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La Coruña, sin L y sin libertad

Permalink 13.11.09 @ 18:15:53. Archivado en La vida misma

Hoy tengo el placer de ceder este espacio a la Asociación Coruña Liberal, y más concretamente a su presidenta y querida amiga Pilar Pato:

La Coruña, sin L y sin Libertad,

Algunos creemos que la resignación ante la política llamada de normalización lingüística, es decir, basada en nuestra supuesta anormalidad, es un signo de deficiente salud cívica y democrática.

Por eso, con el apoyo de asociaciones vecinales, de comerciantes y cívicas en general, además de ciudadanos a título singular, hemos querido lanzar una inocente campaña publicitaria con el lema “La Coruña, con 'L' de Libertad”, para restituir el nombre histórico de la ciudad, sin perjuicio de la cooficialidad de su nombre actual. -Es sabido que los 'normalizadores' suprimieron un nombre oficial para sustituirlo por otro, en lugar de admitir la cooficialidad constitucional y estatutaria votada por los ciudadanos-.

Elegimos para la campaña los autobuses de La Coruña con el lema indicado, y una explicación breve, como, por ejemplo, “La Coruña TAMBIÉN es oficial”, alusiva a nuestra intención, que no es volver a cambiar un nombre por otro como hicieron los normalizadores compulsivos, sino el reconocimiento de la oficialidad de ambos, es decir, la cooficialidad -que es la norma general, atacada por esa enojosa excepción en la toponimia-.

Lo asombroso, aunque no tanto, viene cuando nos disponemos a contratar la campaña.

Después de una semana de intentos infructuosos, evasivas y dilaciones, acudimos a la sede de la empresa que gestiona el monopolio de la publicidad en los autobuses urbanos de La Coruña, IMPACTO MARKETING PROFESIONAL S.L., exclusivas publicitarias para averiguar qué tenía de malo nuestro dinero.

D. Manuel Fojo nos tenía preparado un discurso muy escueto: su empresa tiene por norma no trabajar el género político hasta las elecciones.

Le dijimos lo obvio: que nosotros no nos presentamos a las elecciones. Que nuestra campaña no era partidista, sino cívica. Que no pedimos el voto para nadie, sino que planteamos una reivindicació n ciudadana.

Todo fue en vano. Tropezamos con el muro de la sólida moral política de un funcionario obediente al monopolio municipal.

Ahora bien, el incidente es una cata reveladora de la calidad de nuestro subsuelo democrático, y nos descubre el lodazal sospechado, como, en general, con todo lo que se refiere al dogma de la normalización lingüística (no así respecto de otras iconoclasias gratas al poder, como la campaña por el ateísmo que se exhibió en los mismos autobuses hace unos meses)

Sabíamos del precedente del veto de una campaña por la libertad lingüística de la asociación por la Tolerancia en Cataluña, pero teníamos la esperanza de no haber alcanzado aquí la calma abyecta del oasis catalán.

Recientemente los pobres partidarios de la imposición lingüística en Galicia se comparaban con Rosa Parks, aquella valiente mujer negra que se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, desafiando las leyes racistas vigentes en Alabama hasta los años sesenta del siglo pasado. Sin incurrir en la desvergonzada hipérbole relativista de estos Kunta Kinte mimados por el poder, se comprenderá que nos sintamos un poco molestos porque los dueños del monopolio publicitario municipal no dejen subir a los autobuses urbanos de La Coruña a nuestra libertad de expresión, mientras que sí dejan a las de otros.

Atentamente

Pilar Pato Alonso, presidente de Coruña Liberal

Si bebes, no asesines

Permalink 10.11.09 @ 22:39:42. Archivado en La vida misma

Propone una subcomisión del Congreso que actuar bajo los efectos del alcohol o de las drogas sea considerado una circunstancia agravante en los casos de lo que ahora se llama violencia de género. Curiosamente, por aquellos azares de la legislación penal, incomprensibles para el común de los mortales, resulta que esa misma circunstancia es hoy por hoy atenuante en nuestro Código. Efectos del progresismo rampante que luego, cuando gobierna, la derecha no es capaz de desincrustar de la legislación. Se trata de incidir de forma totalmente desproporcionada en las garantías del delincuente, que según esa teoría penalista, al no ser responsable de sus actos por efectos de cualquier sustancia, no debe responder de ellos. Algo así como una enajenación mental transitoria, vamos.

En todo caso, reconocerán que cada una de las posibilidades, aisladamente considerada, ya resulta absurda: ¿por qué el hecho de haberse atiborrado de whisky antes de matar a alguien ha de revertir en beneficio del asesino reduciendo su pena? O bien, ¿por qué la circunstancia de haberse puesto ciego de heroína ha de hacer más grave un asesinato?

Pero es que si juntamos ambas en un mismo ordenamiento jurídico el resultado ya es de traca: según en qué delitos, ir bebido o drogado puede ser circunstancia atenuante o agravante. Entremos sin rubor en el terreno de la simplificación y si me apuran de la demagogia, en la caricatura que sin embargo en este caso es terriblemente real: si el marido mata a la esposa bajo los efectos del alcohol verá su pena agravada. Si por el contrario es ella la que le mata a él bajo los mismos influjos, la ingesta alcohólica le servirá de atenuante. Sí, lo sé: no es nuevo. Es sólo una vuelta de tuerca más al disparate de castigar de forma diferente dos crímenes idénticos, en función de que víctima y asesino sean hombres o mujeres.

No voy a extenderme en el despropósito que supone, desde un punto de vista jurídico, semejante diferencia de trato para delitos idénticos. Antes y después de la vuelta de tuerca. Me interesa más elevarlo a la categoría: estamos en manos de unos gobernantes, de una clase política que ha decidido prescindir por completo de cualquier clase de principio estable en aras de la improvisación legislativa. Conceptos en otros tiempos sagrados como la seguridad jurídica o la igualdad han quedado arrumbados en el baúl de los recuerdos. La legislación ya no tiene límites ni referencias: cada gobierno puede decidir, en función de la alarma social, la presión de las encuestas, la ideología dominante o las urgencias electorales, que las leyes dejen de ser iguales para todos y que convivan en artículos contiguos disposiciones absolutamente contradictorias. El fin justifica los medios, si éstos vienen avalados por un número de votos suficiente.

