El blog de Gustavo de Arístegui

Dictadores y doble moral

21.05.07 | 10:09. Archivado en Afganistán

En los últimos años ha quedado demostrado muy a las claras que en ciertos sectores ideológicos de occidente existe una alarmante doble moral respecto de ciertos tiranos y dictadores. Tras la muerte de Augusto Pinochet hubo unanimidad en el arco político español sobre las atrocidades cometidas por el general y su dictadura. El estado de salud del dictador cubano y la condena a muerte de Saddam Hussein demuestran que ciertas izquierdas son extraordinariamente laxas al juzgar a ciertos tiranos. Fidel Castro cumplirá en enero 48 años de tiranía opresiva y brutal contra su pueblo. Es directamente responsable de decenas de miles de muertes, y nadie que de verdad sienta, defienda y promueva los valores de la democracia puede decir seriamente que los supuestos logros de la revolución merecen el sacrificio de las libertades y los valores democráticos, que no sólo ha pisoteado Fidel sino que los ha denostado, insultado y asesinado. Uno de sus supuestos logros es la sanidad pública cubana cuyos avances han ha quedado gravemente en entredicho al haber tenido que recurrir a un especialista español para tratar a Fidel Castro. ¿Si esto ocurre con el máximo dirigente de la dictadura, cómo estarán los cubanos de a pie, por no mencionar a los presos políticos y de conciencia?. Las estadísticas internacionales podrán sugerir de Cuba que está mejor que el resto de América Latina, sin embargo los mitos se convierten en mentiras cuando chocan con el impenetrable muro de la realidad.

Saddam Hussein ha sido uno de los criminales más brutales que ha conocido la segunda mitad del siglo XX y el principio del S XXI; es directa o indirectamente responsable de entre 300.000 y 500.000 muertos de su propio pueblo, amén de la sanguinaria guerra emprendida contra Irán en 1980, cuyas víctimas algunos analistas cifran en el millón de muertos. La delicada situación de seguridad que vive hoy Iraq es producto de un mal diseño de la posguerra iraquí, de una pésima por no decir desastrosa gestión del administrador estadounidense de Iraq, Paul Brenner III. Ciertas izquierdas occidentales desconocen de manera insistente la diferencia entre estas dos realidades, intervención y posguerra, y lo que es más grave, se empeñan en afirmar que Saddam Hussein mantenía el país unido y tranquilo y que conseguía sujetar a la república islámica de Irán. ¿Qué moralidad hay en la afirmación de que es mejor mantener a un tirano responsable de cientos de miles de muertes para servir a ciertos fines geopolíticos y geoestratégicos, por positivos que puedan parecernos?. ¿Dónde está la fortaleza de los argumentos contra dictadores de extrema derecha y sin embargo a los ultranacionalistas racistas (supuestamente socialistas) como Saddam Hussein, o los de extrema izquierda marxistass – leninistas como Fidel Castro los justifica o incluso, en ocasiones, los defiende?. Saddam Hussein es un criminal y el mundo es un lugar mejor y más seguro sin el, los errores Paul Brenner o de Rumsfeld en el diseño y ejecución de la posguerra iraquí ni lo hacen bueno ni justifican su permanencia en el poder. Hay políticos y analistas que se indignan cuando se compara a Fidel Castro con Augusto PInochet. Augusto Pinochet fué un monstruo sin conciencia, responsable de miles de muertes que aterrorizó a Chile desde el año 73 hasta el año 88, es decir durante 15 años. Fidel Castro lleva casi 48, es responsable de decenas de miles de muertos y sigue siendo, junto a la de Corea del Norte, la única reliquia anacrónica y sanguinaria del marxismo leninismo.

Los demócratas tenemos que demostrar coherencia , cabe exigir firmeza en la defensa de los valores democráticos, crítica implacable, presión política, diplomática e internacional a las dictaduras que aún subsisten. Apoyo a los disidentes democráticos, a los procesos de apertura y evolución política y a las transiciones democráticas, sólo la coherencia, la solidez y la constancia en la defensa de la democracia y la libertad darán a los demócratas la necesaria autoridad moral, ética y política imprescindibles para derrotar a la tiranía y al fanatismo en el S XXI. Que nadie se llame a engaño, las democracias lamentablemente también han cometido excesos, y las atrocidades de Abu Grahib, cuyos responsables parece ser que ha quedado demostrado lo eran a titulo individual, como el agujero negro jurídico que supone Guantánamo, son graves lastres y mermas a la autoridad moral de las democracias del mundo. Sin embargo, esos lamentables borrones no pueden empañar el sistema de libertades que no admite ni edulcorantes ni sustitutos y que requiere de una constante y comprometida defensa. Los derechos y libertades fundamentales son un frágil jardín que se marchitará, secará y morirá si los demócratas del mundo dan por descontadas sus libertades y no las defienden con intensidad, firmeza y convicción cada día. El llamamiento no puede ser más claro, el progreso, el bienestar y la prosperidad de las democracias más avanzadas del mundo no pueden ser la potente anestesia que nos haga olvidar lo delgada que es la línea entre la libertad y la opresión.


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