Muchas especulaciones de las horas que siguieron a los terribles atentados de Londres, han puesto de manifiesto que en Occidente sigue habiendo profundas discrepancias en torno a la realidad del terrorismo y sus consecuencias. Estamos ante la declaración de una guerra santa total y global, por parte del terrorismo yihadista, alimentado por la ideología islamista radical, lucha que debemos plantear en términos multidimensionales, sin perder de vista la defensa fundamental de nuestros principios y valores.
La primera aclaración que conviene hacer es que los únicos responsables del terrorismo y sus matanzas son quienes perpetran esos crímenes. Las excusas que algunos, a mi juicio erróneamente, denominan causas subyacentes, son de diversa índole, normalmente territorial, ideológica o religiosa. Si fueran incapaces de articular correctamente una teoría del terror en torno a estos ejes, no dudarían en elaborar otros distintos por contradictorios o ridículos que resultaran a las mentes sanas.
En cuanto a los factores que propician la extensión del fenómeno, aquí nos encontramos ante las más variadas explicaciones, desde factores socioeconómicos que alimentan la frustración y la desesperación, a los políticos étnicos, culturales o civilizacionales, que fomentan el odio y la irracionalidad.
En cualquier caso, aunque desaparecieran todos los problemas más graves de los países y regiones en los que el terrorismo tiene mayor incidencia, el terrorismo, como forma opresiva y violenta de imposición de puntos de vista minoritarios sobre la mayoría, no desaparecería jamás. La barbarie y el fanatismo existen y conseguirían abrirse hueco en los corazones podridos de algunos repulsivos monstruos a los que difícilmente se puede calificar de seres humanos.
¿Quiénes son los responsables? ¿Qué nivel real de eficacia tiene el terrorismo en Europa? ¿Qué podemos hacer las democracias occidentales para defendernos con mayor eficacia sin comprometer los derechos y libertades fundamentales? ¿Nos daremos cuenta de que no hay rendición posible ante el terror porque no prevenir, no responder y no defender nuestros valores esenciales no nos librará de su zarpazo? ¿No entendemos que para el terrorismo en general, y el yihadista en particular, la conquista del mundo, por medio de la barbarie y el proselitismo violento es un fin irrenunciable?.
La ideología que alimenta a estas bestias es el islamismo radical, manipulación malintencionada del Islam, utilizado como disfraz y como excusa para esconder sus totalitarias intenciones. La ideología alimenta, como si de un combustible de 200 octanos se tratara, los perversos motores de la máquina de matar yihadista.
No se trata de romper con Estados Unidos, ni salir de Afganistán o Iraq, ni siquiera de resolver el conflicto árabe-israelí, pues todos los demócratas del mundo, o casi todos, estamos de acuerdo en que la paz y la estabilidad son un bien en sí mismos, y aunque discrepemos en los métodos y medios, incluso en las más feroces batallas políticas, estaremos de acuerdo en los fines, aunque mantengamos matices en nuestras posiciones.
Londres ha sido centro fundamental del radicalismo islamista en Europa. Algunos de los movimientos más bestiales y sus repugnantes líderes se han refugiado en Europa, en el Reino Unido y, concretamente en Londres, al amparo de sociedades abiertas y tolerantes que empiezan a vislumbrar el grave riesgo de su tolerancia hacia la intolerancia, como tantas veces nos recuerda la heroica diputada holandesa, de origen somalí, Ayaan Hirsi Ali.
En Londres han campado aparentemente a sus anchas, aunque han sido cuidadosamente controlados y seguidos por los servicios de contrainteligencia británicos, sujetos como Abdula Raisul, condenado a nueve años por incitar al asesinato de infieles o defender la utilización de armas de gran capacidad destructiva de forma indiscriminada; Abu Hamsa, ideólogo terrorista de grupos tan sanguinarios y bárbaros como el Grupo Salafista de Predicación y Combate, que está siendo juzgado estos días en Londres, o el pérfido Abu Qutada, inspirador de los atentados del 11S e instigador de algunas de las teorías más bestiales que uno pueda imaginar, o el sibilino y suave de maneras, filoterrorista Rashid Ghanusi, líder de un supuesto partido islamista moderado (¿es que alguien puede seguir creyendo que el islamismo, que no el Islam, es moderado?) tunecino llamado En-Nagda (Renacimiento).
