
08.05.08 @ 21:31:45. Archivado en Astronomía
La semana pasada veíamos cómo el Universo es, según las teorías más aceptadas, de extensión finita pero carente de límites. Las galaxias se alejan entre sí, con una velocidad tanto mayor cuanto más lejos están; por lo actualmente también parece claro que el Cosmos se está expandiendo, posiblemente incluso a un ritmo acelerado con el tiempo. Erróneamente se tiende a imaginar este proceso como un conjunto de galaxias alejándose progresivamente a partir de un punto central. En realidad, el hecho de que el Universo sea ilimitado implica que también carece de centro, por muy extraña que nos parezca esa idea. Pensemos, por ejemplo, en el globo terrestre. Obviamente, como figura esférica tiene un centro definido, pero ¿cuál es el centro de su superficie? Ningún punto puede erigirse como el “centro del mundo”, por lo menos desde el punto de vista geométrico. Análogamente no existe en el Universo un centro desde el que todo se esté alejando. Para explicarlo, los astrónomos usan frecuentemente la siguiente metáfora: dibujemos en un globo desinflado una serie de puntos repartidos al azar, para representar las galaxias, y comencemos a hinchar el globo: todos se alejan entre sí sin que exista un punto central especial. A gran escala, se puede decir que el Universo es homogéneo, sin que exista una distribución desigual de la materia, e isotrópico, es decir, sin que existan direcciones o puntos de vista privilegiados desde los cuales su aspecto general sea diferente. Estemos donde estemos, y miremos hacia donde miremos, el Cosmos parece siempre el mismo. A esta importante conclusión la llaman los científicos el “principio cosmológico”.
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29.04.08 @ 20:35:15. Archivado en Astronomía
No fue sino hasta bien entrado el siglo pasado cuando el estudio del Universo en su totalidad pasó de ser materia exclusiva de la especulación filosófica a ser objeto de análisis científico mediante la recopilación de datos y su contrastación en modelos teóricos. En efecto, quién no se ha preguntado si el Universo es infinito o si, por el contrario, tiene “bordes” definidos y, en este último caso, qué hay más allá de esa hipotética frontera. Muchas de las teorías más aceptadas en la actualidad sobre estas cuestiones coinciden en la idea básica de que el Cosmos es, en su conjunto, ”finito pero ilimitado”. ¿Qué significa esto? Una buena analogía para explicarlo la encontramos en nuestro propio planeta: su superficie es finita (es decir, tiene un área definida), pero carece de bordes: partiendo desde un punto concreto, y caminando siempre en la misma dirección, cualquiera que ésta sea –o utilizando el medio de locomoción que sea menester en cada caso- llegamos siempre al punto de partida sin haber encontrado nunca el cartel de “fin de la Tierra”. Algo parecido ocurrirá desplazándonos por el espacio: si viajamos durante mucho tiempo con un rumbo invariable, al final “daremos la vuelta” al Universo, llegando al punto inicial por el extremo opuesto. Lo curioso de este hecho es que es independiente de la dirección que tomemos inicialmente. La metáfora bidimensional de la Tierra nos es insuficiente para imaginar este “espacio curvo”, pero muchas observaciones apuntan a que efectivamente vivimos en un Universo ilimitado, envuelto de alguna forma sobre sí mismo, con algunas otras interesantes propiedades que veremos la próxima semana.
