El blog de Gustavo de Arístegui

HORIZONTES GRISES

01.11.11 | 09:50. Archivado en Islam, Afganistán, Oriente Medio

HORIZONTES GRISES
 
Casi nada es siempre del todo negro, en el horizonte de las revueltas árabes tampoco. Es cierto que algunos indicios han preocupado mucho a Europa y Estados Unidos, pero la victoria islamista en Túnez abrirá un necesario paréntesis para ver en qué sentido el movimiento En-Nahda ha evolucionado. Sólo podremos juzgar con seriedad una vez empiece a gobernar. Los sondeos vaticinan un excelente resultados a los distintos partidos islamistas que concurren a las elecciones del 28 de noviembre en Egipto, pero acuden fraccionados con los que para gobernar tendrían que coaligarse. La fractura entre salafistas y Hermanos Musulmanes lo dificultaría. En Marruecos las profundas reformas aprobadas se pondrán a prueba tras las elecciones previstas para el 25 de noviembre, que elegirán al primer presidente del gobierno de su historia, y donde muy probablemente los islamistas obtengan también un gran resultado.
Estamos ante procesos que van a ser largos, procelosos llenos de todo tipo de avatares y obstáculos, en los que habrá avances y serios retrocesos. Europa pecó de exceso de optimismo, ahora tenemos entender que nos vamos a mover en diferentes escalas del gris durante muchos años, y que debemos estar preparados para que lo que ocurra al otro lado del Mediterráneo no sea siempre de nuestro agrado. Lo primero es aceptar con respeto lo que voten esos pueblos, y entender que no todos los votos de los islamistas son ideológicos, hay mucho voto de simpatía por haber representado lo que se percibía como la vanguardia en la lucha contra los tiranos. Por otra parte hay también una proporción no desdeñable de voto de rechazo a algunos del los partidos moderados a los que consideran de algún modo herederos de los regímenes depuestos.
Los partidos políticos europeos, respetando la soberanía de nuestros vecinos, podrían implicarse más intensamente en la formación de los cuadros dirigentes de sus homólogos ideológicos, y los Estados ayudar con su cooperación al desarrollo, a diseñar, reformar o consolidar instituciones democráticas. Éstas deben servir de cimientos para construir sólidos sistemas democráticos que no se vean sacudidos gane quien gane, aunque sean los islamistas, para que la alternancia sea posible, y que los malos gobernantes puedan ser reemplazados en las urnas con toda normalidad. Siendo todo esto verdad, no sería aceptable que hubiese una involución democrática, de derechos fundamentales o de otro orden. Lamentablemente el riesgo cierto de sustituir dictaduras del siglo XX por oscura e implacables dictaduras medievales será una constante en los procesos.


ANIVERSARIO DE LA INFAMIA

30.10.11 | 13:41. Archivado en Afganistán

ANIVERSARIO DE LA INFAMIA

Hace 110 años Theodore Roosevelt pronunciaba su primer discurso como presidente de los EEUU delante del ataúd de su predecesor el presidente McInley, el de la Guerra de Cuba, asesinado por un terrorista anarquista. El contenido del discurso, si se omiten las referencias temporales y personales, habría podido ser el de cualquier jefe de Estado del siglo XXI tras un atentado terrorista. Casi exactamente un siglo después el 11 de septiembre de 2001, Osama Bin Laden inaugura una terrible era del mega-terrorismo global. El terrorismo es una realidad mutante en sanguinaria espiral ascendente y debemos ser conscientes de que, ni es nuevo ni va a desaparecer en las próximas décadas. El terrorismo es una lacra profundamente enquistada en las sociedades humanas, cuyos zarpazos han jalonado la historia del último siglo. Sin embargo fue el shock indescriptible de ver las dos torres gemelas de World Trade Center, desplomarse ante nuestros ojos, el que ha dejado una cicatriz horrenda y eterna en el corazón de la humanidad. En efecto, el sol se puso en un mundo radicalmente distinto aquel infausto día.

La violencia extrema, la crueldad infinita del terrorismo se instala en la subasta permanente de la barbarie para superar el hecho de que la opinión pública acaba habituándose a la violencia y sus víctimas, siempre y cuando no le toque de cerca. Son noticias en la televisión, cosas que les pasan a otros. El terror tiene que ser cada vez más bestial y brutal, con más muertos, mostrarse cada vez más sádico para obtener el efecto de amedrentar a aterrorizar a millones con el asesinato de algunos. Pero incluso no pocos analistas, periodistas o políticos, han acabado acomodados en la creencia de que el terrorismo no es un enemigo tan peligroso ni tan eficaz como algunos decíamos. Al fin y al cabo, dicen algunos, no ha logrado reconquistar Afganistán –ya veremos que ocurre cuando las fuerzas internacionales se retiren- hacerse con Iraq, sacudir Oriente Medio o hacer caer gobiernos de países importantes. Se equivocan gravemente. El terrorismo es de los fenómenos con mayor capacidad desestabilizadora del mundo, y el terrorismo pretende el poder absoluto, el hecho de que no vaya a lograr sus objetivos no quiere decir que haya renunciado a ellos. La muerte de Bin Laden ha contribuido a este irresponsable exceso de optimismo.
La violencia y el fanatismo que están en la base del terrorismo, deben ser abordados como problemas estratégicos y no tácticos, las organizaciones, sus células y criminales son las manifestaciones tácticas de un problema estructural que tiene alcance y consecuencias geopolíticas. Los servicios de inteligencia y los cuerpos de seguridad del mundo han aprendido mucho en estos años, han ganado en eficacia y en conocimiento profundo de las redes y de sus protagonistas. A pesar de los esfuerzos y de los inmensos medios puestos a disposición de esta lucha no hemos avanzado en el terreno estratégico, aunque sí en el táctico. Se ha capturado a un número muy importante de terroristas, se ha conseguido debilitar ciertas redes y organizaciones, que no derrotarlas, y hasta se ha conseguido evitar atentados de posibles consecuencias devastadoras. Sin embargo debo insistir en que el problema es de alcance y por lo tanto corresponde a los gobiernos y sus máximos dirigentes diseñar una lucha multidimensional y de dimensión geoestratégica para poder atisbar resultados serios, por lo menos a medio plazo.
Una de las claves de la lucha de dimensión estratégica es la lucha contra el fanatismo y las ideologías que lo alimentan e impulsan. El yihadismo es el peor enemigo del Islam, no solo de Occidente, la primera víctima del terrorismo yihadista es el Islam y los musulmanes. Ésta no es sólo una frase efectista, si se hace una mínima investigación se podrá comprobar que la gran mayoría de las víctimas de terrorismo yihadista son musulmanes, conviene no olvidarlo. Derrotar la ideología es fundamental, atacar la credibilidad y la apariencia de legitimidad que tienen el yihadismo alimentado por el islamismo radical, debería ser una de las prioridades fundamentales de la comunidad internacional. Es una tarea difícil y que requiere del trabajo conjunto de los Estados afectados y las democracias más avanzadas del mundo. Es una cooperación internacional que va más allá del imprescindible aspecto policial y de seguridad, se trata de derrotar la ideología para que no pueda alumbrar nuevas semillas del mal.
La estabilización de las regiones en las que opera el terrorismo, la reconstrucción nacional y fortalecimiento institucional de Estados fallidos, la promoción de la democracia o la defensa de los derechos humanos, son elementos esenciales de la lucha, que socavará de manera irremediable, la eficacia y arraigo del yihadismo en ciertas sociedades. La consolidación de la democracia en los países que se encuentran en procesos de transición, será una gran victoria contra el terror.
No conviene olvidar los aspectos de seguridad estratégicos en esta lucha, los aspectos militares y de seguridad global. Se decía que no se podía combatir el terrorismo con carros de combate, helicópteros artillados o aviones de caza. En ciertos casos habría que decir que no se puede combatir el terrorismo sólo con esos medios, pero tampoco se lo puede combatir sin esos medios. La OTAN y las Fuerzas Armadas de países como el nuestro han tenido, y seguirán teniendo, un ejemplar papel en la lucha contra el terror tanto en su dimensión militar y estratégica como en la de la reconstrucción de los estados infectados por el terrorismo. Por último es una deuda de honor rendir homenaje de respeto, gratitud y admiración a los hombres y mujeres que defienden nuestra democracia en conflictos, que aunque lejanos, tienen consecuencias directas e inmediatas para nuestra seguridad y nuestro futuro en libertad.


REVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN

29.10.11 | 13:14. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

Los acontecimientos de las últimas semanas en el mundo árabe abren muchos interrogantes sobre el futuro de la región y sus consecuencias para sus pueblos y vecinos, incluidos nosotros. Las terribles imágenes de la sórdida tortura pública del criminal dictador libio, han sacudido las conciencias de medio mundo. El que las críticas hayan sido más discretas que públicas demuestra hasta qué punto no hemos logrado de sacudirnos la hipocresía de la que hace apenas nueve meses abjuramos tras el derrocamiento de Ben Alí.
Es cierto que no debemos adelantarnos a los acontecimientos, que debemos juzgar sólo los resultados y no las perspectivas, pero no podemos por menos que reconocer que el horizonte se presenta sombrío. Las primeras declaraciones del presidente del Consejo Nacional de Transición de Libia, Mustafa Andel Jalil tras la muerte de Gadafi, sobre la inspiración islamista (que no islámica) que tendría la legislación Libia, alarmaron seriamente a políticos, analistas y medios de comunicación. Ante la reacción mediática, procedieron a una improvisada y artificiosa rectificación que no pareció demasiado sincera.

En Túnez ha ganado el movimiento En-Nahda y sus aliados, organización con un oscuro pasado de violencia y extremismo, ha querido convencer a su opinión pública y la del resto del mundo de su evolución y moderación, asegurando que va a respetar las conquistas de las mujeres logradas por empeño del fundador del Túnez independiente, Habib Burghiba. Habrá que verlo. Tenemos que esperar a ver qué medidas y reformas toma, cómo gobiernan y el grado de tolerancia y respeto que muestran a quienes se sienten aconfesionales o incluso a los muchos tunecinos partidarios de un Estado laico, que también tiene derechos. Los islamistas han sumado a sus votos ideológicos, no pocos votos de simpatía por haber sido percibidos como la vanguardia de la oposición al tirano. Es más que probable que en convocatorias futuras ajusten seriamente su resultado. Por eso mismo quieren que el mandato de la Asamblea Constituyente sea lo más corto posible para que esa sangría de votos, cuya magnitud es imposible de prever, no se produzca.

La clave está en Egipto, que es más de la cuarta parte de los 350 millones de árabes y que celebrará elecciones el 28 de noviembre, el auge de las opciones islamistas, incluso de los más extremistas, los salafistas, parece asegurada. ¿Qué ocurrirá con un parlamento dominado por diversas formaciones islamistas? ¿Qué papel van a jugar las fuerzas políticas moderadas, atomizadas en decenas de siglas? ¿Qué relevancia van a tener los islamistas moderados –más bien habría que hablar de islámico en este caso- del partido “Al Wasat al Jadid” (nuevo centro)? Hay que tener en cuenta que en Egipto el arraigo social del islamismo es mucho más fuerte que en Túnez, y que las escuelas coránicas gratuitas, dispensarios médicos, y organizaciones caritativas pertenecientes o asociadas al islamismo, han jugado un papel muy intenso en el país, por lo que hay un densa y sólida red clientelar. Por mucho que haya muchos contrapesos en el país, una sociedad civil emergente, una elite intelectual prestigiosa, los empresarios y las Fuerzas Armadas, no podemos olvidar que es el parlamento el que va a redactar la nueva constitución, y que éste va a estar dominado por los islamistas, que van a dejar su impronta ideológica y su programa en la nueva Carta Magna.

Todo esto nos abre inmensas incertidumbres, de las que n podemos ser más que respetuosos espectadores. La alternativa es que los partido democráticos europeos ayuden y acompañen a sus afines ideológicos, formando cuadros y que los gobiernos contribuyan al fortalecimiento institucional, para evitar que las brutales dictaduras del siglo XX sean sustituidas por oscuras e implacables dictaduras medievales.


REVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN

29.10.11 | 13:14. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

Los acontecimientos de las últimas semanas en el mundo árabe abren muchos interrogantes sobre el futuro de la región y sus consecuencias para sus pueblos y vecinos, incluidos nosotros. Las terribles imágenes de la sórdida tortura pública del criminal dictador libio, han sacudido las conciencias de medio mundo. El que las críticas hayan sido más discretas que públicas demuestra hasta qué punto no hemos logrado de sacudirnos la hipocresía de la que hace apenas nueve meses abjuramos tras el derrocamiento de Ben Alí.
Es cierto que no debemos adelantarnos a los acontecimientos, que debemos juzgar sólo los resultados y no las perspectivas, pero no podemos por menos que reconocer que el horizonte se presenta sombrío. Las primeras declaraciones del presidente del Consejo Nacional de Transición de Libia, Mustafa Andel Jalil tras la muerte de Gadafi, sobre la inspiración islamista (que no islámica) que tendría la legislación Libia, alarmaron seriamente a políticos, analistas y medios de comunicación. Ante la reacción mediática, procedieron a una improvisada y artificiosa rectificación que no pareció demasiado sincera.

En Túnez ha ganado el movimiento En-Nahda y sus aliados, organización con un oscuro pasado de violencia y extremismo, ha querido convencer a su opinión pública y la del resto del mundo de su evolución y moderación, asegurando que va a respetar las conquistas de las mujeres logradas por empeño del fundador del Túnez independiente, Habib Burghiba. Habrá que verlo. Tenemos que esperar a ver qué medidas y reformas toma, cómo gobiernan y el grado de tolerancia y respeto que muestran a quienes se sienten aconfesionales o incluso a los muchos tunecinos partidarios de un Estado laico, que también tiene derechos. Los islamistas han sumado a sus votos ideológicos, no pocos votos de simpatía por haber sido percibidos como la vanguardia de la oposición al tirano. Es más que probable que en convocatorias futuras ajusten seriamente su resultado. Por eso mismo quieren que el mandato de la Asamblea Constituyente sea lo más corto posible para que esa sangría de votos, cuya magnitud es imposible de prever, no se produzca.

La clave está en Egipto, que es más de la cuarta parte de los 350 millones de árabes y que celebrará elecciones el 28 de noviembre, el auge de las opciones islamistas, incluso de los más extremistas, los salafistas, parece asegurada. ¿Qué ocurrirá con un parlamento dominado por diversas formaciones islamistas? ¿Qué papel van a jugar las fuerzas políticas moderadas, atomizadas en decenas de siglas? ¿Qué relevancia van a tener los islamistas moderados –más bien habría que hablar de islámico en este caso- del partido “Al Wasat al Jadid” (nuevo centro)? Hay que tener en cuenta que en Egipto el arraigo social del islamismo es mucho más fuerte que en Túnez, y que las escuelas coránicas gratuitas, dispensarios médicos, y organizaciones caritativas pertenecientes o asociadas al islamismo, han jugado un papel muy intenso en el país, por lo que hay un densa y sólida red clientelar. Por mucho que haya muchos contrapesos en el país, una sociedad civil emergente, una elite intelectual prestigiosa, los empresarios y las Fuerzas Armadas, no podemos olvidar que es el parlamento el que va a redactar la nueva constitución, y que éste va a estar dominado por los islamistas, que van a dejar su impronta ideológica y su programa en la nueva Carta Magna.

Todo esto nos abre inmensas incertidumbres, de las que n podemos ser más que respetuosos espectadores. La alternativa es que los partido democráticos europeos ayuden y acompañen a sus afines ideológicos, formando cuadros y que los gobiernos contribuyan al fortalecimiento institucional, para evitar que las brutales dictaduras del siglo XX sean sustituidas por oscuras e implacables dictaduras medievales.


