
31.10.08 @ 12:47:18. Archivado en Astronomía
Este año se celebra el 50 aniversario de la creación de la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA). Aunque la carrera espacial entre los bloques geopolíticos imperantes durante el siglo XX había comenzado bastante antes, el fin del conflicto bélico mundial y el recrudecimiento de la guerra fría aceleraron la aparición de este organismo, inicialmente con una clara vinculación militar. Los primeros y más relevantes éxitos correspondieron, sin embargo, a los soviéticos: el primer satélite artificial, los primeros vuelos orbitales tripulados, las primeras actividades extravehiculares, los primeros alunizajes, etc. Por ello los norteamericanos se centraron durante los años 60 en el ambicioso plan de llevar hombres a la Luna (el proyecto Apolo), que culminó exitosamente en 1969 gracias a un esfuerzo tecnológico y presupuestario sin precedentes. A partir de entonces la NASA adquirió un carácter más científico, con notables descubrimientos surgidos a partir de las sondas interplanetarias y los telescopios en órbita. Recordamos también aspectos no tan positivos, como la accidentada historia de los transbordadores espaciales y el consiguiente retraso en la finalización de la Estación Espacial Internacional. Con la vista puesta en la colonización de Marte, la NASA se enfrenta en la actualidad a un futuro incierto de recortes presupuestarios -directamente relacionados con la crisis económica- y la dura competencia no sólo de las agencias espaciales europea y rusa, sino también de potencias emergentes como China o India que recientemente han demostrado ser capaces de emular al coloso americano.
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24.10.08 @ 12:35:50. Archivado en Astronomía
Esta semana podemos ver una interesante exposición sobre la Ciencia en el mundo andalusí. El periodo de máximo esplendor del mundo islámico coincidió en el tiempo con los siglos en que ocuparon buena parte de la Península Ibérica. Esto propició que aparecieran en Al-Andalus todos los elementos clásicos de esta cultura que aún hoy son visibles, por ejemplo, en un amplio espectro de manifestaciones artísticas en nuestro país. En el ámbito científico, los andalusíes prestaron especial atención a la Astronomía, disciplina en la que se dedicaron a recopilar y preservar los avanzados conocimientos alcanzados por las civilizaciones antiguas, principalmente los griegos. Los árabes profesaron especial devoción por el tratado de Astronomía de Claudio Ptolomeo, al que llamaron “Almagesto” (“El más grande”), nombre por el que se conoce aún hoy en día. Desarrollaron algunas líneas filosóficas de las escuelas pitagórica y aristotélica, llegando a proponer ingeniosos modelos cosmológicos que en cierto sentido anticipan ideas que tardarían todavía varios siglos en aparecer en Europa. Su influencia en la historia de la Ciencia persiste hoy en día en su contribución a las lenguas romances como el español. Palabras como “álgebra”, “cero” o “algoritmo” son de origen árabe, como muchos de los términos usados en astronomía actual (“acimut”, “cenit”), por no hablar de los nombres comunes de las estrellas, mayoritariamente con esta etimología. Andalusíes fueron también algunos de los astrónomos más relevantes del medioevo, como el toledano Azarquiel -inventor de la azafea- o Maslama al-Mayriti, uno de los grandes intelectuales de la época.
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17.10.08 @ 13:27:04. Archivado en Astronomía
Por alguna razón, las leyes que rigen el Universo tienden a ser extraordinariamente simples. De hecho, la simplicidad es un criterio usado habitualmente por los científicos para decantarse entre dos explicaciones alternativas del mismo fenómeno (es la llamada “navaja de Occam”). Esta simplicidad se manifiesta por la aparición generalizada de estructuras y procesos simétricos. No nos referimos sólo a la simetría morfológica de muchos seres vivos, sino que encontramos este equilibrio sobre todo en el campo de la física: polos opuestos que se atraen, reacciones que alcanzan un equilibrio, etc. En el mundo de la física subatómica, encontramos que todas las partículas tienen su correspondiente “antipartícula”, y esta simetría se manifiesta en diversas propiedades: las parejas de partículas tienen cargas eléctricas opuestas, o sentidos de giro opuestos, o bien se complementan en otras propiedades mucho más sutiles y difíciles de comprender. En experimentos complejos que implican grandes cantidades de energía, como los que se desarrollarán en el LHC, se generan familias de cientos de partículas emparentadas todas ellas mediante relaciones de simetría de ese tipo, de forma que la “suma total” de todas ellas es nula. Es lo que se llama “conservación de la simetría”. Si los científicos encuentran una presunta violación de esta ley, inmediatamente encuentran pistas para dar con la partícula esquiva que satisface este orden natural aparentemente inmutable. Por sus trascendentales contribuciones en este campo, los investigadores Yoichiro Nambu, Makoto Kobayashi y Toshihide Maskawa acaban de ser laureados con el Premio Nobel de Física.
