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Saúl Blanco LanzaSaúl Blanco Lanza

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Saturnales

Permalink 28.12.07 @ 12:10:35. Archivado en Astronomía

El fundamento astronómico de todos los calendarios utilizados por las diferentes civilizaciones es evidente. Nada mejor que la regularidad de los fenómenos celestes para organizar el tiempo entorno a ellos y así contar con un método eficaz de planificar los ciclos agrarios, el cobro de tributos, el culto religioso y la conmemoración de efemérides. En el calendario romano, unas de las festividades más señaladas, las saturnales, se producían en esta época del año, en honor a Saturno, una romanización del helénico Cronos, dios del Tiempo. A la luz de las antorchas, se celebraba el fin del periodo anual de oscuridad –son los días más cortos del año- y el renacimiento del Sol Invicto, que, tras el solsticio invernal, vuelve a ascender sobre el horizonte para revitalizar al Hombre con su luz y calor. Coincide además con la entrada del Sol en el signo de Capricornio, llamado así probablemente por la popular tendencia a ascender atribuida a la cabra, al igual que el Sol. Las fiestas de Navidad que ahora celebramos no son más que una cristianización de esta celebración pagana, al igual que la noche de San Juan absorbe los antiquísimos rituales que conmemoraban en todo el mundo el solsticio de verano. De hecho, no fue hasta bien entrado el siglo IV cuando la Iglesia fijó e institucionalizó el 25 de diciembre como la fecha de nacimiento de Jesús. Las iglesias ortodoxas siguen celebrando esta fiesta el 7 de enero, al no haber adaptado aún su calendario eclesiástico a la reforma gregoriana que, en 1582, suprimió diez días del mes de octubre para solucionar el retraso acumulado hasta entonces por el año civil respecto al astronómico.

Gemínidas

Permalink 21.12.07 @ 10:57:35. Archivado en Astronomía

Eclipsadas por la fama de estrellas fugaces que se concentran en otras fechas, como las perséidas o las leónidas, durante estas gélidas noches podemos disfrutar de otro de los acontecimientos subrayados en la agenda del astrónomo aficionado: las gemínidas, una lluvia de meteoros que alcanza su máxima intensidad a mediados de diciembre. Pueden llegarse a contar hasta dos estrellas fugaces por minuto, por lo que de hecho es el enjambre meteórico más activo del año. Las lluvias de estrellas se producen cuando nuestro planeta cruza la estela de pequeñas partículas de polvo que van dejando a su paso los cometas. Estos fragmentos, al precipitarse a gran velocidad a través de la atmósfera, se incendian y brillan durante breves instantes creando un fenómeno luminoso que desde aquí reconocemos como estrella fugaz o, más técnicamente, meteoro. Ocasionalmente ocurren meteoros especialmente brillantes llamados “bólidos”. Como la Tierra se sitúa aproximadamente en el mismo punto de su órbita al cabo del año, barre periódicamente esas estelas cometarias durante determinadas fechas en las que se concentran tales fenómenos. Pues bien, las gemínidas es una de las escasas lluvias conocidas originadas no por un cometa, sino por un asteroide llamado Phaeton -descubierto hace tan sólo 24 años- si bien se considera actualmente un cometa extinto. Disfrutemos esta noche del espectáculo, localizando en primer lugar a Géminis, de donde parecerán partir los meteoros, constelación bien visible al Este ya desde primeras horas de la noche, y adornada además por la presencia del planeta Marte, el primer astro que se ve tras la puesta de Sol.

Quadrivium

Permalink 14.12.07 @ 11:22:19. Archivado en Astronomía

El informe Pisa correspondiente a los resultados cosechados durante 2006 vuelve a colocar al sistema educativo español, en especial en lo concerniente a formación científica, en una bochornosa mediocridad que no mejora con el paso de los años. Los conocimientos que tienen nuestros estudiantes sobre matemáticas, física o química son insuficientes en muchos casos para la integración competitiva en un mundo globalizado. De entre todas las ciencias, la astronomía ha estado merodeando entre los infinitos planes de estudio, bien como asignatura independiente optativa, bien integrada dentro de las ciencias naturales, pero en cualquier caso con una desidia que la ha relegado a un claro camino de extinción. Curiosamente, en la antigüedad era considerada como una de las cuatro materias fundamentales o “quadrivium” (las otras eran la aritmética, la geometría y la música) que constituían la formación básica del ciudadano culto. Hoy, cuando nuestro conocimiento sobre el espacio se ha ampliado enormemente, no se considera sin embargo útil instruir a los jóvenes sobre ello. No obstante, atrás quedaron los tiempos en los que se consideraba una materia ardua y sin aplicaciones prácticas. La astronomía proporciona una puerta privilegiada a las matemáticas, la física, la geología y la geografía y ayuda a comprender las claves de buena parte de la historia antigua y reciente, permitiendo una visión general de nuestro lugar en el Universo. Así lo han entendido otras naciones que se toman mucho más en serio la formación en ciencias del espacio. De momento parece que, por lo que a nosotros nos atañe, vamos a dejar que sigan inventando ellos.

La Ley del cielo

Permalink 30.11.07 @ 11:12:55. Archivado en Astronomía

El pasado día 15 entró en vigor la Ley de calidad del aire y protección de la atmósfera, en la que se establecen -por primea vez en el ámbito nacional- medidas para paliar la contaminación lumínica, uno de los principales obstáculos que encuentra el desarrollo en nuestro país de las Ciencias del Espacio. La Ley establece la necesidad, por parte de las administraciones públicas, de promover el desarrollo de un alumbrado exterior eficiente, priorizando en cualquier caso la seguridad personal y del tráfico; así como medidas específicas para minimizar la contaminación lumínica en el entorno de los observatorios astronómicos, corrigiendo si fuera necesario sistemas de iluminación sobredimensionados u obsoletos que impidan la realización de investigaciones científicas en estos centros. Este problema no sólo afecta a los astrónomos, supone también una perturbación ecológica que afecta a los ritmos y el comportamiento de la fauna y la flora, además de implicar un despilfarro superfluo de energía en tiempos de crisis energética. La aprobación de esta ley supone un rayo de esperanza para el Observatorio Astronómico de León que, como saben todos los que lo han visitado, a raíz de la irracional sobreiluminación de las urbanizaciones cercanas está afectado por una situación crítica de contaminación lumínica que compromete seriamente su viabilidad futura no ya como lugar de investigación, sino incluso como centro de formación y divulgación científica. En cualquier caso habrá que ver cuándo y cómo se transpone esta normativa a las administraciones locales, que lógicamente son las más directamente implicadas en esta problemática.

Cambio climático (y III)

Permalink 30.11.07 @ 11:12:20. Archivado en Astronomía

En nuestro repaso por los factores de naturaleza astronómica que contribuyen a determinar el clima terrestre, no podíamos dejar de lado el astro más importante de todos: el Sol. La mayoría de las estrellas desarrollan gran parte de su vida en la llamada “secuencia principal”, fase de relativa estabilidad que dura millones de años y en la que se halla actualmente el Sol. Parece que la intensidad de la radiación solar ha aumentado paulatinamente a lo largo de la historia de nuestro planeta, y no parece que esa tendencia vaya a cambiar en el futuro. Mucho más importantes, no obstante, son las variaciones que experimenta nuestra estrella a corto y medio plazo, llamadas “ciclos solares”, el más importante de los cuales tiene un periodo de 11 años y se manifiesta en la abundancia y tamaño de manchas en su superficie. Por ejemplo, entre 1645 y 1715, apenas se registraron manchas solares; y este periodo coincidió con una época de temperaturas anormalmente bajas e inviernos excepcionalmente crudos en todo el mundo, especialmente documentados en Europa. A este intervalo de tiempo se le conoce por ello como “pequeña edad de hielo”, que contrasta con las temperaturas registradas durante el periodo medieval, mucho más benignas. Precisamente desde 1950 las manchas solares parecen más frecuentes que en épocas pretéritas, y se ha sugerido considerar este factor en el cómputo global de factores que contribuyen al “cambio climático”. No obstante, la correlación entre manchas solares y temperatura no siempre es clara y en cualquier caso, no es muy extrapolable en el tiempo, pero nos sugiere la relevancia de la actividad solar en nuestro clima.

Cambio climático (II)

Permalink 13.11.07 @ 19:41:09. Archivado en Astronomía

Existen numerosos métodos para reconstruir la historia climática del planeta y saber así hasta qué punto el calentamiento global que parece sufrir la Tierra es un proceso natural o acelerado por la actividad del hombre. Los fósiles nos hablan del ambiente que reinaba en una determinada región hace millones de años. Las burbujas de aire aprisionadas en el hielo profundo de la Antártida conservan intacta la proporción de gases que tenía la atmósfera en tiempos remotos. De esta forma hemos llegado a la evidencia de que nuestro mundo ha pasado por repetidos periodos de condiciones extremas. En determinadas épocas el planeta llegó a congelarse casi totalmente, adquiriendo el aspecto de una desolada bola de nieve en la que sólo persistía la vida en la zona ecuatorial. En otras fases las selvas tropicales eran el ecosistema dominante, incluso en lo que hoy es Europa. Sabemos, por ejemplo, que el Mediterráneo se ha secado completamente hasta en diez ocasiones. Los parámetros orbitales del planeta parecen jugar un papel crucial en estos procesos, en concreto la distancia media que nos separa del Sol y la inclinación del eje de rotación, valores que hoy parecen estables pero que desde luego no han sido siempre constantes. Al aumentar esa última, las estaciones se hacen más extremas y se pueden desencadenar procesos geobiológicos que desemboquen en periodos glaciares, como los que asolaron buena parte del mundo hace unos cuantos milenios. Se ha sugerido que la presencia de un satélite relativamente grande –la Luna- ha contribuido a estabilizar este parámetro, permitiendo a largo plazo la habitabilidad de nuestro pequeño planeta.

