El blog de Gustavo de Arístegui

EL EXTREMISMO MALIGNO

05.08.11 | 18:57. Archivado en Islam, Europa

Este artículo no puede versar sobre el monstruo –que no loco- el terrorista, no se le puede calificar de otra cosa, Anders Behring Breivik, ni de su disparatado manifiesto en el que critica a medio mundo incluido a mí mismo y las tesis mi libro “Yihad en España”. Su horrendo crimen es el grave y preocupante síntoma de una gravísima enfermedad que aqueja a una parte lamentablemente no pequeña de la humanidad, el extremismo, la radicalidad, el odio y el fanatismo que alumbran, o por lo menos justifican, la violencia más sanguinaria. Una de las razones es que la distancia que nos va separando de la barbarie nazi hace que una parte del mundo sea cada vez menos consciente del horror que esas repugnantes ideologías pueden engendrar. Se banalizan las consecuencias y la bruma del tiempo difumina la vergüenza que debe pesar sobre todos los que se sienten seguidores de cualquier tipo de fanatismo.
En momentos de crisis, de incertidumbre máxima, de miedo al abismo del paro o la quiebra, son los más propicios para que la locura del fanatismo y el populismo arraiguen con fuerza. El ascenso del nazismo sanguinario se produce después de la implosión de la república de Weimar y su descalabro financiero y crisis inflacionista de proporciones cósmicas. El fanatismo consigue estigmatizar al distinto, a la inmigración o a cualquiera que le sirva de chivo expiatorio. Confunden musulmán con islamista radical y a inmigrante con delincuente. Buscan lo que podríamos definir como un repliegue identitario defensivo, que es un refugio cómodo ante el miedo al vacío. En momentos de crisis los valores de libertad, derechos fundamentales, Imperio de la ley, igualdad, Estado de Derecho, se debilitan, pues mucha gente prefiere la certidumbre simplista del fanatismo populista al esfuerzo de salir de la crisis sin renunciar al sistema de libertades. Si todo esto es repugnante, lo es más cabalgar a lomos del miedo y la desesperación de quienes sufren y padecen en los momentos más duros.
Los fanáticos del siglo XXI, con base y origen distinto, son iguales, pretenden imponer su sanguinaria ideología por la violencia, la amenaza, la coacción. Se sienten superiores al resto de la humanidad, y les acompaña a todos un sentimiento delirante de mesianismo destructivo. La extrema derecha ha sido capaz de reinventarse y de agazaparse en nuestras sociedades esperando a dar un zarpazo terrible. Unabomber, Timothy McVeigh el asesino en masa del atentado de Oklahoma City y tantos otros menos conocidos por haber provocado menos víctimas. El ser humano se inmuniza contra casi todo, también contra el terror, y si no se trata de una terrible masacre como la Noruega, parece que no reacciona. En mi libro “Contra Occidente” explicaba como los fanáticos de todo color están conectados, se consultan, e incluso aquellos de ideología aparentemente antagónica, se imitan en el modus operandi. Los horrendos crímenes de Breivik son de la misma naturaleza que los de Osama Bin Laden, Ayman AL zawahiri, Mohamed Attef, Mohamed Atta, Abu Musab Al Zarqawi, o cualquier otra alimaña del terrorismo yihadista. Son tal para cual, y los crímenes de éstos dan la excusa a otros y viceversa. Entramos en una terrible y oscura fase de acción-reacción fanática.
No sólo la extrema derecha fanática, violenta y antisistema, incluso la derecha extrema  no violenta, que trata de jugar dentro del sistema compartiendo buena parte del extremismo de la primera, confunden deliberadamente Islam e islamismo radical, intentan presentar a todos los musulmanes como islamistas radicales, cuando la aplastante mayoría de los mismo son moderados y pacíficos, de hecho la primera y principal víctima del fanatismo islamista radical y del terrorismo yihadista. Esta confusión conviene extraordinariamente a la extrema derecha, pues así puede fundamentar su campaña de odio a todos los musulmanes sobre bases calumniosas e irresponsablemente populistas. Cuando se confunden ambas cosas, los fanáticos neonazis y sus hermanos en la barbarie justifican todo, incluso el asesinato en masa. Pero que no se equivoque nadie, el objetivo del fanatismo extremista no son sólo musulmanes o inmigrantes, somos todos los demócratas, los que no pensamos como ellos, los que creemos que los derechos y libertades fundamentales son de todos los seres humanos, con independencia de su sexo, raza, religión o nacionalidad. A la vista está, Breivik asesinó a decenas de jóvenes noruegos que creían justamente en esos valores.
En algunos países Europa se ha venido produciendo un salto desde el voto obrerista de izquierdas al voto de la extrema derecha. Conviene hacer un poco de historia. En Francia Pierre Poujade, a quien se considera el padre de la derecha extrema contemporánea europea, pasó del sindicalismo y la defensa del débil frente al poderoso, al mas fanático extremismo. De Vichy a la resistencia (literalmente). Poujade acabó siendo la quintaesencia de la xenofobia, el racismo y el antisemitismo. Pero Poujade no fue marginal, Poujade llegó a tener 52 diputados en la Asamblea Nacional de Francia, con su partido Unión y Fraternidad Francesa – como siempre erigiéndose en salvapatrias- en las elecciones de 1956 (IVª República), entre ellos, no les sorprenderá, Jean Marie Le Pen.
La derecha extrema europea trata de jugar dentro del marco de las Instituciones, en muchos países obtiene representación parlamentaria, y en ocasiones entran en conflicto con la extrema derecha. En algunos países europeos han tenido un peso institucional considerable, así en Austria con el FPÖ y más tarde BZÖ de Jörg Haidar, en Dinamarca donde es la tercera fuerza política, o el Partido de los Finlandeses Auténticos que alcanzó más del 19% en las últimas elecciones, pasando a ser la tercera fuerza política del país, así como en otros países europeos. Pero en la base, el fanatismo xenófobo y antidemocrático es compartido, y se ha desarrollado y fortalecido al amparo del relativismo de nuestras sociedades y de la malsana expresión de que “todas las ideas son respetables”. Pues no, no todas las ideas son respetables, el islamismo radical, el fascismo, el nazismo, el estalinismo, el populismo, el indigenismo radical, el caudillismo, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la cristianofobia, la islamofobia, las dictaduras de todo color, incluidas las comunistas –conviene que tome nota de esto la izquierda española- no son respetables, son abominables y repugnantes.
La democracia no es perfecta, es de hecho es muy perfectible, y tiene que ser más transparente, participativa y sensible a los problemas y tragedias de sus ciudadanos. Pero no es cuestionando la democracia, atacándola o desestabilizándola como vamos a mejorarla. Muchos enemigos de la libertad piden una democracia mejor, ya sabemos que a los dictadores les encanta ponerle apellidos a la democracia, socialista, real, participativa, orgánica, comunitaria, confesional, islámica, en fin hay ejemplos de todos los colores. Cualquier sistema que le ponga apellidos a la democracia suele ser una terrible dictadura. La democracia debe ser firme frente a quienes pretenden destruirla, desde el escrupuloso respeto a nuestros principios democráticos, con el Estado de derecho y el imperio de la ley. Los fanáticos de cualquier color consideran que la democracia como sistema y quienes la abrazan, son sus peores enemigos, los violentos extremistas no tienen cabida en sociedades avanzadas fundamentadas en los principios democráticos. Por ello más que alianza de civilizaciones habría que hablar de coalición de demócratas y moderados en el mundo, los que de verdad creen que los derechos y libertades fundamentales son universales, y no sólo de los habitantes de democracias avanzadas.
Hay que marginar a los fanáticos, estigmatizarlos, señalaros con el poderoso e implacable dedo democrático colectivo como escoria y excrecencia de la sociedad, tengan el color que tengan o esgriman la excusa que esgriman. La democracia no debe ser tolerante con la intolerancia, ni con la islamista radical, ni con la neonazi ni con ninguna otra. Democracia no debe ser sinónimo de debilidad. España ha dado ejemplo de firmeza democrática contra el terror que es producto del fanatismo de ETA y su mundo. Europa puede y debe hacer lo mismo con los todos los fanatismos.
Todo esto es síntoma de serios males que aquejan al mundo, y que no hacen más que agravarse muy preocupantemente. Los desafíos a los que se enfrentan las democracias en general y Europa en particular, son gravísimos,  uno no puede por menos que preguntarse si el liderazgo del siglo XXI está a la altura de la titánica tarea. Demasiadas veces los partidos democráticos han contemporizado con la derecha extrema por razones de coyuntura política. En España hay un centro-derecha responsable, moderado, con sentido de Estado, con altura de miras, con capacidad de liderazgo, tolerante, respetuoso del pluralismo y la diversidad, equilibrado y sensato, que nunca ha sucumbido a esa peligrosa tentación. Por ello es necesario que haya frente a ese proyecto alguien como es Mariano Rajoy, que por convicciones, personalidad y talante, es la antítesis del populismo y que ha tenido siempre muy claros todos esos principios pues los encarna de manera natural, como lo pone claramente de manifiesto su larga trayectoria política.
Cuando el monstruo Breivik nos califica de blandos lo que hace es reafirmarnos en nuestro compromiso democrático de defensa de la libertad, la tolerancia y el pluralismo. Créanme si les digo que somos tolerantes y moderados con todos los demócratas, compartan o no nuestras ideas e ideología. Con quienes seremos siempre firmes e implacables es con los fanáticos de todo color y pelaje, desde islamistas radicales a bestias sanguinarias como Breivik y sus correligionarios. Firmeza frente a la barbarie y tenacidad en defensa de nuestro sistema de libertades.
 
