Luz cenicienta
18.07.08 @ 16:10:52. Archivado en Astronomía
Este poético nombre se refiere al resplandor apagado que, en noches oscuras y despejadas, vemos en el lado no iluminado de la Luna. En efecto, aunque nuestro satélite esté en fase creciente o menguante, generalmente podemos distinguir todo el contorno del mismo recortado sobre la bóveda celeste, gracias a este débil brillo, que aumenta la sensación de relieve al contemplarlo. A simple vista y, especialmente a través de unos prismáticos, percibimos efectivamente un cuerpo esférico y no un disco plano. Fue el gran científico italiano Galileo Galilei el primero en ofrecer una explicación coherente –y acertada- del fenómeno de la luz cenicienta. La luz “normal” de la Luna se debe, como todos sabemos, al reflejo de los rayos solares sobre su superficie. La luz cenicienta se correspondería con la fracción iluminada por la Tierra, que refleja a su vez los rayos solares. En resumen, este resplandor es la parte de la Luna iluminada por nuestro propio planeta, de la misma forma que la Luna nos ilumina a nosotros por las noches. Esto se corrobora por el hecho de que este brillo es tanto más intenso cuanto menor es la fase de la Luna, debido a que las fases de la Tierra y la Luna son complementarias: cuando vemos la Luna en cuarto creciente, desde allí se vería la Tierra en cuarto menguante, y viceversa. Poco antes o después de la luna nueva podemos distinguir claramente esta luz, ya que desde la Luna la Tierra se ve “casi llena” e ilumina mucho más eficazmente el lado oscuro del satélite. Análogamente, cerca de la luna llena la Tierra se vería prácticamente “nueva”, únicamente con un estrecho huso iluminado por la luz del Sol.
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