Cambio climático (I)

Permalink 09.11.07 @ 13:07:18. Archivado en Astronomía

La historia nos enseña que las evidencias científicas tardan tiempo en asentarse, y es recomendable que superen un periodo de cuarentena sometidas a la crítica escéptica y a la verificación rigurosa para que sean útiles y puedan aceptarse más allá de la duda razonable. El paradigma del cambio climático está emergiendo exitosa de esa fase, en especial la idea de la responsabilidad de las actividades humanas en el calentamiento global de la Tierra, pero los científicos tienen aún mucho trabajo por delante. En este sentido, la Astronomía aporta valiosos documentos para intentar comprender este complejo asunto. No hay más que observar a nuestros vecinos cósmicos para comprobar la decisiva influencia del clima en la habitabilidad de un mundo. Venus, con una atmósfera muy rica en dióxido de carbono, está inmerso en un desbocado efecto invernadero que provoca temperaturas superficiales de más de 400º C, las más altas del Sistema Solar. Por otro lado, Marte, inicialmente muy similar a nuestro planeta, no consiguió retener un aire denso y, al perder presión atmosférica, perdió toda el agua superficial en estado líquido y con ella la posibilidad de que persistiera (si es que alguna vez la hubo) su primitiva vida. Adicionalmente, al carecer de capa de ozono, los rayos ultravioleta del Sol probablemente han esterilizado su superficie durante millones de años. Ambos planetas suponen estados extremos hacia los que puede encauzarse nuestro futuro lejano. Estos casos ejemplifican la importancia de los ciclos biogeoquímicos en el mantenimiento del equilibrio entre los componentes atmosféricos, del que depende en esencia nuestra supervivencia.

Estallido

Permalink 02.11.07 @ 12:11:13. Archivado en Astronomía

Los cometas son, con diferencia, los objetos más numerosos de la familia solar. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos puede haber, pero sin duda se cuentan por cientos de millones. También son posiblemente los astros más desconocidos de la vecindad, ya que sólo son observables al acercarse al Sol (y a nuestro planeta); pero en condiciones “naturales” habitan los confines del Sistema Solar, formando un enjambre en forma de bóveda llamado “nube de Oort”, por el astrónomo danés que la descubrió en 1950. Sucede que en ocasiones sus apacibles existencias se ven alteradas por fenómenos aún poco estudiados, de forma que se aventuran hacia el centro del Sistema. Al estar compuestos básicamente de gases helados, al acercarse a nuestra estrella su superficie se va evaporando y en consecuencia la luminosidad del cometa aumenta paulatinamente. Si estos cambios se suceden con celeridad pueden causar los llamados “outbursts” o estallidos que les hacen brillar de forma espectacular y, en ocasiones, pueden fragmentar completamente el astro. Este es el fin que les espera a muchos cometas, en especial a los “periódicos”, es decir, los que visitan con puntual regularidad (cada varios años o décadas) las inmediaciones del Sol. Esto esta sucediendo ahora mismo con el cometa Holmes -descubierto en 1892 tras una erupción similar- en la constelación de Perseo, un cuerpo que estaba pasando desapercibido entre miríadas de estrellas y que, de repente, se ha hecho observable a simple vista desde lugares oscuros. Lo veremos mejor con unos prismáticos, como una mancha tenue y difusa que, noche tras noche, va cambiando de brillo y posición.

Urano

Permalink 26.10.07 @ 10:17:27. Archivado en Astronomía

A medida que se generalizó el uso del telescopio, los astrónomos sospecharon que su empleo no sólo revelaría la existencia de estrellas desapercibidas, sino posiblemente también nuevos miembros de la familia solar. Un músico inglés aficionado a la astronomía, William Herschel, explorando rutinariamente cierta región del cielo en 1781, observó una estrellita que no aparecía en los catálogos y que además se desplazaba lentamente entre sus vecinas. Inicialmente pensó que se trataba de un cometa, pero no tardó en evidenciarse la naturaleza planetaria de este astro, que bautizó como “Estrella del Rey Jorge”, el cual, en agradecimiento, le concedió una pensión vitalicia para que se dedicara en lo sucesivo completamente al estudio del firmamento. El nombre que persistió, sin embargo, fue el de Urano, dios mitológico de los cielos y padre del Tiempo (Saturno). Se trataba del primer planeta descubierto por medios telescópicos, rompiendo así el esquema de los cinco planetas clásicos observables a simple vista. Es un gigante gaseoso quince veces mayor que la Tierra y, al igual que sus vecinos, rodeado por varias docenas de lunas y un sistema de anillos descubierto hace tres décadas. Está tan alejado del Sol que tarda en rodearlo más de 84 años. Su característica más singular es que uno de sus polos apunta al Sol, con lo que los cambios estacionales en su atmósfera deben ser extremos aunque poco conocidos. Desde nuestras latitudes podemos observarlo a través de unos prismáticos; está en la constelación de Acuario, que aparece al sureste al anochecer. Algunas personas con vista aguda podrán percibirlo a simple vista desde lugares oscuros.

Ozono

Permalink 18.10.07 @ 20:25:19. Archivado en Astronomía

El oxígeno constituye la quinta parte del aire que respiramos, correspondiendo al nitrógeno casi todo el resto. El oxígeno es un elemento muy reactivo que químicamente no resulta muy compatible con las reacciones propias de los seres vivos, afortunadamente la vida ha evolucionado en nuestro planeta de tal forma que este gas no sólo no resulta perjudicial, sino que de hecho es imprescindible para la inmensa mayoría de los organismos, que lo utilizamos para “quemar” materia orgánica y obtener así energía. En realidad no sería tan abundante de no ser continuamente reciclado por los vegetales a través de la fotosíntesis. El oxígeno atmosférico está formado por moléculas de dos átomos de oxígeno, pero existe una variedad de tres átomos conocida como “ozono”, que en los últimos años ha adquirido relevancia mundial. El ozono en la baja atmósfera es tóxico y se considera un importante contaminante, su cometido más beneficioso lo desarrolla en la estratosfera, donde forma una capa que tiene la propiedad de absorber buena parte de la radiación ultravioleta procedente del Sol. En ausencia de esta protección, la superficie del planeta sería un paisaje estéril, como lo es la Luna o Marte. De ahí la lógica preocupación de la comunidad internacional cuando se descubrió, a finales del siglo pasado, que esta capa estaba menguando alarmantemente como consecuencia, principalmente, de las actividades humanas. El químico Alemán Gerhard Ertl ha demostrado el papel que juegan en la destrucción de esta capa los pequeños cristales de hielo que se forman a esa altitud, descubrimiento que, entre otros, le ha valido esta semana el Premio Nobel.

50 años

Permalink 11.10.07 @ 17:36:06. Archivado en Astronomía

Esta semana hemos celebrado el primer medio siglo de exploración espacial, que comenzó con el lanzamiento del Sputnik I, un primitivo satélite artificial que supuso la primacía soviética en este campo hasta la gesta del programa Apolo. Desde entonces la llamada “carrera espacial”, a la que se han sumado otras naciones, ha supuesto avances no sólo en el conocimiento del Universo, sino también un importantísimo progreso tecnológico. En primer lugar, la red satelital nos permite las telecomunicaciones mundiales, el estudio del clima y un mejor aprovechamiento de los recursos naturales. Hoy, gracias al GPS, podemos saber con precisión la ubicación exacta de cualquier emplazamiento, lo que nos permite viajar con más seguridad y progresar en el conocimiento geográfico del mundo. De la astronáutica han derivado la invención de nuevos materiales como el teflón, el kevlar o los policarbonatos. La investigación que ha llevado al desarrollo de muchos medicamentos hubiera sido imposible sin contar con laboratorios en microgravedad, como los existentes en los transbordadores o en las estaciones espaciales. También debemos el marcapasos, la cirugía láser y las ecografías a la carrera espacial. Cientos de ingenios de uso cotidiano nacieron igualmente como respuesta a las necesidades tecnológicas de la exploración espacial, entre ellas: el microondas, las herramientas inalámbricas, el código de barras, las placas vitrocerámicas, los forros polares, los detectores de humo, los ordenadores portátiles... incluso los pañales desechables no existirían hoy si hace cinco décadas no hubiéramos desafiado la última frontera de la exploración.

Creencias

Permalink 04.10.07 @ 11:10:37. Archivado en Astronomía

Vivimos inmersos en la sociedad de la información, tenemos a nuestro alcance conocimientos que serían la envidia de cualquier institución hace sólo unos años. Las nuevas tecnologías nos permiten acceder instantáneamente a libros, bases de datos, imágenes y difundir nuestras ideas e inquietudes por todo el mundo. La educación llega a una fracción cada vez más amplia de la humanidad y el progreso científico de los últimos lustros es innegable. En el campo de la Astronomía, hemos progresado más en los últimos cien años que en todo el resto de la historia de esta venerable Ciencia. Hemos explorado otros mundos y caminado por la Luna, hemos llegado a comprender nuestro lugar en el Cosmos y tenemos una idea bastante aproximada de la historia del Universo y de las leyes que lo rigen. No obstante, en ocasiones percibimos la sensación de que en realidad no hemos progresado un ápice durante el último milenio. Dos de cada cinco jóvenes españoles creen abiertamente los OVNIs y un porcentaje similar, en la astrología. En el último estudio de percepción social de la Ciencia realizado por el Ministerio, se consideraba a esta superchería tan científica como la Estadística. Un 65% de los españoles creen que hay más nacimientos con Luna llena. Peor lo tienen en EE.UU., donde el 20% de la población afirma que el hombre nunca llegó a la Luna, por no hablar de los millones que creen que la Tierra es plana, que es el Sol el que gira alrededor de nuestro planeta o que el mundo tiene sólo 6.000 años de antigüedad. Reflexionemos sobre los cimientos de esta nueva sociedad y qué educación científica queremos que reciban las futuras generaciones.

