Telón
14.12.07 @ 11:55:35. Archivado en política
Lamento comunicar a los escasos, pero fieles e inteligentes lectores de este blog, que este artículo es el telón que cae sobre el escenario al finalizar la obra. Si lo prefieren, "the final curtain", según la primera frase de My Way, una de las mejores canciones de todos los tiempos, especialmente en la versión de Sinatra (¿es que hay otra...?).

Me he cansado. Estoy aburrido, asqueado, agotado, desmoralizado, decepcionado, y añadan ustedes todos los sinónimos y afines que encuentren en su vocabulario. Cansado de la política española, muy en particular de la catalana, un infame mercado en el que lo único que brilla, pero por su ausencia, es la falta absoluta de principios. Todo está en venta, todo es negociable, es el reino del relativismo moral más despótico. Un espeso manto cenagoso, pegajoso y asfixiante, legamoso diría una buena amiga, que se cierne sobre los individuos que aún desean serlo y no pasar a ser miembros aborregados de la colectividad manipulable. Parafraseando al anuncio que últimamente triunfa en la televisión, vivimos con la permanente sintonía del “esto no se toca, en el salón no se juega, en el sofá no se come...”, a la que sólo le falta ser emitida día y noche por altavoces colocados en cada esquina.
Creo que no exagero si digo que padecemos la clase política más lamentable que pueda imaginarse. Gentes que en cualquier país del entorno en el que se supone que debería moverse España no serían aceptados ni siquiera para desempeñar puestos de tercera fila. Nunca la gobernación del Estado y de sus Comunidades Autónomas había estado, salvo honrosas y escasísimas excepciones, en tan malas manos. La política es una auténtica pelea de perros que acaba contaminando todo lo que encuentra a su alrededor, y buena muestra de ello son los medios de comunicación, enzarzados en riñas barriobajeras capaces de erizar el vello de las personas sensibles.
Nada tiene valor: la vida o la muerte son ya cuestiones relativas. Se puede negociar con asesinos, si con ello se asegura la permanencia en el poder de una determinada pandilla de indocumentados. Se puede manifestar comprensión por siniestros mengeles de bolsillo que trituran fetos de ocho meses, porque en definitiva están en el bando de los abortistas y eso los sitúa automáticamente frente al conservadurismo, con lo cual sus crímenes merecen una cierta solidaridad. Todo vale. Y si eso sucede con la vida y la muerte, qué no pasará con conceptos más lejanos a la preocupación cotidiana del súbdito, como la nación, la igualdad o la verdadera libertad.
La lógica y el sentido común han perdido su lugar en este país. Palabras como dignidad, imparcialidad, sensatez, honor, objetividad, principios o valores han quedado arrumbadas en el baúl de los recuerdos, y además sin el menor atisbo de nostalgia para la mayoría de los ciudadanos españoles: son reliquias de otro tiempo, sin ningún valor en el mercadeo actual en que los votos se compran y se venden presupuesto en mano, y los ministros del gobierno de España se mantienen en su cargo más allá de los límites de la más flagrante incompetencia porque aquí solo rige el “y tú más”.
