
27.05.07 @ 17:26:52. Archivado en Astronomía
Esta reciente producción cinematográfica de ciencia-ficción plantea un problema al que, a muy largo plazo, acabará enfrentándose la humanidad: la extinción y muerte del Sol. Evidentemente fin definitivo de esta estrella no ocurrirá, como sugiere el guionista de la película, a mediados del presente siglo. Existe un sólido consenso científico que otorga al Astro Rey unos todavía unos cinco millones de milenios de vida, duplicando aproximadamente la que ya lleva a sus espaldas. Desde que se formó por el colapso gravitatorio de una primitiva nube de gas –procedente a su vez del estallido de un astro anterior- el Sol ha permanecido brillando continuamente, pero con pequeñas oscilaciones en su poder calorífico que, al parecer, han influido significativamente en la historia climática de nuestro planeta. Adicionalmente, no hemos estado siempre a la misma distancia del Sol, y el eje de giro de la Tierra ha sufrido también cambios relevantes desde el comienzo nuestra andadura cósmica. Todos estos factores combinados parecen explicar la sucesión de eras glaciares y épocas de clima tropical generalizado en todo el mundo, y bien podrían estar contribuyendo actualmente al llamado “cambio climático” más allá de las alteraciones inducidas por la actividad humana. El Sol puede ser la clave para los actuales interrogantes sobre este dramático proceso y su estudio ha pasado a ser una de las grandes prioridades en la investigación internacional. La evolución inmediata de la actividad solar está sujeta a una cierta incertidumbre y es, por tanto, un asunto de enorme relevancia científica en la que vuelcan sus esfuerzos no pocos astrónomos.
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27.05.07 @ 17:25:04. Archivado en Astronomía
¿Cómo acabará sus días el Sol? El combustible de la mayoría de las estrellas es el hidrógeno, el elemento más simple de la naturaleza. En el núcleo de estos astros se dan las condiciones de presión y temperatura adecuadas para que se produzcan reacciones de fusión nuclear, en las que dos átomos de hidrógeno se combinan entre sí para formar uno de helio, desprendiéndose una ingente cantidad de luz y calor (la misma que se libera durante la explosión de una bomba atómica). Sucede que la masa de cada átomo de helio pesa menos que la suma de los dos átomos de hidrógeno que lo han formado, la diferencia se transforma totalmente en energía que es radiada al exterior. El Sol pierde cada segundo más de cuatro millones de toneladas de su masa en este proceso, pero es tan enorme que a penas se resiente con el tiempo de esta sangría. Cuando se agota el hidrógeno, pasa a “quemar” helio, y cuando éste se acaba, otros elementos más complejos. Para entonces, será tan grande que habrá engullido a Mercurio, Venus y, posiblemente, a la Tierra, aniquilando por supuesto todo resto de vida que pueda quedar en ella para entonces. El Sol se ha convertido en una estrella “gigante roja” que, tras unos cientos de millones de años, explota y se desprende de su envoltura gaseosa que queda alrededor de la estrella formando un anillo de vivos colores. Desde la Tierra vemos actualmente a través de telescopios varios de estos cadáveres cósmicos llamados nebulosas planetarias, siendo la de la constelación de la Lira –la “nebulosa del anillo”- la más famosa. Lo que queda del núcleo forma una estrella “enana blanca” que se irá enfriando paulatinamente.
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17.05.07 @ 17:19:37. Archivado en Astronomía
El profesor Stephen Hawking, catedrático de Matemáticas del Trinity College de Londres –el mismo cargo que en su día ostentara Sir Isaac Newton- no es sólo un ilustre y respetado cosmólogo, sino probablemente también el científico vivo más famoso de la actualidad. Su conocida enfermedad no le ha impedido ser uno de los artífices de los más notorios avances en astrofísica contemporánea, como la teoría termodinámica de los agujeros negros o la gravedad cuántica. Hawking ha mostrado también un constante interés en dar a conocer al público el resultado de sus investigaciones, y de hecho su célebre obra “Historia del Tiempo” se ha convertido en una de los libros de divulgación más populares de la historia. En efecto, tiene la infrecuente capacidad de exponer de forma amena y sencilla las más complejas teoría científicas, haciendo a todo el mundo más cercano el fascinante mundo de los astros. Su carácter bienhumorado le ha llevado incluso a participar en series de TV como “Star Trek” o “Los Simpson”, y su última “excentricidad” ha sido enrolarse en una aventura aeronáutica que lo ha llevado a él –uno de los mayores expertos en gravedad del mundo- a experimentar durante unos minutos la sensación de ingravidez a bordo de un vuelo suborbital (proporcionado de paso una impagable publicidad a la empresa que comercializará este tipo de actividades, de momento reservadas a personas adineradas). Tras su experiencia, y gracias al sintetizador de voz que utiliza para comunicarse, el profesor Hawking ha manifestado su interés por viajar algún día al espacio. Ojalá siga enseñándonos las maravillas del Universo por muchos años.
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10.05.07 @ 11:48:52. Archivado en Astronomía
Hace unos días pudimos ver en el Ifycel un modelo a escala de nuestro Sistema Solar que ciertamente invitaba a la reflexión. No es frecuente contemplar un modelo que respete simultáneamente el tamaño de los astros de nuestro entorno y la distancia relativa que hay entre ellos, pero afortunadamente contamos con la pericia de su diseñador, el divulgador leonés José Vicente Casado, que consiguió un efecto realista y enormemente didáctico. En él, el Astro Rey se veía reducido al tamaño de una naranja, y Mercurio, el planeta más cercano a él, era un puntito invisible flotando a cuatro metros de distancia. Nuestro mundo es la cabeza de un alfiler situado a unos doce metros del Sol. Los gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno aparecen como diminutas canicas coloreadas cruzando la inmensidad del océano cósmico a decenas de metros de un Sol que, a tales distancias, apenas resulta ya visible. Si quisiéramos representar la estrella más cercana habría que colocar otra naranja a veinte kilómetros de distancia. A partir de ahí el modelo vuelve a tener un tamaño astronómico: necesitaríamos un país entero para representar únicamente nuestra vecindad estelar. Así se comprende un hecho fundamental: el espacio que nos rodea es, esencialmente, vacío. Un vacío purísimo, casi perfecto, mucho más que el mejor vacío conseguido en la Tierra; y las distancias que separan entre sí a los astros son, sencillamente, inimaginables. Nuestro vasto planeta es una insignificante mota de dentro de una de las cientos de miles de millones de galaxias que pueblan el firmamento. A la escala global del Universo, se reduce prácticamente a la nada.
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02.05.07 @ 12:02:14. Archivado en Astronomía
Este año se conmemoran los 50 años del comienzo de la carrera espacial, inaugurada con el lanzamiento en 1957 del primer satélite artificial –el “Sputnik I”- por parte de la entonces boyante industria espacial soviética. Se trataba de un pequeño artefacto, no mayor que un balón de playa, cuyo único cometido era emitir un monótono pitido confirmando que había llegado satisfactoriamente a la órbita terrestre. Este tímido sonido se convirtió en una advertencia amenazante a los oídos estadounidenses, en su pugna por liderar la conquista del espacio exterior y así conseguir una posición ventajosa en un hipotético enfrentamiento bélico con el bando enemigo. Hoy la densa flota de ingenios que pululan en las cercanías de nuestro planeta es responsable en buena medida del increíble progreso reciente en ciencia y tecnología: las telecomunicaciones internacionales, el estudio del clima o la moderna astronomía espacial serían sueños imposibles sin ellos. Hemos convertido en una tarea rutinaria el lanzamiento al Cosmos sofisticados aparatos destinados al avance de nuestra civilización. Nos gustaría decir que, cinco décadas después, cuando la guerra fría es ya un recuerdo, el espacio es ya escenario únicamente de proyectos constructivos y pacíficos, pero lamentablemente no es así. Las grandes superpotencias desean desempolvar sus programas de defensa estratégica y volver a la “guerra de las galaxias”. Además de Estados Unidos y Rusia, ahora China, Irán, Pakistán e India se empeñan en armarse de misiles y otros artilugios nada amistosos. Bien podrían estas naciones emplear sus escasos recursos de forma más inteligente.
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