
27.03.09 @ 19:20:24. Archivado en Astronomía
Existe cierta confusión entre los términos “vacío”, “espacio” e “ingravidez”. El vacío supone la ausencia de materia en cualquiera de sus estados. En la Tierra, rodeados de nuestra atmósfera, podemos crear con máquinas vacíos artificiales para determinados experimentos. El espacio exterior técnicamente comienza donde acaba nuestro aire, es decir, donde comienza el vacío interplanetario, únicamente poblado por el tenue gas hidrógeno que engloba todo el Sistema Solar. Más allá, entre las estrellas y, sobre todo, en los grandes espacios intergalácticos, sólo hallamos unos cuantos átomos por metro cúbico. La fuerza de gravedad que ejercen los cuerpos como la Tierra permea también por todo el Universo, de forma que teóricamente no existe la “ingravidez”, pero sí podemos contrarrestar esta atracción por otros medios. Por ejemplo, los tripulantes de la Estación Espacial Internacional “flotan” no porque estén fuera de la influencia gravitatoria de la Tierra, sino porque compensan ese “tirón” gravitatorio con la fuerza centrífuga que generan al dar vueltas al planeta una vez cada hora y media. En la superficie de la Luna no hay prácticamente atmósfera, pero sí gravedad (seis veces más débil que la que tenemos aquí), gracias a la cual los astronautas se mueven grácilmente a pesar de sus voluminosos trajes espaciales. En 1971, David R. Scott, comandante del Apolo XV, hizo un singular experimento desde nuestro satélite: dejó caer a la vez un martillo y una pluma, y ambos objetos llegaron simultáneamente al suelo lunar. Se demostró así que Galileo, quien creía que la velocidad de caída de los cuerpos no depende de su masa, tenía razón.
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20.03.09 @ 19:12:26. Archivado en Astronomía
En contra de la creencia popular, todos los planetas hasta Saturno son observables a simple vista. Es más, en determinadas épocas son especialmente brillantes y su luminosidad puede superar a la del resto de astros del firmamento. Eso sí, no veremos más que puntos brillantes en el cielo; para apreciar detalles superficiales hay que emplear algún aparato óptico. A lo largo del año podemos ver un número variable de planetas por la noche. Habrá algunas en los que no sea visible ninguno y otras excepcionalmente favorables en las que podamos apreciar los cinco en diferentes momentos. Mercurio y Venus, como son planetas "internos" a la órbita de la Tierra, sólo se ven durante unas horas tras anochecer o antes de amanecer. Mercurio, el más cercano al Sol, únicamente se hace visible durante unos minutos en el crepúsculo, y no llega a brillar demasiado. Venus, por el contrario, puede llegar a ser el astro más brillante del cielo nocturno después de la Luna (como lo es actualmente). Marte, Júpiter y Saturno pueden aparecer a cualquier hora de la noche, incluso durante todo el periodo nocturno. Hay varios criterios para distinguir un planeta de una estrella: en primer lugar, destacan por su luminosidad, pudiendo llegar a brillar tanto o más que el resto de astros. Además, su brillo no titila, sino que es constante, sin parpadear como lo hacen las estrellas. Los planetas se encontrarán siempre en una banda estrecha del cielo llamada "zodiaco", y es imposible, por ejemplo, ver un planeta en la Osa Mayor. Las estrellas tienen posiciones fijas entre sí, pero los planetas se mueven lentamente noche tras noche a través de las estrellas.
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13.03.09 @ 18:25:05. Archivado en Astronomía
Por diversas circunstancias históricas, el papel de la mujer en la actividad investigadora ha sigo infravalorado, sin embargo encontramos en todas las disciplinas científicas contribuciones decisivas protagonizadas por mujeres, y la Astronomía no es una excepción. Hipatia de Alejandría –astrónoma, matemática y filósofa del siglo IV- revisó el saber astronómico de la antigüedad y murió víctima de la intolerancia religiosa. Fátima de Madrid escribió un tratado sobre el astrolabio en la Córdoba del siglo X. Carolina Herschel descubrió ocho cometas y fue la primera mujer en ingresar en la Real Sociedad Astronómica de Londres. Las observaciones de Annie Jump Cannon fueron determinantes para nuestra actual clasificación estelar. Otra astrónoma americana, Mina Fleming, catalogó más de 10.000 estrellas y descubrió cientos de objetos de cielo profundo. Cecilia Payne fue la primera persona en doctorarse en Astronomía por la universidad de Harvard en 1925. María Winkelmann, autodidacta, llegó a ser ayudante en el observatorio astronómico de Berlín. Gracias a los estudios de Henrietta Leavitt (1868-1921) hoy podemos medir con bastante precisión la distancia que nos separa a estrellas muy lejanas, desarrollando el método de las variables ceféidas, el equivalente a la “piedra Rosetta” de la Astrofísica. A pesar de ello murió en la miseria y sin ningún tipo de reconocimiento. Algo similar le pasó a Jocelyn Bell, quien descubrió los púlsares mientras realizaba su tesis doctoral. En 1971 su director de tesis y sus colaboradores recibieron el Premio Nobel de Física por este hallazgo, sin tener en cuenta la contribución de su estudiante.
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06.03.09 @ 12:59:25. Archivado en Astronomía
Veíamos la semana pasada cómo el sector de elipse que nuestro planeta dibuja entre el 15 de diciembre y el 15 de enero ha de ser igual al que dibuja entre el 15 de junio y el 15 de julio. Esto es así porque, aunque recorre un arco mayor en un mes de invierno (va más rápido), el radio-vector es entonces más corto, y viceversa, por lo que a la postre los dos sectores barridos por el radio-vector tienen igual superficie, aunque distinta forma. Así, por ejemplo, nuestro planeta se mueve 1 km/s más deprisa al acercarse al Sol, lo que implica que, para el hemisferio boreal, el invierno, que acontece en el periodo de máximo acercamiento a la estrella, dura varios días menos que el verano. Por último, la tercera ley de Kepler, publicada diez años después en su “Armonía de los Mundos” dice que los cuadrados de los períodos de los planetas -el tiempo que tardan en describir una translación completa- son proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol. Esto significa que el "año" de los planetas más cercanos al Sol es más corto que el de los más lejanos, no sólo por el hecho de que describen elipses más cortas, sino porque, además, van más rápido, es decir, cubren una mayor fracción de su órbita en el mismo tiempo. Veamos un ejemplo: en el caso de la Tierra, que dista unos 150 millones de km del Sol (la llamada Unidad Astronómica), tarda en completar su órbita algo más de 365 días, pero Mercurio, mucho más cercano al Astro Rey (0,39 Unidades Astronómicas de media), es más veloz y completa su circuito en tan sólo 88 días. Con una sencillo cálculo podemos comprobar que el genial astrónomo alemán también tenía razón en este caso.
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