Radiación (I)

Permalink 24.09.07 @ 12:58:23. Archivado en Astronomía

Existen términos científicos que, al adquirir relevancia o popularidad en la sociedad moderna, pasan a formar parte de nuestro vocabulario habitual, pero que rara vez conservan intacto su sentido estricto original. Dos de estas palabras son “radiación” y “radiactividad”, frecuentemente confundidas entre sí pero invariablemente relacionadas con maléficos poderes que generalmente no se comprenden bien. Hay que empezar aclarando que todo emite radiación. Cualquier objeto, por el simple hecho de tener una cierta temperatura, emite energía a través de “ondas” que llamamos radiación electromagnética. Nosotros mismos liberamos calor a través, principalmente, de radiación infrarroja. La luz que le permite leer este texto es otra forma de radiación. La energía de esta radiación depende esencialmente de su frecuencia, es decir, del número de pulsos de onda que pasan cada segundo. Las frecuencias más bajas corresponden a las ondas de radio -como las que usan los teléfonos móviles-, las microondas y la radiación infrarroja. Les sigue la luz visible (del rojo al azul, pasando por los todos los colores del arco iris) y, más allá, la radiación más energética comienza en los rayos ultravioleta, los rayos X, los rayos gamma, etc., siendo estas formas las más peligrosas en potencia, ya que pueden alterar nuestro código genético. La Astronomía se fundamenta en el análisis de la radiación procedente de los astros. Llevamos décadas conviviendo con todo tipo de radiaciones de origen natural o artificial, estas ondas inundan nuestro entorno sin que lo notemos, pero hemos edificado buena parte de nuestra civilización tecnológica sobre ellas.

Radiación (y II)

Permalink 24.09.07 @ 12:57:23. Archivado en Astronomía

Al contrario que la radiación electromagnética, la radiactividad es un fenómeno característico de sólo determinadas sustancias en cuya composición se incluyen elementos químicos “radiactivos”. El núcleo atómico de tales elementos es enorme, formado por agregados de docenas de partículas (protones y neutrones), que están sometidas a una doble interacción: por un lado actúan fuerzas cohesivas que tienden a mantenerlas unidas, y por otro existe una tendencia a desprenderse de grupos de ellas para alcanzar niveles más estables. Superado un cierto tamaño, las fuerzas “destructivas” se imponen y el núcleo atómico se fragmenta, liberando sus componentes de forma muy enérgica: es lo que se conoce como “fisión” nuclear. Las partículas desprendidas chocan contra otros átomos, rompiéndolos a su vez o por lo menos transformándolos notablemente, de ahí la potencial peligrosidad que asociamos a la radiactividad. Esta energía se puede aprovechar transformándola en calor y luego en electricidad en las centrales nucleares, si bien se produce también de forma natural en todo el planeta. Muchas rocas, como el granito que se usa en construcción, tienen ciertos niveles de radiactividad detectables pero seguros para la salud. El ritmo con que un cuerpo pierde su actividad radiactiva es constante y fácilmente analizable, por lo que puede usarse para saber su edad; gracias a esta “datación radiactiva” estamos bastante seguros de que la Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años. Métodos análogos, como la famosa técnica del “carbono 14” nos permiten saber con gran precisión la antigüedad de restos arqueológicos o paleontológicos.

Auroras

Permalink 13.09.07 @ 12:30:41. Archivado en Astronomía

Visto desde lejos, con gafas de especiales o a través de telescopios dotados de filtros, el Sol parece una esfera perfecta, un astro tranquilo que no ofrece muchos detalles salvo esporádicas manchas que salpican su superficie. Analizado de cerca, su aspecto cambia radicalmente: fulguraciones, protuberancias, explosiones y sismos son fenómenos habituales en esta estrella, cuya intensidad parece aumentar y disminuir en ciclos de once años. Ocasionalmente se producen violentos estallidos superficiales que liberan al espacio parte de la materia del propio Sol: son las llamadas “eyecciones de masa coronal”, nubes compuestas esencialmente de partículas cargadas eléctricamente que se desplazan rápidamente por el Sistema Solar. Si la casualidad quiere que se topen en su camino con nuestro planeta, desencadenan las llamadas “tormentas solares”, las más intensas llegan a causar daños en satélites, sistemas de telecomunicaciones y aparatos eléctricos. Afortunadamente la Tierra cuenta con un escudo (la magnetosfera) que desvía esas partículas hacia las zonas polares, prácticamente deshabitadas. Allí estas partículas se adentran en la atmósfera, con la que interactúan provocando fenómenos luminosos conocidos como auroras polares: cortinas de luz de aspecto fantasmagórico y vivos colores que se desplazan lentamente cubriendo amplias regiones del cielo. Aunque, como su nombre indica, son típicas de las regiones polares, durante tormentas realmente intensas pueden verse desde otras latitudes, habiendo sido observadas incluso desde España. Tampoco son una exclusiva de la Tierra: se han observado en otros mundos como Júpiter o Saturno.

Amanecer (y II)

Permalink 06.09.07 @ 16:55:03. Archivado en Astronomía

En la escuela nos enseñaron que el Sol sale por el Este y se oculta por el Oeste, no obstante los más observadores se habrán percatado de que esto no es exactamente así, sobre todo aquellos que tienen la suerte (o la desgracia) de ver amanecer todos los días en su camino al trabajo. De hecho, sólo dos veces al año se cumple esta regla: el 21 de marzo y el 23 de septiembre, los días en que el Sol cambia de hemisferio celeste –llamados “equinoccios”- que indican también el comienzo de la primavera y el otoño, respectivamente. A medida que avanza la primavera, la estrella sale por puntos del horizonte situados cada vez más al norte, hasta llegar al amanecer más norteño del año, que es el 21 de junio (el solsticio de verano). Paralelamente, su recorrido diurno por el cielo es más largo y alcanza mayores alturas al mediodía, todo lo cual revierte en una mayor capacidad calorífica que eleva la temperatura media en nuestras latitudes durante esta estación. Por el contrario, una vez superado este solsticio, el Sol “da la vuelta” y comienza a salir todos los días cada vez más al sur: los días son cada vez más cortos –como podemos experimentar durante estas fechas- y el Astro Rey ya no llega tan alto sobre el horizonte como antes. Las sombras se alargan porque los rayos solares nos llegan cada vez con mayor inclinación y las temperaturas en general descienden a medida que nos acercamos al invierno. La salida de Sol más meridional del año acontece el 21 de diciembre, después vuelve a remontar su camino hacia el Norte, completando así un ciclo anual al que, sin quererlo, hemos adaptado nuestras vidas durante millones de años.

Amanecer (I)

Permalink 30.08.07 @ 20:23:53. Archivado en Astronomía

La salida del Sol es uno de los más sobrecogedores y hermosos fenómenos naturales, fuente de inspiración artística y símbolo cultural de periodicidad y renovación. Resulta especialmente impactante cuando lo observamos sobre un horizonte bajo, como en el mar o desde una llanura. En esos instantes la luz de la estrella ha de atravesar una gruesa capa de aire antes de llegar a nuestra retina, lo que produce tres fenómenos: en primer lugar, gran parte de esta luz es filtrada, y su brillo disminuye tanto que es el único momento en que podemos ver al Sol cómodamente sin dañar nuestros ojos. Por otra parte, las partículas de polvo dispersan los rayos lumínicos de forma que nos llegan sólo ciertos colores, en concreto los rojizos y anaranjados, tiñéndose también de ese tono característico las nubes cercanas. Esto puede emplearse como indicador de la cantidad de materia en suspensión en la atmósfera. Así, las cenizas liberadas tras la explosión del volcán Krakatoa en Indonesia en 1883 colorearon los amaneceres de todo el mundo durante varias semanas, como representó Edvard Munch en su famoso cuadro “El Grito”. La refracción juega también un papel importante: es la responsable del aspecto achatado del disco solar al emerger del horizonte. En realidad es el mismo fenómeno físico que hace que se tuerzan aparentemente las cucharillas dentro de un vaso de agua. La luz del Astro rey se curva tanto al penetrar en nuestra atmósfera que puede “saltar” por encima del horizonte, de forma que se nos hace visible a pesar de estar aún oculto tras él. Por ello los días comienzan cuatro minutos antes de lo que lo harían si careciéramos de aire.