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10.10.08 @ 16:15:14. Archivado en Astronomía
Veíamos hace unas semanas cómo el lugar que ocupa de la Estrella Polar no coincide exactamente con la posición del Polo Celeste, aunque a efectos prácticos nos sirve perfectamente para identificar los puntos cardinales. La distancia entre esta estrella y el Polo, además, varía levemente con el tiempo. En primer lugar, como todas las estrellas está dotada de un movimiento propio. Aunque estos astros en realidad se desplazan a varios kilómetros por segundo, están a distancias tan colosales que a simple vista es imposible observarlo a no ser que se sigan sus posiciones a lo largo de los siglos. Más notable es el movimiento aparente que afecta no a la Polar, sino a la posición del Polo Celeste, llamado “precesión de los equinoccios”. Debido a este fenómeno, el Polo completa un circuito alrededor de un punto -situado en la constelación del Dragón- cada 26 milenios aproximadamente. Así se entiende que, en tiempos remotos, la distancia entre la Polar y el Polo era mucho mayor, de forma que otras estrellas cumplían mejor su función de señalar esta importante referencia celeste. Por ejemplo, hace 4.500 años, en la época de las grandes pirámides de Egipto, era la estrella Thuban la que hacía las veces de Polar. En el siglo IX el polo pasaba cerca de una pequeña estrella de la constelación de la Girafa. De hecho, la actual Polar abandonará sus funciones dentro de unos 15 siglos, cuando el Polo se adentre en la constelación de Cefeo. Finalmente, será la brillante Vega, que ahora vemos iluminando los cielos otoñales, la que nos indique el norte dentro de 13.000 años, recuperando así la posición que tuvo durante la última glaciación.
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03.10.08 @ 11:17:59. Archivado en Astronomía
Tuvo el honor de ser el primer astro observado por el Gran Telescopio de Canarias en la ceremonia inaugural de este instrumento hace unos meses. Los primeros rayos de luz que atravesaron la complejísima óptica del que es, probablemente, el mejor telescopio del mundo, confirmaron que se trata, efectivamente, de una estrella múltiple. Al contrario de lo que le sucede al Sol, parece ser que la mayoría de estrellas que conocemos son en realidad parejas, tríos e incluso sextetos de soles muy cercanos entre sí, y en ocasiones muy diferentes, que se mantienen unidos por la fuerza gravitatoria. Desde la Tierra, a simple vista los vemos a tales distancias que sólo distinguimos un único punto de luz con el brillo conjunto de sus componentes. Así, muchas de las estrellas que vemos por la noche -Aldebarán, Rígel, Antares, etc.- son sistemas múltiples de este tipo. A Alrucaba, por ejemplo, le acompaña una estrella menor llamada Polaris B (observable con telescopios de aficionado) y, como recientemente ha revelado el Hubble, una estrella enana bautizada como Polaris C que completa una vuelta entorno a la Polar cada 30 años. La propia Polar es un astro de por sí muy interesante ya que se trata, además, de una estrella variable, es decir, cuyo brillo oscila con el tiempo. Aunque mejor diríamos que “oscilaba”, ya que durante las últimas décadas, por razones no muy bien comprendidas, ha perdido prácticamente esta característica. Si nuestro planeta orbitara este astro, veríamos una estrella 45 veces mayor y 2000 veces más luminosa que nuestro Sol; si la vemos con un brillo tan modesto es porque se sitúa a más de 430 años-luz de la Tierra.
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