EL CAMBIO NECESARIO EN POLÍTICA EXTERIOR

27.10.11 | 01:52. Archivado en Política Exterior

EL CAMBIO NECESARIO EN POLÍTICA EXTERIOR.
 
 
Llegamos al final de casi ocho años de gobierno socialista, instalado en graves errores, sin que la política exterior haya podido escapar a esta tragedia. Ningún gobierno responsable y serio puede degradar una política de Estado y convertirla en un eje esencial de su táctica partidista, lo que ha convertido a la España bajo gobierno socialista, en un elemento excéntrico de nuestro entorno. Rodríguez Zapatero y el PSOE bajo su dirección,  la utilizaron, por una parte,  como un elemento de definición ideológica de sus políticas más a la izquierda de la socialdemocracia, y por otra como una eficaz estrategia de fidelización del voto de izquierda e izquierda extrema. Sólo así se puede entender que se quebrase la sensatez, el equilibrio y la centralidad en la gestión de la política y presencia internacionales de España. No podemos olvidar que la política exterior debe ser uno de los instrumentos esenciales de defensa de los intereses de España y de sus ciudadanos, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Veremos cómo el gobierno socialista ha fracasado en todos estos frentes.
El gobierno socialista definió la relación de España con la primera potencia mundial en función del inquilino de la Casa Blanca, subordinando los intereses generales de España a sus sensibilidades ideológicas. No siempre se estará de acuerdo con todas las democracias con las que tenemos relaciones, ni tan siquiera con nuestros socios y aliados de la UE o la OTAN, pero el tensar las relaciones por la animosidad hacia un presidente de los EEUU o su partido, es de una irresponsabilidad sin precedentes. Recordemos cómo el ministro de Fomento declaró cuando ganó el presidente Obama, desde la más grave ignorancia de los usos y costumbres diplomáticos, “han ganado los nuestros”, un perfecto disparate.
Decíamos que la promoción de la democracia y de los derechos y libertades individuales deben constituir uno de los ejes esenciales de la política exterior de cualquier democracia avanzada. Por ello resulta incomprensible la política de acercamiento, cordialidad y total y completa laxitud frente a la dictadura de los hermanos Castro o el régimen populista y caudillista de Hugo Chávez Frías, que cada día está más instalado en el más feroz e indisimulado totalitarismo. La actitud de un gobierno serio ante las dictaduras debe ser de firmeza y exigencia sin importar el color político de la misma. No se puede pretender, como ha dicho en público algún dirigente socialista, que estaban “más cerca de ellos” –por la dictadura cubana- que del PP. Increíble pero cierto.
Fracaso de la Alianza de civilizaciones certificado por las revueltas en el mundo árabe, y antes por la revolución “verde” de Irán, país islámico chií no árabe, contra el pucherazo de Ahmadineyad. Otro golpe certero a la defensa de la democracia y los derechos humanos. Las revueltas en el mundo árabe, como antes la de los iraníes contra su régimen totalitario, pone de manifiesto que los pueblos del mundo árabe y del mundo islámico no árabe quieren democracia, libertad, dignidad y justicia, y la Alianza tal y como la concibe el gobierno socialista, legitima a esos regímenes, pues muchas de las dictaduras derrocadas o contestadas eran activos partícipes de la iniciativa. No debemos confundir la concepción socialista de su improvisada ocurrencia con  el ejercicio de la ONU que surge en 2001 con el nombre de diálogo de civilizaciones, hoy de nombre homólogo a la del gobierno socialista pero de contenido bien distinto.
Todos esto ha provocado una preocupante pérdida de peso e influencia internacionales de España. Para poner remedio a esto, la política exterior debe volver a ser una política de Estado, fundamentada en el consenso, la defensa de nuestros intereses desde la sensatez y la firmeza, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Un país como el nuestro víctima del terrorismo durante décadas, debe poner en el centro del diseño de su política exterior la lucha contra el terrorismo en todos los ámbitos internacionales, los multilaterales como la ONU, entre nuestros socios en el seno de la UE, y en nuestra política bilateral, pues algunos países, aun hoy, mantienen actitudes de complicidad o encubrimiento de terroristas, ya sea de ETA como de cualquier otra ideología. La firmeza internacional con ellos debe ser total. Del mismo modo el crimen organizado debe formar parte de nuestra acción exterior, pues es una muy grave amenaza a nuestra seguridad y estabilidad.
En tiempos de crisis económica es un momento muy propicio para impulsar el aspecto económico, comercial, inversor y financiero de la política exterior. Conviene recordar que España ha llegado a tener el primer déficit exterior del mundo en términos relativos, después de los EEUU, y el segundo en términos absolutos. El estado debe ayudar a nuestras empresas a mejorar de manera sustancial su presencia y posición en los mercados internacionales. Otros países de nuestro entorno llevan décadas haciéndolo y la diferencia es abismal, las embajadas e incluso los consulados deben convertirse en agentes comerciales activos y tenaces de los intereses económicos de nuestro país.
España tiene una larga historia, una rica y diversa cultura y un idioma común universal, que tiene un valor económico, político y de prestigio e influencia internacionales, literalmente sin límites. El español se habla como lengua materna por más de 500 millones de seres humanos. Sólo este dato no da una proyección mundial incalculable.
La Política Exterior, con mayúsculas, debe centrarse en la defensa de España, de sus intereses, de su democracia, libertad, soberanía y de sus ciudadanos. Se debe diseñar una política sólida, moderada, sensata,  equilibrada, con altura de miras, sentido de estado, comprensión global de la geoestrategia y de graves desafíos a los que se enfrenta el mundo del siglo XXI. España tiene obviamente unas prioridades geopolíticas que se han ido ampliando en los últimos años más allá de Europa, el Magreb y Oriente Medio e Iberoamérica, que seguirán siendo esenciales y estratégicos para nosotros. Por otra parte la incorporación  a nuestras prioridades de otras zonas geográficas de creciente y fundamental importancia en el mundo como Asia-Pacífico y África, debe tener contenido real, sabiendo adaptar nuestros medios necesariamente mermados por la crisis, a las necesidades reales y perentorias de nuestra política exterior.
Muchas veces hemos escuchado el clásico discurso socialista de que España es una potencia media, lo que es cierto desde el punto de vista de nuestro tamaño y población. Pero nuestros intereses y proyección deberían tener vocación global, de ahí que el gobierno del PP se planteó la necesidad de formar parte del G-8, siendo criticado por el PSOE. Hoy debemos confirmar nuestra pertenencia de pleno derecho al G-20 que va a jugar un papel de revigorizada importancia en el mundo globalizado e interdependiente, de nuevos actores internacionales y de viejos y nuevos retos, desafíos y amenazas, muchos de ellos muy graves y peligrosos, que muchas veces la crisis económica nos ha ocultado.


LOS HITOS DE GADAFI

27.10.11 | 01:42. Archivado en Afganistán, Oriente Medio

 
 
​LOS HITOS DEL HISTRIÓN
 
La dictadura gadafiana fue derrotada hace ya semanas, y el dictador y un puñado de sus fieles creyeron que desde su feudo de Sirte podrían reconquistar el poder. Tal disparate sólo se le podía ocurrir a quien estaba completamente desconectado de realidad, y que vivía en un mundo irreal y  delirante, en un grado superlativo con respecto  a cualquier otro dictador. Este mundo de fantasía le llevó a creerse un nuevo Nasser, un campeón del nacionalismo árabe, pasó por la fase de creer que había inventado una nueva forma de Estado, la Yamahiriya, su interpretación del Islam era también heterodoxa, se sintió siempre un revolucionario, y pensó que la financiación a adiestramiento de organizaciones terroristas, formaba parte de su “deber revolucionario”.. No hay que olvidar su obsesión con África, sintiéndose una especie de padre espiritual de la esencia del continente. Puede parecer imposible que nadie en su sano juicio pudiese de verdad creer todos estos dislates, pero es que justamente no estaba en sus cabales.
Se ha dicho mucho sobre la personalidad de Gaddafi, incluso quienes le conocían bien se sorprendían de sus cambios radicales de humor, se dice que era bipolar, en realidad en él convivían decenas de personalidades a cual más extravagante, ridícula en ocasiones, pero siempre violento, vengativo, implacable, irascible, iracundo, imprevisible, megalómano, eufórico, depresivo, vulnerable, colérico, paternalista disparatado, en fin un compendio de trastornos graves de la personalidad.
Todo esto explique cómo y por qué un país con un potencial realmente envidiable, nunca llegó a ser una  verdadera nación sino un régimen que pasó por diferentes fases sin llegar a consolidar un Estado ni un proyecto real y viable de Nación. En su primera fase Gaddafi era el revolucionario nacionalista árabe más prosoviético, de extrema izquierda, adalid de revolucionarios y protector, adiestrador y financiero de terrorista y criminales mercenarios de la peor calaña como Ilich Ramírez, el Chacal o Carlos. En esa primera etapa montó un régimen no muy distinto a otros golpistas de izauierda radical, pero no llegó a montar un partido único, pero si un Consejo de Mando de la Revolución con todos los ingredientes del buen régimen revolucionario marxista-leninista, sin serlo del todo. En esos momentos fue el gran amigo, poco fiable por delirante, de la URSS, la DDR, Cuba, Rumanía y demás dictaduras comunistas.
En la segunda fase fue peor, escribe su esperpéntico libro verde y convierte a su país en un “régimen de masas”, es decir ni república, ni monarquía, ni dictadura personal, un régimen político en el que se suponía que “las masas” tenían el poder. En fin pocas masas podría haber en un país que en 1977 no llegaba a los tres millones de habitantes en más de 1.750.000 km2. En este tiempo los libios sufrieron el endurecimiento del régimen, el creciente aislamiento del orate de Sirte era cada vez más evidente, si bien seguía regando con petrodólares libios organizaciones y países por todo el continente, en la esperanza de comprar influencia. Fue entonces cuando rompe con algunos terroristas, se distancia de otros y estrecha sus relaciones con monstruos como Ahmed Jibril,. Por otra parte su aliado y fiel amigo Siria, que era el amo de Jibril, lo que explica la implicación de Jibril y del régimen sirio en el atentado de Lockerbie. Como consecuencia de las sanciones que la ONU le impuso en 1992, se convirtió en un apestado internacional durante cerca de tres lustros hasta que entregó a los dos sospechosos miembros de sus sanguinarios servicios de inteligencia a la Justicia internacional.

En esos momentos ya el régimen se había convertido en un negocio familiar, pues sus hijos habían crecido y se dedicaban al latrocinio cósmico y a ejercer el poder omnímodo y despiadado, en lugar de un dictador histriónico, había un clan sangriento a voraz de poder y de dinero. En esos años rompió un poco su aislamiento, vendiendo sus “éxitos” contra el terrorismo yihadista, y haciendo valer su abultada bolsa de dinero. Hoy los libios están aliviados sabiendo que su monstruoso dictador ya no podrá torturarlos más. La lección es sencilla, no podemos comprar la mercancía podrida de estabilidad aparente a cambio de nuestra complacencia. Todos los pueblos merecen y quieren ser libres. Los libios desean serlo...¿Podrán lograrlo?


ENCRUCIJADAS ÁRABES

03.09.11 | 01:36. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

​ENCRUCIJADAS ÁRABES
 
 
Pase lo que pase con Gadafi, su esperpéntico régimen es ya historia. Lo que ocurra ahora en Libia es una nueva página ante la que debemos estar vigilantes. La primaveras árabes, que son más una inmensa encrucijada que otra cosa, son tan heterogéneas como incierto su futuro y resultados. El exceso de optimismo y el análisis superficial en la distancia, ha caracterizado no pocas posiciones que hemos podido escuchar y leer.
La desaparición de una cruel dictadura de 42 años, es indudablemente, una buena noticia, pero en este momento sólo podemos esperar y desear que se instale una democracia real en el país. Hay ciertas dudas que deben aclararse respecto del Consejo Nacional de Transición, gobierno provisional que se estableció en Bengasi y que ya se ha trasladado a Trípoli. En primer lugar la inmensa diversidad ideológica y de origen de sus miembros,  así como el hecho de que algunos hayan sido muy destacados miembros del régimen gadafista, como el caso del propio presidente del mismo Mustafa Abdel Jalil que fue ministro de Justicia de Gadafi, por no mencionar otros muchos casos. La mayoría de los miembros del CNT son desconocidos, y/o mantienen en secreto sus identidades, y tampoco se sabe muy bien qué piensan. Además, salvo algunas excepciones, no tienen experiencia democrática, y esperemos que además del lógico deseo de una Libia sin Gadafi, les una la voluntad de construir una democracia sólida. Esa es la impresión que los más destacados miembros de CNT transmiten, pero resulta preocupante que en sus filas se cuente con algunos elementos de quienes se sospecha que han sido miembros de Al-Qaeda. En definitiva, las incertidumbres son inconmensurables, y el exceso de optimismo a este lado del Mediterráneo puede ser un pésimo consejero. Quizás convenga una reflexión de conjunto que me atrevo a esbozar.
Aun a riesgo de equivocarnos tenemos que empezar seriamente a estudiar los distintos escenarios de las encrucijadas árabes, hacer un catálogo de problemas, y tratar de anticiparnos, aunque sea un poco, a la jugada. No podemos seguir sorprendiéndonos con todo lo que ocurre, que nos ha pillado a los europeos con el paso cambiado. Lo mínimo que debemos aspirar es por lo menos comprender las tendencias, aunque no acertemos siempre o del todo. En momentos de crisis, especialmente de grave recesión económica, una tendencia a la introspección es comprensible, pero no lógica. Las demandas de libertad que se suceden en nuestra vecindad son esperanzadoras pero no surgen de la nada, y tampoco podemos olvidar otros desafíos que llevan enquistados o intensificándose décadas, sin que hayamos hecho gran cosa, por lo menos en lo que a resultados se refiere. Los esfuerzos hechos en el pasado son loables, especialmente la política euro mediterránea de la UE y la fundación de la Unión para el Mediterráneo. ¿Pero qué pasa con los resultados, están los instrumentos y sus dirigentes a la altura de los desafíos? Todo parece indicar que buena parte de ellos están superados por los acontecimientos y que además muy pocos han podido salir de su estado de perplejidad paralizante. Los europeos tenemos una tendencia exasperante a ponerle estructuras a todo, y acabamos necesitando expertos en la maraña institucional, y acabamos desentendiéndonos o por no comprender los problemas de fondo. Esto es exactamente lo mismo que ocurrió con que el proceso de paz de Oriente Medio surgido en Madrid en 1991, que se transformó en una intrincada madeja de comités, subcomités, la mayoría no deliberantes, en fin un caos que al final fracasó.
Debemos profundizar más en nuestro conocimiento de nuestros vecinos, y no despacharnos con lo habituales tópicos, que resultan tan cómodos para tantos, por simplistas y reconfortantes. Tenemos que entender que además de injustos, nublan nuestro entender y distorsionan irremediablemente nuestra eficacia. El esfuerzo debe estar alejado del paternalismo neocolonial y también, y créanme que éste es el mal más frecuente, en el complejo bobalicón y buenista del occidental post-colonial pseudos-progre, que ignora profundamente las realidades de las sociedades en las que pretende influir.
El primero y principal de los problemas socio-políticos de algunos países, especialmente Libia y Yemen, es el de la inexistente institucionalidad, que obliga a la construcción, en esos casos, desde cero, de la estructuras mínimas sobre las que construir un sistema de libertades. El concepto mismo de Estado de Derecho, fundamentado en la separación de poderes, el imperio de la ley, el principio de igualdad de todos ante la ley, y el respeto y protección estrictos de los derechos y libertades individuales, es una pura entelequia en casi todos los Estados. Tenemos que entender que Instituciones que puedan llegar a transformarse en democráticas y estructuras de poder tiránico, son cosas bien distintas. Pero incluso donde hay atisbos esperanzadores de una naciente democracia –algunos países tienen partidos políticos legales desde hace décadas-  se encuentran aun lejos del necesario desarrollo pleno de una democracia digna de tal nombre. No quiere decir que algunos no lleguen a ellas, pero el camino es aun largo e intrincado.
El desarrollo político y social es muy escaso, y las clases medias no existen en muchos países, en otros son pequeñas y débiles y en otros casos se han empobrecido de tal manera que muchos han acabado convirtiéndose en proletariado misérrimo. Por otra parte en algunos países hay sociedades más complejas y una elite bien preparada, parte de la cual y en ocasiones, se convirtió en aliada de las dictaduras, lo que sin duda contribuyó a su perpetuación.
Las “primaveras” han desbordado el optimismo de algunos, que llegaron a decir que eran la tumba del islamismo radical. Es verdad que los extremistas no fueron los protagonistas de las revueltas y les cogió tan a contrapié como a las tiranías contestadas, pero en muchos países tienen un fuerte implantación en muchos casos por haberse convertido en la forma de algunos de unirse a la contestación a las dictaduras. Pero el riesgo sigue muy vivo, y los islamistas, especialmente los salafistas están agazapados esperando su momento. Además el terrorismo yihadista sigue dando zarpazos, con ellos no va la revolución, no persiguen la democracia sino la desestabilización de tantos países como puedan, y su fuerte implantación en la inmensa banda saheliana, no augura nada bueno. El crimen organizado dedicado a todos los tráficos ilícitos imaginables, (drogas, armas y personas) a los que también se dedican los terroristas, sigue siendo un muy temible enemigo de la democracia y la libertad. Todo esto se ha visto notablemente agravado por el hecho de que Gadafi hiciese varias entregas de armas a sus otrora archienemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico. En los peores momentos de la guerra de liberación, algunos socios de la OTAN decidieron armar a los rebeldes para evitar su derrota frente a los mercenarios profesionales del régimen gadafiano. En los próximos meses el paulatino desarme de quienes no se integren en las futuras Fuerzas Armadas de la nueva Libia, va a ser un reto especialmente delicado para las nuevas autoridades. Por otra parte el descontrol en estos seis meses de guerra en Libia ha propiciado la exportación ilegal de armas de ese conflicto al mercado negro internacional, especialmente en Oriente Medio, por lo que acabarán, sin duda, en manos de organizaciones terroristas.
Es innegable que las dictaduras, la pobreza, el paro y la desesperación por la falta de perspectivas, alimentan la inmigración irregular que es una realidad que no se puede ignorar. A la ya de por sí dura realidad de la región hay que añadir que la incertidumbre e inestabilidad intensifica los deseos de emigrar que de por sí manifestaba, hasta ahora, la mayoría de los jóvenes de la región.
Hay que adaptar nuestras políticas europeas y bilaterales a estas nuevas realidades, tenemos que comprometernos sin complejos con la democracia y ayudar sin pausa a estabilizar y desarrollar la región, que debe ser una prioridad esencial en nuestra Política Exterior. Entendiendo que en estos momento de crisis la actividad económica internacional es esencial para Europa hay que denunciar el poco decoro que han tenido algunos que se lanzaron indisimuladamente a la búsqueda de negocio en Libia, cuando incluso cuando Trípoli no había sido aun controlada y había aun cadáveres en las calles. Lo más increíble es que en algún caso se trató de gobiernos reticentes o incluso contrarios a la intervención contra la dictadura de Gadafi.
El final del mes de Ramadán va a abrir una nueva etapa en las revueltas árabes, la contestación se va a intensificar en no pocos países y todo esto va a coincidir con las elecciones en Túnez y Egipto, con mejores perspectivas en el primero que en el segundo.  En Marruecos las elecciones legislativas previstas para el 25 de noviembre elegirán el primer presidente del gobierno de su historia tras la reforma constitucional. Queda por comprobar el alcance y profundidad de las reformas por los resultados concretos y las primeras medidas del nuevo gobierno. En Jordania queda pendiente la puesta en práctica de las reformas prometidas por el rey. En Argelia están pendientes reformas más profundas, siendo aun preocupante el activismo terrorista. Por otra parte la creciente tensión entre las nuevas autoridades libias y Argelia es una pésima noticia para la estabilidad de la región y su solución debería convertirse, sin duda, en una asignatura prioritaria para Europa.
En Yemen podría acabar generalizándose el conflicto si el presidente Saleh sigue rechazando cualquier salida negociada del poder. Por último la brutal y sádica represión en Siria va a encontrar una respuesta mucho más contundente por parte de la Comunidad internacional y también del Mundo Árabe, una vez derrotada la tiranía de Gadafi. Justamente inspirados por esta derrota, se acaba de anunciar la creación de un Consejo Nacional similar al CNT libio, presidido por Burhane Ghalioun, un profesor sirio exiliado en Francia.
Los desafíos son inmensos, el análisis convencional, en el que tantos han creído a pies juntillas durante tantos años, esta superado, es anacrónico y revisado hoy resulta preocupante que haya dictado durante tanto tiempo nuestra acción política.
 
Gustavo de Arístegui
Diputado y portavoz de AAEE del PP en el Congreso
Autor del libro de próxima aparición de igual título que el artículo.
 
 
 


Libia sin Gadafi

03.09.11 | 01:32. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

LIBIA SIN GADAFI, SUS REPERCUSIONES
 
Soñar de una Libia sin Gadafi parecía utópico hace apenas un año. Hoy el régimen tiránico que oprimido sanguinariamente a su pueblo durante 42 ha sido vencido. Poco importa dónde esté y qué haga Gadafi, nunca más Libia se llamará Gran Yamahiria Árabe Libia Popular y Socialista, ese supuesto régimen de las masas que era un esperpento político de crueldad infinita.
El Consejo Nacional de Transición es una amalgama de personas y organizaciones con un objetivo común una Libia sin Gadafi, la mayoría de sus miembros son demócratas si bien sin experiencia. Sólo los libios que han tenido la suerte de formarse o de vivir en el extranjero saben lo que es una democracia y cómo funciona. El presidente del CNT y el jefe de gobierno provisional han reiterado su compromiso inequívoco con la democracia. La comunidad internacional debe estar muy vigilante ante la incertidumbre que se abre. En primer lugar exigir que se abra una transición inequívoca a la democracia, con pleno respeto a los derechos humanos, sin excepción. No serán aceptables acciones de venganza que provoquen un terrible baño de sangre.
La tarea no será fácil, el país ha sufrido 42 de dictadura y meses de guerra abierta. Será esencial propiciar una reconciliación nacional seria y real, evitar que la partición geográfica que se ha vivido durante la guerra de liberación se convierta en una división irreconciliable entre quienes fueron partidarios de Gadafi y aquellos que se rebelaron contra la opresión.
Por otra parte es más que probable que se abra un periodo de incertidumbre nacional con posibles repercusiones regionales, circunstancia para la que debemos estar preparados. Sin embargo el solo hecho de que el dictador libio ya no pueda cumplir sus reiteradas amenazas de venganza contra Europa y la OTAN, y que no siga haciendo envíos de armas a quienes fueran sus archienemigos, los terroristas de Al-Qaeda, es de por si una excelente noticia.
Libia es una pieza más de un complejo dominó que aun no terminado, sus consecuencias van mucho más allá de la caída en los precios del petróleo. Libia es una pieza clave de la geopolítica del Magreb y del Mediterráneo, su futuro y estabilidad son del máximo interés, geoestratégico, político y desde luego económico, para Europa y para España.
 