Ángulos

Permalink 23.08.07 @ 17:34:09. Archivado en Astronomía

Los astrónomos se expresan a menudo en términos de distancias angulares a la hora de describir el cielo. En efecto, en muchas ocasiones la distancia real que separa a los astros es enorme, desconocida en su magnitud exacta y, además, irrelevante para muchas aplicaciones prácticas. Por ello es más cómodo referir el ángulo que forman entre sí aparentemente, vistos desde la perspectiva terrestre. Así, imaginamos una bóveda celeste que, de horizonte a horizonte, tiene 180 grados, correspondiendo la mitad al punto más alto del cielo. La Osa Mayor, por ejemplo, tiene 25 grados de punta a punta. Cada grado se divide a su vez en 60 minutos, y cada minuto, en 60 segundos. Entre Mizar y Alcor, los dos componentes que forman la famosa estrella doble de la citada constelación, sólo hay 11 minutos. Por grande que nos parezca, la Luna sólo tiene medio grado de extensión, que varía inapreciablemente en el tiempo. Dicho de otra forma, tendríamos que hacer un rosario de 360 lunas concatenadas para abarcar todo el cielo. El Sol es cuatrocientas veces más grande que nuestro satélite, pero como también está cuatrocientas veces más lejos, resulta que, vistos desde la Tierra, ambos tienen el mismo tamaño aparente, tal como comprobamos durante un eclipse solar. Existen trucos sencillos para medir distancias y tamaños angulares: la anchura de un dedo, con el brazo extendido, cubre aproximadamente un grado de cielo. Un puño cerrado equivale a diez grados, y un palmo son más o menos veinte. Los telescopios modernos pueden distinguir detalles de una centésima de segundo de tamaño: ¡la anchura de un cabello humano situado a 100 metros de distancia!

Perséidas

Permalink 13.08.07 @ 13:43:27. Archivado en Astronomía

En la superficie de nuestro pequeño mundo no somos conscientes de las enormes velocidades con las que estamos surcando el Cosmos a cada instante. En la inmensidad de la noche, contemplar las estrellas evoca una sensación de quietud y silencio sorprendentes, sin embargo, en nuestras latitudes, viajamos a unos 800 km/h para poder dar una vuelta diaria al eje terrestre. Además, la Tierra recorre al año casi mil millones de km moviéndose alrededor de Sol, es decir, se desplaza unos 30 km cada segundo. Y con respecto al fondo de galaxias distantes, la velocidad de nuestro Sistema Solar es de unos 600 km por segundo. Esta noche podemos hacernos una idea de esto contemplando cómo chocamos a gran velocidad con los restos que ha ido dejando a su paso el cometa Swift-Tuttle. En efecto, cada doce meses cruzamos la órbita de este astro, y nuestro planeta “barre” las partículas de polvo –no mayores que granos de arena- que se concentran en esta región y, al chocar contra el aire a gran velocidad, se queman y brillan durante un instante. Es el fenómeno que desde aquí vemos como una estrella fugaz. Y es que llegamos al máximo de las Perséidas, la lluvia de estrellas fugaces más importante del año, pues durante estas noches podrán contarse a simple vista hasta cien por hora. Deben su nombre a que, por un efecto de perspectiva, parecen proceder de la constelación de Perseo, si bien son mas conocidas por su nombre popular de “lágrimas de San Lorenzo”, por coincidir con esta festividad. Busquemos un cielo oscuro y despejado, alejado de los núcleos urbanos, y dispongámonos a contemplar uno de los fenómenos astronómicos más hermosos.

En el triángulo (y II)

Permalink 09.08.07 @ 13:19:46. Archivado en Astronomía

Continuemos nuestro paseo por esta interesante región del cielo. El triángulo es lo suficientemente grande como para albergar varias pequeñas constelaciones casi enteras, entre ellas destaca la Lira, de la cual vemos –además de la rutilante Vega- dos soles no muy lejanos que delimitan la figura mitológica del instrumento musical asociado a estas estrellas. La Lira nos permite además poner a prueba nuestra agudeza visual, ya que al este de Vega aparece una estrellita –Epsilon Lyrae- que no llegaremos a enfocar perfectamente ya que se trata en realidad de dos puntos luminosos muy cercanos entre sí, como se aprecia a simple vista si la noche es oscura. Además, a través del telescopio, descubriremos que cada componente de la pareja es a su vez una estrella doble, lo que hace un total de cuatro soles. Acercándonos a Altair existen dos pequeñas constelaciones que frecuentemente pasan desapercibidas al carecer de estrellas brillantes. Una de ellas es “Vulpecula” (la zorra), célebre por contener la primera nebulosa planetaria conocida, llamada “mancuerna” por tener esa figura. La otra es “Sagita”, la flecha lanzada por Hércules contra el águila para liberar a Prometeo de su tormento –el ave le picoteaba eternamente el hígado, castigo de Zeus por haber robado el fuego a los dioses y ofrecérselo a los hombres. Completamos nuestro periplo visitando a otro animal, el Delfín, formado por cuatro estrellas de brillo similar que forman un rombo fácilmente identificable, situado debajo del triángulo. Al igual que sucedía con Epsilon Lyrae, la situada más al oeste es una estrella doble, esta vez discernible con la ayuda de unos prismáticos.

En el triángulo (I)

Permalink 02.08.07 @ 18:23:24. Archivado en Astronomía

Dentro de la figura formada por Deneb, Altair y Vega, tres brillantes estrellas que resplandecen en estas noches veraniegas, aparecen varios astros que bien merecen nuestra atención. Uno de ellos se halla casi exactamente en el centro del triángulo; se trata de Albireo, la estrella que mitológicamente señala la cabeza del cisne, el ave que, en vuelo coronado, surca el firmamento estival todas las noches. Es una de las estrellas dobles más bonitas de todo el cielo, carácter que podremos apreciar con un pequeño catalejo: el punto de luz se desdobla en una pareja de soles, uno de ellos amarillo y el otro azul. A simple vista, entre Albireo y Deneb, y prolongándose más allá del Cisne hasta cruzar todo el cielo, vemos una luz tenue y lechosa que, a través de los prismáticos, se revela como la suma del brillo de millones de estrellas demasiado débiles como para verse individualmente: son las que forman nuestra galaxia, la Vía Láctea, que vemos “desde dentro”, al ser nuestro Sol otro más de los cientos de miles de millones que conforman este Universo local. Todo lo que vemos a simple vista –estrellas, planetas, nebulosas- está en esta galaxia, los objetos extragalácticos requieren normalmente el empleo de instrumentos ópticos. Por su importancia histórica, aunque inasequible al aficionado, mencionaremos la presencia en el Cisne de una potentísima fuente de radiación –en concreto de rayos X- llamada “Cygnus X-1”, y que se trata del primer agujero negro descubierto, en 1971. Allí sólo veremos una estrella debilísima girando alrededor de algo invisible que absorbe paulatinamente su materia hasta agotarla por completo.

Nombres

Permalink 26.07.07 @ 12:00:18. Archivado en Astronomía

¿Quién puso nombre a las estrellas? Al contrario que otras preguntas poéticas, ésta puede ser contestada de manera más o menos objetiva. Casi todas las estrellas brillantes que vemos en el cielo tienen un nombre propio, y la mayoría de las palabras que usamos actualmente para denominarlas proceden del árabe, pues árabes fueron los que durante siglos recopilaron y transmitieron el antiguo saber astronómico a lo largo del medioevo, con no pocas aportaciones originales. Su etimología normalmente alude a la mitología asociada a la constelación a la que pertenecen. Así, tenemos por ejemplo a Deneb, que significa “cola”, pues es el astro situado en la cola del Cisne, como podemos comprobar estos días. Algol, una estrella de Perseo, quiere decir “cabeza de demonio” ya que tiene la diabólica propiedad de variar su brillo periódicamente. Arturo, otro brillante sol, tiene raíz griega y significa literalmente “el guardián de los osos”, pues tal parece dada su relativa proximidad a las Osas mayor y menor. Espiga, de origen latino, no necesita traducción; es la más importante de la constelación de Virgo. Otra forma de referir las estrellas dentro de una constelación, creada por el astrónomo alemán Johann Bayer en 1603, es por su brillo decreciente, asignando la letra griega “alfa” a la más luminosa, “beta” a la segunda en magnitud, y así sucesivamente. Así, “alpha Orionis”, también conocida como Betelgeuse, es la más brillante de Orión. En general, todas las estrellas, incluyendo las que no vemos, tienen además un código numérico asignado, a modo de DNI, mucho menos poético pero más práctico para referirnos a ellas de forma inequívoca.

Récords

Permalink 19.07.07 @ 17:10:05. Archivado en Astronomía

El mundo de los astros se describe a menudo haciendo uso de cifras inabarcables o de comparaciones que rara vez hacen justicia a las verdaderas magnitudes que se alcanzan en Astronomía. A los que se inician en esta Ciencia les atrae en especial conocer los plusmarquistas cósmicos en muy diversas categorías. Daremos algunos datos para satisfacer su curiosidad: por ejemplo, la estrella más cercana observable a simple vista desde León, y también la más brillante del cielo, es Sirio, situada a “sólo” nueve años luz de distancia. La estrella más grande que se conoce en todo el Cosmos se llama “VY CMa”, y es tan enorme que, si pusiéramos su centro donde está el del Sol, su superficie llegaría a la órbita de Saturno –por supuesto, nosotros estaríamos “dentro” de la estrella. La estrella más luminosa se conoce como “LBV 1806-20”, que brilla 38 millones de veces más que el Astro Rey, pero está tan alejada y tan cerca del núcleo de la Galaxia que es únicamente observable con técnicas muy avanzadas. La estrella más masiva que se conoce es Eta Carinae, unas 150 veces más pesada que el Sol; los científicos creen que está a punto de explotar en un descomunal estallido Supernova. Por su parte, la estrella más caliente parece ser la estrella central de la galaxia NGC 1602, que está nada menos que a un cuarto de millón de grados centígrados en su superficie. Por último, la estrella más antigua conocida es HE1327-2326, en la constelación de la Hidra, tiene más de 13.000 millones de años (solo un poco menos que el Universo entero), mientras que la más joven, conocida como “Herschel 36”, en Sagitario, tiene sólo unos 10.000 años.