Siempre he defendido que no es precisa una legislación penal específica para la violencia de género: un asesinato es un asesinato, lo cometa quien lo cometa y lo padezca quien lo padezca. Dado el carácter eminentemente pasional (por usar la terminología antigua) de estos casos, no creo que la superior dureza de la legislación arredre al marido violento. Hay que arbitrar, eso sí, muchos medios preventivos y de protección, policiales, de acogimiento, acelerar trámites, agilizar respuestas y garantizar alejamientos. Pero este tipo de chapuzas jurídicas sólo tienen un efecto práctico: que poco a poco vayamos abandonando el respeto por lo que eran principios sagrados del derecho penal, y admitiendo que absolutamente todo es disponible por el legislador de turno. Eso sí es realmente peligroso.

Dicen que la distancia es el olvido

Permalink 10.11.09 @ 22:37:23. Archivado en La vida misma

Me vino a la memoria esta frase del famoso bolero cuando leí que un analista político relacionaba la distancia a la que se instruyen los sumarios con la dureza de las medidas procesales preventivas que se adoptan. El tema era el siguiente: un juez de instrucción de Barcelona ve el caso Millet, con desviaciones millonarias de fondos y confesiones públicas del inculpado a toda plana en los principales diarios catalanes, y le deja en libertad con cargos, pero sin fianza. Por el contrario, un juez de la Audiencia Nacional instruye el llamado caso Pretoria, también con millones de euros en juego, y también en Barcelona, y ordena la prisión incondicional de varios de los implicados y su traslado a Madrid esposados.

Bien vista la comparación. De ella se infería toda una tesis sobre la conveniencia o no de la proximidad en la toma de decisiones, en este caso judiciales, pero también las políticas. La diferencia de trato es evidente. Sin descartar el “factor Garzón” (que me abstendré de describir aquí, no sea que el infatigable magistrado me procese), parece defendible una teoría que defienda que en un país pequeño como Cataluña, en el que todos nos conocemos, la posibilidad que tiene un juez de primera instancia para actuar de forma contundente contra uno de los “prohombres de la patria” es más limitada que la que disfruta un magistrado que se mueve a 600 kilómetros de distancia. De ahí a discutir sobre el objetivo último de las campañas políticas (y de las previsiones estatutarias) destinadas a conseguir un poder judicial catalán, y una última instancia catalana, va un paso. Un paso importante, y un debate interesante.

Interesante sobre todo porque puede extrapolarse a otras cuestiones. Antes, por ejemplo, se decía que a los inspectores de Hacienda se les enviaba siempre desde provincias lejanas, y que nunca se les permitía arraigar demasiado en un destino, para evitar así la creación de vínculos o amistades digamos peligrosas. La carne es débil, ya saben. Ya lo sé, es injusto suponer la venalidad de todo funcionario, y tratarlos como seres siempre susceptibles de cohecho. Pero es que a veces no es preciso llegar a la figura delictiva: basta la predisposición favorable, el conocimiento amistoso, la relación íntima, la proximidad vecinal.

Qué decir entonces de las áreas de urbanismo en las administraciones públicas. ¿Es sensato poner todo el énfasis en la proximidad como factor de decisión que permite un mejor conocimiento del terreno (nunca mejor dicho)? ¿O quizá sería mejor centralizar ese tipo de decisiones en un número más reducido de personas, más controlables por ser menos, y más fiables por hallarse a mayor distancia, geográfica y sentimental, del lugar en el que se adoptan las decisiones? Dicho de otra forma: la loable proximidad en la toma de decisiones ¿no se ve amenazada por el hecho de que en cualquier pequeña o no tan pequeña población el responsable último de recalificaciones y planificaciones urbanísticas sea ese vecino con tanto arraigo en la villa y tan conocido, con tantos familiares en la comarca y tantos compromisos?

La distancia como factor higiénico en la toma de decisiones políticas, administrativas o judiciales. Ya ven: el mundo al revés. De pronto, parece que todo lo que durante las últimas décadas se nos ha vendido no ya como bueno, sino como indiscutible (la proximidad en la toma de decisiones y la descentralización como elementos definitivos para justificar el creciente poder de las administraciones periféricas), se tambalea ante la evidencia de que esa proximidad puede coartar muy probablemente la libertad de quienes tiene que decidir. Nunca es tarde para replanteárselo todo. Absolutamente todo.

Eutanasia económica

Permalink 03.09.09 @ 17:21:05. Archivado en La vida misma

Fiel a sus principios, el gobierno socialista parece decidido, a juzgar por sus decisiones, a cooperar activamente en la eutanasia de la economía española.

Cada vez más, el consejo de ministros parece una unidad de cuidados paliativos, dedicada básicamente a suavizar la agonía económica de los ciudadanos hasta que el hecho biológico, en este caso la ruina absoluta, se los lleve definitivamente por delante.

Ni una sola de las medidas que se adoptan tiende a la reactivación de la actividad económica. Nada hay sobre la mesa del consejo que permita abrigar alguna esperanza a empresarios, autónomos y profesionales, clases medias en general que, si les dejasen, estarían deseando reactivar la economía contratando, invirtiendo, investigando y por supuesto ganando dinero, que para eso, aunque la izquierda hipócrita se escandalice, se asume el riesgo de montar un negocio propio.

Por el contrario, todo se va en subsidios, ayudas, planes de obra pública de poca monta (pan para hoy y hambre para mañana): en definitiva, cuidados paliativos, morfina económica que nos inyecta en vena el matasanos que no es capaz de ofrecernos ni una sola alternativa de curación, ni tratamientos, ni vitaminas, ni intervenciones quirúrgicas.