 


Una nueva era para Libia

03.09.11 | 01:28. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

UNA NUEVA ERA PARA LIBIA
 
Muchos creían ingenuamente que Gaddafi se iba a rendir como Ben Alí en 10 días, que el régimen haría implosión fácilmente. Eso es no conocerlo. Gadafi no es sólo un histrión, es un fanático, mesiánico sin el más mínimo escrúpulo. Apostó muy fuerte por romper la resistencia con una represión brutal y sin piedad. Medios de guerra contra manifestantes, marcando el camino al sanguinario régimen sirio. La desorganización y falta de medios de la oposición libia, unida a la dubitativa y vergonzante reacción de la comunidad internacional, casi le hacen ganar su arriesgada apuesta. La resolución 1973 de la ONU llegó con 31 días de retraso, y de no haberse empeñado Francia en forzar un ataque la misma noche de su aprobación, la ciudad de Benghazi habría caído, y la rebelión habría sido aplastada sin remisión.
Si Gadafi hubiese podido resistir partiendo el país en dos, ni lo habría dudado, convirtiéndose en una fuente de intensa inestabilidad en un región volátil y fragilizada por la incertidumbre de sus procesos de transición. Se sabe a ciencia cierta que Gadafi convirtió a sus peores enemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico en sus aliados de circunstancia, haciendo varias entregas de armas y se sospecha que de misiles tierra-aire a la sanguinaria red terrorista. Juró vengar el apoyo de Occidente al Consejo Nacional de Transición, y de no haber sido derrotado, esté donde esté ha sido derrotado ya, habría hecho mucho daño allí y aquí en Europa.
La nueva era para Libia debe ser una transición a la democracia sin ambages, sin complejos, y con todo el apoyo de Europa y de España. Se deben poner las bases de un régimen democrático, estable, con sólidas instituciones, y con un escrupuloso respeto de los derechos humanos. Nadie aceptaría, ni los libios que han vertido su sangre por la libertad, ni la comunidad internacional, cambiar una dictadura feroz, sangrienta, histriónica, ridícula, anacrónica y avariciosamente corrupta, por otra de apariencia más amable, envuelta en la bruma de un cambio de era. El presidente del Consejo Nacional Libio Mustafa Abdeljalil, ha sido muy tajante al respeto, el objetivo del CNT es construir una sólida democracia. Justamente por su compromiso con la democracia, amenazó con dimitir por no estar de acuerdo con ciertos actos de venganza cometidos por algunos combatientes rebeldes, que él juzga contrarios a esos principios democráticos. No podemos ignorar que el camino hacia la democracia es aun largo y tortuoso, y que el tren podría descarrilar Los desafíos son inmensos para Libia, para el mundo y también para España, y quizás muchos no se haya dado cuenta de ello. Pero en todo caso debemos estar preparados para afrontar un periodo de inestabilidad de duración indeterminada.


EL EXTREMISMO MALIGNO

05.08.11 | 18:57. Archivado en Islam, Europa

Este artículo no puede versar sobre el monstruo –que no loco- el terrorista, no se le puede calificar de otra cosa, Anders Behring Breivik, ni de su disparatado manifiesto en el que critica a medio mundo incluido a mí mismo y las tesis mi libro “Yihad en España”. Su horrendo crimen es el grave y preocupante síntoma de una gravísima enfermedad que aqueja a una parte lamentablemente no pequeña de la humanidad, el extremismo, la radicalidad, el odio y el fanatismo que alumbran, o por lo menos justifican, la violencia más sanguinaria. Una de las razones es que la distancia que nos va separando de la barbarie nazi hace que una parte del mundo sea cada vez menos consciente del horror que esas repugnantes ideologías pueden engendrar. Se banalizan las consecuencias y la bruma del tiempo difumina la vergüenza que debe pesar sobre todos los que se sienten seguidores de cualquier tipo de fanatismo.
En momentos de crisis, de incertidumbre máxima, de miedo al abismo del paro o la quiebra, son los más propicios para que la locura del fanatismo y el populismo arraiguen con fuerza. El ascenso del nazismo sanguinario se produce después de la implosión de la república de Weimar y su descalabro financiero y crisis inflacionista de proporciones cósmicas. El fanatismo consigue estigmatizar al distinto, a la inmigración o a cualquiera que le sirva de chivo expiatorio. Confunden musulmán con islamista radical y a inmigrante con delincuente. Buscan lo que podríamos definir como un repliegue identitario defensivo, que es un refugio cómodo ante el miedo al vacío. En momentos de crisis los valores de libertad, derechos fundamentales, Imperio de la ley, igualdad, Estado de Derecho, se debilitan, pues mucha gente prefiere la certidumbre simplista del fanatismo populista al esfuerzo de salir de la crisis sin renunciar al sistema de libertades. Si todo esto es repugnante, lo es más cabalgar a lomos del miedo y la desesperación de quienes sufren y padecen en los momentos más duros.
Los fanáticos del siglo XXI, con base y origen distinto, son iguales, pretenden imponer su sanguinaria ideología por la violencia, la amenaza, la coacción. Se sienten superiores al resto de la humanidad, y les acompaña a todos un sentimiento delirante de mesianismo destructivo. La extrema derecha ha sido capaz de reinventarse y de agazaparse en nuestras sociedades esperando a dar un zarpazo terrible. Unabomber, Timothy McVeigh el asesino en masa del atentado de Oklahoma City y tantos otros menos conocidos por haber provocado menos víctimas. El ser humano se inmuniza contra casi todo, también contra el terror, y si no se trata de una terrible masacre como la Noruega, parece que no reacciona. En mi libro “Contra Occidente” explicaba como los fanáticos de todo color están conectados, se consultan, e incluso aquellos de ideología aparentemente antagónica, se imitan en el modus operandi. Los horrendos crímenes de Breivik son de la misma naturaleza que los de Osama Bin Laden, Ayman AL zawahiri, Mohamed Attef, Mohamed Atta, Abu Musab Al Zarqawi, o cualquier otra alimaña del terrorismo yihadista. Son tal para cual, y los crímenes de éstos dan la excusa a otros y viceversa. Entramos en una terrible y oscura fase de acción-reacción fanática.
No sólo la extrema derecha fanática, violenta y antisistema, incluso la derecha extrema  no violenta, que trata de jugar dentro del sistema compartiendo buena parte del extremismo de la primera, confunden deliberadamente Islam e islamismo radical, intentan presentar a todos los musulmanes como islamistas radicales, cuando la aplastante mayoría de los mismo son moderados y pacíficos, de hecho la primera y principal víctima del fanatismo islamista radical y del terrorismo yihadista. Esta confusión conviene extraordinariamente a la extrema derecha, pues así puede fundamentar su campaña de odio a todos los musulmanes sobre bases calumniosas e irresponsablemente populistas. Cuando se confunden ambas cosas, los fanáticos neonazis y sus hermanos en la barbarie justifican todo, incluso el asesinato en masa. Pero que no se equivoque nadie, el objetivo del fanatismo extremista no son sólo musulmanes o inmigrantes, somos todos los demócratas, los que no pensamos como ellos, los que creemos que los derechos y libertades fundamentales son de todos los seres humanos, con independencia de su sexo, raza, religión o nacionalidad. A la vista está, Breivik asesinó a decenas de jóvenes noruegos que creían justamente en esos valores.
En algunos países Europa se ha venido produciendo un salto desde el voto obrerista de izquierdas al voto de la extrema derecha. Conviene hacer un poco de historia. En Francia Pierre Poujade, a quien se considera el padre de la derecha extrema contemporánea europea, pasó del sindicalismo y la defensa del débil frente al poderoso, al mas fanático extremismo. De Vichy a la resistencia (literalmente). Poujade acabó siendo la quintaesencia de la xenofobia, el racismo y el antisemitismo. Pero Poujade no fue marginal, Poujade llegó a tener 52 diputados en la Asamblea Nacional de Francia, con su partido Unión y Fraternidad Francesa – como siempre erigiéndose en salvapatrias- en las elecciones de 1956 (IVª República), entre ellos, no les sorprenderá, Jean Marie Le Pen.
La derecha extrema europea trata de jugar dentro del marco de las Instituciones, en muchos países obtiene representación parlamentaria, y en ocasiones entran en conflicto con la extrema derecha. En algunos países europeos han tenido un peso institucional considerable, así en Austria con el FPÖ y más tarde BZÖ de Jörg Haidar, en Dinamarca donde es la tercera fuerza política, o el Partido de los Finlandeses Auténticos que alcanzó más del 19% en las últimas elecciones, pasando a ser la tercera fuerza política del país, así como en otros países europeos. Pero en la base, el fanatismo xenófobo y antidemocrático es compartido, y se ha desarrollado y fortalecido al amparo del relativismo de nuestras sociedades y de la malsana expresión de que “todas las ideas son respetables”. Pues no, no todas las ideas son respetables, el islamismo radical, el fascismo, el nazismo, el estalinismo, el populismo, el indigenismo radical, el caudillismo, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la cristianofobia, la islamofobia, las dictaduras de todo color, incluidas las comunistas –conviene que tome nota de esto la izquierda española- no son respetables, son abominables y repugnantes.
La democracia no es perfecta, es de hecho es muy perfectible, y tiene que ser más transparente, participativa y sensible a los problemas y tragedias de sus ciudadanos. Pero no es cuestionando la democracia, atacándola o desestabilizándola como vamos a mejorarla. Muchos enemigos de la libertad piden una democracia mejor, ya sabemos que a los dictadores les encanta ponerle apellidos a la democracia, socialista, real, participativa, orgánica, comunitaria, confesional, islámica, en fin hay ejemplos de todos los colores. Cualquier sistema que le ponga apellidos a la democracia suele ser una terrible dictadura. La democracia debe ser firme frente a quienes pretenden destruirla, desde el escrupuloso respeto a nuestros principios democráticos, con el Estado de derecho y el imperio de la ley. Los fanáticos de cualquier color consideran que la democracia como sistema y quienes la abrazan, son sus peores enemigos, los violentos extremistas no tienen cabida en sociedades avanzadas fundamentadas en los principios democráticos. Por ello más que alianza de civilizaciones habría que hablar de coalición de demócratas y moderados en el mundo, los que de verdad creen que los derechos y libertades fundamentales son universales, y no sólo de los habitantes de democracias avanzadas.
Hay que marginar a los fanáticos, estigmatizarlos, señalaros con el poderoso e implacable dedo democrático colectivo como escoria y excrecencia de la sociedad, tengan el color que tengan o esgriman la excusa que esgriman. La democracia no debe ser tolerante con la intolerancia, ni con la islamista radical, ni con la neonazi ni con ninguna otra. Democracia no debe ser sinónimo de debilidad. España ha dado ejemplo de firmeza democrática contra el terror que es producto del fanatismo de ETA y su mundo. Europa puede y debe hacer lo mismo con los todos los fanatismos.
Todo esto es síntoma de serios males que aquejan al mundo, y que no hacen más que agravarse muy preocupantemente. Los desafíos a los que se enfrentan las democracias en general y Europa en particular, son gravísimos,  uno no puede por menos que preguntarse si el liderazgo del siglo XXI está a la altura de la titánica tarea. Demasiadas veces los partidos democráticos han contemporizado con la derecha extrema por razones de coyuntura política. En España hay un centro-derecha responsable, moderado, con sentido de Estado, con altura de miras, con capacidad de liderazgo, tolerante, respetuoso del pluralismo y la diversidad, equilibrado y sensato, que nunca ha sucumbido a esa peligrosa tentación. Por ello es necesario que haya frente a ese proyecto alguien como es Mariano Rajoy, que por convicciones, personalidad y talante, es la antítesis del populismo y que ha tenido siempre muy claros todos esos principios pues los encarna de manera natural, como lo pone claramente de manifiesto su larga trayectoria política.
Cuando el monstruo Breivik nos califica de blandos lo que hace es reafirmarnos en nuestro compromiso democrático de defensa de la libertad, la tolerancia y el pluralismo. Créanme si les digo que somos tolerantes y moderados con todos los demócratas, compartan o no nuestras ideas e ideología. Con quienes seremos siempre firmes e implacables es con los fanáticos de todo color y pelaje, desde islamistas radicales a bestias sanguinarias como Breivik y sus correligionarios. Firmeza frente a la barbarie y tenacidad en defensa de nuestro sistema de libertades.
 
