
31.01.09 @ 11:20:53. Archivado en Astronomía
Los astros están a distancias tan descomunales que, vistos desde la Tierra, parecen estar todos en el mismo plano. De hecho, las constelaciones son figuras planas aparentes formadas por la observación, desde nuestra perspectiva particular, de estrellas que en realidad no tienen generalmente ninguna vinculación física entre sí. De esta forma, dispuestas más o menos al azar en el cielo, las estrellas parecen dibujar figuras caprichosas que nos recuerdan la silueta de personas, animales u objetos conocidos. Así, diferentes civilizaciones han querido ver sus propios elementos culturales reflejados en el firmamento, de forma que cada una desarrolló su particular mapa celeste, usualmente asociada a una cosmología bastante compleja. Nosotros hemos heredado la tradición grecolatina, por lo que de noche reconocemos a Perseo, Andrómeda y otros personajes mitológicos helénicos, probablemente reelaborados a su vez a partir de versiones anteriores. En el hemisferio sur del cielo, observado sistemáticamente a partir del siglo XVI, plasmamos inventos y descubrimientos propios de la era moderna, como el telescopio o el sextante. Astrónomos de la época completaron el trabajo creando nuevas constelaciones para “rellenar” los huecos existentes entre las figuras clásicas. Un siglo después hubo intentos de sustituir esos nombres “paganos” por otros procedentes de la Biblia, intentos que no pudieron vencer a la inercia de miles de años de tradición. Finalmente, en 1928, los astrónomos aprovecharon estos esquemas para repartir completamente toda la bóveda celeste en 88 constelaciones perfectamente delimitadas, tal como se reconocen hoy en día.
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23.01.09 @ 10:36:50. Archivado en Astronomía
Cualquier recorrido visual por el firmamento merece detenerse largo tiempo en esta interesantísima región del cielo, una de las mayores constelaciones del hemisferio norte, que todavía puede verse durante estas largas noches de invierno. Sus tres astros principales (Markab, Scheat y Algenib) forman, junto con la estrella más brillante de Andrómeda (Alpheratz) un cuadrado casi perfecto fácilmente reconocible y prácticamente desprovisto de luminarias brillantes. De hecho, los astrónomos, contando el número de estrellas observables a simple vista en esta región, pueden estimar rápidamente la calidad visual del cielo desde ese lugar. De entre sus objetos más célebres, asequibles con unos simples prismáticos, destaca el llamado “cúmulo globular M15”, una densa agrupación de soles situada cerca de la estrella Enif, 51 Pegasi, astro en torno al cual se descubrió el primer planeta extrasolar en 1995, o el sistema IK Pegasi, una de cuyas componentes evolucionará con toda probabilidad hacia un estallido supernova, el más cercano a nuestro planeta detectado hasta la fecha. En la mitología clásica, Pegaso era el caballo alado de Perseo, e hijo de Poseidón y Medusa. Se dice que, al nacer, de una coz creó la fuente del monte Helicón, que desde entonces sirve de inspiración divina. Criado por las Musas, cierto día voló hasta el Olimpo y allí Zeus le encargó la tarea de conducir los rayos y los truenos. Apresado por Belerofonte, lucho con él contra las Amazonas y la Quimera. Los dioses castigaron el exceso de orgullo del jinete, que presumía de poder volar como ellos. Pegaso lo dejó caer desde el Olimpo para vagar eternamente por la Tierra.