Estamos gobernados por un personaje siniestro, esquivo, turbio y peligroso. Peligroso por su insensatez y por su ambición desmedida, combinación explosiva donde las haya, y por su total carencia de escrúpulos a la hora de alcanzar sus designios, muestra viviente como nunca antes la hemos tenido del que gobierna no sólo para los suyos, sino en contra de quienes no lo son. Y tenemos enfrente a un supuesto líder incapaz de darle un vuelco a la situación, que camina con paso desconcertado hacia lo que promete ser una debacle, mientras a su alrededor sus propios compañeros esperan el desastre para postularse. Y entre tanto la nación se escurre por un sumidero que con cuatro años más de gobierno zapaterino puede alcanzar dimensiones de auténtico agujero negro que engulla la materia y la antimateria. Triunfarán las “nacioncillas rabiosas” que bautizó uno de los pocos políticos cuerdos que quedan en el páramo, igual que triunfan los hombrecillos rabiosos en la vida cotidiana: en la calle, en la carretera, en las tiendas y en los bares, en la prensa y en la televisión. Todo está a favor de quien más chilla, empuja y gesticula, y en contra de quien razona, argumenta y respeta. Todo son derechos, y ya no hay obligaciones. Todo son reclamaciones, pero ninguna responsabilidad. El poder difuso de las administraciones es cada vez más aplastante, porque ya se realiza al margen de la seguridad jurídica que antes protegía al ciudadano. Las administraciones simplemente incumplen de manera sistemática las leyes y las sentencias judiciales que no les convienen, y no pasa nada: en última instancia, paga el ciudadano. Pueden interferir impunemente en vidas y haciendas, y hasta en conciencias y lenguas, y lograr que en una parte de España uno no pueda estudiar en español, cumbre del sin sentido, o que un señor de Córdoba se empeñe en farfullar en un idioma que no es el suyo para hacerse perdonar su origen y así conseguir lo único importante, el poder.
Los túneles se hunden, los trenes no llegan los aeropuertos se colapsan, los hospitales se incendian, la ciudad queda sin luz, y la consecuencia es que queremos la independencia. Los que simplemente queremos la eficiencia somos unos crispadores profesionales, sólo equiparables a los que osan exhibir la bandera española o defender la Constitución, indefendible por otra parte a la vista de sus resultados. El dinero público se va en campañas publicitarias, y a través de las comunidades históricas (valiente filfa) en formar el espíritu nacional: televisiones y radios propias y tendenciosas, policía propia, política lingüística, selecciones deportivas propias, pseudoembajadas,... Miles de millones en la construcción nacional, mientras las infraestructuras se derrumban y los niños fracasan estrepitosamente en sus estudios aunque, magnífico consuelo, lo hacen en catalán. Y el ciudadano decide permitir que todo siga igual quedándose en casa a la hora de votar, y otorgando así carta blanca para que la casta dominante, integrada única y exclusivamente por nacionalistas, frente a la realidad social mucho más plural, se perpetúe en el poder.
No pasa nada. No pasará nada. No hay que esperar nada más que el desastre final, del que con seguridad, como de todas las guerras, surgirá un mundo nuevo que, sin embargo, no cabe esperar que sea mejor. Estamos derribando la sólida casa de nuestros ancestros, nuestra cultura, nuestros principios, para llenar el terreno resultante con un poblado de chabolas donde sólo rija el principio de que quien no llora no mama, y de que para mamar más hay que llorar más alto que el vecino. A última hora, la magnánima ubre del Estado acaba alimentando a quienes más protestan, en especial si para ello recurren a la violencia y la amenaza.
La justicia, que quienes nos dedicamos al derecho siempre considerábamos el último reducto de los hombres justos, el recinto mágico donde al final acababan devolviendo las cosas a su cauce, ya ha sido invadido y devastado por el virus de la política, y mientras los jueces ya salen de la oposición con la etiqueta de su adscripción política cosida a la toga, los periodistas se empeñan en considerarlos buenos o malos en función exclusiva de que sus fallos sean favorables o contrarios a las posturas que defienden ante sus micrófonos o en sus editoriales. Paradigma de esa valoración tan objetiva es lo sucedido recientemente, por ejemplo, con la acusación popular: es una figura jurídica ejemplar si nos permite empapelar a nuestros enemigos, pero abusiva cuando alcanza a los amigos. Vamos, que igual sirve para arremeter contra los del bórico, como para sentar en el banquillo al presidente de la AVT. ¿Es la institución el problema, o una vez más su uso partidario?
