Vida estelar
06.12.08 @ 00:25:42. Archivado en Astronomía
La evolución de una estrella depende, esencialmente, de su masa original. Las estrellas de tamaño medio, como el Sol, tienen vidas activas generalmente largas, del orden de los 10.000 millones de años. Gran parte de este periodo lo pasan en la llamada "secuencia principal", obteniendo la energía mediante la fusión de hidrógeno en helio, en la que no experimentan cambios fisiológicos de importancia. Al terminarse este combustible, la estrella experimenta un aumento de tamaño y se transforma en una "gigante roja", fase que dura unos millones de años más. Finalmente, el astro explota liberándose de sus capas superficiales que quedan rodeándola (formando lo que llamamos una nebulosa planetaria) y el núcleo queda reducido a un astro denso y caliente llamado "enana blanca". Las estrellas más masivas consumen hidrógeno mucho más deprisa y están poco tiempo dentro de la secuencia principal. Al final de sus vidas su diámetro crece enormemente hasta convertirse en "supergigantes rojas" que estallarán en una colosal explosión final o "supernova". El núcleo implota sobre sí mismo formando un cuerpo extremadamente denso conocido como estrella de neutrones. El material que constituye estos astros es extremadamente compacto: una sola cucharadita pesa más que una montaña de la Tierra. Las estrellas de neutrones normalmente giran a gran velocidad, emitiendo radiación que llega a nuestro planeta con un ritmo que recuerda a los faros marítimos, por lo que se las llama estrellas pulsantes o “púlsares”. Si el astro inicial era suficientemente masivo, el colapso puede continuar hasta formar un cuerpo infinitamente denso: un agujero negro.
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