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16.01.09 @ 13:05:43. Archivado en Astronomía
Einstein demostró que la velocidad de la luz en el vacío es insuperable. Este hecho, que parece ser una característica básica de la naturaleza, implica una serie de fenómenos sorprendentes y contraintuitivos, como el hecho –demostrado experimentalmente- de que los cuerpos adquieren masa al acelerarse: cuando se aplica una fuerza a un objeto, a velocidades bajas casi toda la energía transmitida se transforma en más velocidad y sólo una pequeña parte se transforma en más masa para el objeto. Cerca de la velocidad de la luz, sin embargo, casi toda la energía se transforma en masa adicional y prácticamente nada acelera ya al objeto. Al llegar a la velocidad de la luz, toda la energía aplicada se transforma en masa y ya es imposible que el objeto adquiera más velocidad. Adicionalmente, la dimensión longitudinal del objeto acelerado (en el sentido de su movimiento) se va acortando a medida que se acerca a la velocidad de la luz, cuando llega a ella tendría una longitud cero y más allá, negativa, lo cual es absurdo. Además, el transcurso del tiempo dentro del objeto se ralentiza a medida que el objeto acelera, deteniéndose al llegar a la velocidad de la luz. Todo esto, como demuestra Einstein, depende de la perspectiva del observador. Dentro de una nave espacial que se desplazara a velocidades cercanas a la de la luz uno no observa estos cambios, pero sí si mira a los objetos fuera de la nave. No se puede decir que una de las dos perspectivas sea la "correcta" y la otra una "ilusión", ambas son facetas de la misma realidad desde el punto de vista de la física moderna. Por ello se llama a este principio “teoría de la relatividad”.
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09.01.09 @ 10:26:32. Archivado en Astronomía
Los astros están tan alejados de la Tierra que, vistos desde aquí, perdemos la sensación de profundidad al observarlos y todos ellos parecen estar a la misma e indefinida distancia. Las estrellas que forman una constelación nos parece que están en el mismo plano, cuando lo cierto es que algunas están muchísimo más lejos que las otras (lo compensan brillando más). Así, decimos, por ejemplo, que Saturno está en la constelación de Los Gemelos, aunque mirando a simple vista da la sensación de que realmente este planeta está pasando entre las estrellas de esta constelación, sabemos que Saturno está incomparablemente más cerca. De esta forma, todos los astros parecen estar en un mismo plano, lo que, por un efecto óptico, nos produce la sensación de estar en el centro de una bóveda o cúpula, llamada bóveda o esfera de la cual contemplamos su superficie interna. A lo largo de la noche vemos las estrellas salir por el este y ocultarse por el oeste, de forma que esta esfera gira aparentemente entorno a dos puntos inmóviles que llamamos "polos celestes", el norte, situado muy cerca de la estrella más brillante de la constelación de la Osa Menor, que por esta razón llamamos "estrella polar". Al contemplar la esfera celeste en dos dimensiones, podemos fijar cualquier punto en ella mediante una pareja de coordenadas, tal como hacemos en nuestro planeta cuando hablamos de la latitud y la longitud de una ciudad en el mapa. En el cielo, estos términos se traducen, respectivamente, por declinación y ascensión recta, dos números que encontramos en cualquier atlas celeste para ubicar los astros y poder hallarlos fácilmente con el telescopio.
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02.01.09 @ 13:58:47. Archivado en Astronomía
Los astrónomos utilizan una escala de brillo llamada magnitud, que se establece de forma que a los astros más brillantes les corresponden magnitudes más bajas. En una noche despejada y sin luna, lejos de la luz de las grandes ciudades, una persona con vista normal puede ver estrellas de hasta magnitud 6, es decir, podemos ver más de 3.000 estrellas. Las más brillantes tienen magnitud 0 e incluso negativa (-1). Pues bien, hay cinco planetas con magnitudes inferior a 6: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Todos estos no sólo resultan visibles a simple vista, sino que destacan especialmente por su luminosidad, a excepción quizás del pequeño Mercurio, que está siempre demasiado cerca del Sol. En condiciones ideales, un observador experimentado puede ver también Urano, considerado habitualmente como el límite de la visión humana. Esto no significa que todas las noches veamos estos seis planetas, ya que se desplazan por la bóveda celeste alcanzando diferentes posiciones relativas en cada época del año. En la actualidad podemos contemplar, por ejemplo, Venus y, avanzada la noche, Saturno. Lo habitual es que podamos ver uno o dos de ellos a la vez, rara vez los seis, y muchas veces ninguno de ellos, al situarse todos en el hemisferio "diurno". Los planetas se distinguen de las estrellas por varias características: en primer lugar, su brillo, normalmente superior al del resto de las estrellas. Venus, por ejemplo, es el astro más brillante del cielo, después del Sol y la Luna. Además, al contrario que las estrellas, no parpadean, y se desplazan lentamente entre ellas, como podemos comprobar al observarlos en noches sucesivas.
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