Enfilaciones

Permalink 11.07.07 @ 20:43:25. Archivado en Astronomía

Hemos estado repasando durante las últimas semanas las principales constelaciones veraniegas, y para poner en práctica nuestros conocimientos nada mejor que aprovechar el descanso estival, buscar un lugar apartado de las luces de la ciudad y observar el firmamento en una noche despejada y sin luna. No nos costará encontrar las estrellas más importantes del cielo y reconocer las figuras que forman: hemos hallado las primeras constelaciones. Sin duda las más fáciles de ver serán la Osa Mayor o las que forman el Triángulo de Verano. Otras, formadas por astros menos brillantes, requieren más práctica, y los astrónomos emplean un sencillo truco para orientarse en la bóveda celeste de manera sencilla y eficaz: son las llamadas “enfilaciones”, líneas imaginarias dibujadas en el cielo que, a partir de la posición de dos estrellas conocidas nos llevan a una tercera que deseamos buscar. La enfilación más conocida nos permite encontrar la Estrella Polar –que, en contra de la creencia popular, no es muy brillante- a partir de las dos últimas estrellas de la Osa Mayor (las que forman el extremo del “cazo”, llamadas Merak y Dubhe). Prolongando unas cinco veces hacia arriba la distancia que las separa llegamos a la Polar, el astro que indica muy aproximadamente la posición del polo Norte celeste. El otro extremo de la Osa –el “mango” del cazo- forma un arco que, prolongado suficientemente, nos lleva a un sol muy brillante, Arturo, de color amarillento. Los manuales de aficionado explican con detalle muchas otras enfilaciones que nos permiten dar cuenta de todas las constelaciones visibles desde nuestras latitudes.

Constelaciones (y II)

Permalink 05.07.07 @ 16:56:21. Archivado en Astronomía

En contra de lo que pueda parecer, las estrellas que forman una constelación no suelen tener ninguna vinculación entre sí, son soles totalmente independientes generalmente separados por miles de años luz que, casualmente, se ven agrupadas desde nuestra perspectiva. Cuando decimos que un planeta está en una determinada constelación, realmente no se encuentra pasando “entre” sus estrellas, sólo lo vemos “delante” de ellas, si bien no apreciamos esta diferente distancia debido a la enorme lejanía que nos separa de estos astros. Así, el Sol recorre al cabo del año trece de estas constelaciones que, por tener la mayoría forma de animal, reciben el nombre de constelaciones zodiacales. Entre ellas tenemos el toro (Tauro), el león (Leo) o el escorpión (Escorpio). Ahora mismo nuestra estrella está en la constelación del Cangrejo, y por eso se llama trópico de Cáncer al paralelo que sobrevuela el Sol a principios de verano. Desde León podemos ver todas las constelaciones del hemisferio norte y buena parte de las del sur. Ahora vemos constelaciones típicamente estivales, como “la lira”, “la corona boreal” o “el delfín”. Las más australes permanecieron ocultas a los astrónomos europeos hasta que los primeros exploradores de la Era Moderna llegaron a esas latitudes y descubrieron un nuevo firmamento que no tardaron en poblar con nombres que evocan la época de los grandes descubrimientos. Así, encontramos constelaciones como “el microscopio”, “el sextante”, “el ave del paraíso” y otros nombres más poéticos y evocadores que nos recuerdan que, en definitiva, las constelaciones no son más que fruto de nuestra imaginación.

Constelaciones (I)

Permalink 05.07.07 @ 16:55:16. Archivado en Astronomía

Cuando observamos el cielo nocturno no vemos a las estrellas uniformemente repartidas en él, algunos astros brillan más que otros, y parecen agruparse en determinadas zonas. Si unimos con líneas imaginarias estos puntos de luz, enseguida creemos ver la silueta de personas, animales, objetos cotidianos, etc., gracias a un fenómeno psicológico conocido como “pareidolia”, que nos hace ver formas y figuras familiares en elementos de la naturaleza más o menos azarosos. Es así como los humanos construimos las constelaciones, agrupaciones de estrellas luminosas, aparentemente cercanas entre sí y cuya disposición nos recuerda a algo conocido. Históricamente, cada pueblo ha imaginado sus propias constelaciones, y las figuras construidas por los europeos no coinciden en muchos casos con las procedentes de las tradiciones orientales ni con las de las culturas precolombinas. A pesar de ello, las constelaciones son muy populares y fáciles de reconocer por todo el mundo, y constituyen un primer acercamiento a la Astronomía enormemente didáctico. Muchos escolares aprenderán este verano en los campamentos a encontrar la Osa Mayor o el Cisne, con lecciones sin duda amenizadas por la atractiva historia mitológica que se asocia a estas caprichosas configuraciones estelares. La Unión Astronómica Internacional reconoce la existencia de 88 constelaciones, entre las que se reparte la totalidad de la bóveda celeste. Muchas de las del hemisferio norte fueron bautizadas por los estudiosos del cielo de las primeras civilizaciones occidentales, otras se “inventaron” con posterioridad para rellenar los huecos existentes entre las más antiguas.

Verano

Permalink 21.06.07 @ 10:04:58. Archivado en Astronomía

El movimiento de la Tierra alrededor del Sol hace que no siempre veamos las mismas estrellas a lo largo del año. En la actualidad, a partir del final del crepúsculo vespertino comienzan a observarse las constelaciones típicamente veraniegas, que nos acompañarán hasta bien entrado el otoño. La configuración estelar más fácilmente reconocible es el llamado “triángulo de verano”, formado por tres estrellas brillantes que forman un triángulo rectángulo casi perfecto. El más brillante de esos soles es Vega, de color azulado, que llega a situarse sobre nuestra cabeza a medianoche. Es la quinta estrella más brillante del cielo, un astro joven que aún está formando su sistema planetario. Debido al lento desplazamiento del eje terrestre, Vega será nuestra estrella polar dentro de 13.000 años. La segunda componente del triángulo es Deneb, forma la punta de la cola de la constelación del Cisne. A pesar de parecerse bastante a la anterior, está muchísimo más lejos, por lo que ha de ser intrínsecamente muy brillante. Se calcula que tiene más de 20 veces el tamaño del Sol y su luminosidad es tal que en un solo día genera tanta luz como nuestra estrella en 140 años. En estas condiciones su vida será relativamente corta y explotará en forma de supernova dentro de pocos millones de años. El último astro del triángulo es Altair, una de las más cercanas a la Tierra –está a “sólo” 16 años luz-. Altair se caracteriza por su rapidísima rotación, girando sobre si misma cada poco más de seis horas (el Sol emplea casi un mes en la tarea). La colosal fuerza centrífuga generada ha conferido a la estrella una forma muy achatada.

Micrometeoritos

Permalink 14.06.07 @ 16:12:10. Archivado en Astronomía

Hace unos días saltaron las alarmas en la Estación Espacial Internacional por el descubrimiento de un impacto de micrometeorito en uno de sus módulos que, afortunadamente, no ha comprometido la seguridad de ninguno de sus componentes. La presencia de diminutas rocas no es infrecuente en el espacio interplanetario, y su posible impacto puede causar daños graves en satélites o naves tripuladas. Estos fragmentos, originados en los albores del Sistema Solar, o bien procedentes de colisiones asteroidales, pueden acercarse a la Tierra y atravesar el aire a gran velocidad, ardiendo vivamente en un fenómeno que desde aquí vemos como estrellas fugaces. De hecho la atmósfera nos protege de buena parte de los choques de estas piedrecitas cósmicas, y los astros que carecen de esta envuelta gaseosa, como la Luna o Mercurio, acusan en su superficie las huellas de milenios de acribillamiento. Si son suficientemente grandes no arden completamente y los rescoldos llegan al suelo. Su peligrosidad depende de su masa y, sobre todo, de su velocidad, que normalmente es de varios kilómetros por segundo. Por increíble que parezca, cada día caen a nuestro planeta varias toneladas de este material, y con algo de paciencia puede llegar a recolectarse una cantidad apreciable. Una buena forma de hacerlo es recogiendo el material depositado en las canaletas de desagüe de cualquier casa y pasando por él un imán potente. Buena parte de las partículas que se adhieran serán micrometeoritos. Observándolos con una lupa advertiremos su forma redondeada y la presencia de estrías que atestiguan su violento periplo a través de nuestra atmósfera.

Parhelio

Permalink 07.06.07 @ 19:22:11. Archivado en Astronomía

Ricardo Chao, historiador leonés de sobra conocido por los lectores de Diario de León, ha sacado a la luz un curiosísimo fenómeno natural recogido en la obra de Lucas de Tuy “Los milagros de San Isidoro”, una crónica religiosa medieval. Al parecer, durante la entronización del Papa Alejandro III, en 1159, fue claramente visible desde muchas regiones un segundo Sol en el cielo, compitiendo en luminosidad durante varias horas con el verdadero astro. La visión duró al parecer toda una mañana y causó gran admiración entre los testigos. El narrador colige, naturalmente, que se trató de una intervención divina para ratificar al Sumo Pontífice en una época plagada de cismas y antipapas por doquier. Sin embargo, con los datos aportados parece tratarse de un evento perfectamente explicable, aunque inusual, conocido como “parhelio”. Sucede que, en ocasiones, cuando el Sol está bajo en el horizonte y su luz atraviesa nubes altas y filamentosas, pueden aparecer dos resplandores brillantes a ambos lados del Astro Rey (exactamente a 22º del mismo) debidos a la refracción de los rayos solares producida en estas condiciones. Un proceso similar lleva a la formación del arco iris durante una llovizna. Si es la Luna la que brilla en esos momentos, se puede producir un fenómeno análogo llamado “paraselene”. Históricamente no son pocos los sucesos astronómicos aprovechados como refrendo de la autoridad de grandes líderes, como eclipses, supernovas o caídas de meteoritos. En la actualidad sabemos que no hay nada de sobrenatural en ellos, pero siguen maravillándonos y sobrecogiéndonos con igual intensidad con el paso de los siglos.

