Eclipses (II)
15.08.08 @ 12:34:47. Archivado en Astronomía
Los primeros astrónomos se percataron ya de la regularidad del movimiento de los astros. Los antiguos asirios y babilónicos se dedicaron a anotar cuidadosamente la ocurrencia de estos fenómenos celestes y dedujeron que, aproximadamente cada 51 años, acontecían eclipses de naturaleza muy similar en cuanto a duración y características. Se dice que, en base a estas observaciones, el científico griego Tales de Mileto pudo predecir un eclipse en el 585 a.C. Como quiera que los eclipses totales de Sol son únicamente visibles desde zonas geográficas muy limitadas -generalmente franjas de sólo unos cuantos kilómetros de ancho-, analizando los registros que mencionan estos eventos es posible datar con precisión determinados acontecimientos históricos. Por ejemplo, la batalla de Simancas, que el 19 de julio de 939 enfrentó a Ramiro II contra los ejércitos de Abd al-Rahman III se vio interrumpida por un espectacular eclipse que atemorizó a ambos bandos. Cálculos posteriores han revelado que muchos eclipses pretéritos fueron visibles cientos de kilómetros más allá de sus áreas de observabilidad teóricas. La única explicación de esta anomalía pasa por admitir que el movimiento de rotación de la Tierra se ha ralentizado con el transcurso de los siglos. En efecto, la atracción gravitatoria de la Luna provoca elevaciones periódicas del nivel de los océanos (las mareas), y la fricción permanente de estas enormes masas de agua contra los continentes frena paulatinamente el giro de nuestro planeta. De esta forma, en la época medieval, los días eran casi medio minuto más cortos que en la actualidad, y continuarán prolongándose en el futuro.
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