Sunshine (y II)
27.05.07 @ 17:25:04. Archivado en Astronomía
¿Cómo acabará sus días el Sol? El combustible de la mayoría de las estrellas es el hidrógeno, el elemento más simple de la naturaleza. En el núcleo de estos astros se dan las condiciones de presión y temperatura adecuadas para que se produzcan reacciones de fusión nuclear, en las que dos átomos de hidrógeno se combinan entre sí para formar uno de helio, desprendiéndose una ingente cantidad de luz y calor (la misma que se libera durante la explosión de una bomba atómica). Sucede que la masa de cada átomo de helio pesa menos que la suma de los dos átomos de hidrógeno que lo han formado, la diferencia se transforma totalmente en energía que es radiada al exterior. El Sol pierde cada segundo más de cuatro millones de toneladas de su masa en este proceso, pero es tan enorme que a penas se resiente con el tiempo de esta sangría. Cuando se agota el hidrógeno, pasa a “quemar” helio, y cuando éste se acaba, otros elementos más complejos. Para entonces, será tan grande que habrá engullido a Mercurio, Venus y, posiblemente, a la Tierra, aniquilando por supuesto todo resto de vida que pueda quedar en ella para entonces. El Sol se ha convertido en una estrella “gigante roja” que, tras unos cientos de millones de años, explota y se desprende de su envoltura gaseosa que queda alrededor de la estrella formando un anillo de vivos colores. Desde la Tierra vemos actualmente a través de telescopios varios de estos cadáveres cósmicos llamados nebulosas planetarias, siendo la de la constelación de la Lira –la “nebulosa del anillo”- la más famosa. Lo que queda del núcleo forma una estrella “enana blanca” que se irá enfriando paulatinamente.
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