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24.04.08 @ 19:03:06. Archivado en Astronomía
Parece ser que los duendes de imprenta, que como todo el mundo sabe se afanan en desvirtuar –normalmente con resultados cómicos- el sentido de lo redactado por el esforzado periodista, tienen especial predilección por las noticias de tipo científico. En muchos casos es difícil discernir entre los efectos supuestamente aleatorios de estos seres y los errores propios del redactor, sin duda bienintencionados, que pueden llegar a enturbiar completamente el sentido de lo que se pretende comunicar. En astronomía, donde abundan las grandes cifras y conceptos extraños al lenguaje común, encontramos abundantes ejemplos. Hace tiempo, un conocido medio –no daremos nombres- se hacía eco de la construcción del mayor telescopio del mundo, “capaz de divisar objetos a 100 m” (en realidad éste era el diámetro del mismo). Un periódico español afirmaba que en cierta fecha los planetas se iban a “aliar”, en vez de “alinear”. Afortunadamente, la nota aclaraba que “los astrólogos han vaticinado una mayor tranquilidad y bienestar general en la sociedad”. Y es que la confusión entre astrología y astronomía es una constante habitual. Una conocida agencia de noticias insistía en atribuir a los astrólogos el descubrimiento de un planeta a 650 años-luz. Por otra parte, la misma CNN aseguraba que el trasbordador espacial viajaba ¡a 18 veces la velocidad de la luz!, poniendo así en tela de juicio los mismísimos fundamentos de la física moderna. Finalmente, una revista publicó hace tiempo una hermosa imagen del Sol, señalando al pie que no sólo se trataba de la fotografía de un eclipse, sino que además había sido obtenida “con un potente microscopio”.
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18.04.08 @ 10:34:39. Archivado en Astronomía
Hace unas semanas Sensi Pastor y su marido José Antonio de los Reyes, dos astrónomos que trabajan desde el Observatorio de la Murta (Murcia) vislumbraron una débil luz en el cielo que no tardó en confirmarse como un asteroide desconocido hasta ahora, denominado provisionalmente 2008 FW61 por la Unión Astronómica Internacional. Se trata de una roca de unos 5 km de diámetro situada en el cinturón principal de asteroides que orbita el Sol entre Marte y Júpiter, y su descubrimiento supone toda una recompensa para estos investigadores tras cientos de horas de paciente observación del firmamento estrellado, sobretodo teniendo en cuenta el equipo relativamente modesto empleado en esta pequeña hazaña, más propio de un astrónomo aficionado que de un profesional. No ha sido el único descubrimiento de este tipo realizado desde nuestro país, el primero fue el asteroide “Hispania”, observado por primera vez en 1915 por Josep Comas, director del observatorio Fabra en Barcelona. Este eminente estudioso del cielo daría a conocer una decena más durante el primer tercio del siglo pasado, además de un par de cometas. Después vendría un largo periodo sin resultados destacables, hasta que comenzó la intensa actividad desarrollada en este campo por el Observatorio de Mallorca y centros asociados a partir de los noventa, con más de un centenar de nuevos asteroides. Como el descubridor tiene la potestad de bautizar estos nuevos astros, hoy encontramos en el cielo nombres como “Barcelona”, “Mallorca”, “Madrid”, “Atapuerca”, “Joanoro” (en alusión al célebre bioquímico Joan Oró), “Anaverdu” (Ana Verdú es la esposa del descubridor) o “Pedroduque”.
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10.04.08 @ 11:15:59. Archivado en Astronomía
La Osa Mayor es probablemente la constelación más sencilla de reconocer en el firmamento boreal. Incluso con cielos no muy oscuros es fácil distinguir sus siete estrellas más brillantes que dibujan la conocida forma de carro o de cazo. Varios de esos soles forman parte de la “asociación estelar de la Osa Mayor”, un conjunto de astros que se mueven de forma parecida por el espacio y que probablemente comparten un origen común. Fijémonos un instante en Mizar, la estrella que está en el centro del “mango” del cazo. ¿No vemos encima de ella una diminuta luz? Se trata de Alcor, una estrella apenas visible desde entornos iluminados que dista de Mizar unos 12 minutos de arco (algo menos de un cuarto lunar). Pero no nos fiemos de las apariencias, porque Alcor está a más de 80 años-luz de la Tierra; si estuviera a la distancia del Sol brillaría 12 veces más que él. Los astrónomos no se ponen de acuerdo sobre si este astro orbita entono a Mizar o bien ambas estrellas son independientes, en cualquier caso están físicamente bastante cerca –no sólo aparentemente, tal como las vemos desde aquí. Por su débil brillo y su proximidad a otra estrella, constituye un perfecto “test” de agudeza visual, y como tal la utilizaban los indios norteamericanos. Más aún, hay indicios de que antiguamente brillaba incluso menos, pues parece tratarse de una estrella variable de largo periodo, es decir, cuya luminosidad oscila ligeramente con el paso de las décadas; estando actualmente en una fase de brillo creciente. Basándose en ciertos mitos mesopotámicos, se ha apuntado la posibilidad de que Alcor hubiera sufrido un gran estallido hace 4.000 años.
