Por una vez las encuestas, tanto preelectorales como a pie de urna, se equivocaron, la sorpresa se confirmó y el partido fundado por Ariel Sharon le ha sobrevivido a unas elecciones contra casi todo pronóstico.
El panorama electoral israelí se convierte en una complicación en apariencia sin remedio, pero el resultado a la hora de escribir estas líneas, de 28 escaños para Kadima, 27 para el Ikud, 15 para Israel Betenu, 13 para los laboristas y 11 para el partido religioso Shas, abre la posibilidad de una coalición relativamente estable, que favorezca la paz en Oriente Próximo si prevalecen la prudencia y el sentido de estado. Según algunos analistas una posible coalición de derecha podría tener 65 escaños sobre 120, mientras que la coalición encabezada por Kadima tendría en torno a 55 sobre 120.
En los últimos procesos electorales ha habido cerca de una docena de grupos políticos en la KNESSET y las coaliciones de gobierno giraban en torno a los ocho partidos políticos, lo que no dejaba de ser un monumental lío en un sistema político en el que las decisiones del Consejo de Ministros se adoptan por votación. De hecho, algún grupo político con tan solo un diputado ha llegado a tener un ministro en el gobierno.
La situación geopolítica en la región, la imperiosa necesidad de reimpulsar el Proceso de Paz y las profundas incertidumbres económicas aconsejarían, por sentido de estado y de la prudencia, una coalición con pocos partidos y con amplio respaldo parlamentario. Lo ideal sería que los tres grandes partidos, es decir Kadima, Likud y los laboristas, formaran una sólida coalición de gobierno que supondría nada menos que 68 escaños sobre 120 de la KNESSET.
Eso dejaría fuera a las opciones con posiciones más extremas en la política israelí y permitiría un margen de maniobra político y geopolítico como muy pocas veces antes se ha dado en la política israelí.
En lo que al Proceso de Paz se refiere conviene recordar que los más importantes avances se han producido bajo gobiernos del Likud o con halcones de seguridad laboristas como lo era sin duda Isaac Rabin, puesto que no tenían la necesidad de demostrar su compromiso con la seguridad del estado de Israel ante su opinión pública.
En una eventual coalición, como la descrita más arriba, estaríamos ante la participación del Likud y sus posiciones extremadamente exigentes, y en mi opinión demasiado inflexibles respecto del Proceso de Paz, las posiciones firmes en materia de seguridad de Tzipi Livni del Kadima y la experiencia militar de quien ha sido Jefe del Estado Mayor israelí y Ministro de Defensa, el líder del partido laborista Edhuk Barak, lo que daría a ese gobierno credibilidad ante la opinión pública para poder llevar a cabo negociaciones de paz y hacer las necesarias concesiones para garantizar la seguridad y el derecho a la existencia del estado de Israel y la creación de un estado palestino viable, estable, democrático y creíble para su opinión pública y el resto del mundo arabo-musulmán.
Sea como fuera los próximos días van a ser esenciales para ver por donde sopla el viento, solo cabe esperar que de verdad primen por fin, los intereses generales de todos los israelíes y no los intereses cortoplacistas de los partidos políticos, puesto que en este momento es indispensable hacer los esfuerzos necesarios para poner las bases de una paz justa, global y duradera en Oriente Próximo, en un momento de desafíos y amenazas extraordinariamente graves y con un potencial desestabilizador inimaginable en la región que ha tenido siempre una preocupante capacidad de irradiación positiva y negativa sobre el resto del mundo.
El mundo entero está observando con preocupación los acontecimientos del Oriente Próximo y aunque no podemos más que respetar la soberanía de los ciudadanos del estado de Israel conviene recordar a sus dirigentes políticos que las decisiones que ellos toman no solo afectan a sus votantes, sino a toda la región de Oriente Próximo y, en consecuencia, al mundo entero.
Los comentarios para este post están cerrados.
D. Gustavo, buenas tardes. Pensaba que el problema aritmetico de la composición de los parlamentos era más nuestro que de paises más sufridos, por su historia simplemente para sobrevivir. Sin embargo, ante estos problemas, ¿Como es posible que los grandes partidos y ya no estoy hablando exclusivamente de Israel, no se pongan decuerdo en una ley electoral adecuada, para evitar el pillaje de grupusculos normalmente minoritarios sean de la clase que sean, pues unas veces importunan a unos y otras a los otros?
Martes, 14 de febrero
Gustavo de Arístegui
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
José Pómez
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Rufino Soriano Tena
Antonio Cabrera