El blog de Gustavo de Arístegui

El ciudadano enemigo

18.09.06 | 16:26. Archivado en Civilizaciones, Al Qaeda
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Los atentados frustrados en Londres por los servicios de inteligencia y seguridad británicos, ponen alarmantemente de relieve el altísimo grado de inconsciencia, anestesia, irresponsable incredulidad y tendencia al apaciguamiento que tiene la sociedad occidental. ¿Creemos de verdad que si no hacemos nada nos dejarán en paz?

Recordemos la cobarde declaración del extravagante alcalde de Londres Ken Livingston tras la masacre del 7-J en Londres: “dejadlos en paz”, refiriéndose al Mundo Islámico.

Si es que ése no e el problema, pues ni todos los errores de Occidente, que si duda los hemos cometido, ni su/nuestro pasado colonial, ni ningún otro pretexto esgrimido por el islamismo radical y su brazo terrorista el yihadismo pueden justificar un solo asesinato, mucho menos el asesinato en masa de miles de inocentes.

Occidente tiene que despertar de su letargo y darse cuenta que el islamismo no es el Islam, que el yihadismo no representa salvo a quienes quieren dominar el mundo islámico y de paso a resto del mundo y en definitiva que los yihadistas y sus cómplices no tienen el más mínimo escrúpulo, y que eso nada tiene que ver con las excusas esgrimidas ad nauseam por estos fanáticos.

En Occidente en general y en Europa muy en particular, el problema del islamismo radical no es ya una cuestión de política exterior, es cada vez más un problema de política interior.

Tenemos un número importante de ciudadanos procedentes del mundo islámico y un creciente número de conversos al Islam, que son creyentes moderados y pacíficos, pero hay una minoría fanática, que no nos engañemos crece de manera exponencial, que desde dentro quiere destruir, o como poco desestabilizar a nuestras democracias, y que no pararán hasta conseguirlo.

Es muy probable que no lo logren nunca, pero ésa no es razón suficiente para no actuar. Por otra parte conviene recordar que varias generaciones de musulmanes, especialmente en algunos países en la mente de todos, han sido educados en el más feroz odio a Occidente y todo lo que representa, el contenido de algunos libros de texto pone los pelos verdaderamente de punta, destilan desprecio, odio y violencia.

Ése es un problema que las autoridades de los países islámicos moderados, o por lo menos aliados de Occidente, deben enfrentar con decisión y contundencia.

Por otra parte existe un creciente número de ciudadanos occidentales, ya sea conversos o musulmanes de origen, que odian a las sociedades en la que viven y trabajan, que detestan el sistema democrático y les repugnan sus valores y estilo de vida.

Son los ciudadanos que se autoproclaman enemigos de su sociedad y de su país. Estos ciudadanos-enemigos se esconden en no pocas ocasiones detrás de la máscara y el disfraz de la más absoluta normalidad, se hacen pasar por moderados o por personas perfectamente integradas.

Otros son abierta y públicamente hostiles a Occidente, Europa o a su país. Personajes como Omar Bin Bakri, que dijo “usaremos vuestras democracias para destruir a vuestras democracias” vivía y predicaba el odio y la muerte en Londres desde la más absoluta impunidad, hasta que un terrible día de julio las autoridades británicas decidieron expulsarle.

Ahora está el Líbano pendiente de extradición para enfrentarse a graves acusaciones, entre otras, la incitación al asesinato. Otros como Abu Jamsa Al-Masri y Abu Qatada, están ya en prisión cumpliendo largas condenas por delitos similares. Una vez mas se pone de manifiesto que reaccionamos tarde y mal.

Hay quien dice, con razón, que ha fracasado el multiculturalismo y sin embargo lleva décadas fracasando antes nuestros propios ojos. Y es que la izquierda debe entender por fin que no hay nada más confesional y retrógrado que el multiculturalismo, que representa la vuelta a la Edad Media o al Imperio Otomano: leyes y tribunales diferentes según la comunidad o religión de cada individuo, pura y simplemente un disparate.

Sin embargo no conviene olvidar que también han fracasado los intentos del laicismo militante de asimilar y borrar toda referencia a la religión, o de los sentimientos religiosos de los ciudadanos, y hay que tener en cuenta que las creencias, o la ausencia de las mismas, es una cuestión básica en la identidad de las personas.

Por ello la única salida real y viable que nos queda es, sin duda, la integración, fundamentada en el carácter aconfesional del Estado, que debe proteger y garantizar las creencias religiosas (o la ausencia de las mismas) de sus ciudadanos, fomentado e impulsando una verdadera integración.

Pero lo que no podemos hacer es cruzarnos de brazos, mirar para otro lado o escondernos, en la esperanza de que el monstruo pase de largo y no nos coma. Éste es un problema de todos, es hora ya de despertarse y de actuar.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Viernes, 17 de febrero

    BUSCAR

    Editado por

    • Gustavo de Arístegui Gustavo de Arístegui
    • facebook
    • twitter
    • Youtube
    • RSS

    Hemeroteca

    Noviembre 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    282930    

    Sindicación