Sostenibilidad
15.01.09 @ 23:21:33. Archivado en La vida misma
Es la palabra de moda, es el nuevo mantra de la progresía, de los rojos verdosos y de los verdes rojizos, de los ecologistas a la remanguillé y de los neocomunistas, y por supuesto de los socialistas, que se adhieren con fervor a todo aquello tras lo que intuyen que puede ocultarse un alijo de votos. Tráfico sostenible, turismo sostenible, industria sostenible, comercio sostenible, energía sostenible. Pronto hablaremos de amor sostenible, y si no al tiempo.
Catañufla, ese experimento social que ha convertido en redil de borregos a la antes llamada Cataluña, que antaño fuera una de las regiones más modernas y activas de España, es ahora el paraíso de la sostenibilidad. Todo aquí ha de ser sostenible, hasta los abetos de Navidad, que por supuesto no son abetos ni conmemoran la Navidad, y se iluminan a pedales.
En una demostración de que quien manda, manda, el gobierno catalán, ése que según el nuevo estatuto tiene competencias exclusivas sobre el ocio de los catalanes, ha decidido implantar un sistema de señalización variable de la velocidad en las autopistas de acceso a Barcelona. Uno, en su ingenuidad, esperaba que tras un año de circular a 80 por autopistas de cuatro carriles, incluso cuando van vacías, la limitación variable de la velocidad consistiese en ampliar el límite en esas horas “valle”. Qué tontería, esto es Catañufla, no lo olvidemos, y los catalanes estamos en pleno proceso de ser reeducados como disciplinados y sumisos catañuflos. No, qué va: la novedad consiste en que el límite de velocidad puede verse reducido, tachán, tachán, ¡a 40 kilómetros por hora en esas autopistas fastuosas!
Todo, claro está, en aras de la sostenibilidad y por el bien del ciudadano. Menos contaminación, menos accidentes, menos qué sé yo. Hombre, no deja de ser cierto: si queremos reducir la mortalidad a cero bastaría con poner el límite de velocidad a 10 por hora. O incluso, como aún así podría quedar algún imbécil que se hiciese pupa, prohibir directamente el uso del automóvil, ese pernicioso invento capitalista.
De todos modos, me encantaría conocer las estadísticas reales de siniestralidad, pero no las generales, sino las correspondientes precisamente a esas zonas de limitación de la velocidad a la de un caballo. Transito diariamente la autopista de Mataró en sus 10 o 12 kilómetros de velocidad limitada. Hace años que no sé de un accidente mortal, ni siquiera grave, en esa pista. Golpes por alcance, muchos. Pero me juego lo que quieran a que en materia de mortalidad, en las zonas afectadas por el experimento, no se ha conseguido nada, porque no hacía falta.
Y lo de la contaminación, ah amigos, eso es otro cantar que me fascina. No soy científico, pero desde mi incultura oceánica me planteo lo siguiente: si hago un trayecto de 15 kilómetros a 120 por hora, tardo 7,5 minutos. Si lo hago a 80, tardaré 11,25 minutos. Invertiré por lo tanto un 50 % más de tiempo en el mismo recorrido. Lo que es lo mismo, mi coche estará contaminando durante un 50 % más de tiempo que de la otra manera. Para equilibrar eso sería preciso que el vehículo emitiese un 50 % menos de partículas. ¿Realmente es así? Sin contar, claro, que uno circula con marchas más largas a 120 que a 80, y por supuesto que a 40. En fin, si hay algún ingeniero en la sala, que tenga la amabilidad de aclararlo.
En Catañufla, admitámoslo, lo único verdaderamente insostenible es el gobierno y, en general, la casta política. Muy en particular el feudo postcomunista y ecologista del conseller Saura. Sí, es este señor, consejero de Interior, que se manifestó el otro día contra Israel y a cuya vera apareció un encapuchado esgrimiendo una pistola. Al buenazo de Saura no se le ha ocurrido más que decir que era de atrezzo, parte de una escenificación. Digo yo: ¿puedo pasearme por la calle encapuchado y con una pistola de mentirijillas en la mano si alego que estoy escenificando algo? Digo más: ¿debe el consejero de Interior participar en una escenificación que apologiza la violencia sin siquiera criticarla o desmarcarse de ella? Sí, claro: esto es Catañufla, un país sostenible.
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Antonio Jaumandreu
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