Colores (I)
18.01.08 @ 10:52:01. Archivado en Astronomía
Cualquiera que goce de buena vista y haya contemplado el maravilloso espectáculo del firmamento estrellado no tardará mucho en percatarse de un detalle notable: las estrellas son de colores. La sensibilidad a los colores es muy variable entre diferentes personas, y parece ser que las mujeres son capaces de discriminar una gama más amplia de tonos. En cualquier caso la oscuridad nocturna nos hace a todos bastante insensibles a la percepción de los colores. En efecto, nuestra retina contiene dos tipos de células, los bastones y los conos. Los primeros son los encargados de captar las diferencias en intensidad lumínica, y son muy sensibles aún ante cantidades de luz escasísimas. Gracias a ellos somos capaces de ver a simple vista estrellas con brillos hasta seis millones de veces más débiles que el de la Luna. Los conos, que captan las diferentes tonalidades, se activan sin embargo sólo bajo intensidades lumínicas muy superiores, por lo que de noche somos bastante “ciegos” para los colores, de ahí viene el dicho popular de que “por la noche todos los gatos son pardos”. No obstante, el cromatismo de ciertos astros es tan evidente que es posible percibirlo con claridad. Estas noches, por ejemplo, podemos apreciar la tonalidad anaranjada del planeta Marte, debida a la composición química de su superficie, rica en compuestos de hierro. En Orión vemos una estrella claramente rojiza (Betelgeuse) en la parte superior izquierda; y en el extremo opuesto otra nítidamente azul (Rigel). El color de las estrellas no es algo caprichoso, sino que revela detalles esenciales de su naturaleza, como explicaremos la semana que viene.
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