Año
22.05.09 @ 19:56:30. Archivado en Astronomía
Si miramos el cielo a la misma hora todas las noches, nos damos cuenta de que las estrellas van cambiando de posición, moviéndose aproximadamente un grado por día hacia el oeste. Dicho de otra forma, el cielo que vemos esta noche a las 0:00 h es el mismo que veíamos a las 23:00 hace 15 días o a las 22:00 hace un mes. Este retraso se va acumulando de forma que, al cabo del año, las estrellas ya han dado una vuelta completa y las vemos de nuevo en la situación original. Por esta razón no vemos las mismas constelaciones a la misma hora a lo largo del año. En invierno vemos Orión, y no en verano porque está muy cerca del Sol. Esto es debido precisamente al movimiento de translación de nuestro planeta: como la Tierra da una vuelta completa alrededor del Sol -es decir, recorre los 360 grados de una circunferencia- en aproximadamente 365 días, se mueve aproximadamente 1 grado por día, que es exactamente lo que nos parece que se mueve el cielo noche tras noche. El hecho de que la distancia aparente entre las estrellas no se modifique a lo largo del año es debido a la enorme distancia que nos separa de estos astros. Sería como intentar ver dos perspectivas distintas de una alejada montaña desde los extremos opuestos de un autobús. Precisamente por esto dedujo Galileo que la distancia a las estrellas habría de ser enorme. Sólo se observan ligerísimos cambios de posición en las estrellas muy cercanas (por ejemplo, Sirio) cuando se hacen dos observaciones separadas en el tiempo seis meses, es decir, desde extremos opuestos de nuestra órbita alrededor del Sol: se aprecia que su lugar con respecto a las estrellas del fondo ha cambiado.
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