Sunshine (I)

Permalink 27.05.07 @ 17:26:52. Archivado en Astronomía

Esta reciente producción cinematográfica de ciencia-ficción plantea un problema al que, a muy largo plazo, acabará enfrentándose la humanidad: la extinción y muerte del Sol. Evidentemente fin definitivo de esta estrella no ocurrirá, como sugiere el guionista de la película, a mediados del presente siglo. Existe un sólido consenso científico que otorga al Astro Rey unos todavía unos cinco millones de milenios de vida, duplicando aproximadamente la que ya lleva a sus espaldas. Desde que se formó por el colapso gravitatorio de una primitiva nube de gas –procedente a su vez del estallido de un astro anterior- el Sol ha permanecido brillando continuamente, pero con pequeñas oscilaciones en su poder calorífico que, al parecer, han influido significativamente en la historia climática de nuestro planeta. Adicionalmente, no hemos estado siempre a la misma distancia del Sol, y el eje de giro de la Tierra ha sufrido también cambios relevantes desde el comienzo nuestra andadura cósmica. Todos estos factores combinados parecen explicar la sucesión de eras glaciares y épocas de clima tropical generalizado en todo el mundo, y bien podrían estar contribuyendo actualmente al llamado “cambio climático” más allá de las alteraciones inducidas por la actividad humana. El Sol puede ser la clave para los actuales interrogantes sobre este dramático proceso y su estudio ha pasado a ser una de las grandes prioridades en la investigación internacional. La evolución inmediata de la actividad solar está sujeta a una cierta incertidumbre y es, por tanto, un asunto de enorme relevancia científica en la que vuelcan sus esfuerzos no pocos astrónomos.

Sunshine (y II)

Permalink 27.05.07 @ 17:25:04. Archivado en Astronomía

¿Cómo acabará sus días el Sol? El combustible de la mayoría de las estrellas es el hidrógeno, el elemento más simple de la naturaleza. En el núcleo de estos astros se dan las condiciones de presión y temperatura adecuadas para que se produzcan reacciones de fusión nuclear, en las que dos átomos de hidrógeno se combinan entre sí para formar uno de helio, desprendiéndose una ingente cantidad de luz y calor (la misma que se libera durante la explosión de una bomba atómica). Sucede que la masa de cada átomo de helio pesa menos que la suma de los dos átomos de hidrógeno que lo han formado, la diferencia se transforma totalmente en energía que es radiada al exterior. El Sol pierde cada segundo más de cuatro millones de toneladas de su masa en este proceso, pero es tan enorme que a penas se resiente con el tiempo de esta sangría. Cuando se agota el hidrógeno, pasa a “quemar” helio, y cuando éste se acaba, otros elementos más complejos. Para entonces, será tan grande que habrá engullido a Mercurio, Venus y, posiblemente, a la Tierra, aniquilando por supuesto todo resto de vida que pueda quedar en ella para entonces. El Sol se ha convertido en una estrella “gigante roja” que, tras unos cientos de millones de años, explota y se desprende de su envoltura gaseosa que queda alrededor de la estrella formando un anillo de vivos colores. Desde la Tierra vemos actualmente a través de telescopios varios de estos cadáveres cósmicos llamados nebulosas planetarias, siendo la de la constelación de la Lira –la “nebulosa del anillo”- la más famosa. Lo que queda del núcleo forma una estrella “enana blanca” que se irá enfriando paulatinamente.

Hawking

Permalink 17.05.07 @ 17:19:37. Archivado en Astronomía

El profesor Stephen Hawking, catedrático de Matemáticas del Trinity College de Londres –el mismo cargo que en su día ostentara Sir Isaac Newton- no es sólo un ilustre y respetado cosmólogo, sino probablemente también el científico vivo más famoso de la actualidad. Su conocida enfermedad no le ha impedido ser uno de los artífices de los más notorios avances en astrofísica contemporánea, como la teoría termodinámica de los agujeros negros o la gravedad cuántica. Hawking ha mostrado también un constante interés en dar a conocer al público el resultado de sus investigaciones, y de hecho su célebre obra “Historia del Tiempo” se ha convertido en una de los libros de divulgación más populares de la historia. En efecto, tiene la infrecuente capacidad de exponer de forma amena y sencilla las más complejas teoría científicas, haciendo a todo el mundo más cercano el fascinante mundo de los astros. Su carácter bienhumorado le ha llevado incluso a participar en series de TV como “Star Trek” o “Los Simpson”, y su última “excentricidad” ha sido enrolarse en una aventura aeronáutica que lo ha llevado a él –uno de los mayores expertos en gravedad del mundo- a experimentar durante unos minutos la sensación de ingravidez a bordo de un vuelo suborbital (proporcionado de paso una impagable publicidad a la empresa que comercializará este tipo de actividades, de momento reservadas a personas adineradas). Tras su experiencia, y gracias al sintetizador de voz que utiliza para comunicarse, el profesor Hawking ha manifestado su interés por viajar algún día al espacio. Ojalá siga enseñándonos las maravillas del Universo por muchos años.

Escalas

Permalink 10.05.07 @ 11:48:52. Archivado en Astronomía

Hace unos días pudimos ver en el Ifycel un modelo a escala de nuestro Sistema Solar que ciertamente invitaba a la reflexión. No es frecuente contemplar un modelo que respete simultáneamente el tamaño de los astros de nuestro entorno y la distancia relativa que hay entre ellos, pero afortunadamente contamos con la pericia de su diseñador, el divulgador leonés José Vicente Casado, que consiguió un efecto realista y enormemente didáctico. En él, el Astro Rey se veía reducido al tamaño de una naranja, y Mercurio, el planeta más cercano a él, era un puntito invisible flotando a cuatro metros de distancia. Nuestro mundo es la cabeza de un alfiler situado a unos doce metros del Sol. Los gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno aparecen como diminutas canicas coloreadas cruzando la inmensidad del océano cósmico a decenas de metros de un Sol que, a tales distancias, apenas resulta ya visible. Si quisiéramos representar la estrella más cercana habría que colocar otra naranja a veinte kilómetros de distancia. A partir de ahí el modelo vuelve a tener un tamaño astronómico: necesitaríamos un país entero para representar únicamente nuestra vecindad estelar. Así se comprende un hecho fundamental: el espacio que nos rodea es, esencialmente, vacío. Un vacío purísimo, casi perfecto, mucho más que el mejor vacío conseguido en la Tierra; y las distancias que separan entre sí a los astros son, sencillamente, inimaginables. Nuestro vasto planeta es una insignificante mota de dentro de una de las cientos de miles de millones de galaxias que pueblan el firmamento. A la escala global del Universo, se reduce prácticamente a la nada.

Sputnik

Permalink 02.05.07 @ 12:02:14. Archivado en Astronomía

Este año se conmemoran los 50 años del comienzo de la carrera espacial, inaugurada con el lanzamiento en 1957 del primer satélite artificial –el “Sputnik I”- por parte de la entonces boyante industria espacial soviética. Se trataba de un pequeño artefacto, no mayor que un balón de playa, cuyo único cometido era emitir un monótono pitido confirmando que había llegado satisfactoriamente a la órbita terrestre. Este tímido sonido se convirtió en una advertencia amenazante a los oídos estadounidenses, en su pugna por liderar la conquista del espacio exterior y así conseguir una posición ventajosa en un hipotético enfrentamiento bélico con el bando enemigo. Hoy la densa flota de ingenios que pululan en las cercanías de nuestro planeta es responsable en buena medida del increíble progreso reciente en ciencia y tecnología: las telecomunicaciones internacionales, el estudio del clima o la moderna astronomía espacial serían sueños imposibles sin ellos. Hemos convertido en una tarea rutinaria el lanzamiento al Cosmos sofisticados aparatos destinados al avance de nuestra civilización. Nos gustaría decir que, cinco décadas después, cuando la guerra fría es ya un recuerdo, el espacio es ya escenario únicamente de proyectos constructivos y pacíficos, pero lamentablemente no es así. Las grandes superpotencias desean desempolvar sus programas de defensa estratégica y volver a la “guerra de las galaxias”. Además de Estados Unidos y Rusia, ahora China, Irán, Pakistán e India se empeñan en armarse de misiles y otros artilugios nada amistosos. Bien podrían estas naciones emplear sus escasos recursos de forma más inteligente.

Mitos

Permalink 26.04.07 @ 16:56:46. Archivado en Astronomía

Existe en la cultura popular un variado surtido de mitos, creencias y leyendas relacionadas con el mundo de los astros. Una de las más curiosas y extendidas sostiene que la fase de la Luna influye de manera decisiva en el crecimiento vegetal y, en general, en la producción y rendimiento de los cultivos. Al parecer, la fase de cuarto creciente es la apropiada para la siembra, el abonado o el regado de las plantas o cualquier otra actividad relacionada con el “crecimiento”. Lógicamente, cuando nuestro satélite llega a su cuarto menguante es hora de “menguar” estos productos de la tierra: cosecha, recolección, talas y podas son las actividades indicadas. Se piensa también que la madera debe destinarse a usos diferentes en función de la época en la que se ha cortado, pues la Luna confiere propiedades especiales a este material en función de su fase. Ideas análogas son las que llevan a algunos a cortarse el pelo o las uñas coincidiendo con la fase lunar decreciente, y aseguran que de esta forma se consiguen mejores resultados. Muchos siguen al pie de la letra estas peregrinas recomendaciones sin pararse a pensar si tienen algún sentido y, lo que es peor, sin atreverse a ponerlas a prueba. En 1991 se llevó a cabo en Australia un experimento que demostraba que las plantas sembradas, germinadas o recolectadas en diferentes periodos del mes lunar eran esencialmente idénticas entre sí y que, por tanto, la Luna no ejerce ningún efecto mensurable sobre ellas. No obstante, sí se conocen procesos biológicos –sobre todo en especies marinas- acoplados a las fases lunares, que regulan especialmente ciclos reproductivos.