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03.04.08 @ 20:53:56. Archivado en Astronomía
Las referencias astronómicas son una constante las banderas, escudos y emblemas que encontramos por todo el mundo. Haciendo un recorrido por los estandartes nacionales de todo el mundo no tardaremos en encontrar soles, lunas, estrellas e incluso constelaciones enteras. En la bandera de Brasil podemos ver buena parte del Hemisferio Sur celeste, cada una de las estrellas representando los diferentes estados que lo conforman. De hecho hay una costumbre generalizada de representar los estados o provincias de un país mediante estrellas, aunque de forma meramente simbólica (por ejemplo, Estados Unidos). Varios países australes lucen en sus banderas la constelación conocida como “Cruz del Sur”, una formación de estrellas brillantes que, en esas latitudes, sirve para localizar el Polo Sur del cielo. Análogamente, constelaciones típicamente boreales pueden hallarse en zonas norteñas: en la bandera de Alaska se representa la Osa Mayor y la Estrella Polar, que también aparece en el escudo del territorio canadiense de Nunavut. Las siete estrellas de la bandera de la Comunidad de Madrid parecen ser la de la Osa Menor sobre la Sierra de Guadarrama. Las doce estrellas de la bandera europea tienen, sin embargo, un origen inspirado en el arte religioso católico. Japón, el “país del Sol naciente” lleva lógicamente este astro en su insignia; y en las banderas de Kiribati y Malawi se pueden ver sendos amaneceres. Por su parte, la Luna aparece principalmente en países árabes. Destaca la bandera turca, con la célebre “media luna” al lado de una estrella de cinco puntas –una situación que los astrónomos llamarían “conjunción” de ambos astros.
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28.03.08 @ 09:57:52. Archivado en Astronomía
Sir Arthur Charles Clarke, el reconocido autor de ciencia-ficción, falleció hace unos días en su casa de Colombo, Sri Lanka, a la edad de 90 años. Clarke es considerado como uno de los dos grandes maestros del XX -el otro era su amigo Isaac Asimov- con obras como "Cánticos de la Lejana Tierra", "Cita con Rama" o "Claro de Tierra". Su prosa elegante y enormemente imaginativa contribuyó a elevar la ficción científica, un género –pese a su popularidad- hasta entonces considerado “inferior”, a la categoría de verdadera literatura. En la década de los 60 el cineasta estadounidense Stanley Kubrick se interesó por su relato corto “El Centinela”, en el que se especulaba sobre las posibilidades de vida inteligente en el Universo. Sobre esta base, Kubrick y Clarke trabajaron conjuntamente durante casi una década elaborando el guión de una película que sería aclamada como la mejor producción de ciencia-ficción de todos los tiempos: “2001, una Odisea Espacial”. Pero las inquietudes personales de Clarke no se restringían exclusivamente a la escritura. En el campo de la astronomía y la astronáutica contribuyó con algunos trabajos científicos, destacando por sus predicciones tecnológicas acerca de la industria espacial actual. Al igual que sus ilustres predecesores Julio Verne o H.G. Wells, se adelantó a su tiempo proponiendo avances científicos que más tarde se harían realidad. Por ejemplo, Clarke previó el concepto de los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones años antes de que se inventaran realmente. También fue presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica. Todos los aficionados del mundo van a sentir esta gran pérdida.
