Una noche más
01.05.09 @ 18:58:19. Archivado en Astronomía
Asaph Hall llevaba observando Marte infructuosamente noche tras noche durante varios meses en busca de evidencias que confirmaran la presencia de satélites orbitando alrededor de este mundo, tal como se sospechaba. Si la Tierra tenía una luna y Júpiter cuatro, por razones de armonía matemática era lógico pensar que el Planeta Rojo estuviera acompañado de dos cuerpos menores. En 1877, las condiciones de trabajo en los observatorios astronómicos eran terriblemente duras, y los sucesivos fracasos desalentaron a Hall, que estuvo a punto de abandonar sus investigaciones. En una de las más providenciales intervenciones de la historia de la Ciencia, su mujer Angeline le animó a que lo intentara sólo una noche más. Cerca de las seis de la madrugada de aquél 12 de agosto, el astrónomo vislumbró una débil lucecita muy cerca del disco planetario, que se confirmaría días después como la primera luna marciana vista por el hombre. Pocos días después descubriría el segundo satélite de este planeta. Las lunas fueron bautizadas, respectivamente, como Deimos y Fobos, que significan “terror” y “miedo”, nombres lógicos teniendo en cuenta que son los “hijos” de Marte, el dios de la guerra. En reconocimiento a su persuasión, el principal cráter de Deimos se llama Stickney, apellido de soltera de la esposa de Hall. Las imágenes que tenemos de estos mundos revelan que son grandes rocas irregulares, y parecen ser asteroides capturados por la gravedad marciana hace millones de años. Ambas lunas orbitan Marte en sentidos inversos y Fobos lo hace tan cerca del planeta que la fricción atmosférica acabará frenándolo y haciéndolo caer en un futuro remoto.
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