Y claro está, para pagar tanta morfina habrá que esquilmar los bolsillos de quienes aún ganan algo: justamente esos que podrían invertirlo para generar más riqueza, o que han sabido ahorrar para cuando viniesen mal dadas… o mal administradas. Las rentas del capital, ésas que pomposamente se propone gravar el gobierno, no son los réditos de las grandes fortunas, siempre bien protegidas. Son los intereses de su imposición a plazo fijo, los dividendos de esas acciones de Telefónica que le dejó su madre, la ganancia obtenida al vender ese piso que teníamos como último patrimonio para una emergencia,… Eso son las rentas del capital, y en ese bolsillo de su chaqueta, en ese cajón de su mesilla de noche es donde Zapatero quiere meter la mano.

La izquierda siempre ha clamado al unísono contra el consumismo desenfrenado de la sociedad capitalista. Estarán contentos: el consumismo se ha frenado. En seco. No consume ni dios. Bien, ya estamos inmersos en su experimento: nulo consumo, muchos subsidios, y más impuestos. He aquí la receta infalible de la ruina.

Excesos y sospechas

Permalink 10.08.09 @ 09:57:46. Archivado en La vida misma

Al escuchar el otro día a Mª Dolores de Cospedal decir algo así como que en lugar de perseguir a ETA la policía y los jueces se dedicaban a acosar al PP, pensé que, como suele decirse, se había pasado tres pueblos. Sigo pensando que fue una expresión excesiva y desafortunada, porque nunca debería mezclarse a los asesinos con asuntos que, en definitiva, siempre son menores frente a lo que representan sus crímenes. Pero a la vista de lo posterior acabo por entender ciertos estados de ánimo, y por dar crédito a algunas historias que, cuando vienen envueltas en palabras demasiado gruesas, pierden fuerza.

Tengo ante mí la edición de El Mundo del domingo 9 de agosto. En la página 1, como en todos los telediarios, dos miembros de la supuesta trama corrupta del PP en Baleares son trasladados esposados a los juzgados, entre dos agentes. En la página 13, otros dos detenidos son introducidos igualmente esposados en los juzgados. Para acabar de dar uniformidad al tema, resulta que incluso uno de los policías es el mismo, por muy pixelado que aparezca. En la portada está a la derecha de la foto, y en la página 13 a la izquierda.

Los primeros esposados están acusados de corrupción o malversación por haber supuestamente hinchado facturas en las obras de un velódromo. A las pocas horas el juez les dejó en libertad con fianzas de entre 15.000 y 50.000 euros. En el caso de algunos de entre la media docena de detenidos, sus presuntos delitos ni siquiera suponen pena de privación de libertad.

Los segundos esposados están acusados de asesinato. Uno de ellos mató presuntamente, 30 años después de desaparecer, al novio de su ex mujer a golpes con una barra de hierro, y había sido detenido una treintena de veces.

Como puede verse, peligrosidad equivalente: unos concejales y empresarios que tal vez hayan inflado unas facturas para lucrarse ilícitamente, y un hombre que tal vez haya matado a golpes a otra persona. Algo me llamó la atención en las imágenes de televisión de ayer, cuando veía entrar a los primeros en los juzgados: la peculiar forma de ir esposados. El Mundo lo explica: si esposan tu mano derecha a la misma mano del otro detenido, tus posibilidades de moverte, de cubrirte la cara o de acelerar el paso son muy inferiores a cuando tu mano derecha va esposada a la izquierda de tu acompañante. De hecho, las fotos revelan este diferente sistema de traslado de presos: los supuestos asesinos van esposados uno junto al otro, mano izquierda con mano derecha, y se cubren la cara, mientras que todos los detenidos del PP (menos uno que iba solo con las dos manos esposadas al frente) aparecen con ese peculiar cruce de muñecas que les impediría taparse eficazmente el rostro si quisiesen hacerlo, y que les dificulta acompasar el paso para cubrir de forma más rápida el humillante pasillo de periodista gráficos, las nuevas horcas caudinas de nuestro tiempo que alguien sabiamente había dispuesto. Curioso: el policía, como hemos dicho, es el mismo. Quizá cabría preguntarle el porqué del diferente sistema de esposado. Digo yo que habrá unos protocolos establecidos para estos casos.

También fue chocante la ostentosa entrada de materiales en cajas rotuladas en ocasiones con las siglas PP, todo en un trayecto limpio y despejado, como un magnífico plató para las cámaras.

Lo sé y me anticipo: si son delincuentes merecen castigo y condena, y si los protocolos dicen que un presunto malversador deba comparecer esposado, sea. Pero no deja de chocarme que asesinos y malversadores, todos presuntos, merezcan igual trato, o incluso peor los segundos.

Y claro, pese a no desear creer en conspiraciones y maldades siniestras, cuando uno lee cosas como las que se publican en este blog de conocida filiación socialista se le ponen los pelos de punta, las náuseas le invaden y siente que estamos librando una batalla desigual. Es como para empezar a tener miedo.

El sofocón de la vice

Permalink 04.08.09 @ 17:07:37. Archivado en La vida misma

Será al auto desestimando el procesamiento de Camps o será un exceso de exposición al sol durante su periplo americano, pero el caso es que la vicepresidenta De la Vega presentaba ayer una coloración preocupante de la faz. Oscilaba entre un bermellón intenso, un rojo iracundo o un gamba - turista pasado de cocción.

