19.06.07 @ 08:22:04. Archivado en Inmigracion
La frontera de desigualdad: causas, secuelas, y sugerencias
En la actualidad, nosotros en los Estados Unidos nos encontramos en una época de inmigración. Los inmigrantes latinoamericanos más que nunca se mudan a los Estados Unidos, con o sin visas, para establecer sus hogares. Mientras el debate sobre la inmigración ilegal se ha calentado, la frontera con México se ha convertido de un límite simple entre dos países a una pared ideológica. Pero el problema que ahora tiene los Estados Unidos no sólo aparece aquí. Las fronteras entre México y los Estados Unidos, España y Marruecos, y Haití y la Republica Dominicana muestran un modelo inquietante de desigualdad y discriminación contra los inmigrantes. Cuando se comparan l0s tres pares de países, emergen semejanzas en las relaciones entre el país hispanohablante y su vecino que involucran la economía, el lenguaje, la cultura, y la raza. Identificar que los problemas de las fronteras no sólo son de un país aislado, sino un ejemplo de un patrón mundial, puede ayudar a todos los países manejar mejor la inmigración y mejorar el tratamiento de los inmigrantes.
Antes de analizar las semejanzas y desemejanzas de las tres fronteras, es necesario hacer comparaciones a dentro de los pares de países y describir las condiciones en ambos lados de ésta. Para el lector americano, la frontera entre México y los Estados Unidos presenta los problemas más conocidos y molestos. México y los EE UU comparten una frontera de 3.141 kilómetros que corre del Océano Pacifico hasta el Golfo de México. Esta frontera extendida separa el país más rico del mundo, que según el CIA Factbook tiene un GDP per cápita de $43.500 y un índice de desempleo de menos de 5%, de un país en que un 40% del pueblo vive debajo de la línea de pobreza.
En España y Marruecos se encuentra una situación similar aunque la frontera entre los países es de agua, no de tierra. El Estrecho de Gibraltar, una franja de océano que a lo menos mide un poco más 13 Km., separa a los dos países y forma un límite definido entre la prosperidad de Europa y las economías frágiles de África. Adicionalmente, España tiene algunos territorios en la costa norte de África que tocan directamente con el límite nacional de Marruecos. El GDP per cápita español, $27.000, domina al de Marruecos que sólo mide $4.400-un sexto de la figura española (CIA Factbook). La proximidad de Marruecos a los otros países pobres de África, tanto como la relación entre España y la Unión Europea, ha causado una gran afluencia de inmigrantes africanos a España. Los inmigrantes usualmente viajan a las ciudades españolas que están en África o toman barcos al continente con fin de usar a España como la puerta a cualquier país del UE.
La inmigración de Haití a la República Dominicana forma un caso muy único porque los países comparten la misma isla caribeña de Hispaniola. Aunque ambos tienen niveles altos de pobreza y desempleo, en comparación con Haití, la República Dominicana tiene una riqueza extraordinaria. Haití es el país más pobre del Hemisferio Occidental y su gente sufre niveles de pobreza inconcebibles. En Haití dos de cada tres personas no tienen un empleo regular y el 80% vive debajo de la línea de pobreza. La República Dominicana, con su economía turística y sólo un cuarto de la población esté bajo del nivel de pobreza, parece como un sueño a los haitianos. Aunque tal vez la vida en la República Dominicana no esté tan llena de oportunidades como la de los EE UU., para los haitianos, la pobreza de casi cualquier otro país no es tan mala como la de su patria.
En cada par de países, la severa diferencia entre las situaciones económicas de las naciones causa y estimula la inmigración. Sin embargo, las diferencias culturales son las que exacerban la desigualdad y crecen un ambiente que permite la discriminación contra los inmigrantes. Una diferencia cultural que ocurre en los tres pares y que contribuye directamente a los problemas de los inmigrantes es el lenguaje. A causa del colonialismo, muchos países de las Américas y África, que aunque están muy cerca geográficamente hablan diferentes idiomas. Oficialmente Marruecos identifica al árabe como su lengua nacional, pero la influencia del colonialismo francés sigue y el francés se habla también. México, antigua colonia de España habla español, con excepción de bolsas de la población que todavía hablan idiomas indígenas. Al otro lado de la frontera, el idioma principal de los EE UU, liberadas colonias de Inglaterra, es el inglés. En la pequeña isla de Hispaniola dos grupos lingüísticos conviven todavía más cerca. La isla conquistada por los franceses y también los españoles durante el periodo colonial es el hogar de los dominicanos hispanohablantes y los haitianos francés-parlantes.
La barrera lingüística hace más difícil la búsqueda de trabajo de un inmigrante e impide los intentos de asimilarse en la nueva cultura. La falta de habilidades de lenguaje invalida cualquiera educación que un inmigrante ha ganado en su país natal. A la vez empuja a los inmigrantes a un sector de trabajos no deseados que apenas paga para mantener a una familia. Además, los nativos de un país pueden acosar y explotar inmigrantes que no hablan el idioma oficial del país. Un ejemplo actual viene de los EE UU, del campo de las hipotecas de casas. Un prestamista convence a un inmigrante que se puede comprar una casa nueva y le da documentos que están en inglés. El inmigrante, que quizás no haya terminado la secundaria, y por cierto no lee inglés, no puede entender los documentos de la hipoteca en inglés y firma un documento legal, pero completamente deshonesto que ata el inmigrante a una hipoteca mucho más alta que puede manejar.
Además de las dificultades que presenta el lenguaje, los inmigrantes a España, los EE.UU, y la Republica Dominicana afrontan racismo y xenofobia. No importa si la raza sea justificación para enmascar el miedo de la gente a perder sus trabajos o si las razones económicas sean una fachada para la discriminación racial. El hecho es que en los tres pares de países, los inmigrantes de etnicidad diferente tienen problemas en asimilarse a la cultura de su nuevo hogar.
Desde los días de la esclavitud en los Estados Unidos, afro-americanos y otros grupos de inmigrantes han sufrido discriminación sólo como resultado de su etnicidad. Los inmigrantes chinos del siglo XVIII sufrieron condiciones de trabajo dañino en las montañas del oeste. Los japoneses fueron internados en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Los afro-americanos todavía no tienen el mismo nivel de vida como los blancos, no tienen acceso a los mismos trabajos, ni educación, y son representados en gran número en el sistema de cárceles. Cualquier inmigrante que no sea blanco o de Europa occidental tendrá que combatir el racismo que impregna la sociedad americana, especialmente los grupos con menos educación o en regiones homogéneas.
En España también, el racismo plantea gran problema para los inmigrantes. Históricamente ha existido tensión en muchos países de Europa Occidental entre inmigrantes de etnicidad o religión minoritaria y las habitantes originales de un país. Desde el tiempo de la Inquisición y la caída de los Moros en España, los prejuicios contra los judíos, los musulmanes, y otros inmigrantes han crecido en Europa. Los disturbios en Francia de las musulmanas clases bajas muestran la ira de los grupos que han sufrido la discriminación que han sido relegado al bajo de la sociedad. La literatura ofrece muchos ejemplos de violencia contra los musulmanes en España, y algunos involucran las autoridades españolas.
Sin embargo, el mejor ejemplo en que la raza inspira la mayor discriminación y violencia viene de la frontera entre la República Dominicana y Haití. Cada día, la gente de lo pueblos fronterizos de Haití cruza el Río Masacre para vender cosas como zapatos, ropa, y objetos caseros en los mercados dominicanos. Los dominicanos pagan más por las mercancías que la gente haitiana, pero los vendedores pagan un precio alto también. Del lado dominicano de la frontera, soldados dominicanos no uniformados esperan con armas automáticas. Un documental que se llama en ingles Frontiers: Haiti and the Dominican Republic muestra que los soldados mestizos exigen sobornos, violan a mujeres, dicen calumnias étnicas y golpean a los haitianos sólo para divertirse.
Los problemas actuales son manifestaciones de un legado largo de violencia contra los haitianos. Desde el nacimiento de la nación de Haití, su gente, que es descendiente de rebeldes esclavos africanos, ha sido víctima de la pobreza y el racismo las manos de otros países como la República Dominicana y sus propios líderes como el infame Papa Doc. El dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, por su parte, en 1937 ordenó la masacre de 10.000-15.000 haitianos que vivían en la tierra fronterizaza de la República Dominicana, bastante posiblemente porque los haitianos eran negros y francés-parlantes. Los directores del documental Frontiers entrevistan a dos ancianos haitianos que vieron la masacre. Ellos describen una escena de horror en que los soldados cortaban las gargantas y mataban a bebés con bayonetas.
En los EE UU estamos en una era de inmigración en aumento, y a la misma vez una era de reforma. El Presidente Bush intenta hacer la reforma de la inmigración una herencia de su administración y este verano habrá debates del Congreso sobre la suerte de los inmigrantes indocumentados y el sistema americano de inmigración. Para efectivamente guardar los derechos de los inmigrantes, los políticos tienen que recordar ambas las causas y consecuencias de la inmigración. Primero deben entender que es un fenómeno mundial que ocurre en cualquier región en que se encuentra la desigualdad extrema como vimos en los casos de España y Marruecos y Haití y la Republica Dominicana. Además, es importante tener en mente que el lenguaje y la raza participan en el tratamiento de los inmigrantes. La legislación que da castigos más fuertes por la práctica de la discriminación racial y que asegura el derecho a una interpretación de las posibles maneras legales. ayudaría a los inmigrantes a elevar su estatus en la sociedad. Reconocer que este modelo de inmigración y de las fronteras con sus conllevadas desigualdades es un patrón mundial que refuerza los argumentos de los defensores de los derechos de los inmigrantes. Porque la inmigración no es un problema exclusivamente americano, una reforma justa en los EE. UU. podría pedir prestadas políticas exitosas de otros países, como las de España, y servir como modelo para el resto del mundo.
Estudiantes de la Universidad de Stanford
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