
09.11.10 @ 13:44:16. Archivado en La vida misma
Hoy voy a hacer pocos amigos, pero es que a veces hay que salir del carril por el que nos empeñamos en circular contra viento y marea.
Dice Felipe González que siendo presidente en una ocasión estuvo en su mano la decisión de volar el edificio donde se reunía la cúpula de ETA. Que decidió no hacerlo, y que a estas alturas no sabe si hizo bien o no, pensando en que tal vez hubiese evitado muchas víctimas inocentes.
Rasgar de vestiduras, grandes exclamaciones, escándalos mayúsculos: eso es que está reconociendo que él era la X del GAL, claman unos, ya que demuestra que a su mesa presidencial llegaban las decisiones sobre matar o no matar terroristas mediante métodos de guerra sucia u operaciones encubiertas. Otros, los suyos, le defienden, alaban y vitorean: el mejor presidente de la A a la X, ha dicho Bono, rematando la agudeza diciendo que omite la Z porque ésa es de Zapatero.
Yo entiendo que es obligación de la prensa, en especial de la que en su momento destapó el escándalo de los GAL y que sufrió por ello duras represalias, amplificar esta afirmación un tanto cínica del socialista. ¿Veis como teníamos razón?, vienen a decir. Pero me parece que la oposición se equivocará mucho si intenta hacer sangre con eso.
Y es que, no nos engañemos, la mayoría de la ciudadanía, desde cualquier punto del abanico político, comprendía, justificaba, disculpaba y hasta celebraba la iniciativa de ir a buscar a los terroristas a sus escondrijos (santuarios se les llamaba impropiamente) y cargárselos sin más trámite. ¿O no? Lo que realmente resultó insufrible para la sociedad española fue el carácter escandalosamente chapucero y torpe de aquella guerra sucia, a cargo de personajes patibularios como Amedo, y el paralelo enriquecimiento obsceno de buena parte de sus protagonistas. Pero pocos cuestionaban en aquellos tiempos el fondo de la cuestión: no olvidemos que morían 150 personas al año a manos de los etarras.
Lo que ha dicho González es la simple narración (probablemente innecesaria, eso sí) de lo que a cualquier mandatario de un país serio le sucedería. ¿O acaso creen ustedes que un primer ministro británico no tendría sobre su mesa un plan concreto de sus servicios secretos para cargarse de una tacada a toda la dirección del IRA, si ésta se hubiese puesto a tiro y la detención se antojase inviable? Es lo menos que puede esperarse de unos servicios secretos, digo yo. Luego, por supuesto, al político le tocará tomar la terrible decisión. Pero es muy fariseo escandalizarse por estas afirmaciones. Puede discutirse si González hizo lo correcto o no, pero el hecho de que se le plantease la opción es, insisto, lo mínimo que cabe esperar del gobierno de un país medianamente serio.
Por cierto, ¿qué hubieran decidido ustedes…?
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13.10.10 @ 22:35:24. Archivado en La vida misma
… ni Zapatero tampoco.
Ahora resulta que hay que diseñar un protocolo para que los ciudadanos respeten la solemnidad de la fiesta nacional de España. Parece que al Gobierno le ha sentado fatal el abucheo recibido por el Presidente antes, durante y después del desfile con motivo del 12 de octubre.
Vamos a ver si consigo ser un poco objetivo. Me molestó profundamente escuchar silbidos, abucheos e insultos en el momento solemne y emotivo de la ofrenda por los caídos por España. Quien profana ese momento es un maleducado, un grosero, un insensible y, si me permiten la expresión trasnochada, un mal español: los familiares de los soldados muertos en acto de servicio no se merecen nunca, jamás, que el sentido homenaje del Estado a sus muertos se aproveche para que se oigan mejor los improperios dirigidos a un político, aunque éste sea el peor gobernante que España ha tenido en su historia. Que lo es, por cierto. A ellos les diría que se apliquen la emocionante frase del himno, “la muerte no es el final”: afortunadamente tampoco Zapatero es el final, y tras la agonía que supone este gobernante nefasto volverá la luz. No deberían bajo ningún concepto haber perdido el respeto a nuestros caídos.
Ahora queremos regular no sé qué ni cómo para que eso no se repita. Vale. Pero, ¿y cuándo el himno nacional de España es silbado en un estadio de fútbol? ¿Y qué pasa con los insultos al Jefe del Estado en numerosos actos nacionalistas? ¿Y con la quema de banderas nacionales o fotos del Rey y su familia? ¿Vamos a regular todo eso? ¿Y qué penas vamos a imponer, y cómo vamos a actuar cuando eso se produzca, lanzando a los antidisturbios a disolver a las multitudes?
Y ya puestos a exigir respeto a las instituciones del Estado, ¿qué hacemos cuando un presidente autonómico insulta sin tapujos a todo un Tribunal Constitucional? ¿O cuando un bufón profesional injuria en una televisión pública la noción de España que muchos ciudadanos comparten? ¿Todos a la cárcel?
Esa pretensión ya es de por sí absurda, pero viniendo de un Gobierno que ha hecho de la progresía ramplona su enseña de batalla, y de la tolerancia al insulto su máxima, cuando eso ha servido a sus intereses partidistas, resulta una ofensa a la inteligencia. Es obsceno que quien se negó a levantarse al paso de la bandera de un país aliado ahora exija a sus conciudadanos un respeto que él mismo, cuando le ha convenido, ha soslayado para escenificar su rebeldía impostada.
Menos prohibiciones y más pedagogía. Menos censura y más ejemplo. Menos represión y más respeto. Menos relativismo y más valores. Menos hipocresía y más prudencia.
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21.09.10 @ 21:02:44. Archivado en La vida misma
“Buenas tardes, ¿cómo estás? Encantado de que nos veamos. La foto es lo más importante”.
Se lo juro por Snoopy: éstas son las palabras textuales que el Presidente del Gobierno de España le ha soltado al Rey de Marruecos al inicio de su encuentro en Nueva York. Tal como suena, y si no lo creen véanlo en cualquier televisión.
¿Qué habremos hecho los españoles para merecer no ya un gobierno nefasto, sino el cruel castigo del ridículo y la vergüenza cada vez que el personaje cruza nuestras fronteras? Porque a ver, las frases tan grandilocuentes y vacías de contenido con que nos regala de puertas adentro ya las tenemos más o menos asimiladas aquí, y disimulamos mirando a otro lado, como cuando aquel pariente medio tarado que se apunta a la fiesta de Navidad empieza a contar sus batallitas inaguantables y mil veces oídas. En definitiva, no le oye nadie más que los allegados. Pero cuando hay terceros delante el sonrojo nos invade.
