Alrucaba (y III)
10.10.08 @ 16:15:14. Archivado en Astronomía
Veíamos hace unas semanas cómo el lugar que ocupa de la Estrella Polar no coincide exactamente con la posición del Polo Celeste, aunque a efectos prácticos nos sirve perfectamente para identificar los puntos cardinales. La distancia entre esta estrella y el Polo, además, varía levemente con el tiempo. En primer lugar, como todas las estrellas está dotada de un movimiento propio. Aunque estos astros en realidad se desplazan a varios kilómetros por segundo, están a distancias tan colosales que a simple vista es imposible observarlo a no ser que se sigan sus posiciones a lo largo de los siglos. Más notable es el movimiento aparente que afecta no a la Polar, sino a la posición del Polo Celeste, llamado “precesión de los equinoccios”. Debido a este fenómeno, el Polo completa un circuito alrededor de un punto -situado en la constelación del Dragón- cada 26 milenios aproximadamente. Así se entiende que, en tiempos remotos, la distancia entre la Polar y el Polo era mucho mayor, de forma que otras estrellas cumplían mejor su función de señalar esta importante referencia celeste. Por ejemplo, hace 4.500 años, en la época de las grandes pirámides de Egipto, era la estrella Thuban la que hacía las veces de Polar. En el siglo IX el polo pasaba cerca de una pequeña estrella de la constelación de la Girafa. De hecho, la actual Polar abandonará sus funciones dentro de unos 15 siglos, cuando el Polo se adentre en la constelación de Cefeo. Finalmente, será la brillante Vega, que ahora vemos iluminando los cielos otoñales, la que nos indique el norte dentro de 13.000 años, recuperando así la posición que tuvo durante la última glaciación.
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