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21.03.08 @ 12:36:23. Archivado en Astronomía
Los aficionados a las caminatas se habrán topado en alguna ocasión en medio del campo con unas curiosas construcciones, cuya función no queda muy clara a primera vista, pero que tienen una utilidad muy concreta relacionada en último término con la Astronomía: son los llamados vértices geodésicos, localizaciones geográficas estables sobre las cuales se establecen redes a nivel nacional e internacional. En efecto, en España se establecen varias de ellas, en función de la precisión necesaria y del uso científico o técnico al que se destinen sus datos. Estas redes geodésicas sirven para el estudio en el tiempo de los cambios en la forma y la figura de nuestro planeta (por ejemplo, modificaciones inducidas por seísmos, deriva continental, atracción gravitatoria de la Luna y el Sol), además de posibilitar la elaboración de cartografía de gran precisión. En la provincia de León existen 276 estaciones pertenecientes a la denominada Red de Orden Inferior, que, con unos 11.000 vértices, cubre todo el territorio nacional con puntos que no distan entre sí más de 12 km, de forma que cada vértice es visible desde todos los contiguos. Las coordenadas geográficas de todos estos puntos han sido establecidas mediante teodolitos, y su precisión es del orden de los 10 cm. Dentro del municipio de León existen tres estaciones pertenecientes a esta red: “San Isidro”, que se encuentra en el Parque Municipal del Monte San Isidro, “Quiñones”, ubicado cerca de Villaestrigo, en una zona conocida como “Los Llanos”; y el llamado “Valenciano”, situado en el Portillo, cerca de la carretera de Valladolid, junto a las antenas del repetidor de T.V.
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13.03.08 @ 18:47:48. Archivado en Astronomía
¿Por qué tienen la Luna y el Sol un aspecto achatado al salir o al ponerse? Los rayos lumínicos procedentes de estos astros se propagan por el medio interplanetario, prácticamente vacío, y por lo tanto sin densidad, no sufriendo ningún tipo de refracción. Al llegar a las capas altas de la atmósfera, de baja densidad, sufren un ligero desvío hacia abajo, adentrándose cada vez más en las capas inferiores de aire, más densas, que desvían más los rayos, etc. Imaginemos el Sol saliendo, justo sobre el horizonte Este. El tamaño aparente de la estrella es de aproximadamente medio grado, más o menos lo que ocupa el ancho de nuestro dedo meñique visto con el brazo extendido. Esto significa que existe un cierto ángulo entre el extremo superior y el inferior del Sol. Los rayos que proceden del extremo inferior circulan por la baja atmósfera, sufriendo una desviación mucho más intensa que los que proceden del extremo superior, que se desplazan por capas de aire algo menos densas. Como consecuencia, la imagen solar se deforma en sentido vertical, confiriendo al Astro Rey el aspecto típicamente ovalado que vemos cuando sale o se pone. Pero pensemos en los rayos que proceden de los extremos este y oeste del Sol: ¿hay alguna diferencia de densidad en las capas de aire que atraviesan? No, porque están a la misma altura del horizonte, por lo tanto no hay refracción posible, ya que esta sólo se produce al cambiar la densidad del medio, no importa el valor absoluto de la densidad del medio atravesado. El razonamiento para el caso de la Luna es análogo. No obstante, por un efecto óptico estos astros nos parecen mayores en esta posición.
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07.03.08 @ 11:43:31. Archivado en Astronomía
¿Qué porción del firmamento resulta observable desde la Tierra? Intuitivamente, podemos pensar que, en un determinado momento, sólo vemos exactamente la mitad de la bóveda celeste; la situada por encima del horizonte. Sucede que normalmente los accidentes del relieve, los árboles y los edificios nos dejan ver únicamente los astros que se sitúan altos en el cielo, así que los mejores lugares de observación se sitúan en terrenos llanos, como páramos y estepas. Un mar tranquilo nos garantiza un horizonte amplio y completamente despejado. En esas condiciones, en realidad somos capaces de ver un poquito más por debajo del horizonte teórico. Debido a la forma esférica del la Tierra, la curvatura de nuestro planeta hace que es horizonte se sitúe ligeramente por debajo de su posición teórica. Este efecto se incrementa con la altitud: desde lo alto de una montaña es posible observar astros que, de otra forma, estarían ocultos tras el horizonte. Paralelamente, el radio de visibilidad se amplía sensiblemente; por ejemplo, desde la cumbre de las montañas del norte de León teóricamente es posible contemplar casi toda la provincia e incluso el Mar Cantábrico. No obstante, la visibilidad se ve drásticamente reducida en el horizonte, debido a que el espesor de las capas atmosféricas es mayor que cuando miramos directamente sobre nuestras cabezas. Por ello en realidad ninguna estrella resulta observable en el momento de salir o ponerse tras el horizonte, únicamente el Sol y la Luna pueden contemplarse en esa situación gracias a su gran luminosidad. ¿A qué deben el aspecto achatado que presentan allí? Lo veremos la próxima semana.