Luego, oyéndola, parece más claro que se trataba del sofoco que le había ocasionado que el Tribunal Superior de Justicia de Valencia hubiese decidido por mayoría de dos tercios no sentar en el banquillo al presidente valenciano. Gran ocasión de callar la que desperdició. Dado que se hallaba en una comparecencia ante la prensa en Costa Rica, junto al mandatario de aquel país, hubiera sido enormemente fácil recurrir al subterfugio de “éste es un tema de política interna que no procede tratar aquí, por cortesía al anfitrión”, o “dado mi viaje oficial no he tenido ocasión de leer la resolución”. Pero no. Diría que incluso resoplando, la vicepresidenta pidió al líder de la oposición que se dejara de “gracietas”, y luego se descolgó con la bomba: el anuncio de que la fiscalía iba a recurrir la resolución judicial. Al cuerno con la independencia de la fiscalía. Sí, sabemos que es un órgano dependiente del ministerio de Justicia y por tanto del Ejecutivo, pero eso no justifica ni su uso partidista ni la sonrojante evidencia de que se mueve a toque de pito del gobierno.

Semejante cabreo no lo veíamos desde el tremendo rapapolvo que le largó la propia De la Vega nada menos que a la presidenta del Constitucional en plena tribuna de autoridades de un desfile militar. Está claro que Dª María Teresa, juez por el cuarto turno, no lleva bien eso de que los tribunales no sintonicen plenamente con la voluntad del gobierno, o sea, la suya y la de su jefe, que tanto monta.

Tengo escrito en algún sitio que lo de Camps y sus trajecitos es cutre y casposo; que la lectura del auto de imputación provocaba sonrojo por la calaña de personajillos que mostraba a la luz; que más allá de la lectura penal del tema, que era previsible que quedase en nada, jibarizaba la figura del presidente valenciano hasta colocarlo al nivel de un mindundi que iba probándose y devolviendo prendas diversas que servilmente pagaban otros; que la defensa utilizada por Camps, consistente en arroparse en palabras grandilocuentes cono dignidad y honor, debía reservarse para ocasiones más solemnes que la justificación del pago de unos trajes que ni siquiera eran precisamente de Brioni. Que a la vista de todo ello queda más demostrado que nunca que, afortunadamente, la elegancia y la clase no las da un traje, y que bien haría el Sr. Camps en cuidar más la selección de sus amistades.

Pero de ahí a la reacción bananera de De la Vega azuzando al fiscal ante las cámaras de la televisión, como cuando Hugo Chávez ordena en directo a un militarote “general, despláceme tres divisiones hacia la frontera con Colombia”, media un mundo. Yo, qué quieren que les diga, a Mistress Pajín se lo aguanto todo. No porque me caiga bien, qué va; también se lo aguantaba a Pepiño Blanco: es simplemente que son los portavoces de su partido, y sólo de su partido, y por lo tanto están en su derecho de cargar de forma mentirosa, zafia e inmisericorde contra el rival. Para eso les pagan. Pero la Vicepresidenta es una alta autoridad del Estado, cuyo sueldo pagamos todos los españoles, y que nos gobierna a todos, a los que le votaron y a los que nos repugna. Está en viaje oficial, igual que oficial es el acto que preside cuando da cuenta de los acuerdos del Consejo de Ministros: ahí no está para criticar a la oposición, por mema que ésta sea. Está desempeñando un cargo público con cargo a los presupuestos del Estado; no está en un acto de partido.

Quizá sería hora de ir pensando en una norma (¿recuerdan aquel sarcasmo del buen gobierno del gobierno…?) que impidiese que los altos cargos de la administración participasen de forma activa en la lucha partidista. Para eso ya están los portavoces que representan a los suyos. Pero es que la vicepresidenta, para mi desgracia, también me representa a mí. Y en su sofocón no me veo reflejado, la verdad.

Todo por la Patria

Permalink 31.07.09 @ 09:20:47. Archivado en La vida misma

Una vez más, y pasan largamente las doscientas, una pareja de guardias civiles ha hecho triste realidad el lema que figura sobre las puertas de sus cuarteles. No cabe dar más que la propia vida. Lo lamentable del caso es que, como siempre, la realidad no es exactamente ésa: no lo han dado todo, sino que todo les ha sido arrebatado de forma cobarde y brutal. Exactamente de la misma manera en que apenas 30 horas antes se había intentado arrancarles a otros compañeros no ya sus propias vidas, sino la existencia de sus familias.

No me consuela el intento de ennoblecer con el argumento del sacrificio y la entrega lo que no es más que un salvaje asesinato, y la tentativa de otro aún mayor. Ningún miembro de la Guardia Civil merece perder su vida de esta manera. Su heroísmo y capacidad de sacrificio están sobradamente demostrados, pero una cosa es que en situaciones extremas puedan verse en la circunstancia de dar su vida por salvar la de sus semejantes, y sin dudarlo lo hagan, y otra muy diferente es que sean cazados como conejos en un reguero interminable de sangre inútil, de destrucción vana y de dolor indescriptible.

Todos sabemos que el terrorismo nacionalista y de izquierdas que constituye ETA no conseguirá nunca vencer al Estado. Las fuerzas son demasiado desproporcionadas, y desde ese punto de vista es absurdo reiterar una y otra vez que “ETA no ganará”. Ya lo sabemos. Pero eso es así siempre que consideremos que ETA aspira a una victoria digamos militar sobre la democracia española. Ahí está el error. ETA sabe perfectamente que no puede ganar esa guerra, y por eso se ha marcado otras metas en las que sí puede vencer de manera imperceptible para el grueso de la población, que sigue pensando que esto es una especie de partida de ajedrez en la que si ETA consigue matar al rey, por ejemplo, habrá ganado el envite.

La victoria de ETA es la negociación. Cada vez que alguien se sienta a hablar de algo con ETA, de lo que sea, ETA gana. Cada vez que se negocia con ETA o con su entorno, ETA gana. Sea de concesiones políticas, sea de beneficios penitenciarios, cuando se habla con ellos ETA gana. Si me apuran, y esto puede escandalizar, cada vez que se negocia con otras facciones nacionalistas no violentas sobre transferencias o competencias, y se hace con la presión de algún cadáver sobre la mesa, ETA gana. Por muy legítimas y legales que sean las cuestiones de que se trate: si el diálogo está mediatizado por la violencia, ETA se apunta otra victoria. Cada vez que a la condena de la violencia se le añade la coletilla de “venga de donde venga”, ETA ha marcado otro gol. Cada vez que por “prudencia” se cambia el trazado de una obra pública condenada por ETA, los terroristas ganan otro asalto.

ETA no quiere ganar la guerra: ETA quiere sentarse a negociar, una y otra vez, porque siempre que se negocia es para obtener algo. Ellos nunca ceden en nada: matan y matan y matan. Desde el otro lado de la mesa se negocia, se dialoga, se amnistía, se indulta. Y siempre para nada, para que ETA vuelva a casa más convencida de que, en efecto, su próxima batalla será forzar una nueva mesa de negociación. A veces sin participar siquiera ella misma directamente: los sucesivos planes de los lendakaris nacionalistas, supuestamente destinados a conseguir la normalidad, la convivencia, la paz (por usar sus términos rimbombantes) no son sino nuevos planteamientos de negociación para que siempre cedan los mismos. Miremos atrás y veamos cuánto terreno hemos cedido, y a cambio de qué. La mano izquierda golpea y la derecha invita al diálogo. Una historia demasiado vieja y demasiado evidente, aunque quizá por ello parece que nadie la quiere ver.

¿Empresario malo? No, malísimo.

Permalink 29.07.09 @ 09:55:49. Archivado en La vida misma

José Antonio Alonso era antes, o así lo recuerdo yo, un hombre razonablemente ponderado en sus opiniones. Desde que ejerce de portavoz socialista en el Congreso, sin embargo, está el hombre cambiadísimo. No sé si será que finalmente ha podido desatar la fiera que siempre ha llevado dentro, pero que mantenía embridada mientras ejercía un cargo más institucional, o que el sectarismo de quien nos preside obliga a acentuar cada vez más la agresividad y la criminalización del adversario, hasta convertirlo en enemigo.

Vean las últimas declaraciones de Alonso sobre los empresarios (que, recuerden, somos muchos millones de españoles), porque no tienen desperdicio y merecen un análisis sosegado, pese a que luego los medios las han ido recortando y espigando de modo que el conjunto se pierde o, como en el título de este blog, los árboles de las frases no dejan ver el bosque de las ideas que ocultan.

Cita textual: “Una posición desmesurada, insolidaria y antisocial, inasumible para un gobierno que tiene muy claro que los pensionistas, que los trabajadores y que los ciudadanos en general no son los culpables de esta crisis y por lo tanto no van a ser los paganos de esta crisis. Los culpables de la crisis en la que estamos viviendo son todo el conjunto de codiciosos que no han dejado de manipular avariciosamente los mercados económicos, la economía, para literalmente ponerse las botas. Y eso no lo van a pagar los ciudadanos, no lo van a pagar los trabajadores y no lo van a pagar los pensionistas, y eso debe tenerlo claro la CEOE y el conjunto de la patronal”. Pueden encontrar el audio aquí.

Para empezar “insolidaria y antisocial”, que no es mal comienzo. ¿Qué será antisocial? ¿No les sugiere reminiscencias propias de regímenes totalitarios? Actividades antisociales, mmmm… suena terrible.

Pero lo mejor viene después: trabajadores y pensionistas no son culpables de la crisis. Bueno, aceptemos pulpo como animal de compañía, aunque mucho habría que hablar de parejas con sueldecillos medianos que se embarcaron en compras de viviendas de valor desmesurado para su status, o que incluyeron el todoterreno en la hipoteca de su casa, o que han vivido de créditos durante años para sus actividades más cotidianas: que si la tele de plasma, que si el viaje a Cancún (creo que soy el único español que no ha estado aún en Cancún). ¿Culpa de los bancos por dejarles el dinero? Hombre, no. Aquí nos hemos lanzado todos a gastar lo que no teníamos. Lo contrario viene a ser como justificar una violación por la minifalda. Salvando todas las distancias, que son muchas, pero el concepto es semejante.

Sigan: hemos (han, más bien) establecido que trabajadores y pensionistas no son culpables de la crisis. Vale. Pero es que resulta luego que “los ciudadanos” tampoco. Córcholis. Ahora resulta que los empresarios (que por supuesto no somos trabajadores porque no damos ni golpe, ni seremos pensionistas cuando llegue el momento), ¡no somos siquiera ciudadanos! Esto empieza a ser inquietante.

Y la guinda: la culpa de la crisis es de los codiciosos que manipulan avariciosamente para ponerse las botas. Que claro está, no son ni los pensionistas, ni los trabajadores, ni los ciudadanos. Esos malvados son los que han de pagar la crisis, “y eso debe tenerlo claro la CEOE y el conjunto de la patronal”. Oigan, ni Goebbels. De una sola tacada han excluido a los empresarios de la categoría de ciudadanos, nos han responsabilizado de la crisis y nos han metido en el paquete de los codiciosos que manipulan avariciosamente para ponerse las botas. No nos han llamado judíos porque no se lleva.

Pregunta: el que deposita cuidadosamente pero de forma muy visible una caja de cerillas junto a un bidón de gasolina, ¿no será hasta cierto punto responsable de que alguien acabe prendiendo fuego a algo? Esto empieza a ponerse francamente complicado.

Empresario malo

Permalink 27.07.09 @ 13:11:28. Archivado en La vida misma

Poco se puede esperar de quien jamás en su vida se ha ganado la vida trabajando en algo que no sea la política. Ni siquiera la administración pública, donde se pueden aprender cosas aunque solo sea por el contacto cotidiano con la gente de la calle. No, Rodríguez Zapatero nunca, jamás de los jamases, ha hecho otra cosa que calentar escaño. Y de ahí pasó sin escalas a la presidencia del gobierno que rige los destinos de todos los españoles. Así nos va.

