
27.12.08 @ 01:58:45. Archivado en Astronomía
¿Podremos algún día viajar a las estrellas? Para responder a esta pregunta habría que saber qué se entiende por "poder". Desde luego, físicamente no hay nada que impida viajar a las estrellas -o a su cercanía, claro está- pero tecnológicamente es una empresa inviable hoy en día. A lo más lejos que hemos llegado es a la Luna, y probablemente durante este siglo se realicen los primeros viajes tripulados a Marte, que está como mínimo a 60 millones de km. El Sol, la estrella más cercana, está a más del doble de distancia, y aún así habría que solventar el problema de la tremenda temperatura y las radiaciones que hay cerca de este astro. Por otra parte, la estrella más cercana al Sol está a más de cuatro años luz, lo que significa que tardaríamos cuatro años en ir y cuatro en volver, y eso suponiendo que podemos acelerar inmediatamente a la velocidad de la luz y mantenerla durante todo el viaje (lo cual es imposible). A las máximas velocidades que han alcanzado algunos ingenios humanos (unos 100 km/s), tardaríamos 12.000 años en llegar. Imaginar un viaje que abarque nuestra galaxia –la Vía Láctea- es casi imposible, ya que de lado a lado tiene 100.000 años luz. Pero hoy sabemos que hay miles de millones de galaxias similares a distancias descomunales de nuestro hogar. Andrómeda, una de las más cercanas, está a más de dos millones de años luz, y es el objeto más distante del Universo que podemos ver a simple vista en una noche oscura y despejada. Los rayos lumínicos que ahora llegan a nuestros ojos procedentes de este cuerpo salieron de él cuando en la Tierra nuestros antepasados los Australopitecus daban sus primeros pasos.
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19.12.08 @ 16:38:38. Archivado en Astronomía
La velocidad de rotación de la Tierra no es constante, se va ralentizando paulatinamente con el transcurso de los milenios debido a las fuerzas de marea ejercidas por la Luna y, secundariamente, por el Sol. La fuerza de atracción de estos dos astros provoca la aparición de dos protuberancias diametralmente opuestas en la esfera terrestre. En los océanos identificamos estas elevaciones como las mareas que se suceden con regularidad todos los días, como comentamos la semana pasada. No obstante, también ocurren pequeñas "mareas" de escasos milímetros en los continentes, menos aparentes debido a que la roca es menos fluida que las masas de agua. Debido a la rotación de la Tierra, estas elevaciones se mueven a gran velocidad con respecto a la superficie del planeta. La fricción constante que generan esos enormes volúmenes de agua y roca en movimiento acaba "frenando" lenta pero constantemente la rotación de la Tierra. En consecuencia, la duración del día se alarga aproximadamente un segundo cada 100.000 años. Existen pruebas paleontológicas que demuestran que hace 620 millones de años los días duraban sólo 22 h. Como consecuencia precisamente también de este efecto marea, la Luna se está alejando constantemente de la Tierra, unos cuatro centímetros cada año, de forma que su capacidad de generar mareas es cada vez menor y este efecto de frenado sobre el giro del planeta se irá atenuando con el tiempo. Este alejamiento tendrá consecuencias curiosas sobre los eclipses: una Luna aparentemente más pequeña no cubrirá completamente al Sol en los futuros eclipses, y de hecho estos fenómenos desaparecerán dentro de 2000 millones de años.
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10.12.08 @ 20:38:41. Archivado en Astronomía
Las mareas se producen por la atracción gravitatoria que ejerce principalmente la Luna sobre las masas oceánicas de nuestro planeta. Un pequeño porcentaje de la elevación en el nivel del mar se debe también a la atracción gravitatoria del Sol, que, aunque es más grande que la Luna, está muchísimo mas lejos. En luna llena y nueva se producen mareas especialmente intensas, como resultado de la posición que adquiere en ese momento nuestro satélite. En luna llena vemos toda la superficie lunar iluminada, eso significa que tenemos el sol justo a nuestra espalda, pero debajo del horizonte: la Tierra está pasando entre la Luna y el Sol. Por el contrario, en luna nueva el Sol ilumina justo la cara de la Luna que no vemos y por eso dejamos de verla durante unos días: es la Luna la que está pasando entre el Sol y la Tierra. En ambos casos los tres astros están alineados y la fuerza gravitatoria que ejercen se suma, provocando mareas particularmente elevadas. Durante el cuarto creciente o menguante, los rayos de Sol inciden oblicuamente sobre la Luna, iluminando sólo la mitad de la parte que vemos. El Sol, la Tierra y la Luna están formando un ángulo recto, de modo que sus fuerzas gravitatorias se contrarrestan entre sí, originando mareas poco intensas o "muertas". Las mareas debidas a la Luna se suceden cada 12 h y 25 minutos, ya que el "día lunar" -el tiempo que transcurre entre dos puestas de luna sucesivas- dura unas 24 h y 50 minutos. Estos 50 minutos extra se van acumulando con el tiempo de forma que constituyen una vuelta completa a la Tierra al cabo de unos 28 días, que es lo que tarda la Luna en dar una vuelta a la Tierra.
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06.12.08 @ 00:25:42. Archivado en Astronomía
La evolución de una estrella depende, esencialmente, de su masa original. Las estrellas de tamaño medio, como el Sol, tienen vidas activas generalmente largas, del orden de los 10.000 millones de años. Gran parte de este periodo lo pasan en la llamada "secuencia principal", obteniendo la energía mediante la fusión de hidrógeno en helio, en la que no experimentan cambios fisiológicos de importancia. Al terminarse este combustible, la estrella experimenta un aumento de tamaño y se transforma en una "gigante roja", fase que dura unos millones de años más. Finalmente, el astro explota liberándose de sus capas superficiales que quedan rodeándola (formando lo que llamamos una nebulosa planetaria) y el núcleo queda reducido a un astro denso y caliente llamado "enana blanca". Las estrellas más masivas consumen hidrógeno mucho más deprisa y están poco tiempo dentro de la secuencia principal. Al final de sus vidas su diámetro crece enormemente hasta convertirse en "supergigantes rojas" que estallarán en una colosal explosión final o "supernova". El núcleo implota sobre sí mismo formando un cuerpo extremadamente denso conocido como estrella de neutrones. El material que constituye estos astros es extremadamente compacto: una sola cucharadita pesa más que una montaña de la Tierra. Las estrellas de neutrones normalmente giran a gran velocidad, emitiendo radiación que llega a nuestro planeta con un ritmo que recuerda a los faros marítimos, por lo que se las llama estrellas pulsantes o “púlsares”. Si el astro inicial era suficientemente masivo, el colapso puede continuar hasta formar un cuerpo infinitamente denso: un agujero negro.
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