
28.08.08 @ 19:09:07. Archivado en Astronomía
“¿Cuál es esa estrella que brilla tanto al atardecer?” Es ésta una de las preguntas habituales dirigidas a los aficionados a la Astronomía. La respuesta va a depender esencialmente de la época del año, ya que lo astros acostumbran a desplazarse por el firmamento, haciéndose visibles sólo en determinados periodos. Actualmente es muy probable que la primera estrella que vemos tras la puesta de Sol, en el horizonte Oeste, sea Júpiter, que como todo el mundo sabe se trata en realidad de un planeta. En efecto, los cinco primeros planetas no sólo resultan perfectamente visibles a simple vista, sino que destacan precisamente por su brillo, frecuentemente superior al del resto de luces que adornan el cielo. No esperemos, sin embargo, vislumbrar ningún detalle superficial en estos mundos sin contar con instrumentos adecuados, ya que aparecen como simples puntos de luz distinguibles de las estrellas principalmente por su falta de “titileo”. Los planetas, además, aparecen únicamente en una banda relativamente estrecha de la bóveda celeste llamada “zodiaco”, debido a que las constelaciones que la pueblan representan generalmente a animales. Al contrario que las estrellas, los planetas se mueven lentamente, desplazándose a través del zodiaco. Júpiter, por ejemplo, completa su circuito en unos 12 años, de forma que cada año se sitúa en una constelación zodiacal diferente por término medio. Hoy sabemos que ambos tipos de astros son muy diferentes, los planetas son cuerpos relativamente pequeños que se limitan a reflejar la luz procedente del Sol, mientras que las estrellas son enormes masas de gas incomparablemente más lejanas.
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22.08.08 @ 11:33:04. Archivado en Astronomía
Los eclipses lunares, además de constituir formidables espectáculos, tienen su utilidad desde distintos campos de la Ciencia. La Luna actúa en esos instantes como gran pantalla de proyección de la sombra de nuestro planeta; y el hecho de que invariablemente presentara una silueta circular se utilizó históricamente como uno de los principales argumentos a favor de la esfericidad de la Tierra. Colón observó atentamente desde la actual Jamaica el eclipse de Luna acontecido el 29 de febrero de 1504, gracias a lo cual se pudo estimar la posición geográfica del nuevo continente. El grado de oscurecimiento de la Luna durante el máximo del eclipse se utiliza también para valorar la cantidad de materia en suspensión que contiene el aire. Como se pudo observar en el eclipse de hace unos días, la sombra de la Tierra no consigue ocultar completamente a nuestro satélite, esto es debido los rayos solares que atraviesan tangencialmente nuestra atmósfera se refractan, tiñendo la superficie de la Luna de un color rojizo apagado. Una Luna eclipsada será tanto más oscura cuanto más polvo y partículas existan flotando en el aire, incluyendo los contaminantes derivados de las actividades industriales. El astrónomo francés André-Louis Danjon propuso en el siglo pasado una escala visual para calcular este efecto. Desde entonces se han registrado eclipses prácticamente inapreciables, coincidiendo con atmósferas inusualmente limpias; hasta Lunas prácticamente invisibles en eclipses inmediatamente posteriores a grandes erupciones volcánicas, como el observado en diciembre de 1992 tras el trágicamente recordado estallido del Monte Pinatubo, en Filipinas.
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15.08.08 @ 12:34:47. Archivado en Astronomía
Los primeros astrónomos se percataron ya de la regularidad del movimiento de los astros. Los antiguos asirios y babilónicos se dedicaron a anotar cuidadosamente la ocurrencia de estos fenómenos celestes y dedujeron que, aproximadamente cada 51 años, acontecían eclipses de naturaleza muy similar en cuanto a duración y características. Se dice que, en base a estas observaciones, el científico griego Tales de Mileto pudo predecir un eclipse en el 585 a.C. Como quiera que los eclipses totales de Sol son únicamente visibles desde zonas geográficas muy limitadas -generalmente franjas de sólo unos cuantos kilómetros de ancho-, analizando los registros que mencionan estos eventos es posible datar con precisión determinados acontecimientos históricos. Por ejemplo, la batalla de Simancas, que el 19 de julio de 939 enfrentó a Ramiro II contra los ejércitos de Abd al-Rahman III se vio interrumpida por un espectacular eclipse que atemorizó a ambos bandos. Cálculos posteriores han revelado que muchos eclipses pretéritos fueron visibles cientos de kilómetros más allá de sus áreas de observabilidad teóricas. La única explicación de esta anomalía pasa por admitir que el movimiento de rotación de la Tierra se ha ralentizado con el transcurso de los siglos. En efecto, la atracción gravitatoria de la Luna provoca elevaciones periódicas del nivel de los océanos (las mareas), y la fricción permanente de estas enormes masas de agua contra los continentes frena paulatinamente el giro de nuestro planeta. De esta forma, en la época medieval, los días eran casi medio minuto más cortos que en la actualidad, y continuarán prolongándose en el futuro.
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08.08.08 @ 12:44:16. Archivado en Astronomía
Estamos en época de eclipses. Estos grandiosos fenómenos celestes, que tanta expectación provocan, se producen al alinearse en el espacio el Sol, la Luna y nuestro propio planeta. En efecto, todos hemos visto a pleno día la Luna y el Sol a una cierta distancia, que varía día a día; de forma que se acercan más y más a medida que la fase de nuestro satélite va menguando, pasando muy cerca todos los meses en luna nueva. Dos veces al año, por lo menos, ambos astros se cruzan en el cielo, de forma que la luna tapa parcial o totalmente el disco solar, produciendo un eclipse. En 2008, la primera vez que pasó esto fue el 7 de febrero, pero este eclipse sólo pudo verse desde las remotas regiones antárticas. El del pasado viernes pudo ser seguido por mucha más gente, al recorrer buena parte de Europa y Asia. Al avanzar los días, la Luna se sigue moviendo y llega al extremo opuesto del cielo, de forma que entonces es la Tierra la que se interpone entre ambos cuerpos, impidiendo durantes unas horas que la luz del Sol ilumine al satélite, que se oscurece sensiblemente: es un eclipse de Luna. Por ello normalmente ambos tipos de eclipses aparecen emparejados todos los años, separados por un intervalo de unas dos semanas. En efecto, el próximo día 16 de agosto podremos contemplar un eclipse de Luna, que comentaremos en próximas entregas. En España, habremos de esperar hasta el 4 de enero de 2011 para poder volver a contemplar un magnífico eclipse solar. Ese día se producirá además una circunstancia insólita: el Sol saldrá en nuestro país ya eclipsado, de forma que podremos contemplar uno de los más extraordinarios amaneceres del siglo.
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