ahora para comprender el mundo árabe. Tal vez debemos resolver nuestro punto de vista, primero. Y ayudar, sin imponer, a que nuestra experiencia, como en el caso del concepto mismo de Estado de Derecho, pueda orientar para que el mundo árabe desarrolle el suyo.

    Creo sino que volveríamos a repetir el mismo error.

    Luis Fernández Bragado

  • Comentario por Ivan Ureta 03.10.11 | 12:16

    Estimado Sr. Arístegui,

    Soy Iván Ureta, profesor de relaciones internacionales en la Escuela Diplomática de Ginebra y docente investigador en King's College London. Soy colega de Mohamed Cherkaoui. En la actualidad me encuentro escribiendo un libro sobre el rol de España en las políticas euro-mediterráneas y en el norte de África y me gustaría mucho poder encontrarme con usted para hacerle una entrevista, la cual sería de gran utilidad para mi libro. Espero que me pueda responder para ponernos en contacto,

    Atentamente,

    Ivan Ureta.

  • Comentario por Antonio 05.09.11 | 20:26

    No soy experto en el mundo árabe, pero me da la impresión de que lo de Libia acabará bien.
    Francia está poniendo mucho de su parte para que la post-guerra Libia no se le escape de las manos. Francia, además de al profesor de sociología política que usted menciona, también debe haber colocado a otras personalidades afines en puestos clave del CNT. Y, a parte, estoy seguro de que ya hay decenas de agentes de campo de la DGSE en suelo libio.

    Lamentablemente, España, no pinta nada en todo este asunto.
    España, entre 2004 y 2011, ha seguido la idea de la "Alianza de civilizaciones" y no le ha dado ningún resultado. Lógico. Era una idea absurda.
    Deseo que, a partir del 2011, España cambie su política exterior respecto al mundo islámico. Me gustaría que fuera una política de Estado buscando el bien de España (y no tanto el buenismo global) y puesta en marcha por un ministro de asuntos exteriores competente.
    Pero, no sé, tal vez sea desear demasiado.
    ...

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