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Crepúsculo

Permalink 30.07.08 @ 21:16:44. Archivado en Astronomía

Es el intervalo de tiempo que transcurre entre la puesta de Sol y el comienzo de la verdadera “noche”. Cuando las estrellas son visibles en todo su esplendor se dice que ha finalizado el crepúsculo astronómico, para distinguirlo del civil y del náutico, más cortos. Si tenemos ocasión de viajar a menudo, comprobaremos que la duración del crepúsculo varía de unas zonas a otras. En concreto, es especialmente largo en los países situados a elevadas latitudes. ¿Por qué? El Sol, en su camino aparente diario entre el horizonte Este y el Oeste, se mueve siempre paralelo a una línea imaginaria del cielo que se llama "Ecuador Celeste". Esta línea es una circunferencia que atraviesa todo el cielo, pasando exactamente por los puntos cardinales Este y Oeste, y que es simplemente una proyección en el firmamento del propio Ecuador de la Tierra. Pues bien, sucede que esta línea, vista desde las regiones ecuatoriales, es prácticamente vertical, es decir, forma un ángulo de 90º con respecto al horizonte. Al ponerse el Sol, se oculta por el oeste siguiendo una trayectoria paralela a esta línea, por lo que "cae" verticalmente a gran velocidad. Desde otras regiones del globo el Ecuador Celeste forma un cierto ángulo con el horizonte, por lo que el sol no "cae" verticalmente, sino de forma oblicua, y tarda más en desaparecer. Tanto es así que, en las regiones cercanas a los polos, este ángulo es tan pequeño que el sol prácticamente se mueve paralelo al horizonte, pudiendo tardar varias semanas o meses en ocultarse. Durante este tiempo la estrella va descendiendo, describiendo una espiral que barre toda la circunferencia del horizonte cada día.

Agujeros negros

Permalink 24.07.08 @ 21:50:35. Archivado en Astronomía

Las estrellas viven en un constante equilibrio entre la presión que ejerce su propia radiación, que tiende a expandirlas, y su propio peso, que tiende a hacerlas más pequeñas. Cuando en una estrella se agota el combustible nuclear, al final de su vida, el peso gana sobre la radiación y la estrella se desploma sobre sí misma (se dice que colapsa o implota). En función de la masa original de la estrella pueden suceder varias cosas. Si la estrella era suficientemente masiva, se deshace de sus capas exteriores y el núcleo se condensa en un punto adimensional de densidad infinita, llamado singularidad. El campo gravitatorio que genera es tan intenso que la velocidad de escape supera la velocidad de la luz, por lo tanto nada, ni si quiera la radiación electromagnética, puede escapar de una cierta distancia entorno a este punto, llamada “horizonte de sucesos”. Algunos científicos opinan que la materia que cae en un agujero negro es radiada posteriormente en otro punto de este (o de otro) Universo, a través de un fenómeno complementario (un “agujero blanco”). Las primeras conjeturas acerca de la posible existencia de los agujeros negros se remontan al siglo XVIII, pero no fue hasta hace pocas décadas cuando se reunieron observaciones suficientes para demostrar su existencia más allá de toda duda razonable; además de las contribuciones teóricas desarrolladas por físicos como Albert Einstein o Stephen Hawking. Hay claras evidencias, por ejemplo, de que en el centro de nuestra galaxia –y posiblemente en otras muchas- hay un agujero negro supermasivo. No obstante, la ciencia de estos fascinantes astros está aún en sus comienzos.