 
 
 


UNA CABEZA, PERO MUCHAS HIDRAS TERRORISTAS

14.05.11 | 12:13. Archivado en Yihad, Al Qaeda

La muerte de Osama bin Laden es una excelente noticia, el mundo queda libre de unos de los más bárbaros, crueles y exhibicionistas criminales de su reciente historia. Osama apuntaba maneras desde temprana edad, pero ciertos analistas le atribuyen una importancia exagerada desde temprana edad. Su familia, una de las más ricas de Arabia Saudí era de origen yemení. Osama uno de los 53 hijos del jefe del clan Bin Laden.

En la universidad conoció, muy probablemente, a varios personajes determinantes en su vida de terrorista, el islamista ultrarradical Mohamed Quttub, profesor de estudios islámicos y hermano de ideólogo principal del islamismo radical moderno, Sayid Quttub, venerado por islamistas de todo color, incluso por el imam Jomeini. Mohamed Quttub era, además, maestro de otro personaje que sería determinante en Al Qaeda y que se acabaría convirtiéndose en su número dos: Ayman Al Zawahiri, el monstruoso médico egipcio, compañero de crímenes del jefe de Al Qaeda. El otro sería Abdallah Azzam profesor en la Universidad Rey Abdelaziz de Jeda, de la que era alumno Bin Laden. Azzam fanáticamente radical, fue el fundador de la organización predecesora de Al Qaeda, la MAK, que pomposamente se denominaba la oficina de apoyo a los combatientes, de hecho una de las decenas de organizaciones que se enfrentaban a la presencia soviética en Afganistán. Azzam le convencería de unirse a la yihad contra los soviéticos en Afganistán, si bien sus oficinas estaban en Peshawar, en el Norte de Pakistán. En esos momentos todas las organizaciones que luchaban contra los soviéticos estaban bien vistas por los Estados Unidos, que no hacían distinción entre la MAK de Azzam y Bin Laden, los talibán, o la Alianza Norte de Afganistán el pastún anti-talibán Shah Massoud. Tras su asesinato en 1989, seguramente por orden de Zawahiri y su compañero y uno de los cerebros del 11-S Mohamed Attef, Al Qaeda vería la luz, pasando de Pakistán y Afganistán a Sudán, donde sería acogido por el líder del Frente Nacional Islámico Hassan Al Tourabi, devoto seguidor de Sayid Qutub y amigo de Jomeini, nada era casualidad. La presión internacional y la llegada al poder de los Talibán le llevan a Afganistán, donde Al Qaeda y estado Afgano se confunden. Algunos advertimos del riesgo que representaba el megaterrorista desde 1995.

Bin Laden construyó una densa red terrorista de naturaleza mixta, una cúpula de corte, por llamarlo de alguna manera, clásico con un jefe, un número dos, un consejo consultivo, y cuatro comités, el militar, el religioso –léase ideológico-, el económico y el de información –es decir propaganda. Una red de campamentos propios, una red terrorista propia y necesariamente pequeña, con la que perpetró los atentados del 11-S. Hoy calcula el experto Fawaz Gerges que la red propia no contará con muchos más de 200 terroristas. En mi opinión si se cuenta con las células propias, que alguna tiene, en el Sahel, pueden ser algunos más. Lo cierto es que la organización se valió de las famosas franquicias de las que tanto hablan los analistas y de muchas células, grupos y hasta individuos simplemente inspirados por Bin Laden y su red, pero sin vinculaciones operativas directas con la red. Sus dos franquicias más activas y temidas son Al Qaeda en el Magreb Islámico, que se ha instalado de manera muy sólida en el Sahel, y que está liderado por el argelino Abdelmalik Droukdel, alias Abu Mussab Abdelwadub. La otra es Al Qaeda en la Península Arábiga, cuyo líder más conocido Mohamed Abdallah Mauda, está en prisión en el Yemen, y otro de cuyos líderes es un estadounidense de Nuevo México rebautizado Anwar El Awlaki.

