
31.07.09 @ 20:26:41. Archivado en Astronomía
Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en caminar por otro mundo durante la tarde del 20 de julio de 1969 -aquí ya la madrugada del día siguiente. Muchos recuerdan cómo velaron aquella noche para contemplar los primeros y titubeantes pasos de nuestra especie en la Luna. Tras tomas las imágenes de rigor frente a la bandera y conversar con el presidente Nixon, Armstrong y Buzz Aldrin aprovecharon sus dos horas de paseo lunar recogiendo muestras de la superficie de nuestro satélite e instalando varios aparatos y experimentos. Uno de ellos consistía en una serie de espejos destinados a reflejar rayos láser enviados desde la Tierra. Calculando el tiempo empleado por el rayo en ir y regresar, se calculó por primera vez la distancia a la Luna con una precisión de centímetros, confirmándose además que este astro se aleja muy lentamente de nosotros. El material lunar mostró ser bastante distinto del terrestre en cuanto a su composición química, aunque se comprobó que, sorprendentemente, las plantas crecen con fuerza sobre ese sustrato. Hasta 1972 se sucedieron otras cinco misiones exitosas (hasta el Apolo XVII) que llevaron a una decena más de hombres a la Luna. Las últimas exploraciones, más largas y asistidas por un pequeño todoterreno, permitieron recabar más información de nuestro vecino cósmico. Como es bien sabido, el Apolo XIII debió regresar a Tierra sin alunizar tras un grave accidente que puso en peligro la vida de los astronautas. A pesar de ello, la pericia de la tripulación y de los ingenieros de la NASA hizo que, desde entonces, se recuerde a esta misión como un éxito mas de la agencia espacial norteamericana.
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21.07.09 @ 16:10:58. Archivado en Astronomía
Como en todos los aniversarios celebrados recientemente de la gesta heroica de la NASA, los medios han dado más pábulo a los “teóricos de la conspiración lunar” que a divulgar las profundas implicaciones históricas que se de derivan del primer alunizaje humano. A estas alturas, dudar de que una docena de hombres han caminado por otro mundo tiene tanto sentido como dudar de que hemos llegado al Polo Sur o a la cumbre del Everest. A pesar de ello subsisten aún grupúsculos de conspiranoicos -seguidos incondicionalmente por ejércitos de ignorantes- que han conseguido mantener y propagar rumores totalmente infundados sobre lo que llaman el “fraude lunar”, eso sí, sin aportar más pruebas que las que ya fueron refutadas hace décadas. Esta especie de movimiento ideológico, alimentado por igual por una incultura científica alarmante y por un antinorteamericanismo pueril es, paradójicamente similar al que sostiene que, por el contrario, los tripulantes del “Eagle” efectivamente llegaron al satélite... para contemplar OVNIs, ruinas extraterrestres y quién sabe qué más disparates semejantes. A pesar de ello, hoy podemos conmemorar el éxito de una empresa que, planteada como un ambicioso proyecto por la administración Kennedy, consiguió movilizar a lo largo de la década de 1960 a toda una nación que ocupa desde entonces la supremacía indiscutible en la carrera espacial. En efecto, muchos sugieren que la posición que actualmente ocupan los Estados Unidos en el mundo se debe en buena parte a los enormes avances tecnológicos y científicos -no necesariamente vinculados directamente con la astronáutica- logrados a lo largo del proyecto Apolo.
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17.07.09 @ 19:02:09. Archivado en Astronomía
Los modernos programas informáticos permiten el cálculo de las circunstancias en las que se desarrollan los fenómenos astronómicos vistos desde determinados puntos del globo. Así, se puede calcular que, entre en año 1500 a.C y el 3000 d.C. se producen un total de 1818 eclipses solares observables desde la capital leonesa; esto es, una media aproximada de uno cada dos años y medio. En este periodo, algo más del 30% de los eclipses comienzan antes de la salida del Sol o acaban tras su puesta. Así, 15 de diciembre de 1982 sólo pudimos vislumbrar los instantes finales de un eclipse que finalizó a las 9 de la mañana, apenas una hora después del amanecer. Análogamente, el 21 de agosto de 2017 comenzará un eclipse solar parcial a las 20:44 h, sólo media hora antes de que el Sol se ponga. El caso más significativo se produjo 15 de febrero de 1961. Ese miércoles se puede decir que prácticamente no hubo amanecer en nuestra ciudad, ya que el Sol salió con un 93% de su superficie ocultada por el satélite. En numerosas ocasiones aparecen años con dos eclipses de Sol, y aunque teóricamente son posibles hasta 5 eclipses solares anuales, no se ha encontrado ningún año con más de esta cifra. La última vez que pasó esto fue en 1982 (20 de julio y 15 de diciembre), si bien se trató de eclipses casi inapreciables. La siguiente ocasión no será hasta 2038, con sendos fenómenos previstos para el 5 de enero y el 2 de julio, también de baja magnitud. En 1386 a.C. se sucedieron dos eclipses separados por tan sólo 147 días, por el contrario, en 2407 no esperan 13 años de sequía sin absolutamente ningún eclipse solar visible sin salir del municipio.
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10.07.09 @ 20:33:56. Archivado en Astronomía
La Luna llena se comporta como un “antisol” de forma que, si la estrella sale en verano muy al N, el satélite lo hará proporcionalmente muy al S, y viceversa, de forma que durante los equinoccios sale y se pone casi exactamente por el E y el W, respectivamente. Los puntos de salida y puesta de las lunas llenas realizarán el mismo recorrido anual que los del Sol, pero en sentido opuesto. Sin embargo, las lunas nuevas, que son diurnas, siguen casi exactamente el camino del Sol -de hecho pueden llegar a eclipsarlo- y compartirán por tanto sus puntos de orto y ocaso. Evidentemente, a fases intermedias les corresponderán puntos de salida y puesta también intermedios entre ambas situaciones. En conclusión, a lo largo de un mes estival, la Luna nueva saldrá y se pondrá muy al N (con el Sol), desplazándose con los días al S hasta llegar a un máximo a las dos semanas (plenilunio), momento en que revierte su camino de nuevo al N para volver a coincidir con el Sol en el novilunio siguiente. La situación es análoga para los meses de invierno, intercambiando S por N. El asunto se complica considerando que, en realidad, Luna y Sol no comparten su trayectoria, sino que la órbita lunar se inclina unos 5º con respecto a aquélla. Podríamos obviar este hecho simplemente sumando o descontando una pequeña distancia constante entre los puntos de salida del Sol y la Luna. No obstante, las intersecciones entre ambos caminos giran a su vez entorno a nuestro planeta una vez cada 18 años, de forma que esta distancia, medida en el horizonte, va aumentando o menguando paulatinamente, completando un ciclo de largo periodo que se superpone al anterior.
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03.07.09 @ 13:28:33. Archivado en Astronomía
En ocasiones nos llegan preguntas realmente incisivas: aparentemente sencillas pero que engloban muchos aspectos diferentes de la Astronomía, y en todo caso siempre interesantes. Por ejemplo: ¿salen y se ponen el Sol y la Luna siempre por el mismo punto del horizonte? Observando en detalle los lugares de salida y puesta del Sol, vemos que éste lo hace por los puntos cardinales E y W sólo dos días al año, los equinoccios de primavera y otoño. A medida que avanza la primavera le vemos salir y ponerse por el horizonte cada vez más al N (desde nuestro hemisferio) hasta que llega un día (el solsticio de verano) en que “da la vuelta” y comienza a salir cada vez más al S, rebasando su posición inicial y llegando al punto más meridional posible en el solsticio de invierno, desde donde retorna hacia el N, etc. La distancia entre ambos solsticios entre los puntos de salida del Sol en el horizonte depende esencialmente de nuestra latitud: desde el Ecuador es de unos 47º, pero a medida que nos acercamos a los polos es cada vez mayor, superando los 360º más allá de los círculos polares, es decir, el Sol no sale (o no se pone) nunca en seis meses. Por el día y por la noche vemos regiones diametralmente opuestas de la eclíptica, que es la trayectoria del Sol a lo largo del año -y de la Luna a lo largo del mes. En verano, el extremo superior de la eclíptica se sitúa a 23º por encima del ecuador celeste a mediodía -es decir, a más de 70º de altura en León- pero por la noche se sitúa 23º por debajo de esa referencia; de ahí que el Sol llegue tan alto (y la Luna tan bajo) en época veraniega. Por supuesto, en invierno la situación se invierte.
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