En estos momentos de profundo dolor y de consternación general en España, en Europa y en el mundo, es imprescindible mantener la cabeza fría y comprender que vivimos en un mundo cada vez más complejo, más interdependiente, en el que los conflictos no están aislados y tienen una inmensa capacidad de desestabilización, además de una enorme capacidad de contagio.
La República Libanesa es un pequeño y vibrante país árabe de apenas 10.452 km2, cifra que muchos libaneses veneran como un talismán, como verdadero símbolo del fortísimo deseo de ser algún día verdaderamente soberanos. En esa minúscula superficie conviven diecinueve comunidades distintas, que casi siempre se ha llevado bien salvo cuando aparecen las interferencias extranjeras y el apetito desmedido de algunos de sus vecinos por controlarlo. La verdad es que eso es bien difícil puesto que la principal riqueza de esta hermosa república levantina es su gente, su diversidad, su riqueza, y por qué no decirlo, su importante comunidad cristiana, que fue la primera del país y hoy ya la segunda. Los chiíes son los más numerosos, seguidos por los católicos maronitas, los sunníes, los drusos y los greco-ortodoxos.
Cuando Hamas ganó las elecciones legislativas palestinas era fácil prever que se produciría un rosario interminable de tragedias y de desgracias. El Movimiento Islámico no ha renunciado a los crímenes terroristas, sigue sin reconocer al Estado de Israel y tampoco ha reconocido la legitimidad de las anteriores autoridades palestinas.
En un mundo crecientemente globalizado e interdependiente se hace más indispensable que nunca fortalecer las alianzas existentes entre democracias, en las que ocupa un muy destacado lugar la relación Trasatlántica.
El silencio de este gobierno ante los últimos y graves acontecimientos en Venezuela y las críticas de la Secretaria de Estado estadounidense a la política del ejecutivo socialista hacia Cuba, ponen, una vez más, muy claramente de manifiesto que hace aguas a cataratas por el enorme boquete de su política exterior. Hace apenas tres años los primeros síntomas no podían siquiera atisbar el grado de dislate al que hemos llegado.
Desde hace algún tiempo ha vuelto a reavivarse la polémica sobre la utilización conjunta de templos. Ésta no es una práctica muy frecuente en el mundo, con la excepción de aeropuertos y otro tipo de terminales, que por economía de espacio se designa un oratorio común para todas las religiones.
Sábado, 26 de mayo
Gustavo de Arístegui
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez