Perséidas
21.08.09 @ 16:49:57. Archivado en Astronomía
Esta semana hemos vuelto a disfrutar del magnífico espectáculo que nos ofrece el cielo nocturno a mediados del mes de agosto. Las perséidas son sin duda las estrellas fugaces más famosas del año, y convocan a multitud de aficionados durante las cortas noches estivales. A pesar de su nombre, no tienen nada que ver con “estrellas que caen”, de hecho ni si quiera son fenómenos astronómicos ya que acontecen en la alta atmósfera de la Tierra. Sucede que en estas fechas nuestro planeta “barre” el rastro de partículas que ha ido dejando el cometa Swift-Tuttle en su órbita, como consecuencia del desgaste producido en su núcleo por la radiación solar. Este material, formado por rocas diminutas -del tamaño de granos de arena- penetra en el aire a gran velocidad, y la fricción hace que ardan durante unos breves instantes creando un fenómeno luminoso que vemos como una brillante y efímera estela de luz y que llamamos “meteoros”. Ocasionalmente se ven algunos realmente luminosos, formados por cuerpos mayores, de varios gramos de masa, y que se denominan “bólidos”. Si nos fijamos en sus trayectorias, parece que casi todas ellos proceden de un mismo punto en el cielo, situado en la constelación de Perseo, de la que reciben el nombre. Así, otras lluvias menos famosas pero más intensas son las leónidas (de Leo) o las gemínidas (de Gemini) que, al transcurrir en los fríos meses de invierno reciben menos atención. Nuestro satélite también atraviesa esta nube de polvo cometario y a veces se han visto pequeños destellos de luz correspondientes a su impacto contra la superficie, ya que la Luna carece de ese escudo protector que es la atmósfera.
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