La siniestra contabilidad de Al Qaeda es terrorífica, 8474 asesinatos, 124 atentados –por lo menos que se sepa- de los que 110 en países musulmanes, y nada menos que 15.000 heridos. Nadie puede negar que se trataba del un monstruo líder de monstruos. Los yihadistas son el enemigo común de todos, pero el número de víctimas musulmanas supera las de cualquier otro origen o religión, confirmando que el peor enemigo del Islam es terrorismo yihadista y la ideología que lo alimenta, el islamismo radical. Por ello no sorprende nada que organizaciones islamistas que dicen no compartir los métodos violentos de Al Qaeda han vaticinado que Al Qaeda será sucedida por otras justificando su existencia y acciones de manera menos que velada, como lo hizo Jamil Abu Bakr portavoz de los Musulmanes de Jordania. Hamas ha condenado “el asesinato” de Bin Laden, lo que no deje de ser repugnante pero natural viniendo de quienes son considerados como terroristas por los EEUU y están en la lista Europea de organizaciones terroristas.

Hay consecuencias que no pueden ignorarse, ya circulan por los foros islamistas abiertos de Internet toda clase de alabanzas de Bin Laden y del terrorismo, que ellos llaman lucha contra ateos y apóstatas. Los occidentales hemos pasado de infieles a ateos. Los musulmanes moderados son para ellos apóstatas cuyo asesinato es obligado. En esos foros se habla ya de Bin Laden como mártir, que su mensaje y su lucha no han muerto y que “su asesinato será vengado”. Muchos vaticinan unos meses peligrosos y calientes, pues los yihadistas van a hacer todo lo posible para dar respuesta a lo que es, sin duda, un gran derrota para ellos. El triunfalismo o bajar la guardia sería una gravísima irresponsabilidad en estos momentos.

Durante demasiado tiempo el mundo entero, pero especialmente Occidente ha estado obsesionado con Osama Bin Laden y Al Qaeda, con toda, razón, pero esos terribles árboles no nos permitían ver el bosque de la ideología islamista radical que es el combustible permanente combustible del terrorismo yihadista. Además de combatir las células, los terroristas y prevenir atentados, tenemos que ponernos urgentemente a la tarea de derrotar en una larga lucha a medio y largo plazo, de la ideología que los alimenta. El terrorismo son muchas terribles Hidras, Bin Laden era la cabeza más emblemática y simbólica, un verdadero líder venerado ciegamente por sus seguidores y simpatizantes, si bien es verdad que había sufrido un serio desgaste en las capas más ultraconservadoras de las sociedades islámicas, que al principio de su andadura terrorista lo consideraban un héroe en la lucha desigual, algún “intelectual” la ha llamado “asimétrica”, contra Occidente.

Quedan miles de terroristas en el mundo, algunos sorprendidos y abatidos por lo que llegaron ya a creer que nunca ocurriría, la muerte de su admirado megaterrorista. Pero son muchos centenares de miles los que piensan como Bin Laden que, no solo no condenan su barbarie, si no que la jalean, aplauden y elogian. Pongan buena atención a lo que digan ciertas organizaciones e individuos, ellos mismos van a retratarse. En las últimas horas se ha producido un terrible atentado en Marraquesh con 16 muertos y más de veinte heridos, en Alemania se ha detenido a unos terroristas con importantes cantidades de explosivos listos para ser usados. Todo esto antes de la muerte de Bin Laden. La importancia operativa de Bin Laden y su red se había convertido en más testimonial que real, más preocupada por no ser detenidos y muertos, tenían poco tiempo para planificar atentados. Estaban debilitados aunque conservaban la capacidad de inspirar y encargar “operaciones”. Lo que queda es una pléyade de terroristas encolerizados con su odio renovado e intensificado.

Podemos concluir que la muerte de Bin Laden es una importante victoria la larga lucha contra el terrorismo, hay que felicitar a los servicios de inteligencia de los EEUU y a sus Navy SEALs por una operación impecable desde el punto de vista de la investigación y de la ejecución.
Hay quienes afirman demasiado frívolamente que como Europa y los europeos no han participado en la operación en la ciudad de Abbottabad, que el riesgo añadido se concentra en los EEUU y sus intereses internacionales, que por cierto se encuentra en estado de máxima alerta antiterrorista. Ninguno de los objetivos habituales del terrorismo yihadista ha desaparecido de su lista. El terrorismo no es como el rayo que no golpea dos veces en el mismo lugar. El terrorismo es tenaz y busca siempre el punto más emblemático, la máxima publicidad e impacto, busca el eslabón más débil, y socavar a quienes considera sus enemigos jurados, y eso somos todos los que no nos sometemos a su sanguinario dictado.


AUDACIA CONTRA EL TERROR

14.05.11 | 12:09. Archivado en Al Qaeda, Oriente Medio

No puede por menos que alegrarnos la noticia, el terrorista más peligroso del mundo
ha caído, y aunque su sangrienta obra le sobrevive, la muerte de un símbolo tiene
una especial fuerza, pues para sus fanáticos seguidores supone un golpe
extraordinario. El líder que creían invencible, enemigo eterno y perfecto de
Occidente y de sus aliados "corruptos y decadentes", es decir el Mundo Islámico
moderado, ha sido encontrado y abatido. El terrorismo yihadista de verdad pensaba
que Bin Laden había conseguido engañar de manera permanente a todos sus enemigos. El
mensaje que esta operación envía es muy claro: por importante que sea el jefe
terrorista, acabará siendo encontrado, detenido o abatido si ofrece resistencia.
Podemos imaginar que , a pesar de su odio exacerbado por la muerte de su admirado
líder, los yihadistas están desconcertados.

Nos se puede caer en el triunfalismo, los yihadistas van a sentirse obligados a dar
una respuesta cuanto más espectacular mejor. No parece probable que puedan montar
algo inmensamente espectacular, al menos de momento. Se sabe que el terrorismo
yihadista pretende seguir en la permanente escalada de espectacularidad, impacto y
daño. De hecho la red de Al Qaeda había dado instrucciones claras a su comité
militar de robar, adquirir o fabricar armas de gran capacidad mortífera. Aunque su
jefe haya desaparecido,la instrucción sigue en pie. Éste deberá ser uno de los
objetivos prioritarios de todos los servicios de seguridad e inteligencia, evitar un
ataque terrorista no convencional. Me temo que son relativamente pocos los Estados
que son conscientes del gravísimo peligro que esto supone para la paz y estabilidad
mundiaes, y el grado de potencial inminencia del ese riesgo.

Sin embargo debemos ser muy prudentes, en los foros radicales abiertos de Internet
bulle las amenazas, las consignas violentas, los juramentos de venganza por la
muerte de Bin Laden. Destacan muy especialmente la declaración de los Hermanos
Musulmanes jordanos que dicen que malucha de Bin Laden contra Occidente será
continuada por otros. Especialmente repugnante me parece la de Hamas que condena lo
que define como asesinato, y dice que es necesario que tenga respuesta. ¿De verdad
alguien puede creer que estos terroristas metidos a políticos se pueden reconvertir
en un socio para la construcción de un Estado Palestino? Por cierto que uno de los
denominadores comunes de las organizaciones islamistas radicales, es que todas, sean
de la nacionalidad que sean, se erigen en sus representantes, secuestrando la causa
de la creación de un Estado Palestino, que no desean pues lo que no aceptan es la
solución de dos Estados, lo que implicaría el imprescindible reconocimiento del
Estado de Israel, que los islamistas radicales pretenden destruir.

Hay incógnitas sobre los antecedentes de la operación que son relevantes y que, sin
duda, acabaremos sabiendo. La primera es que seguimos sin tener una noción
suficientemente clara del grado de penetración del islamismo radical en el ISI, los
servicios de inteligencia de Pakistán. Hoy sabemos que la casa de Bin Laden llevaba
meses sino años siendo vigilada por la inteligencia estadounidense. No sabemos
cuánta de esa información se compartía con los pakistaníes si es que se compartía
alguna. Tampoco se sabe de verdad en que momento se les comunico a los paquistaníes
la operación y a quien estaba dirigida. Los EEUU han agradecido oficialmente la
ayuda pakistaní, como no podía ser menos.


Viernes, 19 de septiembre

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  • Gustavo de Arístegui Gustavo de Arístegui

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