Atmósferas (y III)
06.06.08 @ 15:14:00. Archivado en Astronomía
Más allá del cinturón de asteroides comienza el mundo de los gigantes gaseosos, planetas así denominados por su enorme tamaño y por su naturaleza básicamente fluida. Júpiter, el mayor de ellos, pesa dos veces y media más que el resto de planetas juntos. Al contemplarlo no vemos su superficie sólida, sino la densa capa atmosférica que lo cubre, formada esencialmente por hidrógeno y helio, con nubes de amoníaco y otros compuestos que le confieren su bandeado característico, visible incluso con pequeños telescopios. Entre estas nubes destaca la llamada “gran mancha roja”, observada por primera vez en el siglo XVII por Robert Hooke, que parece ser un inmenso anticiclón (dentro cabrían dos Tierras) que ha permanecido estable en el tiempo. Esta estructura atmosférica es común a Saturno, Urano y Neptuno, si bien en ellos las bandas ecuatoriales son bastante más apagadas y difíciles de apreciar visualmente. En todos ellos en ocasiones aparecen ciclones que evolucionan paulatinamente y que, al telescopio, parecen pequeños óvalos de tonalidades diversas. Muchos aficionados se dedican a estudiarlos, y sus datos sirven para comprender mejor la dinámica de estos complejos mundos. Hoy sabemos que no sólo los planetas tienen atmósferas, algunos satélites han desarrollado capas atmosféricas muy interesantes, como la que recubre Titán, la mayor de las lunas de Saturno. Está compuesta principalmente de nitrógeno (como el aire de la Tierra), y se forman en ella nubes de metano y otros compuestos orgánicos que ocasionalmente precipitan en forma de tormentas, lo que hace de Titán el único lugar conocido fuera de nuestro planeta donde llueve.
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