Y todo ello sin que sea de aplicación siquiera el consolador adagio del Cantar del Mío Cid: “Dios, qué buen vasallo, si hubiera buen señor”. No, buena parte de la ciudadanía española ya no merece ni esa especie de absolución última: es lamentable, y me duele especialmente decirlo, pero toda esa casta dominante que se extiende a políticos, intelectuales y comunicadores es ya un fiel reflejo de la mayoría social imperante, y eso es lo que hace la situación desesperada. España es Marte, y las Crónicas Marcianas de Sardà constituyen la mejor radiografía de la esencia mayoritaria de su ciudadanía.
Me he cansado de predicar en el desierto. Y no me refiero a la escasez de lectores, cosa que ni me preocupa ni me sorprende. De hecho, sí me ha gratificado enormemente la calidad humana de los que me han honrado con sus mensajes y con su fidelidad. Tampoco quiero decir que me considere mejor que nadie, ni ofendido porque mis opiniones, tan válidas o absurdas como otras cualesquiera, no lleven a ninguna parte. Es un hartazgo generado por la evidencia que se obtiene hablando con la gente, escuchando comentarios en televisión, o en la cafetería. Ya nada escandaliza, ya nada subleva, ya nada sirve para que la gente deje de serlo para dar un puñetazo en la mesa y convertirse en ciudadanos individuales, única calidad respetable y digna frente a la masa. Nada parece desgastar al poder, siempre que éste aparezca cubierto de la preceptiva pátina de progresismo. Se puede defender alternativamente lo blanco y lo negro, y si se cuenta con los medios de comunicación a favor nada de ello pasará factura, la contradicción y la inconstancia serán vistas como pragmatismo y “cintura política”.
Me exilio. De momento, a mi propio interior, al menos en lo que a la política se refiere. Me he hecho el firme propósito de no escribir más sobre estos temas, de no escuchar más tertulias políticas ni leer más artículos de opinión que los que me atraigan por su calidad literaria. Ni un minuto más de mi tiempo dedicado a la gran impostura. Tal vez más adelante venga otro tipo de exilio menos introspectivo y más real, pero ésa es otra cuestión. No me voy a privar de recomendar una serie de blogs: visiten inexcusablemente al amigo que escribe con germánica lucidez, aunque sea asturleonés, en “Desde el exilio”; al luchador suevo que gobierna “Lugo liberal” en medio de las galernas del incipiente nacionalismo gallego; al renacentista Granados, que se explaya en el relajante y magnífico “Y sin embargo se mueve”, y que además escribe formidables novelas históricas; a la luchadora Anghara que defiende con el más noble empeño y ejemplar abnegación la causa de la libertad desde “Es la libertad de expresión, idiotas”; a Angel, Frid y sus amigos que están poniendo en órbita con esfuerzo y éxito “Aragón Liberal”, cuyo título lo dice todo y no engaña; a Inmaculada Sánchez Ramos, que cuando tiene un hueco en sus mil obligaciones cotidianas nos deja pensativos con sus reflexiones “Desde la libertad”. A todos ellos los tienen en Foro Liberal, que es donde yo nací, y en donde se alojan y refugian otros muchos miembros de la resistencia, o de la disidencia si prefieren.
Sí, decididamente me gusta el término disidencia aplicado a nuestra postura. Ya no estamos ni en la oposición, sino directamente en la disidencia, en la resistencia discrepante al Régimen que las mayorías gobernantes nos están imponiendo con ánimo totalitario de impedir la alternativa normal en cualquier país plenamente democrático. España ya se divide en marcianos y disidentes.
A todos, muchas gracias. Si la inspiración me sorprende en alguna esquina traicionera quizá les describa una puesta de sol recortándose contra la silueta de la Ciudad Condal que se divisa en el horizonte desde mi ventana, o el placer de una exposición, o la anécdota banal, pero siendo sinceros hay que admitir que uno es más redactor que escritor, así que es poco probable.
Señoras, señores: gracias y hasta siempre.
Comentarios:
Ay que se nos van los buenos ¡¡¡
Encontraré a faltar tu humor ácido , sarcástico..peero sobre todo correctísimo.
