Simetría
17.10.08 @ 13:27:04. Archivado en Astronomía
Por alguna razón, las leyes que rigen el Universo tienden a ser extraordinariamente simples. De hecho, la simplicidad es un criterio usado habitualmente por los científicos para decantarse entre dos explicaciones alternativas del mismo fenómeno (es la llamada “navaja de Occam”). Esta simplicidad se manifiesta por la aparición generalizada de estructuras y procesos simétricos. No nos referimos sólo a la simetría morfológica de muchos seres vivos, sino que encontramos este equilibrio sobre todo en el campo de la física: polos opuestos que se atraen, reacciones que alcanzan un equilibrio, etc. En el mundo de la física subatómica, encontramos que todas las partículas tienen su correspondiente “antipartícula”, y esta simetría se manifiesta en diversas propiedades: las parejas de partículas tienen cargas eléctricas opuestas, o sentidos de giro opuestos, o bien se complementan en otras propiedades mucho más sutiles y difíciles de comprender. En experimentos complejos que implican grandes cantidades de energía, como los que se desarrollarán en el LHC, se generan familias de cientos de partículas emparentadas todas ellas mediante relaciones de simetría de ese tipo, de forma que la “suma total” de todas ellas es nula. Es lo que se llama “conservación de la simetría”. Si los científicos encuentran una presunta violación de esta ley, inmediatamente encuentran pistas para dar con la partícula esquiva que satisface este orden natural aparentemente inmutable. Por sus trascendentales contribuciones en este campo, los investigadores Yoichiro Nambu, Makoto Kobayashi y Toshihide Maskawa acaban de ser laureados con el Premio Nobel de Física.
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