Cuando despertó, Guardiola seguía ahí.
11.12.11 @ 23:28:37. Archivado en La vida misma
Empezaré por aclarar que no entiendo apenas nada de fútbol y que me cuesta aguantar un partido entero, así que ya pueden empezar a insultarme por atreverme a opinar de cosas que desconozco.
Pero me fascina lo que le sucede últimamente al Madrid con el Barcelona. Es una especie de lucha psicológica, de pulso mental más que deportivo. El Madrid llevaba una racha espectacular de goleadas, tanto en Liga como en Champions. Su afición estaba ilusionadísima con llegar al clásico con ese bagaje que permitía augurar el ansiado vuelco a la historia de los últimos enfrentamientos, escandalosamente favorables a los culés. La venganza se atisbaba en el horizonte, todo fluía adecuadamente, e incluso el gran partido empezó con un gol fulgurante de Benzema. Pero no. El gran equipo rocoso que el inefable Mourinho está esculpiendo laboriosamente a martillo y cincel resultó nuevamente desarbolado por el formidable grupo de amigos que Guardiola ha diseñado con ligeros, finos y airosos trazos de lápiz.
Nada que hacer, pero sobre todo por la losa psicológica que pesa, y cada día más, sobre Mourinho cuando se ha de enfrentar a su némesis, al entrenador zen que le tiene tomada la medida y le torea de manera inconcebible en el campo y fuera de él. Eso es lo más jodido (si me permiten la expresión) para el Real Madrid: que el entrenador y los jugadores del Barcelona, además de ganarles se divierten. Y el Madrid, además de perder, se obsesiona cada día un poco más, se desespera en el más puro estilo "Pierre no doy una", consiguiendo que Mourinho acabe metiéndose el dedo en el ojo a sí mismo.
No lo puedo remediar (y quienes me conocen saben que no soy especialmente culé), pero cuando veo a Guardiola no puedo dejar de oir un burlón "bipbip", y cuando miro a Mourinho le veo equipado con un chandal que pone "ACME".
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Antonio Jaumandreu
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