Para empezar, cuestión de protocolo, ¿a un Rey le tutea un jefe de gobierno, así por las bravas? ¿”Buenas tardes, cómo estás”? Pase que sea tan progre o maleducado como para no saludar a los monarcas, ni siquiera al nuestro, con la tradicional, e imagino que protocolariamente obligada, cabezada. ¿Pero al rey de un país extranjero se le saluda como al vecino del quinto al coincidir en el ascensor?
Pero al menos algo hay que reconocerle: la sinceridad. Esa desarmante sinceridad que solo tienen los niños, los tontos o los borrachos. Sin duda “encantado de que nos veamos, la foto es lo más importante” es una de las expresiones más sinceras que los anales de la diplomacia mundial hayan registrado jamás.
Repito: me quiero fundir, la vergüenza me invade, quiero dimitir provisionalmente de mi condición de español mientras este panoli nos representa por esos mundos de Dios.
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15.09.10 @ 19:51:58. Archivado en La vida misma
Es bien cierto que en ocasiones basta con dejar hablar a determinados personajes para que se retraten y dejen a la vista sus ideas, planteamientos y valores. Hoy Puigcercós, líder de ERC, se ha descolgado con esto:
“El líder y candidato de ERC a la Presidencia de la Generalitat, Joan Puigcercós, ha defendido que el proceso de independencia de Catalunya solo se puede lograr "fuera de la legalidad española".
"Todo proceso independentista tiene siempre un punto de alegalidad. Hay un momento que dejas la legalidad -española- para ir a otra legalidad -la catalana-. Crearemos una nueva legalidad en Cataluña porque la actual ya no sirve", ha afirmado en declaraciones a Catalunya Ràdio.
El dirigente republicano defiende que esta postura está avalada tanto por el Consell de Garantías Estatutarias, el órgano consultivo de la Generalitat, como por el Tribunal de la Haya y su reciente sentencia sobre la independencia de Kosovo.
Asimismo, ha argumentado que si todo proceso independentista tiene una fase alegal es porque, si Cataluña logra algún día convocar un referéndum soberanista, "Madrid tratará de impedirlo". Puigcercós considera que la Ley de Consultas, aprobada esta legislatura en el Parlament con los votos del tripartito, "no necesariamente" implica recibir la autorización del Gobierno para un referéndum.”
Ya sé que no hay nada nuevo bajo el sol, pero no me negarán que tan meridiana claridad es de agradecer, porque revela la verdadera entraña del nacionalismo: saltarse a la torera (bueno, siendo catalanes habrá que buscar otra expresión) cualquier legalidad que no se adapte a sus objetivos últimos. Con un par. Claro, luego resulta muy difícil defender que los ciudadanos, o los ayuntamientos, o cualquier entidad pública o privada han de cumplir a rajatabla la legalidad vigente: si los propios dirigentes admiten que para obtener sus metas todo vale, incluso violar la ley, ¿con qué cara me van a exigir a mí que cumpla, qué sé yo, un límite de velocidad? O cualquier otra prohibición, que en Cataluña abundan por miles y creciendo.
Para qué tanto paripé con el estatuto y su sentencia, si en definitiva es papel mojado para ellos por la sencilla y terrible razón de que cuando llegue el momento, su momento, los van a ignorar sin reparos. Es la constatación última, el perfecto reconocimiento de que lo que pretenden no es legal, y de que lo saben. ¿Les va a frenar eso? No, por supuesto: si algo es ilegal, es la ley la que está equivocada. Y como no hay mayoría para cambiarla, pues simplemente se incumple. Todo muy democrático. Todo muy respetuoso con el estado de derecho. Todo augura un fantástico porvenir a la Cataluña independiente, cuando sus dirigentes manifiestan tal grado de respeto por la legalidad.
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22.08.10 @ 23:05:33. Archivado en política
Con la alevosía propia de los regímenes que más desprecian a sus ciudadanos, el consejo de ministros de pleno agosto ha anunciado que iniciará los pasos para modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial, con el objetivo confeso de que a través de esta norma puedan alcanzarse los objetivos que el Tribunal Constitucional vetó en el recurso sobre el Estatuto de Cataluña. De paso, permítanme recordarles que el Sr. Ministro de Justicia se implicó personalmente a fondo en la defensa del Estatuto, y que curiosamente su negociado, el de Justicia, fue el que el Constitucional declaró íntegramente contrario a la norma máxima. ¿Algún atisbo de dignidad del Sr. Ministro ante tamaña desautorización? No, por supuesto, estamos en España y gobiernan los socialistas: impasible el ademán, vamos a colar por la puerta trasera lo que no nos han aceptado por la principal.
Evidentemente se trata de un tema lo suficientemente denso y lejano al conjunto de la ciudadanía como para que nadie pierda un simple minuto de sus vacaciones pensando en qué medida una modificación del Poder Judicial afectará a su vida cotidiana. Y el Gobierno cuenta con ello, en otra muestra del celebérrimo talante del Presidente. Es el despotismo al que me he referido en otros artículos. Escasamente ilustrado, pero implacable en la persecución de sus objetivos, que en este caso es profundizar en la vía de derribo del que probablemente sea el último fundamento sólido del Estado: la Justicia. Podríamos ahora extendernos sobre este punto, pero no lo haré por no alargar más el tema, porque me interesa mucho más centrar el foco sobre la actitud del Gobierno y más concretamente de su Presidente, auténtico artífice de esta demolición, que ya no cabe calificar siquiera de controlada, del edificio constitucional soslayando el procedimiento legal de modificación de la Carta Magna.
Son enormemente descriptivos de la gravedad del asunto los siguientes artículos que les enlazo, y que proceden además de dos puntos del arco político absolutamente dispares en lo ideológico: Rosa Díez y Agapito Maestre.
Hay que empezar a pensar seriamente en hacer algo. Yo no sé si esto es desacato, alta traición, prevaricación o simple falta absoluta de principios. Pero no podemos tolerar impasibles que el Gobierno se pase las leyes y las resoluciones judiciales, y muy en particular la Constitución, como vulgarmente se dice por el forro. Hay que empezar a adoptar iniciativas claras y visibles, basadas en el principio irrenunciable del respeto a la legalidad y la supremacía del estado de derecho. No sé, como Rosa Díez, qué mecanismos le quedan al Estado ante una situación impensable, como es su propia violación a manos del Gobierno, pero ha de existir algún mecanismo legal, por excepcional que sea, para empezar a poner las cosas en su sitio. Juristas tiene la oposición, ya que en el PSOE al parecer nadie está dispuesto a dar un paso al frente, para estudiar el asunto. Pónganse a ello, afinen bien la elección del mecanismo, el redactado y la argumentación, pero es hora de dar un aldabonazo que despierte a la ciudadanía de este letargo que está permitiendo a José Luis Rodríguez Zapatero llevar a la Nación al borde del abismo por medio de la destrucción de su marco legal.
