En 1974 el imam Musa Sadr fundó la organización chií de “protección a los desheredados” AMAL (esperanza), pero en 1979 desapareció en una visita oficial a Libia. Los chiíes se habían convertido en la primera comunidad libanesa por población y querían un mayor peso en el gobierno de la frágil república levantina.
Ese mismo año triunfa la revolución islámica y en 1982 Israel invade el Líbano para expulsar a la OLP que se había establecido en ese país como un verdadero Estado dentro del Estado, algo muy similar a lo que ha ocurrido ahora con Hizbulá.
Esta milicia terrorista es además y al mismo tiempo una organización de auxilio social y un partido político que tiene 13 escaños de los que dos diputados no son chiíes pero sí miembros de la organización. Están en coalición con su otrora archirival AMAL, la organización del desaparecido Musa Sadr y que hoy lidera el presidente del parlamento libanés el abogado Nabih Berri, que tiene la otra mitad de los escaños chiíes del parlamento.
Hizbulá fue creada por el embajador iraní en Beirut en 1982 como parte de un planteamiento estratégico mucho más ambicioso, extender la revolución islámica iraní y ganar espacios de influencia en el mundo árabe, al que no pertenece Irán.
Su primer líder fue el incendiario clérigo chií sheij Abbas Mussawi, asesinado por Israel en febrero de 1992. Entonces el joven, ambicioso y muy ardoroso clérigo Hassan Nasrralá se hizo cargo de la dirección de la organización.
Nasrralá abrigaba desde su más tierna infancia ambiciones políticas y religiosas y nunca ha ocultado su profundo odio por Israel, Estados Unidos y Occidente, habiendo llegado a vetar a ilustres chiíes para puestos de relevancia por su “excesivo conocimiento y comprensión de Occidente”.
No estamos hablando de una organización de influencia meramente libanesa, mantiene células activas en una veintena de países y es directamente responsable de cientos de asesinatos en el Líbano de chiíes y otros libaneses rivales, de docenas de secuestros de libaneses y occidentales, como el de Terry Waite enviado especial del arzobispo de Canterbury, retenido casi cinco años.
También fueron responsables de los atentados contra los marines y legionarios franceses en 1983 (300 muertos), el atentado contra el restaurante el descanso, que causó 18 muertos y más de 100 heridos en Torrejón. Ya bajo la dirección de Nasrralá se producen los atentados en Buenos Aires, contra la embajada israelí (29 muertos) y el centro judío AMIA (99 muertos). El arsenal de Hizbulá es formidable, y sería un inmenso error pensar que desean cualquier tipo de arreglo pacífico con Israel.
En el ideario de la milicia terrorista figuran como objetivo principal la eliminación del Estado de Israel. Nasrralá ha declarado en más de una ocasión que sólo se puede recuperar la tierra que fue islámica “por medio de la Guerra Santa, martirio, sangre, sacrificios y balas” (Chicago Tribune 27 de noviembre de 2000).
El odio a los Estados Unidos es muy intenso, hasta tal punto que el propio Nasrralá dijo tras el 11-S que nada en absoluto había cambiado y que su destrucción seguía siendo un objetivo fundamental de su organización. Resulta evidente que no se trata de una organización que pretendiese tan solo presionar a Israel para forzar su salida del Líbano, tienen ambiciones claramente globales, en sintonía con la de sus verdaderos jefes: el actual régimen iraní.
Para la jerarquía y los estrategas iraníes, especialmente de la jefatura de la Revolución Islámica, el ministerio de inteligencia, Hizbulá es una unidad más de los pasdarán. De hecho los guardias de la revolución, que tienen una notable presencia en el Líbano, se dice que hay constantemente entre 1000 y 2000 pasdaranes y que tanto ellos como agentes del ministerio de inteligencia han estado al frente de los campamentos de entrenamiento de terroristas en el Valle de la Bekaa, de hecho fuentes de inteligencia señalan que es muy probable que sean campamentos móviles, que trasladan fácilmente y en los que los “reclutas” no residen para evitar así ser vulnerables a ataques o penetración.
La dependencia de Hizbulá de Irán no es sólo ideológica, operativa o de adiestramiento, suministra armas fabricadas en ese país y sobre todos los financia con cantidades que oscilan entre los 100 y los 200 millones de dólares de los que la milicia terrorista desvía en torno a un 10% a organizaciones terroristas palestinas para que cometan atentados suicida contra el Estado de Israel, de hecho el propio Nasrralá ha instado a los palestinos a que “exporten las operaciones de martirio a todo el mundo”.
Nada de lo que está pasando es una sorpresa para el líder de Hizbulá que el 16 de julio de este mismo año declaró: “La Fuerza Aérea israelí podría destruir al Ejército libanés en unas pocas horas...pero no lo puede hacer con nosotros…nosotros luchamos una guerra de guerrillas”. Lamentablemente la crisis libanesa lejos de debilitar a Hizbulá, la ha fortalecido, convirtiendo a Nasrralá en un héroe en muchos rincones de la región.
Ni sus más acérrimos críticos libaneses se atreven a decir ni una palabra contra Hizbulá y su fanático líder. Es posible que la milicia terrorista tarde quizás mucho tiempo en recuperar su capacidad operativa plena, y quizás no lo logre nunca si la fuerza internacional de interposición tiene éxito en desarmarlos -por lo menos en la zona bajo su control- pero su influencia política y social en el Líbano y en la región ha renacido de sus cenizas como un ave fénix de mal agüero.
Lamentablemente se pone de manifiesto que la respuesta israelí, además de desproporcionada, ha sido profundamente contraproducente.
Viernes, 17 de febrero
Gustavo de Arístegui
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla