
29.05.09 @ 11:21:51. Archivado en Astronomía
Esta semana hemos asistido a la exitosa reparación del telescopio espacial Hubble por parte de la tripulación del transbordador espacial, tras cinco intensas jornadas de “actividades extravehiculares” en las que los astronautas se enfundan en sus trajes y salen al espacio exterior, flotando a cientos de kilómetros de altura sobre algún punto de la geografía terrestre. ¿Se han preguntado alguna vez qué sucedería si accidentalmente se rompiera un traje espacial en plena faena? No es cierto que nos congelemos inmediatamente expuestos al vacío del espacio exterior. El cuerpo humano pierde calor a través de tres fenómenos: conducción (transferencia directa de calor a las partículas en contacto con nosotros), convección (a través del desplazamiento de partículas entre regiones con diferentes temperaturas) y radiación (emisión de radiación electromagnética). Suspendidos en el vacío espacial, las dos primeras opciones quedan descartadas, ya que no hay materia a la que transmitir el calor. La única forma de emitir calor es a través de radiación, que a nuestra temperatura corporal se produce esencialmente en forma de radiación infrarroja, un método bastante ineficaz de perder calor. Por lo tanto tardaríamos un buen rato en bajar nuestra temperatura. Mucho más debiera preocuparnos la ausencia de presión atmosférica, aunque podemos sobrevivir a unos segundos de descompresión si esta no es muy violenta. Lo más peligroso realmente es la radiación ionizante procedente esencialmente del Sol y de los rayos cósmicos, de la que en la Tierra nos protege nuestra atmósfera, y que supone siempre un riesgo para las misiones tripuladas al espacio.
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22.05.09 @ 19:56:30. Archivado en Astronomía
Si miramos el cielo a la misma hora todas las noches, nos damos cuenta de que las estrellas van cambiando de posición, moviéndose aproximadamente un grado por día hacia el oeste. Dicho de otra forma, el cielo que vemos esta noche a las 0:00 h es el mismo que veíamos a las 23:00 hace 15 días o a las 22:00 hace un mes. Este retraso se va acumulando de forma que, al cabo del año, las estrellas ya han dado una vuelta completa y las vemos de nuevo en la situación original. Por esta razón no vemos las mismas constelaciones a la misma hora a lo largo del año. En invierno vemos Orión, y no en verano porque está muy cerca del Sol. Esto es debido precisamente al movimiento de translación de nuestro planeta: como la Tierra da una vuelta completa alrededor del Sol -es decir, recorre los 360 grados de una circunferencia- en aproximadamente 365 días, se mueve aproximadamente 1 grado por día, que es exactamente lo que nos parece que se mueve el cielo noche tras noche. El hecho de que la distancia aparente entre las estrellas no se modifique a lo largo del año es debido a la enorme distancia que nos separa de estos astros. Sería como intentar ver dos perspectivas distintas de una alejada montaña desde los extremos opuestos de un autobús. Precisamente por esto dedujo Galileo que la distancia a las estrellas habría de ser enorme. Sólo se observan ligerísimos cambios de posición en las estrellas muy cercanas (por ejemplo, Sirio) cuando se hacen dos observaciones separadas en el tiempo seis meses, es decir, desde extremos opuestos de nuestra órbita alrededor del Sol: se aprecia que su lugar con respecto a las estrellas del fondo ha cambiado.
