Vesta (I)
08.02.08 @ 12:18:34. Archivado en Astronomía
Entre Marte y Júpiter se extiende una amplia región del Sistema Solar habitada por una singular clase de cuerpos celestes llamados “asteroides”, cuyo tamaño oscila entre unos pocos metros y varios cientos de km de tamaño. Uno de los mayores, Vesta, fue observado por primera vez en 1807, y aún hoy se considera uno de los más particulares. Con sus casi 500 km de tamaño tiene el aspecto de un pequeño planeta. Su rasgo morfológico más destacado es la presencia de un inmenso cráter que ocupa casi un hemisferio entero del asteroide, formado tras la colisión de un cuerpo de tamaño comparable hace millones de años. Y es que, como todos los astros de la vecindad, estuvo sometido frecuentes impactos en los albores del Sistema Solar. Los fragmentos liberados tras el choque emprenden entonces un viaje sin rumbo hasta que, debido a la fuerza de la gravedad, algunos de ellos se precipitan hacia los planetas cercanos. En toda la historia, sólo unos pocos han llegado a la Tierra y han podido recuperarse en forma de fragmentos meteoríticos. Si los meteoritos comunes son ya de por sí valiosísimos documentos científicos, los procedentes de Vesta tienen una importancia excepcional al informarnos de primera mano sobre la naturaleza de los asteroides de los que proceden. Vesta es, junto con Marte y la Luna, el único astro del que poseemos muestras materiales en la Tierra para su estudio. Pues bien, el pasado 10 de mayo uno de estos fragmentos explotó sobre los campos de cultivo de la localidad manchega de Puerto Lápice, estallando en cientos de pequeñas rocas que, tras un laborioso rastreo, han sido recuperadas por científicos españoles.
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