Raíces
19.06.09 @ 19:41:36. Archivado en Astronomía
Cuando William Herschel, músico y compositor aficionado a la astronomía, avistó telescópicamente el planeta Urano, consiguió una pensión vitalicia que le permitió abandonar su profesión y dedicarse de lleno a su gran pasión: observar el firmamento nocturno. Fue el primer mundo descubierto mediante medios ópticos, al que décadas más tarde se sumaría Neptuno, que actualmente cierra la lista de miembros del Sistema Solar. Antes de Herschel la humanidad sólo conocía los cinco primeros planetas, más el Sol y la Luna, astros antiguamente considerados también planetas por presentar trayectorias “errantes” entre las estrellas fijas. Se llegaba así a la mística cifra de siete, número al que se le atribuyen propiedades mágicas desde tiempos remotos. A cada planeta se le asignó una deidad más o menos conforme a sus características cosmográficas. A Mercurio, el mensajero alado, siempre cercano a Helios -el Sol- le sigue Venus, la ardiente diosa del amor, de brillo intenso. Júpiter, el dios de los dioses, señorea muchas noches con su luminosidad imbatible, y Saturno es Cronos, el dios del tiempo, que tarda una generación humana en dar una vuelta completa al cielo. Existe también una correspondencia con los siete días de la semana, cuya raíz etimológica deriva precisamente del nombre de estos planetas: lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter) y viernes (Venus). En español, las palabras que denotan los días del fin de semana derivan de otras raíces, pero en idiomas como el inglés conservan su origen astronómico: el sábado es “Saturday” (literalmente: “día de Saturno”) y el domingo es el “día del Sol” (“Sunday”).
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