El blog de Gustavo de Arístegui

Más allá de Al Qaeda

12.09.05 | 18:09. Archivado en Yihad, Al Qaeda
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El problema al que nos enfrentamos no es tan sólo el terrorismo y sus atentados. Es, sobre todo, la ideología que le sirve de motor, justificación y combustible: el islamismo radical. El islamismo radical no es Islam; de hecho, es la máxima perversión del Islam y no nos cansamos de repetir que el Islam y los musulmanes son las primeras víctimas del islamismo. El carácter expansivo, violento y despiadado del islamismo radical lo convierte en uno de los enemigos más preocupantes a los que se han enfrentado la democracia y la libertad en toda su existencia.

No obstante lo anterior, no conviene olvidar que los países y sociedades que han promovido, protegido o fomentado las formas más ultraconservadoras, ultrarrigoristas y ortodoxas del Islam han impulsado, plantado y cosechado -¿sin quererlo?- el crecimiento y la expansión del islamismo.

En esos ambientes resulta extraordinariamente fácil el reclutamiento de militantes islamistas radicales dispuestos a casi todo. La educación en escuelas coránicas ultrarrigoristas, los sermones de los viernes por parte de imanes o muftis ultraconservadores o incluso ya islamistas está plantando la semilla del odio y la confrontación que dará como fruto el fanatismo, la intolerancia y el terrorismo.

Las fronteras entre el Islam conservador y el Islam radical son cada vez más difusas, y los límites entre éstos y el islamismo empiezan a desaparecer, lo que favorece de manera preocupante el crecimiento del fanatismo islamista. Corresponde a los gobiernos y a los poderes públicos de los países afectados, de las autoridades religiosas, ministerios de asuntos religiosos, consejos superiores islámicos, a la emblemática Universidad de Al Azar de El Cairo (única relevante reconocida en el mundo musulmán suní), tomar las medidas necesarias para que los profesores e imanes, los libros de texto y las escuelas coránicas enseñen con rigor y con solidez la religión islámica, puesto que, según dice el presidente de la universidad islámica del Reino Unido, el profesor Badawi, hay una relación directa entre falta de formación teológica y religiosa y el fanatismo islamista.

Por otra parte está la terrible e inminente realidad de Al Qaeda, así como, lamentablemente, la incapacidad de Occidente de ir más allá de un nombre o de unas siglas. En nuestras sociedades hay que identificar con claridad al enemigo, olvidando que en la II Guerra Mundial tan terrible era Hitler como la ideología nazi y que, mientras Hitler desapareció, el nazismo desgraciadamente le ha sobrevivido. Nos encontramos ante una situación parecida, y tenemos que comprender que Al Qaeda es la más peligrosa y conocida manifestación de la terrorífica y violenta ideología del islamismo radical.

Este es, por lo tanto, un problema a largo plazo que supera en el espacio y en el tiempo a Al Qaeda y a cualquier otra organización islamista conocida. El enemigo que hay que derrotar es el islamismo, y no sólo a sus manifestaciones terroristas.El día, esperemos que cercano, en que se haya podido derrotar a Al Qaeda, el islamismo servirá de combustible al terrorismo que adoptará, seguramente, otras siglas, manifestaciones y otras estructuras.

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