Ahora la ha emprendido con los empresarios. Mal haríamos en focalizar el tema en su presidente Sr. Díaz Ferran, que es lo que pretende Rodríguez. Lo que ha hecho el Gobierno con su nota oficial es un ataque en toda regla al empresariado, es la habitual huida de las propias responsabilidades señalando un culpable que resulte antipático y pueda convertirse en blanco de las iras de la masa.

El problema es que empresarios hay muchos. No se agota el empresariado en Florentino Pérez, Entrecanales o Del Pino. Cualquier autónomo es, incluso sin saberlo y a su pesar, un empresario. La peluquera, el panadero, la dueña de la papelería y librería, el titular del taller mecánico: todos ellos son empresarios. También los profesionales que tenemos personal a nuestro cargo lo somos: abogados, médicos, arquitectos,… Cientos de miles de españoles, millones más bien, estemos o no integrados en la CEOE (y muchos lo están sin siquiera saberlo a través de organizaciones de rango inferior) estamos siendo acusados por Rodríguez Zapatero, el presidente de nuestro gobierno, de ser los culpables de que no se haya alcanzado un pacto social, que vete a saber qué cuernos es eso más allá de la foto en la escalera de La Moncloa.

A ningún empresario le gusta despedir, y es que hay obviedades que resulta grotesco tener que repetir. Me recuerda aquella estúpida campaña de hace unos años, en la que a los coches se les ponía un adhesivo con una bandera blanca con la leyenda “no a los accidentes”. Pero almas de cántaro: ¿es que alguien está a favor de los accidentes? Pues lo mismo: el empresario desea fervientemente contratar, porque eso significa que su negocio crece, si contrata es que hay trabajo; si hay trabajo hay facturación; si hay facturación hay beneficio.

Claro está, el empresario (y muy especialmente ese pequeñísimo, diminuto empresario que es el autónomo) también quiere saber que no se está casando de por vida con su empleado. La relación laboral es muy sencilla: tú trabajas, yo te pago por ello. O si lo prefieren, yo te pago y tú a cambio me haces un trabajo. Simple, ¿no? Pues no: hoy por hoy es mucho más sencillo divorciarse que deshacerse de un trabajador que ya ha concluido la prestación del servicio para el que fue contratado, o que ha dejado de tener tareas efectivas que desempeñar, por cualquier motivo. No pedimos el despido libre, y mucho menos, como pretende la nota mentirosa del ministerio, “sin defensa jurídica para los trabajadores”. Pedimos simplemente un trato razonable que permita hacer contratos para trabajos o épocas concretos, que contemple la posibilidad de resolver la relación laboral si no precisamos al trabajador, sin necesidad de embarcarnos en litigios interminables. Que la negociación colectiva no sea tan colectiva, y que sea, como debería entenderse cualquier negociación, una vía de doble sentido: no puede ser que todo lo que logran los sindicatos se convierta en un derecho adquirido ya irrenunciable, y que la negociación siempre avance en una única dirección en la que unos siempre ceden y los otros siempre avanzan, y en la que el verdadero trabajador tiene muy poco que decir, secuestrada su voz por sindicalistas y liberados.

No olvidemos además que a quien más perjudica la rigidez del sistema laboral es precisamente al microempresario, al autónomo para quien despedir a un trabajador con años de antigüedad puede significar patearse los ahorros de media vida. Aquel que acaba haciendo más horas que un reloj porque no se atreve a contratar a otro empleado más.

Repito: somos muchos más empresarios de los que quieren hacernos creer. Yo personalmente me siento agredido por esa nota ministerial, y me reiría a carcajadas, si no fuese patética, ante la afirmación admonitoria de Rodríguez Zapatero de que “él es el presidente de todos los españoles”. El, precisamente él, que ha hecho del sectarismo y del frentismo y los cordones sanitarios una máxima de conducta, se acoge ahora a que representa a todos los españoles. El, que nunca ha pactado una sola norma ni iniciativa legal con la oposición que representa a casi el 50 % del país. El, que legisla mayormente contra los otros y que ha encontrado en la creación de enemigos ficticios su mejor arma estratégica.

Y todo para rehuir su responsabilidad, que es gobernar. Claro, a lo mejor resulta que las únicas recetas válidas con las que el rojo de La Moncloa no puede propugnar, desde su progresismo de salón, y hacía falta la coartada de los capitalistas y la clase obrera en la foto.

Preparémonos, porque el nuevo lema es “empresarios malos”. O sea, que además de crujirnos a impuestos y soportar sobre nuestras espaldas el peso mayor de la crisis, y poner en riesgo nuestro patrimonio para garantizar el mantenimiento de nuestras empresas, tenemos que aguantar que nos culpabilicen de todo. Pues bueno, pero que sea consciente el gobierno de que un animal herido y acosado es peligroso. Que la diversidad de nuestros intereses, dada por la diferencia de nuestras actividades productivas, puede acabar pasando a segundo plano si se nos asfixia demasiado, y además se nos insulta. Y el día que todos los pequeños empresarios de España decidan dar un puñetazo en la mesa, el tablero se va a paseo. Costará llegar a ese día, pero cada vez es más probable. Un solo ejemplo: ¿qué pasaría si todos los autónomos se diesen de baja durante un mes, alegando que están de vacaciones y cierran la tienda? ¿Qué sucedería si las arcas del Estado dejasen de ingresar las cuotas de los 3.000.000 largos de autónomos durante un mes? No sólo los sindicatos pueden convocar huelgas y medidas de presión.

