Agujeros negros
24.07.08 @ 21:50:35. Archivado en Astronomía
Las estrellas viven en un constante equilibrio entre la presión que ejerce su propia radiación, que tiende a expandirlas, y su propio peso, que tiende a hacerlas más pequeñas. Cuando en una estrella se agota el combustible nuclear, al final de su vida, el peso gana sobre la radiación y la estrella se desploma sobre sí misma (se dice que colapsa o implota). En función de la masa original de la estrella pueden suceder varias cosas. Si la estrella era suficientemente masiva, se deshace de sus capas exteriores y el núcleo se condensa en un punto adimensional de densidad infinita, llamado singularidad. El campo gravitatorio que genera es tan intenso que la velocidad de escape supera la velocidad de la luz, por lo tanto nada, ni si quiera la radiación electromagnética, puede escapar de una cierta distancia entorno a este punto, llamada “horizonte de sucesos”. Algunos científicos opinan que la materia que cae en un agujero negro es radiada posteriormente en otro punto de este (o de otro) Universo, a través de un fenómeno complementario (un “agujero blanco”). Las primeras conjeturas acerca de la posible existencia de los agujeros negros se remontan al siglo XVIII, pero no fue hasta hace pocas décadas cuando se reunieron observaciones suficientes para demostrar su existencia más allá de toda duda razonable; además de las contribuciones teóricas desarrolladas por físicos como Albert Einstein o Stephen Hawking. Hay claras evidencias, por ejemplo, de que en el centro de nuestra galaxia –y posiblemente en otras muchas- hay un agujero negro supermasivo. No obstante, la ciencia de estos fascinantes astros está aún en sus comienzos.
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