La muerte no es el final...
13.10.10 @ 22:35:24. Archivado en La vida misma
… ni Zapatero tampoco.
Ahora resulta que hay que diseñar un protocolo para que los ciudadanos respeten la solemnidad de la fiesta nacional de España. Parece que al Gobierno le ha sentado fatal el abucheo recibido por el Presidente antes, durante y después del desfile con motivo del 12 de octubre.
Vamos a ver si consigo ser un poco objetivo. Me molestó profundamente escuchar silbidos, abucheos e insultos en el momento solemne y emotivo de la ofrenda por los caídos por España. Quien profana ese momento es un maleducado, un grosero, un insensible y, si me permiten la expresión trasnochada, un mal español: los familiares de los soldados muertos en acto de servicio no se merecen nunca, jamás, que el sentido homenaje del Estado a sus muertos se aproveche para que se oigan mejor los improperios dirigidos a un político, aunque éste sea el peor gobernante que España ha tenido en su historia. Que lo es, por cierto. A ellos les diría que se apliquen la emocionante frase del himno, “la muerte no es el final”: afortunadamente tampoco Zapatero es el final, y tras la agonía que supone este gobernante nefasto volverá la luz. No deberían bajo ningún concepto haber perdido el respeto a nuestros caídos.
Ahora queremos regular no sé qué ni cómo para que eso no se repita. Vale. Pero, ¿y cuándo el himno nacional de España es silbado en un estadio de fútbol? ¿Y qué pasa con los insultos al Jefe del Estado en numerosos actos nacionalistas? ¿Y con la quema de banderas nacionales o fotos del Rey y su familia? ¿Vamos a regular todo eso? ¿Y qué penas vamos a imponer, y cómo vamos a actuar cuando eso se produzca, lanzando a los antidisturbios a disolver a las multitudes?
Y ya puestos a exigir respeto a las instituciones del Estado, ¿qué hacemos cuando un presidente autonómico insulta sin tapujos a todo un Tribunal Constitucional? ¿O cuando un bufón profesional injuria en una televisión pública la noción de España que muchos ciudadanos comparten? ¿Todos a la cárcel?
Esa pretensión ya es de por sí absurda, pero viniendo de un Gobierno que ha hecho de la progresía ramplona su enseña de batalla, y de la tolerancia al insulto su máxima, cuando eso ha servido a sus intereses partidistas, resulta una ofensa a la inteligencia. Es obsceno que quien se negó a levantarse al paso de la bandera de un país aliado ahora exija a sus conciudadanos un respeto que él mismo, cuando le ha convenido, ha soslayado para escenificar su rebeldía impostada.
Menos prohibiciones y más pedagogía. Menos censura y más ejemplo. Menos represión y más respeto. Menos relativismo y más valores. Menos hipocresía y más prudencia.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Antonio Jaumandreu
autor
Contacto