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20.08.10 @ 20:09:15. Archivado en La vida misma
Conmoción: movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo (DRAE).
Dice la prensa entendida que existe “conmoción” por el hecho de que se hayan publicado en Facebook unas fotos que una soldado del ejército israelí se ha tomado junto a unos prisioneros palestinos atados y con los ojos vendados.
He visto las fotos, en las que la soldado se limita a posar sonriente y hasta cierto punto burlona junto a unos hombres sentados y en las condiciones antes citadas. A mí personalmente me parecen de mal gusto y, en una palabra, imbéciles. Pero el mundo está lleno de idiotas, y no hay más que echar una ojeada a Facebook para comprobarlo.
Pero los medios dicen que han causado conmoción, y si los medios lo dicen será cierto, porque como decía aquél son gente honrada. El problema es que si destinamos a este hecho un término tan grueso como conmoción, ¿qué deberíamos aplicar a esta noticia?:
“Un grupo de insurgentes talibanes han lapidado el domingo a un hombre y una mujer bajo la acusación de adulterio en un distrito de la provincia norteña afgana de Kunduz colindante con Tayikistán, según ha confirmado una fuente oficial.
Los talibanes acusaron a la pareja de mantener una relación extramatrimonial y de intentar escapar juntos, y una "shura" o consejo decidió lapidarlos por adulterio, un castigo que les fue aplicado el domingo en público, ante unas 200 personas.
El hombre estaba casado y ella, comprometida. Tras ser detenidos y golpeados, ha dicho Ayub, ambos confesaron que habían mantenido una relación durante un par de meses.”
O para ésta:
“Escarnio. La mujer asesinada, Bibi Sanubar, era viuda y estaba embarazada, según reveló a la agencia Reuters Abdul Jabar Saleh, un agente de policía de Badghis. Los talibanes descubrieron que estaba manteniendo relaciones con un hombre “que huyó”, la retuvieron durante tres días y le dieron 200 latigazos en público.
La sometieron, además, a un juicio sumario: el mulá Mohammed Yousif instruyó el caso y la condenó rápidamente a muerte, según las agencias Reuters y France Presse. El mismo juez se encargó de cumplir personalmente la condena: le disparó tres tiros”.
O para ésta:
“
Khayrieh V. sufría violencia de género y comenzó una relación con un familiar de su marido, que acabó matándolo.
Ella confesó su adulterio pero negó cualquier implicación en el asesinato de su esposo. A pesar de ello, su sentencia fue ratificada y se encuentra a la espera de que el presidente de la Magistratura dé el visto bueno a su condena.
La lapidación no es una pena aplicable sólo a las mujeres en Irán, Mohammad Ali Navid Khamami fue declarado culpable de adulterio por lo que fue condenado a la ejecución por lapidación.”
A mí la verdad es que me conmocionan bastante más estas tres últimas y refinadas muestras de la alianza de civilizaciones que las fotos de la soldado imbécil. Pero claro, yo no soy la prensa entendida.
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18.08.10 @ 20:34:31. Archivado en política
Ya sé que las responsabilidades del gobierno y de la oposición son muy distintas, pero difícilmente van a poder los populares quejarse de la desaparición del ejecutivo en pleno (salvo el de Fomento) si D. Mariano Rajoy Brey se toma tan a pecho sus vacaciones que no se sabe nada de él desde que embarcó en su coche para grabar un muy prescindible vídeo de despedida sin el preceptivo cinturón (y por cierto, me parece que a muy alta velocidad si juzgamos por cómo fluye el paisaje al fondo).
Total no pasa nada: surgen rumores cada vez más fundados de que vuelve a haber negociaciones con ETA; en Melilla se están complicando peligrosamente las cosas; la crisis no solo no remite, sino que amenaza con golpear con inusitada dureza al regreso de vacaciones; el PSOE de Madrid arde como una falla; diferentes miembros del Gobierno se desautorizan entre sí y parece demostrado que dentro del gabinete empiezan a aflorar rencillas; el presidente da síntomas de estar perdiendo el control de la situación y actúa a impulsos incomprensibles convocando y cancelando reuniones,…
Pero Mariano descansa en Sanjenjo, fiel a su idea de que Zapatero es un fruto maduro que, cuando acabe pudriéndose del todo, caerá por su propio peso. Mientras, González Pons teatraliza el sentir del partido y Cospedal emite machaconamente las consignas de rigor. Bueno, si creen que con eso bastará tal vez será que tengan datos fidedignos que así se lo digan. Pero a mí me da en la nariz que Zapatero no está muerto, ni mucho menos. En particular, porque a quien tiene delante es precisamente a Rajoy, que es incapaz de marcar un gol a puerta vacía. Tengo dicho, y me llaman cenizo, que el primer paso para echar a Zapatero de La Moncloa es echar a Rajoy de la calle Génova. Este país no puede permitirse cuatro años más de zapaterismo, y lo digo muy en serio: es que es la supervivencia del propio país la que está en juego. Y realmente tal como van yendo las cosas parece inverosímil que tenga alguna mínima oportunidad de engañar nuevamente a un número suficiente de ciudadanos como para repetir. Pero si alguna posibilidad hay de que repita, ésa es enfrentándole a Rajoy. Dicen en Hollywood que determinados actores son “veneno para la taquilla. Rajoy es veneno para las urnas. Con decirles que ni yo voy a votarle…
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17.08.10 @ 19:37:54. Archivado en política
Yo añadiría que pagamos poco para lo que ellos merecen, aunque el ministro de Fomento no se haya atrevido a tanto. Se ha limitado a decir que nuestros impuestos son muy bajos y que si tiene que pedir una subida no le temblará el pulso. No sé a quién se lo va a pedir, porque dicho así parece que la cosa no vaya con él, pero supongo que se refiere a sus coleguillas del Consejo de Ministros, y muy en particular a la Vicepresidenta Salgado y al Presidente Rodríguez.
¿No fue este último, por cierto, el que dijo que bajar impuestos era de izquierdas? Sí, lo dijo, hace ahora cinco años. Será que subirlos también es de izquierdas, o que bajarlos ha dejado de serlo, o que él ha dejado de ser de izquierdas, o que… Bueno, lo que haga falta, que para algo es Zapatero y puede cambiar de principios como Groucho Marx, pero con mucha menos gracia.
El ministro Blanco anuncia la subida mediante el tradicional globo sonda veraniego, poniendo los impuestos en relación con el nivel de los servicios sociales, e invitando a los españoles a reflexionar sobre el hecho de que si queremos un estado de bienestar a nivel europeo deberemos asumir que es necesario tributar también a nivel europeo. No estoy yo muy seguro de que nuestros servicios, infraestructuras y prestaciones sociales estén exactamente a la altura de esos países de alta fiscalidad que el ministro nos pone como referencia. Pero bueno, de acuerdo, no le negaré la mayor. Pero ya puestos, comparemos los salarios de los trabajadores europeos con los españoles (y tiro piedras a mi tejado, porque soy empresario y pago sueldos), y la capacidad adquisitiva de nuestros vecinos al norte, o el precio de las viviendas en cualquier país civilizado. Y luego veamos también si el gratis total que nos hemos obsequiado aquí en muchas cuestiones es asumible en países más desarrollados. Es decir, reflexionemos sobre si realmente la ecuación es “queremos muchas cosas y estamos dispuestos a pagar por ellas” o también vale la pena considerar que “tal vez queremos menos cosas y que nos quede más dinero en el bolsillo, porque creemos que nosotros lo administramos mejor que los políticos”.
Pero sobre todo, sobre todo, meditemos en torno al hecho de si necesitamos que en muchos lugares convivan cuatro administraciones públicas superpuestas (estatal, autonómica, provincial y local); si es lógico que tengamos una veintena de parlamentos autonómicos con sus diputados y toda su parafernalia; si tiene sentido que convivan cuatro cuerpos policiales o más en algunos territorios (Guardia Civil, Policía Nacional, Mossos d’Esquadra, Policía Local); si nos hacen falta un porrón de televisiones públicas; si nos podemos permitir que cada comunidad autónoma plante sus embajadas por el mundo; si es razonable que haya alcaldes y presidentes autonómicos que cobren el doble que el presidente del gobierno; si, en suma, podemos asumir el coste faraónico del estado de las autonomías. O si nuestra posición internacional justifica que tengamos soldados desplegados en las más variadas partes del mundo, o si el reparto alegre de fondos desde ministerios que seguramente no tienen más finalidad que esa debería reconsiderarse, porque bien está potenciar las lenguas vernáculas en Guatemala, o el lesbianismo en el Congo, pero tal vez podríamos empezar por recortar esas partidas, e incluso plantearnos dónde está la delgada línea roja que separa el alegre despilfarro de la malversación de fondos públicos.
Y sigamos reflexionando sobre en qué medida la corrupción detrae ingentes recursos que deberían tener otro destino. Ya está bien de la cantinela de que la política española no es corrupta, que son únicamente casos aislados: los casos ya son tantos que el político honrado empieza a parecerse bastante a la excepción que confirma la regla.
Antes de permitirles que nos crujan con más impuestos, exijámosles que vean en qué manera pueden emplear mejor los recursos de que disponen, que son muchos.
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17.08.10 @ 09:49:56. Archivado en política
¿Qué pasa en Melilla? Lo único que sabemos son cosas tan chocantes como éstas:
- Grupos de espontáneos marroquíes bloquean aleatoriamente la frontera para impedir el paso de unos u otros suministros, según conviene a sus intereses de presión. Lo de espontáneos, evidentemente, pretende ser irónico: todo el mundo sabe que en la dictadura marroquí nada es espontáneo, y ningún movimiento colectivo se produce sin la tolerancia, cuando no la instigación, del gobierno.
- Los mismos espontáneos lanzan campañas agresivas contra la Policía Nacional, y muy en especial contra sus miembros femeninos.
- Tenemos un Ministro de Asuntos Exteriores (sí, lo tenemos, se lo prometo, se llama Moratinos) que siempre ha presumido de tener grandes contactos en el norte de Africa, y que sin embargo está aparentemente desaparecido, missing in action o de vacaciones.
- En su lugar, se anuncia que será el Ministro del Interior el que se desplace a Marruecos la próxima semana para tratar el conflicto. Antes, frente a un problema de tipo internacional, se recurría a medidas diplomáticas que escenificaban el enfado de la parte que se consideraba ofendida, como la tradicional llamada a consultas del embajador.
- El Presidente del Gobierno no ha dicho esta boca es mía en este asunto, está ocupado convocando y desconvocando reuniones, pero que se sepa ninguna con los marroquíes. Y sin embargo, el problema a los profanos se nos antoja grave: que una capital española se vea bloqueada en sus suministros por ciudadanos del país vecino suena francamente mal, no parece una actuación precisamente amistosa ni respetuosa con el derecho internacional. Será que está enfrascado con el principal problema de los españoles: encontrar la manera de machacar a Tomás Gómez.
- En cambio, frente al silencio de los corderos alguien ha metido en el berenjenal nada menos que al Jefe del Estado, pidiéndole que haga una o dos gestiones personales ante el Rey de Marruecos, nada, unas llamaditas entre colegas. El resultado está a la vista: nada, con lo cual ese alguien ha conseguido dejar en ridículo al Monarca y de paso quemar de buenas a primeras el que debería ser último cartucho diplomático.
Resumiendo, que ante un conflicto diplomático delicado el Presidente y el Ministro de Exteriores se evaporan, y mandan al frente al Ministro del Interior y al Jefe del Estado. Todo muy extraño. Todo, excepto la actitud marroquí. Nuestros queridos vecinos del sur tienen un olfato muy fino para la cadaverina: la olisquearon cuando Franco agonizaba y la perciben en esta etapa del zapaterismo. Entonces nos montaron la Marcha Verde, y hoy empiezan a aparecer síntomas inquietantes. En definitiva, lo que se palpa en ambos casos es debilidad, vacío de poder. Solo que entonces era fruto de la agonía del Jefe del Estado y la incertidumbre ante el futuro, y hoy es el resultado de la cobardía del Gobierno y la falta de una política exterior definida. Pero en ambos casos huele a muerto, y los marroquíes ven la posibilidad de sacar tajada.
A ver si conseguimos que Obama haga una llamadita. Se lo debe a ZP. Qué menos, después de haberle hecho pasar por el trago de aquel desayuno de oración…
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16.08.10 @ 19:37:32. Archivado en política
Es como un niño malcriado. Con cuánta razón algún columnista (creo que Arcadi Espada) lo tiene bautizado como “El Adolescente”. Hace un par de semanas canceló abruptamente la reunión / ejecución de Tomás Gómez porque el reo no estaba especialmente predispuesto a apoyar la cabeza sobre el tajo, pero sobre todo porque se había filtrado el hecho mismo de la reunión y, claro, no era cuestión de tener ahí a toda la prensa y aparecer ante ella con el delantal manchado de sangre y el hacha en la mano. Y menos aún con el hacha en la mano y cara de tonto mientras el condenado daba una rueda de prensa en el atril vecino.
Pues esta semana lo mismo: que nuestro líder cancela la reunión con los empresarios de la construcción “porque se había filtrado”. Sí señor, más talante, más transparencia y más democracia deliberativa. No sé si es que también tenía previsto “persuadir” a estas inocentes criaturas de algo, y a la vista de ello alguno ha filtrado la noticia para así frustrar la cita, pero no deja de ser curioso el afán por el secretismo que gasta el excelentísimo. Le atraen las tinieblas, la oscuridad, las salas con luz tenue y humo de cigarros flotando en el ambiente. Tal vez una bombilla de baja potencia colgando del techo y balanceándose suavemente… A este paso tendrá que celebrar las reuniones en un coche, en medio de un descampado y de madrugada.
Dicen que en la segunda legislatura todos los inquilinos de La Moncloa enloquecen en cierta medida. Para mí que en este caso viene de antes, pero vamos, el síndrome ataca de nuevo de manera evidente.
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13.08.10 @ 23:25:09. Archivado en política
Curioso destino el de este Tomás Gómez. Hasta hace poco ninguneado como dirigente escaso de carisma (realmente parece casi más aburrido que yo, que ya es decir), y hoy en la cresta de la ola como el primer socialista que planta cara a Zapatero. Pocos apuestan por él, dada la potencia artillera de sus enemigos y el ya legendario instinto killer del presunto Bambi. Pero ya nadie le quitará el mérito de haber sido el pionero en sacar a relucir, aunque pequeñito, uno de esos puñales que los malpensantes dicen que llevan años afilándose en busca de la espalda de Zapatero, para cuando tropiece por primera vez. Dicen que los compañeros que fue dejando en el camino (y ya lleva una buena lista) vagan como zombies por el espectro político esperando el momento de ajustar cuentas…
Pero a lo que íbamos. Independientemente de cómo acabe este festival socialista de las primarias, lo cierto es que lo sucedido hasta ahora es una escenificación ejemplar del tan cacareado talante zapateril. No sé yo si a estas alturas alguien cree todavía en ese mito, leyenda urbana más bien, de que ZP es un político dialogante, deliberativo, suave, abierto a las aportaciones ajenas, etc. Lo cierto es que no ha dado ni una sola prueba de ello (y digo bien, ni una sola) durante los ocho años que lleva gobernando, aunque ha conseguido vender muy eficazmente la imagen opuesta. Pero, en fin, para los creyentes inasequibles al desaliento, ésta debería ser la prueba definitiva.
El talante zapaterino consiste en que te rodea de buenas palabras, te envuelve, te seduce, te engaña y te adula, siempre y cuando te pliegues absolutamente a su voluntad, sin reparos, sin fisuras, sin objeciones, incondicionalmente. Entonces presumirá de que dialogando se entiende la gente, que todo es deliberación y diálogo. Pero si osas resistirte, matizar o contraofertar simplemente te aniquila. No repara en medios, aunque para ello tenga que jugar con sus ministros como quien mueve soldaditos en un diorama de batallas. El gobierno de España, como siempre en almoneda, premio de consolación para derrotados o rampa de lanzamiento para asaltar nuevas cuotas de poder. Tenemos al frente del gobierno a un auténtico déspota implacable, no les quepa la menor duda, para quien no hay medio que no se vea justificado por el fin que en cada momento pretenda. Y como éstos son muy cambiantes, al final resulta que casi cualquier medio acaba siendo válido.
Al pobre Tomás le esperan humillaciones (la primera se la propinó ayer el muy aseado Lissavetzky, apoyando en sus mismas narices a su rival), traiciones, carpetas secretas, mentiras y uso masivo de los medios de comunicación y de las encuestas. Perlas cultivadas todas ellas en el vivero zapaterino. Eso sí, para los que no somos precisamente socialistas, y mucho menos zapateristas, el espectáculo resulta prometedor. Porque hay diversas variantes a la vista, a cuál más interesante. Primero, que Tomás gane el envite. Poco probable, pero no imposible. Y si eso ocurre, el astro de ZP habrá empezado a declinar indefectiblemente. Ya nunca podrá decir que a él no se le echan pulsos, porque los gana. Segundo, que gane Trini, para a continuación estrellarse frente a Espe. ¿Cómo podrá el presidente justificar su enconada apuesta, si el resultado pretendido finalmente no se produce, cómo demostrar que no hubiese sido mejor apoyar a Tomás? Tercero, con independencia del resultado de las primarias, ya se está forzando a los segundones socialistas a alinearse, a tomar partido. ZP ha sembrado el germen incipiente de la división en su propio partido. Claro, lo lleva en su naturaleza, en su mapa genético, y si se complace resucitando con fines puramente electorales las viejas y peligrosas divisiones entre españoles de principios del siglo pasado, ¿cómo evitar que la inercia le lleve a hacer lo propio con los suyos? Y los zombies acechando…
La gran pregunta es si hay un plan elaborado tras todo esto, o realmente quienes empiezan a dudar de la estabilidad psicológica del presidente están más cerca de lo que suponen de la realidad, y resulta que se ha metido en un jardín formidable por pura ineptitud, por simple engreimiento, por brutal cesarismo, por inconsciencia adolescente, por necia soberbia, simplemente porque a él no se le echa un pulso...
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31.07.10 @ 18:17:58. Archivado en La vida misma
Tiene a bien declarar hoy en El Mundo la Excelentísima Señora Ministra de Igualdad, Doña Bibiana Aído, que "no podría tener una pareja de derechas". No sé si alguien se ha hecho el próposito de imaginar a algún alto cargo francés, inglés, alemán, holandés, qué sé yo, emitiendo una declaración semejante. El sectarismo no conoce límites; la ignorancia es omnipotente en su atrevimiento; la falta de respeto intelectual a la ciudadanía es inextinguible por parte de quienes se supone que tienen la obligación de gobernar para la totalidad de los españoles. Claro que en cualquiera de los países citados cabe suponer que llegan a ministros únicamente los mejores, tras ardua selección y extensa experiencia, como culminación de una carrera. El nuestro es en cambio el país de los ministros - cometa, que aparecen de la nada administrativa para alcanzar velozmente el cénit de un sillón ministerial antes de perderse nuevamente en la oscuridad del partido, en el agujero negro del olvido, sin dejar de su paso por la gobernación más que una estela de idioteces.
Esta señorita, que al parecer no es consciente de haber sido elegida por su condición de florero por un presidente que necesitaba rodearse de una serie de imágenes que diesen verosimilitud visual a sus proclamas de talante y modernidad, añade que si Lehman Brothers hubiese sido Lehman Sisters otro gallo nos hubiera cantado. Sesuda observación a medio camino entre lo económico, lo social, lo psicológico y lo imbécil, con clara tendencia a esto último.
Una ventaja tiene la Srta. Aído: dado que su ministerio es de nueva creación y de existencia probablemente fugaz, su retrato oficial no podrá desentonar en ninguna galería de antecesores que con dignidad hubiesen desempeñado anteriormente el cargo. Creo que en su caso con una referencia en la Frikipedia bastará.
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27.07.10 @ 22:45:32. Archivado en La vida misma
No me lo explico. La Generalitat no ha salido todavía a anunciar a bombo y platillo que dos de las siete entidades financieras que en toda Europa no han superado la prueba de fortaleza (stress test, si prefieren) son catalanas. Dos de las siete, entre centenares. No es mal promedio. Si fuese al revés, es decir, que dos de las más solventes entidades de Europa fuesen catalanas, no me cabe la menor duda de que la Generalitat en pleno (y hasta la oposición) nos lo estarían restregando por la cara día y noche.
Y una de ellas además presidida nada menos que por un prohombre de la patria, el mismísimo D. Narcís Serra.
Claro, será que están muy atareados con el debate sobre la prohibición de los toros, cuestión que sin duda absorbe también todas las preocupaciones de los ciudadanos.
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22.07.10 @ 23:31:47. Archivado en La vida misma
Si yo no fuese catalán, pensaría que si Montilla considera que su proyecto estrella ha sido mutilado por el Tribunal Constitucional, debería dimitir reconociendo así su incompetencia como legislador, o como protesta digna en caso de seguir considerando que el proyecto era legítimo.
Si yo no fuese catalán, al escuchar al líder de ERC proclamar que el gobierno tripartito está acabado esperaría la consecuencia lógica de ver dimitir ipso facto a todos sus consejeros en ese gobierno.
Si yo no fuese catalán, me extrañaría que el presidente de la comunidad expoliada tenga un sueldo que casi dobla al del presidente del estado explotador. De hecho, me resultaría rarísimo que la práctica totalidad de los cargos públicos y funcionarios de la Cataluña oprimida, incluida la policía, tenga retribuciones sensiblemente mayores que sus equivalentes en la España opresora.
Si yo no fuese catalán me preguntaría si el monstruoso déficit de la Generalitat no tendrá más que ver con cosas como éstas que con el legendario expolio. Y me enfurecería vivir en una de las comunidades con mayor presión fiscal.
Si yo no fuese catalán me escandalizaría que un gobierno autonómico convoque una manifestación contra una sentencia que todavía no se ha publicado.
Si yo no fuese catalán me preguntaría muy seriamente cómo va a ser viable una Cataluña independiente, si podrá pagar sus pensiones, su administración de justicia, su representación diplomática, su policía que hoy paga en buena medida el Estado, quién sabe si unas fuerzas armadas propias,…
Si yo no fuese catalán le preguntaría al señor Montilla si opina que la España en que fue alumbrado es o no una nación. Y si lo es, le pediría que me dijese si su relación con la nación catalana que recientemente ha descubierto es de superposición, o de yuxtaposición, o de subordinación, o secante, o tangente, o concéntrica,…
Si yo no fuese catalán me preocuparía tener una administración tan intervencionista que determina que los niños adoptados sean obligatoriamente informados de tal circunstancia antes de cumplir doce años, o que obliga a sus ciudadanos a rotular sus negocios o escribir sus circulares en un determinado idioma, bajo amenaza de sanción.
Si yo no fuese catalán, interrogaría sorprendido al presidente Montilla sobre la curiosa circunstancia de que lleve a sus hijas a un colegio extranjero en el que no hay inmersión lingüística, cuando ésta es la práctica obligatoria en todas las escuelas públicas o concertadas.
Si yo no fuese catalán, me indignaría que el presidente de la Generalitat se reúna con el del gobierno español para decidir cómo soslayar la aplicación de una sentencia del Tribunal Constitucional, dando un lamentable ejemplo al conjunto de los ciudadanos que sí deben cumplir con las leyes y resoluciones judiciales.
Si yo no fuese catalán, me avergonzaría comprobar la unanimidad sorprendente con que la clase política y la prensa apoyan el ideal nacionalista, cuando el sentir social que desvelan las encuestas es bien distinto.
Si yo no fuese catalán, me molestaría constatar que mis gobernantes tienen un nivel formativo insultantemente bajo.
Si yo no fuese catalán, me preguntaría por qué en la inmensa inversión que ha supuesto la flamante nueva Ciudad de la Justicia de Barcelona no ha habido una mínima partida para que la rotulación esté también en español.
Si yo no fuese catalán, me embargaría la ira al comprobar cómo las muestras de corrupción política salpican a todas las formaciones políticas que ostentan poder en Cataluña y son sistemáticamente tapadas con la complicidad de la prensa.
Si yo no fuese catalán, me preocuparía seriamente la creciente catalanización de la política española.
Si yo no fuese catalán, me agotaría el victimismo incesante y me avergonzaría ver a mis representantes en perpetua queja, reivindicación, gesto de dignidad ofendida, lloriqueo y mohines diversos.
Si yo no fuese catalán, me sorprendería la ligereza con la que los dirigentes se atribuyen la portavocía de la voluntad de la absoluta totalidad de los catalanes, sin excepción, y la sofocante frecuencia con que la palabra Cataluña aflora en sus discursos.
Si yo no fuese catalán, pensaría que un estatuto con cerca de 275 artículos es manifiestamente desproporcionado, y me sentiría ofendido al ver cómo se instrumentaliza mi voto en un referéndum para defender algo que no tiene nada que ver, como es la legalidad constitucional o no de un proyecto de ley, para cuya calificación la inmensa mayoría de los ciudadanos no está cualificada.
Si yo no fuese catalán estaría francamente cabreado con el hecho de que terminado hace apenas unos meses el arduo debate de la financiación, con una suculenta tajada para el Principado, ya se esté planteando el sistema foral de cupo como nueva meta.
Si yo no fuese catalán, empezaría a pensar seriamente que los catalanes son, por encima de todo, unos pesados de dimensiones cósmicas, y que a lo mejor no es tan mala idea que se asomen al abismo de la independencia para ver cuán dura será la caída.
Pero afortunadamente nada de eso me sucede, porque soy catalán, y como tal me han inculcado la convicción de que pertenezco a una especie de casta superior, que está por encima de leyes, constituciones y sentencias; de que el resto del estado español está en deuda conmigo en virtud de no importa qué agravios históricos; de que si fuésemos independientes ataríamos los perros con longanizas; de que es bueno para mí que me impongan en qué idioma he de expresarme o ver las películas o educar a mis hijos, sin posibilidad de elección; de que tengo derecho, por no decir obligación, a manifestarme perpetuamente ofendido, humillado e incomprendido. De que formo con mis compatriotas, en definitiva, una auténtica unidad de destino en lo universal, que decía aquél.
Decididamente, ser catalán es agradable. Caro, pero agradable. Si uno aprende a no preguntarse cosas, resulta realmente cómodo.
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07.07.10 @ 16:02:46. Archivado en La vida misma
Uno: ¿alguien ha tenido acceso a la sentencia íntegra del Tribunal Constitucional? Que yo sepa, no.
Dos: sin tener conocimiento de su contenido real, ¿ya se ha convocado una manifestación preventiva en su contra?
Tres: ¿esa manifestación la convoca o secunda una autoridad del Estado (el presidente de la Generalitat) contra otra autoridad del Estado (el Tribunal Constitucional)?
Cuatro: ¿oí ayer a Bibiana Aído proclamar que es inaudita la rebeldía de algunas autonomías contra la ley del aborto, mientras otra autonomía que su propio partido preside se rebela contra la sentencia del Constitucional?
Cinco: los catalanes (ya saben que siempre vamos en un solo pack, "los catalanes quieren", "Catalunya demanda", etc.) se van (o nos vamos, que no sé yo si será obligatorio) a manifestar de forma unitaria contra algo que aún no hemos leído, y tan unitaria será la manifestación que ni siquiera son (¿somos?) capaces de acordar si la abrirá una pancarta o una bandera.
Seis: "som una nació". Vale, ¿le importaría a alguien definirme qué es una nación, y así podré saber si estoy de acuerdo? Gracias.
Séptimo: se emite por televisión un spot animando a manifestarse. ¿Quién lo paga?
En fin, que si alguien tiene a bien informarme se lo agradecería mucho, de verdad.
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20.06.10 @ 17:53:04. Archivado en La vida misma
Sí, claro, también es la economía y por supuesto la política. Pero la seguridad jurídica es esencial en la lucha por conservar o recuperar la credibilidad de un gobierno y de un país.
Era Spengler quien decía aquello de que al final, la supervivencia de la civilización depende de un pelotón de soldados. Y fue algún periodista quien, describiendo gráficamente la imagen de una hilera de casacas rojas resistiendo el embate de la caballería en la Guerra de Crimea, acuñó la famosa expresión “la delgada línea roja”, que luego se ha usado metafóricamente para identificar una vez más la frágil pero clara división entre la civilización y la barbarie.
Pero hace unos meses leí a alguien, y lamento mucho no recordar a quién, que en realidad lo que define la existencia de un verdadero estado (y para mí sin eso no se puede hablar de civilización) es la existencia de una estructura jurídica que se sustenta básicamente en un cuerpo de notarios y registradores civiles, mercantiles y de la propiedad. Total, que lo conveniente será que al pelotón de soldados le siga otro, mucho menos aguerrido y espectacular, pero igualmente eficaz e implacable, de sesudos fedatarios públicos que consoliden el terreno ganado y lo hagan tentador a ojos de quienes pretendan establecer en él su existencia, sea personal o empresarial.
Esto viene a cuento de que una de las lacras que más tardaremos en sacudirnos de las muchas que nos va a dejar esta era zapaterina que padecemos, y por extensión del mandato de la izquierda, es la pérdida del sagrado concepto de la seguridad jurídica, desgracia que es en muy buena medida la que justifica la falta de credibilidad de España frente a estados extranjeros e inversores.
Se empieza por enterrar a Montesquieu en plan perdonavidas de taberna (hazaña muy anterior al zapaterismo); se continúa alterando resoluciones legales en el trayecto que va de La Moncloa a la sede del BOE; se pasa a modificar vía fe de erratas textos legales ya publicados; se dictan normas al galope tendido para evitar que una empresa extranjera se adjudique la propiedad de una entidad española que ya habíamos decidido entregar a unos amiguetes; se procede a abroncar públicamente a la presidenta del Constitucional en plena tribuna de un desfile militar; y se acaba poniendo, quitando, sugiriendo, manteniendo, recusando o linchando mediáticamente a magistrados para que fallen a favor, en contra, o simplemente demoren ad calendas graecas una determinada sentencia, todo ello previa la insensata aceptación del principio por el cual una ley tan importante, por ejemplo, como el estatuto de Cataluña, puede estarse aplicando tranquilamente durante cuatro años mientras pesan sobre ella serias dudas de inconstitucionalidad.
Pero miren, todo eso, con ser terrible, a fin de cuentas al común de los mortales le pasa bastante desapercibido, salvo que estén francamente interesados en la política. Lo grave es que ese absoluto desprecio por la seguridad jurídica, esa concepción de las leyes como un instrumento más de la lucha partidaria, que no tiene más objetivo que mantenerse en el poder, lleva a generar monstruitos como la reforma laboral que han alumbrado los montes esta semana. Después de leerla un par de veces, lo primero que uno constata es que se dedican más de seis páginas a la exposición de motivos, que además viene plagada de excusas no pedidas, de justificaciones innecesarias y de explicaciones rocambolescas que en su conjunto dicen muy poco a favor de la real voluntad reformadora del redactor. De entrada, y únicamente en la primera página, hasta tres veces, tres, se dice que la crisis es general y tiene un origen internacional. Vamos, que el gobierno pasaba por ahí y se encontró el marrón.
Luego, claro está, se acaricia el lomo una y otra vez a los sindicatos, no sea que se irriten, y se les reconoce poco menos que como benefactores imprescindibles de la humanidad y garantes absolutos del progreso social.
Miren, si algo demanda el mercado laboral, y el otro, es seguridad jurídica, que no es más que el derecho a saber a qué atenerse en cuanto a las normas legales y a sus consecuencias judiciales. Pues de eso nada, olvídenlo: si hoy me preguntase un cliente si se lanza a ejecutar un despido ahora con más garantías que antes, no sabría que decirle. Y lo que es peor, tampoco si me pregunta si mejor ahora que dentro de seis meses, porque la condenada reforma se tramitará paralelamente como proyecto de ley, con lo cual puede ser reformada, en cuyo caso resultaría que este real decreto tendría una vida de apenas unos mesecillos. O sea, que en el tiempo en que se ve en los tribunales un despido podrían llegar a superponerse tres legislaciones diferentes: la anterior al 18 de junio, la posterior a ese día, y la que apruebe finalmente el Parlamento. ¿No es fantástico?
Esta es sin duda la mejor manera de crear empleo, de atraer inversión y de recuperar credibilidad internacional. Añádanle el hecho de que para muchas cuestiones el hipotético y desdichado inversor tendrá que habérselas con diecisiete legislaciones diferentes sobre el mismo tema para el mismo territorio nacional, y convendrán conmigo en que generar riqueza en España resulta de lo más motivador.
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16.06.10 @ 17:31:49. Archivado en La vida misma
Todos hemos conocido a la típica parejita que ha comprado un casoplón en buenas condiciones económicas, lo exhibe a las visitas mediante fastuosas barbacoas junto a la piscina y la pista de paddle, se machaca en el gimnasio que hay junto al garaje de cinco plazas e invita a los amigotes a jugar al billar en la bodeguilla. Hasta que un día de pronto la casa se pone en venta. ¿Qué ha pasado, si tan barata la habíais comprado? Pues que entre el jardinero, el limpiapiscinas, el suministro de gasóleo en invierno para calentar las nueve habitaciones, el vehículo para cada miembro de la familia porque hasta el quiosco queda a tres kilómetros, los sistemas de seguridad porque proliferan los cacos, la pintura de las fachadas a cuatro vientos, la reparación de los tejados de pizarra y demás zarandajas, los gastos fijos mensuales superaban en mucho a la cuota de la hipoteca. La parejita simplemente se había metido en un gasto insostenible, muy superior a sus posibilidades.
En ésas estamos como país. En plena euforia de la transición, y con el doble objetivo de contentar a los nacionalistas por un lado, y por otro para diluir su tan cacareado hecho diferencial en un mar de café para todos, nos dotamos de una estructura absolutamente insostenible para una nación como la nuestra. La elefantiasis de nuestra administración pública y sobre todo de nuestra clase política (es un decir: admito que hablar de “clase” refiriéndose a nuestros políticos o viendo a Pajín bostezar en su escaño es ser muy optimista) superan todo lo razonable.
Me perdonarán ahora los murcianos, riojanos, cántabros, asturianos, navarros y otras comunidades autónomas uniprovinciales, pero voy a ejemplificarlo en ellos. Cada una de estas comunidades tiene su parlamentito, y sus diputaditos, y su gobiernito. Y todos ellos no precisamente con presupuestitos, sino más bien con presupuestazos. Pero vamos a ver, con el corazón en la mano, ¿en qué ha mejorado la calidad de vida de un murciano por el hecho de tener un parlamento y un gobierno propios? ¿Realmente la calidad democrática de la vida riojana ha crecido muchos enteros por el hecho de tener sus propios diputados autonómicos?
Yendo más allá, ¿qué ha ganado el conjunto de España con el hecho de que de pronto en el Congreso no haya representantes de los españoles, sino de los vascos, los catalanes, los asturianos y los baleares? ¿Quién se ocupa de los intereses generales de España? ¿Existe de hecho un interés general de España que no tope con el interés particular de un gobierno autonómico que habitualmente no tendrá más razón de ser que justificar su propia existencia y garantizar su pervivencia?
¿Se ha ganado agilidad, se ha mejorado en eficacia? Más bien al contrario: cada reyezuelo autonómico se preocupa de defender “su” AVE, “su” plan hidrológico y “sus” ríos, o de rechazar que en “su” territorio puedan establecerse infraestructuras tan políticamente incorrectas como un cementerio nuclear, una central térmica o una prisión. Eso sí, un aeropuerto en Ciudad Real o en Lérida (cielos, perdón: Lleida) siempre resulta muy útil.
¿Qué ventaja reporta al conjunto de los españoles que cada comunidad legisle de forma diferenciada, aunque sea en los matices, sobre cualquier tema? ¿Cómo es posible, aunque solo sea por mero cálculo de probabilidades, que nunca, jamás, una comunidad autónoma se limite a remitirse a la legislación estatal en lugar de dictar su propia normativa sobre lo que sea. ¿Hay alguna ventaja en ello para la sociedad?
Creo que era Sosa Wagner quien en un artículo en El Mundo, hace meses, alertaba de la falta de soberanía real del estado español, y ponía el ejemplo de que hoy por hoy el Estado no podría por ejemplo decidir la ubicación de una central energética ni el trazado de una infraestructura sin contar con la aprobación de comunidades autónomas, diputaciones provinciales, consejos comarcales y ayuntamientos. Conclusión: el estado español ya no existe de facto. Lo hemos sustituido por una pléyade de “nacioncillas rabiosas” (copyright Vidal Quadras) con un horizonte limitado en el mejor de los casos a unos cientos de kilómetros. Gran avance, sí señor.
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15.06.10 @ 19:57:25. Archivado en La vida misma
Zapatero ya solo está luchando por salvar el último puesto de trabajo, el único que realmente le importa: el suyo. Tanta impostación, tanto envolverse de pronto en la bandera del servicio a la patria arrostrando para ello cualquier desgaste personal no tiene en realidad más objetivo que ése: permanecer en el poder a cualquier precio. Que hay que renunciar a las propias creencias, se renuncia. Que hay que mentir descaradamente, se miente. Que hay que dejar en ridículo día sí, día también, a los colaboradores, aunque tengan rango de ministros o vicepresidentes, se hace. Que hay que engañar, con horas de diferencia apenas, a tirios y a troyanos, pues se les engaña.
No hay más: es la lucha por la supervivencia, por mantenerse en el sillón a cualquier coste. Cualquier persona íntegra, y más alguien que tanto ha pregonado la fidelidad a unos principios e ideales, cuando se ve obligado a aplicar todo lo contrario a aquello que decía defender, se va a su casa con la cabeza bien alta dejando que sean otros quienes se ensucien las manos con tan despreciables formas de gobierno. Cualquier persona decente dejaría a salvo a menos su ética personal. Pero para eso hay que tenerla, la ética.
Primero fue la guerra. No a la guerra, Aznar asesino, y ahora estamos más implicados que nunca en el conflicto de Afganistán y la guerra contra el terrorismo internacional, aportando mucho más esfuerzo bélico del que probablemente nuestro potencial real nos permite.
Luego fue el estatuto de Cataluña y su “apoyaré todo lo que salga del parlament”, para luego en encuentros privados traicionar a unos y a otros y confiar en que el Constitucional resuelva la papeleta, aunque la institución perezca en el intento, para así luego poder echar la culpa a “la derecha”.
Antes o después, no lo sé, estuvo la negociación con los asesinos, y sus proclamas de inflexibilidad mientras bajo la mesa se intercambiaban cromos en forma de propuestas inmorales.
Tampoco hay obstáculo para proclamarse radicalmente laicista y acudir a un desayuno de oración en la América profunda o ir a visitar al Papa.
Ahora le toca a la economía: jamás mientras estemos en el poder se recortarán los derechos sociales, hasta que toca recortarlos, claro está, y en ese momento se hace, sin pestañear.
Este hombre no puede seguir siendo presidente. No por mucho rectificar uno es más sabio. La reiteración en la rectificación lo único que constata es la contumacia en la equivocación, es la ignorancia supina, es la imprudencia suprema, es la incompetencia máxima. Quien constantemente ha de rectificar es porque constantemente se equivoca.
Se lo diré con un ejemplo brutal: no basta con condenar la violencia tras años de asesinar inocentes, sino que hay que pagar por los crímenes cometidos. El arrepentimiento atenúa la condena, pero no exime de ella. Pues lo mismo: no basta con renegar de todos los principios que se han revelado errados, sino que hay que pagar además por ello. Y el precio es la dimisión.
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