 
 
 


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Comentarios
  • Comentario por ukucfqfdaom 05.09.11 | 14:01

    8rMGKh ikqlirgaehra

  • Comentario por xfoedagbqic 03.09.11 | 15:32

    cAjdg7 rkzeqvmpsvbi

  • Comentario por Deandra 03.09.11 | 06:45

    Hey, that's powefrul. Thanks for the news.

  • Comentario por Aleix 09.08.11 | 09:17

    En efecto, el extremismo maligno sólo lleva a la aniquilación. Si queremos sobrevivir debemos defender la libertad, la tolerancia y el pluralismo.
    Pero, fijándonos en España y específicamente en ETA: si Mariano Rajoy Brey ganase las elecciones generales, ¿qué hará con ETA?.
    - ¿Permitirá que Bildu siga en los cargos públicos?.
    - ¿Luchará contra ETA en los planos: policial y económico?.
    - ¿Equiparará el sufrimiento de las víctimas de ETA, al de los familiares de los presos etarras?. Y en concreto, ¿acercará los presos etarras a las cárceles vascas?.
    - Y, sobre todo, ¿planteará una lucha ideológica frente a lo que ETA representaba: COMUNISMO + NACIONALISMO?
    Digo representaba, porque ahora ETA es tan sólo una mafia que mantiene su estatus violento por el dinero que saca.
    Supongo que algún día de estos Rajoy se explicará.

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