Luz cenicienta

Permalink 18.07.08 @ 16:10:52. Archivado en Astronomía

Este poético nombre se refiere al resplandor apagado que, en noches oscuras y despejadas, vemos en el lado no iluminado de la Luna. En efecto, aunque nuestro satélite esté en fase creciente o menguante, generalmente podemos distinguir todo el contorno del mismo recortado sobre la bóveda celeste, gracias a este débil brillo, que aumenta la sensación de relieve al contemplarlo. A simple vista y, especialmente a través de unos prismáticos, percibimos efectivamente un cuerpo esférico y no un disco plano. Fue el gran científico italiano Galileo Galilei el primero en ofrecer una explicación coherente –y acertada- del fenómeno de la luz cenicienta. La luz “normal” de la Luna se debe, como todos sabemos, al reflejo de los rayos solares sobre su superficie. La luz cenicienta se correspondería con la fracción iluminada por la Tierra, que refleja a su vez los rayos solares. En resumen, este resplandor es la parte de la Luna iluminada por nuestro propio planeta, de la misma forma que la Luna nos ilumina a nosotros por las noches. Esto se corrobora por el hecho de que este brillo es tanto más intenso cuanto menor es la fase de la Luna, debido a que las fases de la Tierra y la Luna son complementarias: cuando vemos la Luna en cuarto creciente, desde allí se vería la Tierra en cuarto menguante, y viceversa. Poco antes o después de la luna nueva podemos distinguir claramente esta luz, ya que desde la Luna la Tierra se ve “casi llena” e ilumina mucho más eficazmente el lado oscuro del satélite. Análogamente, cerca de la luna llena la Tierra se vería prácticamente “nueva”, únicamente con un estrecho huso iluminado por la luz del Sol.

Basura espacial

Permalink 11.07.08 @ 10:45:23. Archivado en Astronomía

En los comienzos de la carrera espacial no se prestaba mucha atención a la acumulación de los residuos inútiles que ocasionalmente, de manera imprevista o no, quedaban orbitando nuestro planeta. Si hay algo ilimitado, eso es el espacio interplanetario. Como quiera que la astronáutica y la puesta en órbita de satélites artificiales han experimentado un crecimiento exponencial desde entonces, el problema de la acumulación de estos materiales ha pasado a ser una de las principales preocupaciones de científicos y técnicos, que han acuñado el término “basura espacial” para denominar este problema. En efecto, muchos de los antiguos ingenios enviados al espacio no estaban diseñados para “caer” a tierra una vez finalizada su vida útil, y hoy encontramos miles de cadáveres tecnológicos zumbando por el espacio interplanetario sin otra misión que crear serios trastornos en las trayectorias de los nuevos modelos que tratan de esquivarlos. Se han dado casos de colisiones accidentales incluso con vehículos tripulados. Estos impactos, además, liberan al espacio miles de pequeños fragmentos que en sí parecen no muy peligrosos. Pero tengamos en cuenta las enormes velocidades que poseen estos objetos: un pequeño tornillo puede atravesar de parte a parte un panel solar o una antena, inutilizando costosísimos aparatos. Ocasionalmente penetran y se funden en la atmósfera, llegando incluso a precipitarse contra el suelo. Se estima que hay unos 50.000 elementos de más de 1 cm, no todos ellos controlados, orbitando a diferentes alturas. Las agencias espaciales han establecido protocolos estrictos para evitar que esta cifra siga en aumento.

Tunguska

Permalink 04.07.08 @ 11:11:53. Archivado en Astronomía

Estos días se conmemora el primer centenario del denominado “evento de Tunguska”. Es ésta una región prácticamente deshabitada de la Siberia central que, en la madrugada del día 30 de junio de 1808 recibió el mayor impacto producido por un cuerpo celeste registrado en tiempos históricos. Los escasos testigos hablaron de una enorme bola de fuego, tan brillante como el Sol, que irrumpió en el cielo estallando a varios kilómetros de altura, como una gran bomba nuclear. Miles de kilómetros cuadrados de espeso bosque quedaron totalmente arrasados. La onda sísmica dio la vuelta al mundo y el resplandor tardó varios días en disiparse. Las primeras expediciones científicas no llegaron hasta esta remota zona hasta trece años después, y los estudios llevados a cabo desde entonces han revelado que, sorprendentemente, el estallido no dejó cráter alguno. Este hecho, unido a otros detalles insólitos y al confuso avance de las investigaciones, dio pie a numerosas teorías más o menos extravagantes o disparatadas. Sin embargo, la teoría científica forjada a la luz de posteriores análisis apunta a que probablemente fue un pequeño cometa, de unos cuantos cientos de metros de diámetro, el que se precipitó contra la Tierra a gran velocidad. Al tratarse de objetos constituidos eminentemente de hielo, éste se vaporizaría inmediatamente al penetrar en la atmósfera, generando una gran ola de calor responsable de los posteriores incendios acontecidos en la zona. La suerte sonrió aquella mañana a nuestro planeta ya que, si el fenómeno se hubiera producido tan sólo 6 horas más tarde, hubiera borrado del mapa la populosa ciudad de San Petersburgo.

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