Se puede decir sin temor a equivocarnos, que los Estados Unidos no será nunca el mismo país después de esta tragedia. Uno de los cambios fundamentales es que muy probablemente haya muerto la corrección política, el que le dio la puntilla fue el valiente y claro alcalde de Nueva Orleáns C. Ray Nagin, que ha puesto el dedo en una enorme y supurante llaga. En este principio del siglo XXI hay una importante crisis de liderazgo.
En los momentos más duros y angustiosos los ciudadanos de las más importantes democracias del planeta quieren que sus políticos estén a la altura de las circunstancias, que sean verdaderos líderes, que estén al pie del cañón, trabajando y dando ejemplo. C. Ray Nagin no sólo ha hecho eso, ha denunciado las deficiencias, ha criticado la falta de intensidad, la lentitud, la falta de diligencia y eficacia de la ayuda estatal y federal.
Lo ha hecho dando ejemplo de dedicación a su ciudad y los más necesitados, poniéndose al frente de los funcionarios municipales, servicios de emergencia y policía, que no han descansado desde hace casi una semana. Nagin ha reventado los convencionalismos, ha destrozado a la corrección política, y sin perder la calma, fue contundente hasta extremos insospechados en una, quizás histórica y emocionante entrevista en CNN radio, en la que usó lenguaje duro, en ocasiones malsonante, para dejar clara su indignación e impotencia, pero no la falta de esfuerzo de los servidores públicos, médicos, enfermeras y voluntarios, alabando los miles de actos de heroísmo anónimo que se han producido y que nunca podrán ser suficientemente agradecidos ni reconocidos.
El alcalde de Nueva Orleáns se ha convertido en un símbolo de la grandeza humana frente a los miserables que cometen actos de pillaje o los francotiradores que atacan desde las azoteas a los servicios de rescate. A las cosas en estos momentos hay que llamarlas por su nombre.
Una nación que vuelve la mirada desesperada hacia sus líderes y encontró una respuesta lenta e insuficiente por parte de las autoridades con más medios. La ausencia de liderazgo claro del presidente Bush, está empezando a pasarle una abultada factura en términos de popularidad y credibilidad. En momentos como este son necesarios más reflejos y más acción, además de los excelentes discursos pronunciados.
Es la hora de los hechos. El teniente general encargado de las operaciones por el gobierno federal, ha demostrado dotes de mando unánimemente elogiadas por los medios estadounidenses. En los momentos de desesperación, la ciudadanía necesita a sus héroes, muchísimos son anónimos, otros deben tener nombre y apellidos, ser reconocidos y convertirse en modelos sociales. Ya lo explicó Carlyle en su imprescindible libro “Los héroes”. Cuando uno ha perdido toda esperanza, va el género humano y lo da todo de sí mismo, siempre en las horas más oscuras.
Sábado, 18 de febrero
Gustavo de Arístegui
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel