Todo por la Patria
31.07.09 @ 09:20:47. Archivado en La vida misma
Una vez más, y pasan largamente las doscientas, una pareja de guardias civiles ha hecho triste realidad el lema que figura sobre las puertas de sus cuarteles. No cabe dar más que la propia vida. Lo lamentable del caso es que, como siempre, la realidad no es exactamente ésa: no lo han dado todo, sino que todo les ha sido arrebatado de forma cobarde y brutal. Exactamente de la misma manera en que apenas 30 horas antes se había intentado arrancarles a otros compañeros no ya sus propias vidas, sino la existencia de sus familias.
No me consuela el intento de ennoblecer con el argumento del sacrificio y la entrega lo que no es más que un salvaje asesinato, y la tentativa de otro aún mayor. Ningún miembro de la Guardia Civil merece perder su vida de esta manera. Su heroísmo y capacidad de sacrificio están sobradamente demostrados, pero una cosa es que en situaciones extremas puedan verse en la circunstancia de dar su vida por salvar la de sus semejantes, y sin dudarlo lo hagan, y otra muy diferente es que sean cazados como conejos en un reguero interminable de sangre inútil, de destrucción vana y de dolor indescriptible.
Todos sabemos que el terrorismo nacionalista y de izquierdas que constituye ETA no conseguirá nunca vencer al Estado. Las fuerzas son demasiado desproporcionadas, y desde ese punto de vista es absurdo reiterar una y otra vez que “ETA no ganará”. Ya lo sabemos. Pero eso es así siempre que consideremos que ETA aspira a una victoria digamos militar sobre la democracia española. Ahí está el error. ETA sabe perfectamente que no puede ganar esa guerra, y por eso se ha marcado otras metas en las que sí puede vencer de manera imperceptible para el grueso de la población, que sigue pensando que esto es una especie de partida de ajedrez en la que si ETA consigue matar al rey, por ejemplo, habrá ganado el envite.
La victoria de ETA es la negociación. Cada vez que alguien se sienta a hablar de algo con ETA, de lo que sea, ETA gana. Cada vez que se negocia con ETA o con su entorno, ETA gana. Sea de concesiones políticas, sea de beneficios penitenciarios, cuando se habla con ellos ETA gana. Si me apuran, y esto puede escandalizar, cada vez que se negocia con otras facciones nacionalistas no violentas sobre transferencias o competencias, y se hace con la presión de algún cadáver sobre la mesa, ETA gana. Por muy legítimas y legales que sean las cuestiones de que se trate: si el diálogo está mediatizado por la violencia, ETA se apunta otra victoria. Cada vez que a la condena de la violencia se le añade la coletilla de “venga de donde venga”, ETA ha marcado otro gol. Cada vez que por “prudencia” se cambia el trazado de una obra pública condenada por ETA, los terroristas ganan otro asalto.
ETA no quiere ganar la guerra: ETA quiere sentarse a negociar, una y otra vez, porque siempre que se negocia es para obtener algo. Ellos nunca ceden en nada: matan y matan y matan. Desde el otro lado de la mesa se negocia, se dialoga, se amnistía, se indulta. Y siempre para nada, para que ETA vuelva a casa más convencida de que, en efecto, su próxima batalla será forzar una nueva mesa de negociación. A veces sin participar siquiera ella misma directamente: los sucesivos planes de los lendakaris nacionalistas, supuestamente destinados a conseguir la normalidad, la convivencia, la paz (por usar sus términos rimbombantes) no son sino nuevos planteamientos de negociación para que siempre cedan los mismos. Miremos atrás y veamos cuánto terreno hemos cedido, y a cambio de qué. La mano izquierda golpea y la derecha invita al diálogo. Una historia demasiado vieja y demasiado evidente, aunque quizá por ello parece que nadie la quiere ver.
Antonio Jaumandreu
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