
28.01.08 @ 10:08:29. Archivado en Astronomía
¿Cuán distantes están las estrellas? Durante muchos siglos se pensó que estos astros equidistaban todos de la Tierra, formando una bóveda situada no mucho más allá del último planeta. Históricamente, costó mucho reconocer que las estrellas son en realidad soles (y que el Sol, por tanto, es una estrella), dispersas aparentemente al azar en un espacio infinito. Como el sentido común suele imponerse como hipótesis de partida, se supuso entonces que todas las estrellas eran iguales, y comparando su brillo con el del Sol se podría estimar aproximadamente su distancia. Los primeros cálculos en este sentido se deben al astrónomo danés del siglo XVII Christiaan Huygens. No tardó demasiado en evidenciarse, sin embargo, que las estrellas en realidad no forman un conjunto homogéneo, y que la luz que emiten varía entre el abrasador fulgor de ciertos astros y el mortecino brillo de otros. ¿Cómo saber, entonces, si una estrella brillante lo es por su proximidad a nosotros o por su elevada luminosidad intrínseca? La clave para resolver el enigma, como dedujeron los astrónomos del XIX, fue estudiar el color de estos astros o, más técnicamente, su espectro de radiación. Se descubrió que las estrellas azules son extremadamente calientes y brillantes. En cuanto a las rojizas, se puede generalizar que su brillo propio es menor. Determinando el color de una estrella, y comparando su brillo con el de otros astros de distancia inferida mediante otras técnicas, se llega a su verdadera distancia. Así se entiende que, en Orión, la azulada Rigel está al doble de distancia que la rojiza Betelgeuse, a pesar de que su brillo aparente es muy parecido.
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18.01.08 @ 10:52:01. Archivado en Astronomía
Cualquiera que goce de buena vista y haya contemplado el maravilloso espectáculo del firmamento estrellado no tardará mucho en percatarse de un detalle notable: las estrellas son de colores. La sensibilidad a los colores es muy variable entre diferentes personas, y parece ser que las mujeres son capaces de discriminar una gama más amplia de tonos. En cualquier caso la oscuridad nocturna nos hace a todos bastante insensibles a la percepción de los colores. En efecto, nuestra retina contiene dos tipos de células, los bastones y los conos. Los primeros son los encargados de captar las diferencias en intensidad lumínica, y son muy sensibles aún ante cantidades de luz escasísimas. Gracias a ellos somos capaces de ver a simple vista estrellas con brillos hasta seis millones de veces más débiles que el de la Luna. Los conos, que captan las diferentes tonalidades, se activan sin embargo sólo bajo intensidades lumínicas muy superiores, por lo que de noche somos bastante “ciegos” para los colores, de ahí viene el dicho popular de que “por la noche todos los gatos son pardos”. No obstante, el cromatismo de ciertos astros es tan evidente que es posible percibirlo con claridad. Estas noches, por ejemplo, podemos apreciar la tonalidad anaranjada del planeta Marte, debida a la composición química de su superficie, rica en compuestos de hierro. En Orión vemos una estrella claramente rojiza (Betelgeuse) en la parte superior izquierda; y en el extremo opuesto otra nítidamente azul (Rigel). El color de las estrellas no es algo caprichoso, sino que revela detalles esenciales de su naturaleza, como explicaremos la semana que viene.
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10.01.08 @ 13:16:25. Archivado en Astronomía
Uno de los regalos más populares y originales de estas fiestas ha consistido “comprar una estrella” a un familiar o amigo o, más concretamente, bautizar un determinado astro con el nombre propio del homenajeado, que recibe un certificado con la posición exacta de “su” estrella particular para que pueda presumir de sus celestiales posesiones. En efecto, sólo una minúscula fracción de los cientos de millones de estrellas descubiertas hasta hoy ha recibido una identificación, y muchas empresas han visto una clara oportunidad de negocio repartiendo el cielo entre incautos clientes. No reza en la publicidad, sin embargo, el hecho de que las estrellas en realidad no pueden recibir nombres de personas, y que la única autoridad mundial capaz de designarlas es la Unión Astronómica Internacional -que además se limita a utilizar escuetos códigos numéricos para ello- de forma que estos “bautismos” carecen de legitimidad y de utilidad práctica más allá de su valor romántico o sentimental. Mucho más lucrativa es la actividad de ciertos individuos que se dedican a vender parcelas en la Luna, Marte o Venus, a disfrutar –se supone- por las futuras generaciones de los compradores, aprovechando el actual vacío legal en materia de “derecho espacial”, por el cual los territorios fuera de nuestro planeta carecen aún de un estatuto político definido. No es broma: ¡hasta la fecha se han vendido terrenos por valor de un millón de dólares! Para atajar esta actual situación de alegalidad, el Instituto Internacional de Derecho Espacial declarará en breve nulo a todos los efectos cualquier reclamación sobre la propiedad de un cuerpo celeste.
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03.01.08 @ 21:46:49. Archivado en Astronomía
Cada veintiséis meses recibimos la visita de nuestro compañero cósmico, el planeta Rojo. En efecto, la Tierra pasa con esa regularidad entre el Sol y Marte, momento que los astrónomos llaman “oposición” y que coincide muy aproximadamente con el máximo acercamiento entre ambos mundos. Como quiera que las órbitas de los planetas no son circunferencias perfectas, sino más bien elipses, orientadas además en direcciones diferentes y variables, no todos los acercamientos son iguales. Por ejemplo, en agosto de 2003 Marte pasó a sólo 56 millones de kilómetros, el mayor acercamiento en 60 milenios, que no se volverá a repetir hasta dentro de varios siglos. La oposición de este año, que en concreto aconteció la pasada nochebuena, no es tan favorable, pero está permitiendo observar Marte en muy buenas condiciones ya que en invierno los planetas llegan muy alto sobre el horizonte, esquivando el efecto perturbador de la atmósfera terrestre. También es el momento de máximo brillo, superando al resto de astros nocturnos. A simple vista se ve estos días como un relumbrante astro anaranjado que aparece al anochecer en Gemini y, con un telescopio, podremos llegar a apreciar detalles en su superficie como los casquetes polares o la “gran ciénaga”, una mancha grisácea en forma de “Y” que contrasta con el tono anaranjado del resto del planeta. Con algo de paciencia, podemos seguir la posición de esa mancha a lo largo de la noche y contemplar cómo se desplaza paulatinamente hacia el oeste. Y es que Marte, como todos los planetas, rota sobre su eje; en este caso los días marcianos duran un poco más que los terrestres (cerca de 25 horas).
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