¡Es la seguridad jurídica, estúpidos!
20.06.10 @ 17:53:04. Archivado en La vida misma
Sí, claro, también es la economía y por supuesto la política. Pero la seguridad jurídica es esencial en la lucha por conservar o recuperar la credibilidad de un gobierno y de un país.
Era Spengler quien decía aquello de que al final, la supervivencia de la civilización depende de un pelotón de soldados. Y fue algún periodista quien, describiendo gráficamente la imagen de una hilera de casacas rojas resistiendo el embate de la caballería en la Guerra de Crimea, acuñó la famosa expresión “la delgada línea roja”, que luego se ha usado metafóricamente para identificar una vez más la frágil pero clara división entre la civilización y la barbarie.
Pero hace unos meses leí a alguien, y lamento mucho no recordar a quién, que en realidad lo que define la existencia de un verdadero estado (y para mí sin eso no se puede hablar de civilización) es la existencia de una estructura jurídica que se sustenta básicamente en un cuerpo de notarios y registradores civiles, mercantiles y de la propiedad. Total, que lo conveniente será que al pelotón de soldados le siga otro, mucho menos aguerrido y espectacular, pero igualmente eficaz e implacable, de sesudos fedatarios públicos que consoliden el terreno ganado y lo hagan tentador a ojos de quienes pretendan establecer en él su existencia, sea personal o empresarial.
Esto viene a cuento de que una de las lacras que más tardaremos en sacudirnos de las muchas que nos va a dejar esta era zapaterina que padecemos, y por extensión del mandato de la izquierda, es la pérdida del sagrado concepto de la seguridad jurídica, desgracia que es en muy buena medida la que justifica la falta de credibilidad de España frente a estados extranjeros e inversores.
Se empieza por enterrar a Montesquieu en plan perdonavidas de taberna (hazaña muy anterior al zapaterismo); se continúa alterando resoluciones legales en el trayecto que va de La Moncloa a la sede del BOE; se pasa a modificar vía fe de erratas textos legales ya publicados; se dictan normas al galope tendido para evitar que una empresa extranjera se adjudique la propiedad de una entidad española que ya habíamos decidido entregar a unos amiguetes; se procede a abroncar públicamente a la presidenta del Constitucional en plena tribuna de un desfile militar; y se acaba poniendo, quitando, sugiriendo, manteniendo, recusando o linchando mediáticamente a magistrados para que fallen a favor, en contra, o simplemente demoren ad calendas graecas una determinada sentencia, todo ello previa la insensata aceptación del principio por el cual una ley tan importante, por ejemplo, como el estatuto de Cataluña, puede estarse aplicando tranquilamente durante cuatro años mientras pesan sobre ella serias dudas de inconstitucionalidad.
Pero miren, todo eso, con ser terrible, a fin de cuentas al común de los mortales le pasa bastante desapercibido, salvo que estén francamente interesados en la política. Lo grave es que ese absoluto desprecio por la seguridad jurídica, esa concepción de las leyes como un instrumento más de la lucha partidaria, que no tiene más objetivo que mantenerse en el poder, lleva a generar monstruitos como la reforma laboral que han alumbrado los montes esta semana. Después de leerla un par de veces, lo primero que uno constata es que se dedican más de seis páginas a la exposición de motivos, que además viene plagada de excusas no pedidas, de justificaciones innecesarias y de explicaciones rocambolescas que en su conjunto dicen muy poco a favor de la real voluntad reformadora del redactor. De entrada, y únicamente en la primera página, hasta tres veces, tres, se dice que la crisis es general y tiene un origen internacional. Vamos, que el gobierno pasaba por ahí y se encontró el marrón.
Luego, claro está, se acaricia el lomo una y otra vez a los sindicatos, no sea que se irriten, y se les reconoce poco menos que como benefactores imprescindibles de la humanidad y garantes absolutos del progreso social.
Miren, si algo demanda el mercado laboral, y el otro, es seguridad jurídica, que no es más que el derecho a saber a qué atenerse en cuanto a las normas legales y a sus consecuencias judiciales. Pues de eso nada, olvídenlo: si hoy me preguntase un cliente si se lanza a ejecutar un despido ahora con más garantías que antes, no sabría que decirle. Y lo que es peor, tampoco si me pregunta si mejor ahora que dentro de seis meses, porque la condenada reforma se tramitará paralelamente como proyecto de ley, con lo cual puede ser reformada, en cuyo caso resultaría que este real decreto tendría una vida de apenas unos mesecillos. O sea, que en el tiempo en que se ve en los tribunales un despido podrían llegar a superponerse tres legislaciones diferentes: la anterior al 18 de junio, la posterior a ese día, y la que apruebe finalmente el Parlamento. ¿No es fantástico?
Esta es sin duda la mejor manera de crear empleo, de atraer inversión y de recuperar credibilidad internacional. Añádanle el hecho de que para muchas cuestiones el hipotético y desdichado inversor tendrá que habérselas con diecisiete legislaciones diferentes sobre el mismo tema para el mismo territorio nacional, y convendrán conmigo en que generar riqueza en España resulta de lo más motivador.
Comentarios:
... mientras a los JUBILADOS les han congelado la pensión y la nueva cortina de humo del gobierno se va extendiendo. Ahora, con una versión no oficial, posiblemente no salga en la tv
Video:
http://www.youtube.com/watch?v=bmR_zmjYYs0
Es una nueva versión del vídeo de los actores sobre las víctimas del franquismo y de los republicanos (tuvieron nuestros padres o abuelos un millón de muertos, hace 70años).
JUNTOS PODEMOS lograr que esta versión llegue más lejos que la del odio. José Luis R Zapatero menos cortinas de humo (HOY tenemos casi 5 millones )
QUITA EL SONIDO Y LEE ahora sí, ahora ya no hay bandos ya no hay sentimiento de odio .
Pásalo por la paz. HOY NO HAY GUERRA YA NO HAY BANDOS. Poner el vídeo, quitar la voz y LEER.
Por favor, disolver la cortina de humo, darle difusión en los blog, en tus emails etc. Gracias que tenemos casi 5 millones de parados.
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Antonio Jaumandreu
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