Comprendo que estamos en mala racha, pero.... sin tus artículos
entraremos en la tercera fase
Un saludo
Se que volverás ...tienes un gusanilo muy inquieto
Descansa ,,,túmbate al sol
Saludos desde Sevilla
por el exilio exterior, si la situacion politica y social en España sigue deteriorandose al ritmo tan vertiginoso.
Solamente me queda elegir la fecha del cambio de pais.
La degradacion de España como Nacion-Estado con el regimen democratico es un espectaculo terrorifico pero tambien resulta fascinante observar como una sociedad decide a cometer un suicidio colectivo.
Quiero darle las gracias por todos los articulos tan brillantes, publicados en su blog y desearle a Ud y a mi mismo
que estemos equivocados en nuestros prognosticos tan pesimistas.
Le deseo tambien mucha felicidad personal y aprovechando la epoca en que estamos, muy felices fiestas de Navidad y muy prospero Año Nuevo.
Le aseguro que voy a echar de menos
sus articulos y solo me queda un poco de la esperanza que algun dia pueda disfrutar de nuevo de sus magnificos articulos.
Un cordial saludo
Siento muchissimo leer su articulo (genial) de despedida de este blog
que durante mucho tiempo ha sido uno de mis favoritos.
Utiliza Ud un termino terrible y a la vez muy acertado en su articulo: el exilio interior.
El mismo termino ha sido utilizado y aplicado con frecuencia por los escritores, los periodista, los actores
y tambien la gente de otras profesiones
en las dictaduras comunistas.
Mucha gente que ya no podia soportar la opresion de la dictadura, optaba precisamente por el exilio interior, desconectandose de la realidad politica y social que les rodeaba.
Jamas pude imaginar que iba a oir este termino en España, un pais que contruyo con tanto esfuerzo su democracia.
Si una persona tan lucida como Ud opta por el exilio interior, esto significa que la situacion ha llegado a los limites muy peligrosos.
Personalmente, estoy decidido optar por el exilio exterior, si la situacion sigue deterio...
Entiendo tus razones, que a todos nos resultan cercanas, ¿a qué negarlo?, al contrario que mis compadres te diré que deposito una enorme esperanza en tu exilio, la gente de raza a menudo se retira un instante, sólo para tomar carrerilla y yo se que nos vas a sorprender, es más estoy seguro, no eres quien para dilapidar talento, un bien escaso, amigo mío. Puede que te apetezca hacer otras cosas, todo lo harás bien. En todo caso, se te quiere y ahí seguiremos, a tu lado.
¡Amigo mío!
Sigo siendo tan negada, que me dice que mi comentario no se puede mandar ¿qué habré hecho?. Amigo mío riámonos un poco
Lo más triste, curioso y cruel del caso, es que no se vislumbra un culpable, sino que todo pertenece a un sistema culpable, manejado por "culpablillos" poderosos, que son siempre los mismos.
Puedes descansar, o continuar dando "leña". Lo primero amarga, pero lo segundo puede proporcionarte problemas.
Elijas lo que elijas, creo que acertarás.
Ser francotirador de la razón, de la cordura, y de la solidaridad, agota mucho. ¿Se te ha ocurrido analizar Andalucía?. Depresivo, vamos.
Ahora bien, VOLVERÁ, sí, sí, claro que sí, tan insigne creatividad no podrá ni deberá quedarse para unos poquitos.
Gracias por todo, Sr. Jaumandreu, descanse, tómese sus vacaciones, desconecte. Efectivamente es necesario y tremendamente beneficioso, pero una cosa es el cansancio y otra el desánimo y contra este último habrá que luchar.
Ahora relájese pero......
¡¡HASTA PRONTO!!!
GRACIAS POR SUS CREACIONES.
Pero mucho.
Eso sí, ya sabes dónde estoy para cualquier cosa.
Un abrazo,
Te despides y vuelves a dar en el clavo, clarividente y acicate: somos disidentes.
Un abrazo!
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Antonio Jaumandreu
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