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15.05.09 @ 18:39:17. Archivado en Astronomía
Desde hace años sabemos que el Universo se está expandiendo. La distancia entre las galaxias aumenta velozmente, no porque estas se desplacen a través de un espacio preexistente, sino más bien porque se “genera” nuevo espacio entre ellas. Es evidente, por tanto, que en un pasado muy remoto todos los astros estaban mucho más cerca entre sí y, en un principio, es esperable que todos ellos estuvieran incluidos en una única partícula primordial que explotó en un gran estallido (“Big Bang”) a partir de la cual aparecieron no sólo la materia y la energía, sino también el espacio y el tiempo, con constituyentes básicos del Cosmos. En la actualidad existe un amplio consenso científico entorno a esta teoría, no obstante existe otra alternativa llamada “del estado estacionario”, propuesta hace varias décadas por los astrofísicos Bondi, Gold y Hoyle, y defendida aún por algunos astrónomos. Esta hipótesis sostiene que el Universo no tuvo un origen en el tiempo, ni tampoco tendrá fin, sino que conserva aproximadamente el mismo aspecto a lo largo del tiempo. Las estrellas que mueren son reemplazadas por otras que se forman, y así sucesivamente. Los científicos del estado estacionario aceptan que el Universo se está expandiendo y, para que ello sea compatible con el mantenimiento de la densidad media de materia que vemos hoy, suponen que la materia se genera espontáneamente del vacío para “rellenar los huecos” que va dejando la expansión. Con que se generen unas cuantas partículas subatómicas por año-luz cúbico es suficiente para compensar esta expansión, y de hecho se conocen procesos por los que esta “generación de la nada” sería posible.
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08.05.09 @ 20:08:25. Archivado en Astronomía
La medida precisa del transcurso del tiempo es uno de los ejes fundamentales de la evolución científica y tecnológica humana, y está íntimamente vinculada a los ciclos astronómicos, como la sucesión de días y noches resultante de la rotación terrestre. La división del día en 24 horas y de la hora en 60 minutos procede de la antigua Babilonia, donde se usaba el sistema sexagesimal, en vez del decimal que usamos hoy. De ahí viene también la división de la circunferencia en 360 grados de 60 minutos cada uno. A medida que se fue ganando precisión con los relojes, fue posible dividir regularmente el minuto en unidades más pequeñas; y para seguir la tradición se dividió en 60 fracciones iguales que conocemos como segundos. La palabra "minuto" procede de la expresión "prima minuta", que significa "primera (división) pequeña" de la hora. "Segundo" procede a su vez de "secunda minuta", que significa "segunda (división) pequeña" de la hora. Posteriormente se estableció con rigor la duración del segundo a nivel internacional para permitir su uso científico, definiéndose como una determinada fracción de la duración del día 1 de enero del año 1900. Pero los astrónomos se dieron cuenta de que la duración de los días no es constante, sino que la rotación de la Tierra se va ralentizando paulatinamente debido, sobre todo, a la atracción gravitatoria que sobre nosotros ejerce la Luna. Así, en la actualidad el segundo se define con independencia de cualquier fenómeno astronómico, que sabemos que son variables a largo plazo, sino con respecto a determinados procesos físicos a nivel subatómico que, hasta donde sabemos, son estables en el tiempo.
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01.05.09 @ 18:58:19. Archivado en Astronomía
Asaph Hall llevaba observando Marte infructuosamente noche tras noche durante varios meses en busca de evidencias que confirmaran la presencia de satélites orbitando alrededor de este mundo, tal como se sospechaba. Si la Tierra tenía una luna y Júpiter cuatro, por razones de armonía matemática era lógico pensar que el Planeta Rojo estuviera acompañado de dos cuerpos menores. En 1877, las condiciones de trabajo en los observatorios astronómicos eran terriblemente duras, y los sucesivos fracasos desalentaron a Hall, que estuvo a punto de abandonar sus investigaciones. En una de las más providenciales intervenciones de la historia de la Ciencia, su mujer Angeline le animó a que lo intentara sólo una noche más. Cerca de las seis de la madrugada de aquél 12 de agosto, el astrónomo vislumbró una débil lucecita muy cerca del disco planetario, que se confirmaría días después como la primera luna marciana vista por el hombre. Pocos días después descubriría el segundo satélite de este planeta. Las lunas fueron bautizadas, respectivamente, como Deimos y Fobos, que significan “terror” y “miedo”, nombres lógicos teniendo en cuenta que son los “hijos” de Marte, el dios de la guerra. En reconocimiento a su persuasión, el principal cráter de Deimos se llama Stickney, apellido de soltera de la esposa de Hall. Las imágenes que tenemos de estos mundos revelan que son grandes rocas irregulares, y parecen ser asteroides capturados por la gravedad marciana hace millones de años. Ambas lunas orbitan Marte en sentidos inversos y Fobos lo hace tan cerca del planeta que la fricción atmosférica acabará frenándolo y haciéndolo caer en un futuro remoto.
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