Según algunos de los más reputados expertos en lucha antiterrorista un tercio de los musulmanes podría tener algún grado de simpatía hacia las tesis islamistas. La cifra es espeluznante, y aunque sigue creciendo no es menos cierto que aun son minoría. La situación no es irreversible y el avance del islamismo no es imparable, lo primero que hay que hacer es tener, no ya la generosidad, la inteligencia mínima de entender que cuanto más confundamos a fanáticos y radicales con moderados, más intensa es la corriente de transferencia de los unos a los otros.
Aunque algunos creyeran que de verdad todos los musulmanes son perversos, lo cual, además de injusto, es un disparate, por elemental prudencia y un mínimo de astucia táctica, deberían callarse. La defensa de estos valores no es debilidad, es cuidadosa estrategia, y sobre todo justicia, porque me consta que no todos son iguales, he vivido entre ellos, y muchos son amigos míos, y defienden valores, en no pocas ocasiones, idénticos a los nuestros, y se preguntan, no sin razón, por qué apoyamos, en su parte del mundo, regímenes e ideas que no queremos para nosotros.
Pero el problema no es éste, no desviemos la atención de lo que es fundamental, el terror es enemigo común de Occidente y de Oriente, el terror es la perversión más profunda de la política, la religión o la esencia humana. Es urgente que comprendamos la extensión y el calado de las amenazas que nos acechan.
Derrotados el nazismo y el comunismo, el fascismo y otras ideologías totalitarias, nos encontramos ante una amenaza más difusa, menos clara, que nos ataca en casa, que nos hace dudar a veces de nuestros valores, una amenaza y un problema que creíamos ajeno a nuestro cómodo mundo de progreso y prosperidad.
El simplismo, la corrección política y la mezquindad han sido algunos de los muchos resquicios por los que estas venenosas víboras se han colado. Pero la democracia y los demócratas, que somos la destilación de lo mejor de la humanidad, no sólo tenemos lo que algunos ingenuamente pensaban que bastaba, es decir la superioridad tecnológica sobre el crimen organizado y el terrorismo (aunque lamentablemente, en algunos casos, esa distancia no sólo se ha acortado, sino que hasta nos han superado en ciertos terrenos), lo que de verdad marca la diferencia es la superioridad ética y moral de la democracia, la libertad, el pluralismo, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos. Por eso no podemos perder, por eso, aún sabiendo que la prosperidad y los avances, junto con algunos graves errores políticos de laxitud y pasividad ante la barbarie nos han podido anestesiar, tenemos que despertar ya y defender las mejores esencias de la humanidad.
Los comentarios para este post están cerrados.
señor cid cabreador, baje a la realidad; estamos de acuerdo que la mayoria de los musulmanes,son personas normales con las que se puede hablar, la mayoria con deseos de integrase plenamente en nuestra sociedad; de buscar un futuro mejor, pero no debemos olvidar que existen otros musulmanes, radicales islamicos, que han desvirtuado o reinterpretado las escrituras, el coran, las shuras; que se creen elegidos por su dios para luchar y aniquilar al que consideran infiel, que a grosso modo es el mundo occidental,asi como que su extremismo les confiere la prevenda de saltarse las normas de su religion para no ser detectados hasta el sublime momento del sacrificio; ese con el que usted habla normalmente, mañana se puede volar por los aires. Todo esto es mucho mas complicado, la simplificacion, y el pensar que no pasa nada con estas personas ,pasa caras factura, y una vida humana, no se pagacon dinero.
Jueves, 23 de febrero
Gustavo de Arístegui
Rufino Soriano Tena
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Graciano Palomo