Redistribución de la riqueza

Permalink 19.05.09 @ 11:02:29. Archivado en La vida misma

Hoy les voy a hablar de mí. O de un asunto personal, al menos. Ya me sabrán disculpar. Oigan, y si no, con no leer…

Verán, mi abuelo era un suizo que llegó a España con 20 añitos, una mano delante y otra detrás, y fue cazado a lazo nada más atravesar la frontera por una recia pubilla ampurdanesa. Corrían los primeros años 20 del siglo pasado. Tras arduos esfuerzos, avatares mil, traslados de domicilio y epopeyas diversas, alcanzaron una considerable holgura económica que, a mediados de los 50 si mal no recuerdo, les llevó a adquirir unos terrenos en El Masnou, entonces apacible pueblecito marinero situado 15 kilómetros al norte de Barcelona, muy de moda entre los veraneantes más o menos acomodados de la época.

Allí se construyeron una casa, y posteriormente otra vecina, que con el tiempo se compuso de tres viviendas y un pequeño local comercial, amén de adquirir un par más de propiedades en el pueblo. Esas construcciones pagaron por supuesto sus permisos de obras, impuestos diversos, etc. Y su valor fue escrupulosamente declarado a partir del momento en que existió la obligación legal de hacerlo.

Falleció el abuelo suizo en 1981, y sus tres hijos heredaron las propiedades divididas en lotes más o menos equivalentes. Hubo que pagar los impuestos de sucesiones y las plusvalías municipales, y el patrimonio ya sufrió por ello una merma, puesto que cada uno de los herederos tuvo que vender algo para poder asumir el coste fiscal de su porción hereditaria. A mi madre le correspondió esa casa de las tres viviendas y el local, y otra próxima, que hubo de venderse para poder pagar los tributos y así lograr conservar la otra.

Durante largos años, mi familia ocupó dos de esas viviendas y su jardincillo anexo, y la otra vivienda y el local se arrendaron, de acuerdo con la antigua ley de alquileres que implicaba prórroga forzosa, derecho preferente de adquisición para el inquilino a precio tasado, y posibilidad muy limitada de aumentar las rentas. Pero ahí pasamos nuestros veranos, escarbando en el patio y destrozando geranios a balonazos. Por supuesto, mi madre siguió declarando escrupulosamente su patrimonio año tras año, pagando sus contribuciones y viendo cómo en los solares próximos se edificaban hermoso bloques de siete u ocho alturas que paulatinamente iban limitando las horas de sol en el patio.

Mi madre falleció hace un año. Mi hermana y yo cometimos entonces el terrible pecado de devenir herederos. Esos tres pisitos, el jardincillo y el local devengaron, primera sorpresa, un impuesto de sucesiones por valor de 120.000 euros. Lo traduciré a pesetas, para que nos entendamos: 20 millones de pesetas de impuesto de sucesiones que reclamó la Generalitat. A continuación, el Ayuntamiento de El Masnou reclamó su parte del pastel en forma de plusvalía (ahora le llaman impuesto sobre el incremento del valor de los terrenos, que suena menos marxista): 15.000 euros más.

Evidentemente, mi hermana y yo no disponíamos de 25 millones de pesetas (cuenten con los notarios y registros) ahorrados “para heredar”, y mi madre no dejó cantidad alguna líquida, ya que sus últimos ahorros, y buena parte de los nuestros, se fueron en los gastos de su larga y dramática enfermedad, que la llevó a acreditar el grado máximo de dependencia, honrosa distinción que sin embargo no le permitió llegar a percibir un solo euro de las tan cacareadas ayudas públicas. En consecuencia, se impuso hipotecar la casa (añadiendo esa carga a las hipotecas que ya cada hijo pudiese tener para sus respectivas viviendas).

Bien, mi hermana y yo ya somos felices propietarios de la casa en la que han gozado de los veraneos hasta cuatro generaciones, si cuento a mi sobrino, y para ello hemos tenido que hipotecar nuestras vidas para saciar el apetito voraz de las administraciones local y autonómica.

No acaba todo ahí: ahora me llega el primer recibo de las exacciones municipales de nuestra flamante propiedad: 2.300 euros de IBI y algo más de 550 de vado y basuras (perdón: residuos). Total, casi 3.000 euros anuales de tasas municipales. Para que nos hagamos una idea: un asalariado que perciba un sueldo de 2.500 euros netos mensuales, que no es una retribución espectacular, pero tampoco ridícula, debería destinar un 10 % de su sueldo neto anual a los tributos municipales por el simple hecho de ser propietario de un bien inmueble.

Reconozco nuestro pecado: tres generaciones de imbéciles decidieron mantener tal cual esa casa de verano, en vez de sucumbir a la tentación de especular vendiendo el terreno y creando 20 pisos. Por cierto: ahora ya no podríamos. El Ayuntamiento traza sobre el mapa unas caprichosas líneas que determinan que, pese a estar casi adosados a un par de bloques de seis o siete alturas, en nuestro solar no puede levantarse más que planta y un piso. Misterios del urbanismo.

Ahora, sencillamente, nos planteamos que no podemos pagar todo eso. No podemos destinar 3.000 euros anuales (sí, 500.000 pesetas) a tributos municipales y buena parte de nuestros ingresos de los próximos 15 años, que es el plazo por el que hemos constituido la hipoteca, a financiar la adquisición de lo que en realidad ya era nuestro. Y es que si bien lo miran el tema es fantástico: hemos de hipotecarnos para “adquirir” la propiedad de algo que lleva siendo nuestro (de la familia) más de 50 años.

Por supuesto, si vendemos tendremos que declarar las correspondientes ganancias patrimoniales en nuestra renta, y volver a pagar por ello.

Es gracias a todo este proceso que he conseguido entender finalmente el concepto socialista de la redistribución de la riqueza: se trata básicamente de que quien no tenga mucho dinero no pueda ser propietario de una casa por herencia, y que si le toca tamaña desgracia lo que ha de hacer es vender a alguien que sí tenga dinero. Redistribución, en efecto. Curiosa, pero redistribución a la postre.