Cine

Permalink 19.04.07 @ 17:07:43. Archivado en Astronomía

Hay que reconocer que buena parte de la popularidad de la que goza actualmente el mundo de la Astronomía se debe a la labor de difusión que, voluntariamente o no, ha llevado a cabo el séptimo arte. La industria de Hollywood ha recurrido con frecuencia al Espacio como escenario para albergar las más variadas historias, tanto en obras de ficción como en reconstrucciones más o menos históricas de hitos de la carrera espacial. La búsqueda de errores o imprecisiones técnicas en estas películas, que no dejan de ser manifestaciones artísticas que no buscan necesariamente el rigor científico, puede interpretarse como un exceso de espíritu crítico, si bien también pueden tener una vertiente didáctica que revela muchos de los malentendidos y creencias populares que se tienen sobre el Cosmos. Los efectos especiales dotan de realismo y espectacularidad a las escenas desarrolladas en el espacio, pero muchas situaciones no son creíbles desde el punto de vista científico. Uno de los errores más frecuentes es el de acompañar el movimiento de las naves espaciales con su correspondiente sonido, cosa imposible dado que en espacio exterior no hay atmósfera donde éste se propague. Otro recurso muy socorrido es dotar a las astronaves de velocidades superlumínicas que permiten a los protagonistas viajar por toda la galaxia en pocos minutos; lamentablemente, la teoría de la relatividad de Einstein impide, hasta donde sabemos, superar la velocidad de la luz. En cualquier caso, Astronomía y cine forman una estable pareja de hecho desde hace ya un siglo y no hay por qué no desear que continúe esta fructífera relación.

Pascua

Permalink 08.04.07 @ 13:03:05. Archivado en Astronomía

El hecho de que hoy –y no otro domingo- sea el Domingo de Pascua o de Resurrección no es casual, sino fruto de un cálculo astronómico más complejo de lo que pudiera sospecharse. Se trata de la principal fiesta “móvil” del ciclo eclesiástico, de cuya ubicación en el calendario dependen, como es bien sabido, varias otras, como Carnaval o Pentecostés. Hace siglos se determinó que esta fecha coincidiera con el primer domingo coincidente o posterior a la primera Luna llena de la primavera y, efectivamente, el pasado lunes aconteció este primer plenilunio primaveral –dicho sea de paso, el inicio de esta estación es igualmente un fenómeno astronómico: nada menos que la llegada del Sol al hemisferio boreal del cielo. Inicialmente se pensaba que el comienzo de la primavera se producía invariablemente el mismo día (el 21 de marzo), posteriormente se comprobó que en ciertos años puede adelantarse al día 20 ó incluso al 19. También se vio que las lunaciones no duran siempre lo mismo, y ambas circunstancias hacen que el cálculo del día de Pascua no sea muy sencillo. Hay que atender, entre otros factores, a la fase que presenta la Luna el primer día de enero o si el año en cuestión es bisiesto o no. Las reglas actuales se han establecido de forma que este domingo de Pascua no pueda ser anterior al 22 de marzo ni posterior al 25 de abril. No son pocos los que abogan por sustituir este sistema quizás algo complejo por una festividad fija (por ejemplo, el primer domingo de abril). Sin embargo, otros consideran esta vinculación de nuestro calendario con la posición de los astros una tradición digna de conservarse.

Tiempo

Permalink 04.04.07 @ 13:34:06. Archivado en Astronomía

En pleno siglo XXI hay todavía personas –incluyendo algún presunto “científico”- que creen firmemente que el mundo tiene sólo seis milenios de antigüedad y que adquirió su aspecto actual de forma casi instantánea y milagrosa. Desde hace siglos, sin embargo, se acumulan pruebas irrefutables que demuestran más allá de toda duda razonable la antigüedad del Universo, actualmente cifrada en más de 13.000 millones de años. La realidad que contemplamos hoy es producto de una evolución cosmológica, geológica y biológica que continúa más allá de la casual irrupción de nuestra especie en este pequeño planeta. Algunas de las evidencias más sólidas de este proceso las aporta precisamente la Astronomía, que estudia radiaciones procedentes de astros alejados a miles de millones de años luz y que por tanto han de tener una edad equivalente. También se conoce con bastante precisión el mecanismo por el cual el Sol y las demás estrellas emiten su colosal energía, que indica que el Astro Rey tiene no menos de 5.000 millones de años y todavía le quedan otros tantos hasta su colapso final. Los elementos radiactivos de la superficie de la Tierra se hallan en proporciones sólo compatibles con un planeta antiquísimo, sólo algo menos que nuestro Sol. Los cambios genéticos que han conducido a la enorme biodiversidad actual, a partir de formas sencillas y primitivas, requieren asimismo el transcurso de innumerables eones. En ocasiones los prejuicios irracionales son capaces de hacernos dar más crédito a una historia mitológica y legendaria por encima de la descripción natural del mundo basada en evidencias científicas.

Apophis

Permalink 29.03.07 @ 10:36:32. Archivado en Astronomía

Periódicamente se da cabida en los medios de comunicación a alarmantes noticias sobre el impacto más o menos probable e inminente de un devastador asteroide, de efectos apocalípticos sobre nuestra civilización. El último astro protagonista de estas historias ha resultado ser Apophis, una roca de poco más de 400 m de diámetro, descubierta en 2004. Pertenece a una familia de asteroides llamados “Objetos Cercanos a la Tierra”, aunque ya se sabe que eso de “cercano” es muy relativo en Astronomía. Los datos iniciales sobre su órbita fueron, en efecto, un tanto inquietantes, ya que arrojaban un riesgo inusualmente alto de impacto con nuestro planeta para el año 2029, concretamente para el día 13 de abril: una posibilidad entre 37, la mayor registrada en la historia. Posteriores observaciones ayudaron a refinar los cálculos, y actualmente se estima que hay sólo una posibilidad entre 45.000 de una colisión fatal. Eso sí, ese día pasará a sólo 40.000 km de la Tierra, convirtiéndose en el primer asteroide observable a simple vista. El de Apophis es sólo un ejemplo de los miles de asteroides que son constantemente vigilados, ya que un cataclismo de esas características sería francamente devastador y difícilmente evitable. En cualquier caso, observando a escala real el Sistema Solar se comprende que tales colisiones son en extremo improbables. Contrariamente a la idea común, nuestro entorno cósmico está prácticamente vacío y las distancias que nos separan de otros astros potencialmente peligrosos son ciertamente enormes, aunque no lo suficiente como para hacer inútiles los programas de seguimiento de estos cuerpos.

Estrella vespertina

Permalink 21.03.07 @ 19:55:38. Archivado en Astronomía

Últimamente nos preguntan con frecuencia a los astrónomos aficionados cuál es esa brillante estrella que se ve al atardecer al Oeste, la primera en aparecer tras la puesta de Sol (e incluso antes) y que destaca por su enorme luminosidad. No es otra que el planeta Venus, el astro más brillante del cielo después del Sol y la Luna, y el planeta más cercano a la Tierra. Durante varios meses es visible justo antes del amanecer, y en la antigüedad se distinguía de hecho una “estrella matutina” y otra “vespertina”; pasaron bastantes siglos hasta que se comprobó que eran en realidad el mismo astro en diferentes posiciones. Venus está más cerca del Sol que nosotros, lo cual hace que nunca se aleje demasiado de él en el cielo. En circunstancias excepcionales, lo vemos justo delante de esta estrella, provocando un pequeño eclipse. Al moverse alrededor del Astro Rey éste lo ilumina desde diferentes ángulos, lo que hace que para nosotros presente fases al igual que la Luna. Se dice que ciertas personas con una agudeza visual excepcional son capaces de distinguir la fase de Venus a simple vista, aunque lo ideal es observarla con unos prismáticos o un pequeño telescopio. Pocos detalles más se observarán en su superficie, al tratarse de un mundo completamente cubierto de espesas nubes de dióxido de carbono y ácido sulfúrico, fruto de un desbocado efecto invernadero que ha sumido al planeta en temperaturas superficiales de más de 400 grados, el récord de todo Sistema Solar. Intentemos ver estos días a nuestro vecino cósmico resplandeciendo en el cielo primaveral de León poco después de anochecer.

SETI

Permalink 14.03.07 @ 12:40:58. Archivado en Astronomía

Son las siglas en inglés de “búsqueda de inteligencia extraterrestre”, un proyecto científico nacido hace varias décadas dedicado a escrutar concienzudamente el firmamento en busca de señales de comunicación entre otras posibles civilizaciones. Actualmente sabemos muy poco sobre las condiciones necesarias para que la vida se desarrolle en otros planetas, desconocemos si la Tierra es un caso típico en el Universo o por el contrario una afortunada anomalía. Más aún, ignoramos en gran medida los pasos concretos que ha seguido la evolución hasta producir seres que reconocemos como “inteligentes”. Con frecuencia la historia de nuestro planeta, por simple casualidad, pudo haber tomado rumbos que habrían esquivado la aparición de los humanos sobre su superficie. A pesar de ello, los cálculos más optimistas apuntan a que podría haber millones de razas similares a la nuestra sólo en esta galaxia. Sería estúpido no intentar comunicarse con ellos, o por lo menos permanecer a la escucha con la esperanza de captar alguna pista que confirmara que no estamos solos en el Cosmos. Varios radiotelescopios de todo el mundo, entre ellos la famosa y enorme antena de Arecibo, en Puerto Rico, dedican parte de su tiempo a esta tarea, buscando entre el “ruido” espacial señales de origen inequívocamente artificial. Cualquiera puede colaborar en este estudio, descargando desde la página de la Universidad de Berkeley un pequeño programa que se activa en las horas muertas de nuestro ordenador, diseñado para analizar pequeñas porciones de esos datos. Quién sabe, mañana puede Ud. protagonizar el mayor descubrimiento de la historia.