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29.02.08 @ 12:20:25. Archivado en Astronomía
A pesar de unas amenazantes nubes dispersas, muchos aficionados a la astronomía trasnocharon el pasado miércoles para presenciar uno de los más hermosos espectáculos que ocasionalmente nos brinda la naturaleza: un eclipse total de Luna. Estos fenómenos acontecen cuando la Tierra pasa exactamente entre el Sol y nuestro satélite, proyectando una sombra que oscurece el disco lunar durante unas horas. Al contrario que los eclipses solares, que sólo afectan a muy limitadas regiones del globo, los eclipses de Luna son observables prácticamente desde todo un hemisferio del mundo, lo que hace que sean más fáciles de estudiar. Durante el fenómeno, la sombra de la Tierra va oscureciendo paulatinamente la superficie lunar, para luego retirarse por el extremo opuesto, como si fuera reproduciendo en sólo unos minutos toda la secuencia de fases que se suceden a lo largo del mes. En el momento central, la Luna adquiere un bello tono rojizo, como si estuviera herida por la afrenta de su hermana la Tierra. Algunos pueblos explicaban tan desconcertante espectáculo recurriendo a leyendas mitológicas o a asignándolos a caprichos de dioses más o menos malévolos que utilizaban los cielos para advertir a los mortales de catástrofes inmediatas. Incluso hoy muchas personas creen en la supuesta influencia maligna de estas alineaciones cósmicas. En algunas culturas las mujeres embarazadas rehúsan contemplar esta danza celeste por miedo a posibles complicaciones. Ni que decir tiene estas supersticiones carecen de fundamento: no hay excusa para no alzar vista al firmamento estrellado y ser testigos de este tipo de eventos tan singulares y atractivos.
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21.02.08 @ 20:57:42. Archivado en Astronomía
Incluso las mayores unidades métricas del Sistema Internacional se vuelven insuficientes para expresar las increíblemente enormes distancias que separan entre sí los cuerpos celestes. Los astrónomos han popularizado el uso de una unidad que se ha convertido en referencia estándar de longitud en el Cosmos: el año-luz. En efecto, a pesar de su nombre, no es una medida de tiempo, sino de distancia: la que recorre un rayo de luz en un año. Contando con que ésta se desplaza en el vacío a una velocidad invariable de 300.000 km por segundo, resulta que un año-luz mide poco menos que diez billones de kilómetros. ¿Podemos realmente concebir semejante cifra? La luz se desplaza tan rápido que podría dar más de siete vueltas a nuestro planeta en tan sólo un segundo, casi lo mismo que tardaría en viajar de la Tierra a la Luna. Pues bien, imaginemos la distancia que puede recorrer en todo un año. Lo verdaderamente sorprendente es reconocer que todo un año-luz no es más que una mota de polvo comparada con la inmensidad del Universo observable. La estrella más cercana al Sol está a más de cuatro años-luz. Muchas de las estrellas que vemos están a centenares de años-luz. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, que no es especialmente grande, tiene 100.000 años luz de diámetro, es decir, cien milenios-luz. Incluso si pudiéramos viajar a la velocidad de la luz (lo cual es imposible), tardaríamos mil siglos en recorrer sólo nuestra galaxia. Ésta es a su vez un insignificante grano de arena visto en la escala global del Universo, donde los más distantes objetos descubiertos están a más de 13.000 millones de años-luz de la Tierra.
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