Otra enseñanza es que cuando puedas, especules. Vende, edifica, promueve, y sácate de encima ese incómodo patrimonio. A quién se le ocurre anclarse en ese romanticismo absurdo y trasnochado de mantener la casa familiar durante generaciones, respetando el entorno de las casas típicas del pueblo…

Como ven, todo muy progresista. Porque claro, huelga decir que tanto la Generalitat como el Ayuntamiento de El Masnou están gobernados por el partido socialista, en amalgama con Izquierda Unida y Esquerra Republicana.

Ridi, pagliaccio!

Permalink 11.02.09 @ 21:46:30. Archivado en La vida misma

"¡Declamar…! Mientras preso del delirio, no sé lo que digo, ni lo que hago… Y sin embargo, es necesario que te esfuerces… Bah, ¿eres acaso un hombre? ¡Eres un payaso! Vistes el jubón y te enharinas la cara; la gente paga y quiere reír… (…). Ríe, payaso, y todos aplaudirán. Transformas en chanzas el dolor y el llanto; en burlas los sollozos. ¡Ríe, payaso…! (…)”.

Ya me perdonarán, pero anoche escuchando y viendo a Zapatero tarareaba para mis adentros esta aria de la ópera Pagliacci cuya traducción un poco chapucera del italiano les he puesto ahí arriba, y cuya audición les recomiendo encarecidamente. Es que es la viva imagen de lo sucedido ayer en el Congreso. Zapatero recibió una somanta de tortas como hace años no se veía en un hemiciclo. Ni uno sólo le perdonó. Rajoy, en particular en su última réplica de cinco minutos, estuvo inmisericorde, y eso que la muy protectora TVE no enfocó el rostro del Presidente ni un momento. Momento glorioso cuando, papel en mano, le felicita por la decisión de reducir el gasto corriente en 1.500 millones de euros, medida idéntica en cantidad a la enmienda que propuso el PP a los presupuestos, y que el PSOE rechazó hace menos de dos meses. Cuando parecía que amainaba, aparece Duran i Lleida y se pone a arrearle con parecida saña. No mejoró la cosa con el portavoz del PNV, que en afortunada imagen comparó al Gobierno con una tortuga panza arriba. Pero hay más: es que incluso Ridao, el taciturno y desaliñado portavoz de ERC, se descolgó anoche con una sucesión de bofetones realmente cruel. Rosa Díez le reclamó directamente elecciones anticipadas. Y cerró el círculo, tal vez el más inane, el difunto Llamazares.

Cuando volvió a la lona abandonando su protector rincón, el Presidente era la viva imagen del boxeador sonado: frases inconexas, deslavazadas, tópicos como la laboriosidad del pueblo alemán (¿?), apelaciones a la gravedad de la crisis internacional (si no fuera por eso seguiríamos creciendo, balbuceó), encogimiento de hombros, mirada perdida y acuosa, y el labio inferior más tembloroso que de costumbre. Pero eso sí, y de ahí mi inspiración operística: con una sonrisita nerviosa, a medio camino entre despectiva y huidiza, como queriendo mostrar una cierta superioridad intelectual, una seguridad de la que evidentemente carece. ¡El Presidente se reía, se sonreía al menos, mientras todo el hemiciclo le acusaba de ineficaz, torpe, mentiroso, ignorante, sectario y, en definitiva, cobarde! Transformando en sonrisas el dolor de los ciudadanos, y en burlas las quejas de sus representantes, mientras presa del delirio declama sin saber lo que hace ni lo que dice.

Ridi, pagliaccio…

¿Armas de mujer?

Permalink 18.01.09 @ 23:21:41. Archivado en La vida misma

Se explica la anécdota de una crítica teatral que se limitaba a decir “anoche se estrenó en el teatro X la última obra de Fulanito: ¿por qué?”. Me ha venido a la cabeza, aunque no recuerdo el nombre del ingenioso y cruel crítico ni el del desdichado autor, al ver las fotos de Soraya Sáenz de Santamaría en El Mundo. Por más que le doy vueltas, el porqué se me escapa. ¿Qué ha podido pasar por la mente de esta política que aspira a hacer carrera, y que de hecho ha llegado ya muy alto, para posar en condiciones digamos que manifiestamente inadecuadas para un diario de amplia tirada nacional, con la que está cayendo? ¿Qué extraño cálculo político, o qué inmensa torpeza, o qué refinada maldad por parte del diario, se ocultan tras estas imágenes que producen sonrojo?

Bien, en justicia debería decir que al menos me lo producen a mí. Ya sé que lo políticamente correcto exige que no me pronuncie sobre las imágenes en sí, so pena de ser tachado de machista, retrógrado y qué sé yo. Muy hábil ha estado ahí el PSOE dejando claro que no opina, con lo cual ya lo ha opinado todo. Pero qué quieren que les diga, no me voy a privar: no me han gustado las fotos; esa expresión fallida de mórbida provocación; ese cuidadoso despeinado pretendidamente indicador de una noche loca (tal vez en celebración de que por una vez se le aceptase una moción parlamentaria); ese sentarse en el suelo con impostada informalidad; esa apariencia de resaca apenas amortiguada; y ese pie, por Dios, ese pie…

Pero al margen de esa opinión, ¿en qué sofisticado gabinete de imagen han aconsejado a doña Soraya para que en un momento en que Solbes se desmorona reconociendo que el país se hunde en la recesión; en un tiempo en que los ciudadanos pasan diariamente por miles a engrosar las filas del paro; en un instante en que las más sombrías nubes se ciernen sobre la prosperidad nacional; en una fase en que el Gobierno muestra más flancos abiertos que nunca; quién le ha aconsejado, digo, para que opte por aparecer de esa guisa durante varios días en la portada de uno de los mayores periódicos de España? La portavoz de la oposición posando en plan vampiresa de pacotilla (lo de femme fatale, sinceramente, le viene muy, muy grande) mientras a los ciudadanos, los que votan a su partido y los demás, se les hace un nudo en la garganta cuando atisban las perspectivas que parecen abrirse ante ellos… Bien, señores de la oposición, bien.

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