Cronos

Permalink 01.03.07 @ 10:23:39. Archivado en Astronomía

Desde la más remota antigüedad el interminable ciclo de las estrellas ha ejemplificado el significado del imperturbable orden cósmico, ajeno a los designios humanos, eterno y asombrosamente preciso. Contra este sistema perfecto encontramos siete astros díscolos que parecen no seguir las leyes del Universo, sino moverse entre las estrellas fijas, ahora a gran velocidad, ahora deteniéndose y volviendo sobre sus pasos, describiendo en fin trayectorias complejas y curiosas. Los griegos les llamaron “estrellas errantes” o “planetas”, los cinco visibles a simple vista (de Mercurio a Saturno) más la Luna y el Sol. Observaron igualmente que no tardaban lo mismo en dar una vuelta alrededor de la Tierra. La Luna invierte sólo un mes, el Sol lo hace en un año, y Marte completa el circuito en poco más de dos. Parecía lógico atribuir estas diferencias a las distancias correlativas que nos separan de estos cuerpos, suposición que finalmente resultó en esencia acertada. Así, en los confines de este primitivo Sistema Solar se situaba un astro que tardaba tres décadas en circundar la bóveda celeste, prácticamente la esperanza de vida humana en los albores de la civilización. Imaginaron allí a un viejecito de barba blanca y lento caminar, personificando a Cronos, el dios del tiempo, rebautizado como Saturno por los romanos. Ahora vemos este astro como una brillante luz en la constelación de Leo, que con un telescopio se revela como el más hermoso de los planetas, con su corona de anillos. La Tierra está pasando actualmente entre Saturno y el Sol, por lo que será visible durante toda la noche y además alcanzará su máximo brillo anual.

El cangrejo

Permalink 21.02.07 @ 13:15:24. Archivado en Astronomía

A principios de julio del año 1054 los astrónomos chinos se quedaron impresionados por la súbita aparición en los cielos de un nuevo y resplandeciente astro en la constelación del Toro. Su fulgor fue tal que se pudo ver incluso a plena luz del día durante algunas semanas y durante los dos años posteriores por la noche. Parece ser que los árabes y algunos pueblos indios de Norteamérica también fueron testigos del evento, como sugieren ciertas pinturas de la época. Cuesta creer que este impresionante fenómeno pasara desapercibido por los observadores europeos, sumidos en un oscurantismo medieval que prestaba poca atención al firmamento. Hoy sabemos que estos prodigios se corresponden con el estallido de enormes estrellas en un cataclismo de dimensiones inimaginables conocido como “supernovas”, en las que estos soles se desprenden violentamente de sus capas superficiales, quedando reducidos a núcleos estelares extremadamente compactos y calientes. Los restos quedan desperdigados en su entorno, formando lo que desde aquí vemos como nebulosas de vivos colores. Los primeros dibujos de esta nebulosa recordaban a la forma de un cangrejo, y con este nombre se la conoce en la actualidad, pudiendo ser observada como una débil nubosidad con un pequeño telescopio. Comparando fotografías antiguas y actuales de este astro se observa que se sigue expandiendo, a más de 1000 kilómetros por segundo. En el corazón de la nebulosa se han descubierto los restos de la estrella progenitora, un astro que gira a treinta revoluciones por segundo emitiendo enormes cantidades de radiación que permiten su estudio desde la Tierra.

Doppler

Permalink 15.02.07 @ 11:22:26. Archivado en Astronomía

Todos hemos experimentado que, al oír la sirena de una ambulancia acercándose a nosotros, su sonido parece algo más agudo que cuando no se mueve; análogamente el tono se agrava si se está alejando de nuestra posición. Este fenómeno se conoce como “efecto Doppler”, por el físico austríaco que lo describió en el siglo XIX. Las ondas de sonido emitidas por un cuerpo que se acerca se “comprimen” y viceversa, lo cual se traduce en una mayor o menor frecuencia, respectivamente, en el tono que escuchamos. La luz, aunque de naturaleza muy distinta, es también una onda que se ve afectada por el efecto Doppler. En una fuente luminosa que se acerca las ondas de luz que llegan a nuestros ojos se comprimen y, para el observador, el color de ese objeto varía ligeramente hacia tonos azulados. Si el cuerpo se mueve en dirección opuesta esta variación se experimenta hacia el rojo. Como la velocidad de propagación de la luz es tan elevada (300.000 kilómetros por segundo), estos cambios de color sólo resultan apreciables si los objetos se mueven con gran rapidez, como ciertos astros. Por ejemplo, la Galaxia de Andrómeda se nos acerca a una velocidad de 35 kilómetros por segundo, y su color es un poco más azul de lo que sería si no se moviera respecto a nosotros. Casi todas las galaxias distantes, sin embargo, se están alejando de la nuestra, tanto más rápidamente cuanto más lejos están. Algunas parecen tan rojizas que su luz infrarroja ya no es captable por el ojo humano. Midiendo el “desplazamiento hacia el rojo” en el color de los astros se puede tener, por tanto, una muy buena estima de la distancia a la que están.

Nomenclatura

Permalink 07.02.07 @ 13:21:37. Archivado en Astronomía

El uso del telescopio ha ido revelando cada vez más detalles de los planetas y sus satélites. En el caso de Marte o la Luna, nuestro conocimiento actual acerca de su relieve es comparable al que tenemos sobre nuestro propio planeta. Ha surgido la necesidad, por tanto, de dar nombres a los elementos superficiales (por lo menos a los más sobresalientes) de cada uno de estos mundos para poder referirnos a ellos de forma sencilla e inequívoca; de ello se encarga la llamada “nomenclatura planetaria”, la rama de la Astronomía encargada de bautizar a los montes, cráteres y demás formaciones geográficas siguiendo una serie de normas y costumbres. Por ejemplo, los nombres de los cráteres lunares se refieren a sabios que destacaron en Astronomía, así encontramos los cráteres “Copérnico”, “Kepler” o “Alphonsus”, por Alfonso X. La nomenclatura marciana se basa, por su parte, en una recreación de la terrestre, y algunos de los nombres que encontramos en los mapas del Planeta Rojo se basan en la geografía ibérica. Existen, por ejemplo, cráteres como “Cádiz”, “Calahorra” o “Escorial”, en alusión a las ciudades españolas. También existen un “Tagus Vallis” o un “Durius Vallis”, que no necesitan traducción. En Mercurio hallamos también cráteres con nombres relacionados con nuestra historia o cultura: Cervantes, Goya, Velázquez, Echegaray, etc. Por convenio, todos los nombres de Venus son femeninos, y allí encontramos cráteres dedicados a Rosalía de Castro o Isabel la Católica. Por último, el español más internacional, Don Quijote, está inmortalizado, junto con Dulcinea, en un cráter del asteroide Eros, que significa “amor”.

Hierro

Permalink 07.02.07 @ 13:20:21. Archivado en Astronomía

El descubrimiento de la obtención de metales a partir de sus fuentes minerales fue tan determinante en la evolución de nuestra cultura que de hecho las etapas tecnológicas de la historia humana se definen por el metal dominante en la industria de cada momento. Tras las Edades del Cobre y del Bronce, el hombre aprendió hace cuatro milenios a obtener un metal más sólido y resistente a partir de ciertos minerales, inaugurando así la edad del Hierro, que, en cierto sentido, llega hasta la actualidad. No obstante en aquél tiempo ya se conocía este prodigioso material, ocasionalmente hallado en forma de pesadas rocas caídas del cielo. En efecto, muchos meteoritos están formados casi exclusivamente por este metal, y constituían hasta entonces la nunca fuente disponible de este valioso producto, más precioso que el oro. No es extraño que se atribuyeran propiedades sobrenaturales al hierro, considerando sus propiedades extraordinarias y su origen celestial. Parecía un regalo de los propios dioses. Las antiguas leyendas europeas sobre metales mágicos (desde la espada “Excalibur” del Rey Arturo hasta el anillo de los Nibelungos, reelaborada en la novela El Señor de los Anillos) están probablemente enraizadas en esta mitología. Es posible incluso que las palabras “sideral” y “siderurgia” compartan el mismo origen griego. El hierro se forma en el núcleo de las estrellas, y el que hoy hallamos en la Tierra –incluyendo el de nuestra sangre- procede concretamente del corazón de un astro que estalló hace miles de millones de años en una explosión “supernova”, y de cuyos escombros se formó el actual Sol y su corte planetaria.

Sobre el autor

Permalink 14.01.07 @ 00:39:18. Archivado en Sobre el autor

Aficionado a la Astronomía desde hace años. Presidente de la Asociación Leonesa de Astronomía entre 2006 y 2010. He escrito varios libros y artículos para las revistas Astronomía y LEO.
A nivel profesional, soy doctor en Biología, máster en Gestión y Auditorías Ambientales y especialista universitario en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Actualmente, investigador en la Universidad de León. Miembro de la Asociación Española de Científicos y de la Real Sociedad Española de Historia Natural.

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